El Planeta fantástico está hecho de vitalidad animal y extravagante emoción. Caos y abismo. Duda, caos, abismo y clímax. Para ser precisos. Porque todo tiene un comienzo y un final. Lady Gaga le dice a un entrevistador el año 2009, “because I’m a female and I make music, you’re judgemental. I’m just a rock star.” Yo veo que las personas tienen una vida. En mi caso: I’m just a writer. Sólo una escritora es ser el fuego absoluto. Es desvanecerse con la música. Es no encontrar salidas. Puertas cerradas. Prohibido pasar. Duda. Abrirlas. Caos. Abismo. Clímax. Volver a comenzar. Nunca es igual. Frases como beats. Que tengan la pulsación del corazón. Que se sientan en el pecho. Una pequeña vibración entre las costillas. En el tórax. Se hace inmensa. Lo invade todo. Al ritmo de la euforia de estar en vida. El caos y el abismo es el tránsito necesario. Para los beats que perforan. Las dudas. La culminación. Antes del abismo en el Planeta fantástico hubo una etapa final del caos: el carnaval de Río de Janeiro. Fue en esa explosión, y en embarcaciones, y en grandes islas donde se forjó la continuación del Planeta fantástico: el viaje definitivo. Pero antes había que pasar por el abismo. Porque la cima es siempre después de la duda, el caos y el abismo. No hay atajos. En aquella época del Planeta fantástico partimos a Brasil con dos amigas. La vitalidad animal. Yo no había estado nunca en un despliegue de esa magnitud. Mi existencia se modificó. Quiero vivir aquí, me dije. El país de la euforia y la música. De otras cosas también. Estuvimos en las favelas. Muchos muertos esta semana. Si los poderosos dejan de consumir drogas ilícitas legalizándolas se acaba la matanza. ¿La terminamos? Que se destruya el que quiera, pero por qué destruir a quien tiene menos en nombre de la salud de todos. Los grandes consumen y destruyen, es la gran paradoja. Conocimos una cantidad de gente impresionante en Brasil. Formas de vida que me llamaron la atención. Era el tiempo de la vitalidad animal y la serenidad de esas playas de la música suave en una fogata. Creo que ahí comprendí todo. Había que partir. Lejos. Convertir la vitalidad animal en libros. Emancipate yourselves from mental slavery, none but ourselves can free our minds, how long shall they kill our prophets, while we stand aside and look?, some say it’s just a part of it, we’ve got to fulfill the book, cantábamos, con Bob Marley & The Wailers. Won’t you help to sing, these songs of freedom? because it’s all I ever have, redemption songs, cantábamos. Era todo muy serio, yo lo sabía. Cantaba con ahínco. Porque sabía que era esencial. Ese pueblo y esos encuentros. Esas certezas. Comprendí cosas. La creatividad se parecía a ese carnaval y a esa isla completa. Aquí está todo, me dije. Hice el amor en la playa por primera vez, en la arena, sobre un pareo que tenía la bandera de Brasil, orden y progreso. Todo era revolución. Cada encuentro, cada conversación, cada baile, cada canción, cada nado por esa agua salada cristalina. La amistad y la alegría. Europa tiene un lado tan aburrido. Hay cosas que no se entienden aquí. De tanta forma a veces se pierde lo esencial en ocasiones. A mí me interesa la vitalidad animal. También la forma, pero mezcladas. Fue un viaje de mucho humor y catástrofes. Estoy alegre de haber nacido en Latinoamérica. Le debo mi vida completa. A todos esos lugares de paraíso que recorrí a través de los años. Con los amigos, con Ariel el dibujante, con la familia. Tuve una comprensión completa sobre el existir. De sur a norte, todo lo recorrí. Cada país y cada manifestación. Cada ínfimo detalle que me transformó. El carnaval de Río me abrumó y me estalló el cerebro. Era como ver toda mi literatura desplegarse por las calles. Todo el éxtasis existir fuera de mí. El brío en acción, como un gran escenario. Una ciudad incendiada e incendiaria. La playa de esa ciudad, qué idilio, el vergel de la vorágine. Un sol incandescente, cada día. Quemarse por dentro y por fuera. Encandilarse, expandirse. Tengo que hacer algo con mi vida, me dije. Lo primero, dejar ese trabajo con ese jefe de mierda. Miraba el océano y lo confirmé. Mataré a Narciso, lo supe en ese momento. En segundo lugar, tengo que irme de ahí. En tercer lugar, dejar el derecho en su forma actual, transformarlo en activismo de fuego, como este carnaval, y lo más importante: escribir. Tengo que comenzar a redactar el verdadero Planeta fantástico. El de la soledad, la distancia y la huida. El de la fiesta, el estruendo y el goce. Iré en busca de mejores oportunidades, como hace la gente que parte. Con ellos iré, hasta las últimas consecuencias. Lejos de casa. Cerca de casa. Conocer la casa. Habitar la otra casa. Volvimos a Santiago de Chile desde ese carnaval. Torbellino. Preparar la nave. Llegó marzo. La oficina. Un poco más de caos. Crear las estrategias. Caos intenso. Ariel el dibujante. Abismo profundo. Septiembre de ese año partía en un avión a Barcelona. No al carnaval, pero a algo por descubrir. Tenía un poco más de treinta años. Llevaba encima la playa y el carnaval. Abrí el arca. No había dinero ni animales, pero tenía el carnaval. Lo había vivido. Entonces comencé.
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