28 de octubre de 2025

Planeta fantástico II

Antonia Serrat y el caos, son tres libros, hay uno anterior a las aventuras del Planeta fantástico. Son 700 páginas en total. Cambia el sentir un amante, escrito durante el 2011, Antonia Serrat y el caos, escrito durante el 2012, y Menos locura y más romanticismo, escrito el 2013, hasta unas semanas antes de partir a vivir a Europa. Creo que podría ser algo así como duda, el primer libro, caos, el segundo, abismo, el tercero. Ha sido especial e intenso leer todo ese recorrido, antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Cómo era mi presente de los treinta a los treinta y dos años. Uno de los últimos textos del segundo libro se llama La intuición de mi destino. Decía así (los nombres en este libro están adaptados a la serie Lisa): 
Es fuerte, porque a pesar de todo, Henri el tenista va a seguir siendo mi marido para siempre. Es parte de mí. Una parte de él está bajo mi piel. Siempre estará ahí. Irá conmigo a todas partes. Con cariño, para siempre.
A veces no quiero luchar más, contra todo. Quiero simplemente fluir, quiero paz. El fin de semana me encontré con Ariel el dibujante en el matrimonio de Julián. Es algo que está como atravesado en mí. Que me quita a veces la respiración. Una condena extraña, una profundidad desconocida. La tensión es potente cuando estoy cerca de él. Mis músculos no se distienden en ningún momento mientras él esté a metros mío. No hay explicación posible. ¿Él también lo sentirá? Será tantos años acariciando su cuerpo. Rozando sus labios. Será que amé demasiado sus manos, sus brazos, cada centímetro de su cuerpo. Amé hasta el fondo todo lo que había en él. Lo amé hasta desintegrarme. Hasta desaparecer. Me hice estrellas a su lado. Polvo mágico, esencia de la vida. Lo más íntimo, y lo más recóndito del corazón. Lo más microscópico del alma, lo que está más escondido. Eso adonde nadie llega. Que sólo podemos acceder nosotros, en momentos únicos que no vuelven a repetirse y se marchan, fugaces, como la intuición difusa del destino. Ayer estuve en el campo, en uno de esos momentos, al atardecer, el viento meciendo las hojas, con una delicada fuerza, el sol entre las hojas apareciendo y desapareciendo, despidiéndose, -este es el paraíso- pensé, lo sentí, lo sentí, una paz profunda, la vida misma, despojada de todo, una magia sabia y perfecta. Habría querido alargar ese momento, el sonido del viento en las hojas, suave y melodioso, calmo. De alguna manera Ariel estaba en ese sonido, y en ese momento no había dolor ni nostalgia, solo alegría y serenidad. ¿Cuándo dejará de doler verlo? Hace un año fui a una ceremonia de matrimonio, y estaba él. En ese momento, él frente a mí, el sol en el cielo, juré que me estaba uniendo a él de por vida. En esas palabras de amor, estaba nuestro amor, que todo lo puede, que nunca muere. ¿Todo muere? ¿Cuándo? ¿Hay algunas cosas que no mueren? Yo pensaba que todo acababa. Pero esa fuerza de nuestras entrañas, de nuestros cuerpos unidos, nunca acaba. Pasa el tiempo y sigue ahí, alertándome acerca de la vida cada vez que lo veo. Apelando a algo que está escondido, que ya no vislumbro, pero es tan intenso que me ahoga, me hace querer escalar la montaña más alta, caminar el sendero más largo, con él, escapar, con él, para siempre, huir de este mundo, los dos, de la hostilidad que a veces se aloja en mi corazón. ¿Acaso en él había paz? ¿Acaso alguna vez hubo paz? ¿Acaso alguna vez habrá paz? En mi corazón, en mi alma. Acaso el caos me dará una tregua. Me dejará caminar libre al menos un tiempo. ¿Acaso soy el caos? Un caos intenso, que va y viene. Que cambia, que permanece. Acaso somos dos seres desconcertados que vagamos juntos en la inmensidad, todo el tiempo. Dos amantes del caos, dos atrapados en el caos, dos destinados a ir y volver de esta vida incierta y confusa. Acaso estamos buscando nuestra identidad y en el fondo es la misma. Acaso estamos unidos en el alma. Acaso estamos unidos en el sonido del viento en las hojas. Acaso estamos unidos en las estrellas y su fulgor intermitente. Acaso estamos unidos en las razones para vivir. Para seguir aquí. Acaso tenemos cada uno una razón para el otro. Acaso cuando la podamos compartir todo acabará. Nos volveremos una explosión de vida, una erupción planetaria. Acaso nacimos para sufrir, para sentir la nostalgia desintegrándonos. Acaso estamos preparados para vivir. Acaso podremos morir un día, lejos uno del otro. Acaso cesará un día el dolor de vernos, el nudo de la fuerza almacenada, escondida. La fuerza timorata, que siente vergüenza. Que traspasa nuestras corazas y propósitos, dejándonos al descubierto, despojados de armas para defendernos. Acaso esto es una condena ineludible. Acaso es el destino, maldito, entrometiéndose a pesar de todo. Acaso esto es una enfermedad sin cura. Acaso es un trastorno, delirante. Acaso es lo que tenemos que aprender en este tiempo, en esta era. Acaso el problema soy yo. Acaso debo acabar con todo esto porque no tendrá final. Acaso partirás para dejarme inmóvil para siempre. Acaso detendrás el tiempo hasta que ruegue por nuevos parajes, por colinas verdes, por una huida exitosa, cueste lo que cueste. Acaso quieres que acabe con tu vida para que pueda seguir con la mía. Acaso el caos cesará. Acaso vas a matarme de una vez para que pueda renacer. Acaso vas a alargar esta agonía, este éxodo de mí misma, donde no me encuentro, donde mi identidad florece y muere, donde se marchita hasta que ya no sé cuál es mi nombre. Acaso tú sabes mi nombre y vas a decírmelo. Acaso tienes razones para mí. Acaso crees que yo voy a salvarte. No podré hacerlo. Estoy lejos ya. Un abismo nos separa. Es la paradoja hecha física. No podemos alcanzarnos, y sin embargo somos lo mismo. Ese es el gran caos, que nos tiene atrapados. Que debemos sortear, o resolver. Tomar decisiones si es posible, operarnos la cabeza, apelar a la ciencia, a la cordura. Olvidar nuestra constitución etérea, poner los pies firmes en la tierra y recordar, por qué dejamos de estar juntos. Recordarlo todo, todos los desencuentros, todo el dolor, los celos, nuestra volatilidad, nuestra poca empatía. Yo sólo quiero recordar eso, para saber por qué no estoy contigo ni tú estás conmigo. Yo sólo quiero recordar, y que ese recuerdo aniquile esa chispa de tu alma que queda en mí, ¿o acaso moriré si ella muere? ¿Tienes razones para mí? ¿Me harás tener fe en la humanidad? ¿Acaso sabes qué decir? ¿Sabes cómo se hace? ¿Acaso sabes algo que yo no sé? Acaso el caos convive contigo, pero sin destruirte. Acaso me dirás cómo se hace eso. Acaso unirás tu caos al mío hasta que podamos expulsarlos a ambos y vislumbrar un pequeño cosmos, maravilloso y sereno. Muy pequeño e íntimo. Acaso nos uniremos en la fibra más íntima de nuestra alma, donde haya algo que no pueda romperse. Acaso podremos crear algo que no pueda romperse. Acaso hay algo que no puede romperse. Como nuestro amor, herido y maltratado, sollozante. Acaso queremos acariciarlo hasta que sane, hasta que podamos estar juntos sin lágrimas perpetuas, sin hacernos daño, acaso es posible quererse sin destruirse. Acaso nosotros construimos sin destruirnos. Acaso eso es lo que queda y nos mata de cuando en cuando. Acaso nos liberaremos un día de esta condena, maldita, perversa, inexplicable. Acaso alguien tiene alguna respuesta. Quizá alguien sabe algo, que nosotros no entendemos. Quizá alguien pueda explicarnos. ¿O debemos buscar en nosotros mismos? Yo no creo que esto sea el amor. El amor moviliza, y esto mata, mata, mata. Va escarbando por dentro tuyo hasta que vas quedando vacío. Es demoníaco. No puede ser amor. ¿El amor es caos? ¿Es destrucción? ¿Hemos sido engañados? ¿Nunca podremos comprenderlo? El matrimonio no es amor. El matrimonio es soledad. Quizá esto es el amor entonces, el amor real, intenso y mortal. El amor suicida y lleno de vida. El amor que te lleva a abandonarte, a desconocerte. A dudar, todo el tiempo. Dudas y más dudas que se renuevan. Yo quisiera algún día amar en paz, pero el caos es muy fuerte, y todo lo domina. Acaso debo dejar de luchar contra él y hacerme su amiga, para entenderlo. Acaso no existes y sólo eres una parte de mí. Quizá soy yo misma, dispersada e intentando unirme, unir mis partes. Acaso nunca se unirán. Acaso seré diez cosas al mismo tiempo, siempre, sin posibilidad de univocidad. Diez voces intentando expresarse, gritando, clamando por mostrar la vida que subyace en cada cosa. Acaso este libro no puede terminar de manera tranquila. Acaso sería un oasis temporal. Acaso asumiré la profundidad con cariño y podré disfrutar la vida, intensamente, de cuando en cuando. Lo que sé es que yo quiero vivir. Y que esto nunca lo voy a olvidar. Nunca. Voy a vivir. Voy a vivir. La muerte ya no es mi amiga, y yo voy a vivir. 

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