8 de octubre de 2025

Drama fascinante

Existir es un drama fascinante. Sobre todo la música es un drama fascinante. Sí, estoy de acuerdo en que no es fácil convertir esto en un drama fascinante, escribe Doris Lessing. La razón, casi con toda seguridad, era el elemento irracional y peculiar que a menudo es el auténtico motor de las personas y los acontecimientos, y que con frecuencia no se menciona o ni siquiera se advierte, escribe Lessing. No, ella desconfiaba de la música, escribe Doris, se encontraba en buena compañía, a fin de cuentas, muchos de los grandes y de los sabios habían considerado la música como un amigo dudoso, siempre la había escuchado con el ánimo de: no vas a apoderarte de mí, ¡ni lo pienses! Camila Vaccaro compuso un disco que se llama Drama dramática, el cual la llevó a ganar el premio de mejor cantautora de Chile el año pasado, el cual me interpreta completamente. Se va la vida, no entiendo quién soy, canta Camila Vaccaro con su agudeza y humor habituales, voy juntando fracasos, se quiebra mi voz, es muy duro el camino, cuando no sale el sol, escarbando la tierra, busco una razón, las certezas que nunca se podrán alcanzar, es la vida y su tiempo como un huracán, en la copa que alzo está mi corazón, todo hecho pedazos y ahogado en licor, como vidrios molidos es la tierra a mis pies, se me aturde el sentido, y me pierdo en el drama. Una descripción exacta del pasar por este extraño planeta. Toco música desde hace cuarenta años, y escucho música sagradamente todos los días de mi vida, soy música más que cualquier otra cosa. Antes de ser escritora quería ser música. Me decidí por la justicia y por las frases que son música. Había que elegir, no podía hacerlo todo, si quería llegar al fondo de las cosas. Pero a diferencia del personaje de Lessing, no considero a la música como un amigo dudoso, es más bien la razón de mi existir. El elemento irracional y peculiar que me guía, para no hundirme en el drama constante que implica ir por los días intentando sacar cosas en claro. Lo que hago es decirle a la música, al contrario de la ficción de Lessing, apodérate de mí, para que todo sea fascinante. El dinero que tengo lo empleo en libros y discos, conciertos y óperas. Dejo que las armonías, las melodías, los ritmos y las letras reemplacen el drama que invade mi cerebro. La música es el drama fascinante que me mantiene en pie. 

6 de octubre de 2025

Forma fulminante (Libro)

Forma fulminante

o

Prefacio

Forma fulminante es una novela, es el quinto libro de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primer libro, del mismo título, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, el cuarto, Aparato complejo, sobre el amor, y el quinto, Forma fulminante, sobre la magia. Sobre el deseo y las metáforas. Sobre la ausencia de la magia en ocasiones. El primer capítulo trata sobre una mariposa y los duelos, el segundo sobre monstruos de halloween, el tercero sobre cuerpos y expectación, el cuarto sobre música y metamorfosis, el quinto sobre el bosque y amenazas, el sexto sobre lo falso y la muerte, el séptimo sobre la creación del deseo, el octavo sobre la fábrica de las metáforas, el noveno sobre las cataratas de Iguazú, el décimo sobre el miedo, el undécimo sobre el mar Caribe, el duodécimo sobre animales extintos, el decimotercero sobre simios, y el decimocuarto sobre mujeres extintas. Eso a grandes rasgos. La magia claramente no permite las síntesis torpes como la que yo acabo de hacer aquí, pero eso orienta en relación a qué puede uno encontrar en cada capítulo, a lo largo de la historia. Algunas claves, o señales, porque la magia se construye de símbolos convertidos en metáforas. Toda gran historia es sobre otra cosa, como me dijo una vez Aldo Bucchi. Él entendía bien la magia. Esta historia es sobre las metáforas, el deseo y los obstáculos a la magia. Los constantes impedimentos y el propósito infatigable. Lo que me interesa es que vivir sirva para algo, tenga alguna gracia, y no extinguirme. Asimismo, cooperar a que los demás no se extingan tampoco. Reflexionar sobre la literatura, además de escribirla, es mi pasión absoluta. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 06 de octubre de 2025.

Lisa Lyon Barthes y el arte.

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf

Grandiosa mitología

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf

Aparato complejo

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_aparato_complejo_24-09-25.pdf

Forma fulminante



Forma fulminante VII-XIV

VII

Deseo es lo que siento en las noches de luna llena cuando me recuesto en mi cama y pienso en el futuro. Pienso en cuerpos que quisiera tener a mi lado, o no. Pienso en la voz de esas personas y en el eco que producen en mi cuerpo. La magia la he ido construyendo y la tengo a mi lado, en el presente. Pienso sobre todo en metáforas. En un presente edificado de metáforas. En formas que fulminen. Camino por el borde del río y disfruto el nacimiento de los símbolos. Desear es en el presente. Lo extiendo y se hace grande. Escribir es desear que las cosas ocurran. Acercarlas al cuerpo. Llevarlas a la cama y tenderlas a un lado. Observarlas. Es crear el acontecimiento. Porque tantas veces la ficción y la realidad se confunden. Otras veces se separan. Lo que yo deseo son cuerpos que canten conmigo al unísono. Que caminen por el borde del río identificando lo importante a mi mismo paso. 

VIII

La fábrica de las metáforas es lo que está más cerca de mi alma. Lo que llevo en el cuerpo. El contenido de mi mente. Ariel el dibujante me manda una foto de su cuerpo desde un hotel. Su cuerpo que tan bien conozco y me fascina. Un hotel que está a cientos de kilómetros de mi casa por lo que todo lo que sigue queda guardado en la imaginación. La fábrica de la imaginación es lo que está más cerca de mi alma. Las fantasías del deseo las llevo en el cuerpo. Tengo una relación con Ariel el dibujante que es igual a una metáfora de la vida: algo sin pies ni cabeza. Como estar cabeza abajo y los pies para arriba. Somos sobre todo muy amigos, pero siempre está el deseo en la mitad. Hace años que no me planteo con él ningún otro tipo de formato posible, ninguna forma fulminante. Tal vez porque todo lo que tiene que ver con él es siempre algo sin pies ni cabeza. Ya no intento entender nada, tengo otras cosas que hacer. 

IX

Pensemos en la música. En la música de cada día. Esa es la magia. La mía consiste en pensar metáforas, o sentir las metáforas. No es posible anticiparlas tanto. Llegan cuando es el momento. La fábrica que despliego para tal efecto consiste en amar la existencia. En querer llegar siempre más allá de mis posibilidades. En identificar los límites y en las maneras de fulminarlos. Tengo un cerebro como las cataratas de Iguazú. Masas de agua que caen con fuerza sobre el precipicio. Agua que te llega encima luego del brío de la caída y el rebotar contra las piedras. Pájaros exóticos de miles de colores volando sobre esa columna descomunal de agua que no deja de rodar. Coatíes y monos caí escondiéndose en la selva. Cientos de insectos merodeando el lugar. Ocelotes, tortugas y yacarés conviviendo. Con mediana paz, depende del momento. Estuve una vez en ese lugar, con mi familia y Henri el tenista, meses antes de separarnos, recuerdo el vigor de esa cascada eterna. 

X

En esa oportunidad lloré mucho. No había magia ninguna en mi vida en ese momento. O muy poca. Recuerdo haberme lavado las manos en la habitación del hotel, y a continuación secar toda el agua que había quedado alrededor. Por qué estoy haciendo esto, me dije. ¿Tengo miedo que Henri el tenista vaya a enojarse porque dejé todo mojado? ¿Quiero evitar una pelea idiota más? ¿Otro comentario desafortunado más? ¿En qué me convertí?, me pregunté a mí misma. Yo que vivo de metáforas y fortaleza. Todo se me ha venido encima. Estoy haciendo cosas muy raras, me dije, por qué estoy secando con esmero el agua alrededor de este lavamanos. Algo sin importancia y que en otras circunstancias no habría llevado a cabo. Concluí que tenía miedo, y que mi existencia se había convertido en una serie de conductas que no tenían que ver conmigo. Lloré mucho con mi madre y mi abuela, les dije que no quería esta vida para mí. Que sentía una soledad infinita y quería en cambio encontrar las cascadas y los pájaros de colores. 

XI

Luego estuve con Henri el tenista en Santo Domingo en la República Dominicana, y en unas playas que me quitaron el habla. Nunca había visto algo tan hermoso. Era mucho más bonito que las fotos. El mar Caribe para mí es la perfección absoluta. Lo que hacía gran contraste con mi estado mental en ese momento, que era de una muerte interior total. Conversamos largamente varios días con Henri el tenista para intentar arreglar las cosas. Mi existencia estaba exenta de metáforas mágicas. Más bien lo que había era una larga lista de reglas absurdas que Henri el tenista me había tirado encima desconozco la razón. Creo que era lo más aburrido que he vivido, y era espeluznante. Daba miedo. La muerte interior da miedo. Pero yo ni en las situaciones más extremas he perdido el germen de las cascadas explosivas. Sólo necesitaba recuperarlas. Miraba ese mar turquesa con arena blanca, palmeras, el oasis completo. O comienzo pronto con este tipo de metáforas y no otro, o voy a extinguirme. Como un pájaro dodo, o un dinosaurio. 

XII

O como un pez de mano liso, o un delfín del río Yangtze, o un rinoceronte blanco del norte, o un guacamayo de Spix, o un lobo de Tasmania, o una paloma pasajera, o un íbice de los Pirineos, o un leopardo de Zanzíbar, o una gran mariposa blanca de Madeira, o una cotorra de Carolina, o un lobo de las Malvinas, o un tigre de Sumatra, o una boa excavadora de la Isla Redonda, o una tortuga gigante de Pinta. Aquí yace Lisa la escritora, causa de la extinción: se le impusieron reglas. Su literatura fue considerada artificio y artículo accesorio. Pero era un artículo de primera necesidad, como la poesía de Nicanor Parra. Aquí no había poesía, sino un animal a punto de extinguirse. Tomé entonces mis bártulos, y en realidad no me fui a ningún lado porque la casa era mía. Más bien invité a Henri el tenista a continuar su existencia en otra casa. Antes de la extinción, porque tenía mejores planes para mi futuro. 

XIII

Tenemos claro entonces en qué consiste la magia: en ninguna de esas extinciones. En evitar las extinciones. En ser animales con respeto por los otros animales. La única diferencia entre los simios y nosotros es que podemos caminar largas distancias a pie, según leía ayer. No, el ser humano no desciende del mono, por la sencilla razón de que él mismo es uno, afirma Evelyne Heyer. Yo estoy encantada con esta información, siempre quise ser un simio. De hecho siempre me he sentido un simio. Un mono amigable que hace arte, e intenta hacer algo por este mundo de extinciones. Las mujeres se extinguen seguido, a manos de simios violentos. Pero no podemos vivir sin poesía, como afirmaba Nicanor Parra. Sin justicia tampoco. Magia y justicia: imprescindible. Artículos de primera necesidad, igual que la poesía. Pero ojo a lo que es en realidad poesía. Hay muchos malentendidos al respecto. La poesía es escasa y tantas veces el gato por liebre. Yo soy un simio atento a este tipo de sutilezas. No quiero extinguirme. 

XIV

La magia entonces es la no extinción. Es la forma que fulmina la extinción. La lápida, aquí yace Lisa la escritora, extinguida, no me acomodaba para nada. Nunca me ha quedado bien. Como un traje no hecho a mi medida. Pero tampoco estaba hecho el traje a la medida para Julia Chuñil Catricura, ni Hélène Legotien Rytmann, estrangulada por Louis Althusser, ni Géraldine, Sonia, Elena, Salma, Christelle, Agnès, Solange, Cécile, Céline, Sylvie, Melody, o cualquiera de las 118 mujeres asesinadas en Francia en lo que va de este año, por hombres, a golpes, degolladas, estranguladas, cuchillazos, balas, patadas, y otros, como fueron los veinte golpes en la cabeza contra un radiador que le dio Bertrand Cantat a Marie Trintignant que le causaron la muerte, y no sabemos cuántos golpes a Krisztina Rády, además del terror psicológico, que la impulsaron a suicidarse. Nos extinguen, es un hecho, a todos los animales. Uno de los documentos de las atenciones de urgencia a Krisztina Rády indicaba que una violenta disputa con su compañero, la llevaba a ese hospital ingresada con desprendimiento del cuero cabelludo, moretones y hematomas, lo que “significa muy probablemente que Krisztina Rády fue agarrada con mucha violencia por el pelo o arrastrada por el pelo”, según indica un enfermero. Nos siguen extinguiendo, y la justicia, dónde. No quiero ser estrangulada. Prefiero las metáforas. Una lápida, más adelante, que consigne: Lisa la escritora, se dedicó sin violencia a las metáforas. Dio su vida por la magia. Por entender el deseo y sus beneficios. Redactó manuales de pócimas para dar con las metáforas correctas. No tenemos idea si nada de lo que hizo dio resultado. Pero le puso empeño, y el humor no le faltó, a pesar de todo. Tenía amigos, amor, café, un río, viajes y sueños. Suena un poco cliché, pero dijimos que lo de la mariposa era cierto. Los sueños también son ciertos. El nobel o nada, ya está consignado en uno de los libros, no sé exactamente en cuál, ya me pierdo, son muchos, y no puedo dejar de redactarlos. La búsqueda de la magia es de vida o muerte. Quiero crearla. Lo intento. La única metáfora que sirve es la magia. El deseo de la magia, la forma fulminante que modifica. Me afano en descubrir en este presente la magia. Aspiro a la literatura como forma absoluta. Procurar reunidos el nacimiento del amor.  

5 de octubre de 2025

Forma fulminante VI

Qué hay después del silencio. Hay la música y la fuerza. El caminar al ritmo de los latidos del bosque. Hubo una maratón hoy en Lyon, estuve horas de mi mañana sentada en el balcón observando las cientos y cientos de personas que corrían pasar por mi calle desde mi balcón. El sol que salía y se escondía entre las nubes. Por alguna razón el evento me llenó de emoción. Todas estas personas corriendo al compás. Vestidos de colores con un mismo objetivo. Llegar a la meta en el menor tiempo posible, o no, o tal vez sólo correr, para algunos. Correr acompañados, al mismo paso, con determinación. Me sorprendí de pronto con lágrimas en mi terraza siendo parte de alguna manera de esta procesión de personas avanzando juntas. Me pareció una actividad necesaria para estos tiempos. Correr todos al mismo paso, o no, todos hacia la misma meta. Había algo solidario en esta estampida de personas avanzando a un ritmo imaginario, y sentí realmente que la suma de las partes era mucho mayor a cada individuo solo en su carrera. Lo que no me pasó para nada por ejemplo con el último comportamiento de halloween de Judas el músico. Sí, hay más. La semana anterior, le escribió a una amiga para decirle que fueran a tomar una copa, a espaldas de todo el mundo, a lo que ella le contestó, por supuesto, si había algo que no andaba en su cabeza. Es lo que sucede al parecer. Sobre todo en su ética, la que es desconocida. Recordemos que este ser humano se escuda en sus circunstancias para hacer todo tipo de acciones nocivas, manipulando y sin considerar a nadie. Miente sin detenerse. Se miente a él mismo, a los demás, a quien llama su pareja, a todo quien se cruce, en definitiva, no hay excepciones. Lo peor debe ser que es un fraude total. Todo es falso. Nada de lo que enarbola es cierto. Ni siquiera es capaz de redactar una investigación, lo que quiso llevar a cabo, pero es un fiasco, como todo lo que emprende. Sí, porque Judas el músico tiene un cerebro en el cual todo se volvió borroso. No hay límites, no hay reglas, y no sólo eso, para él los hombres y los europeos son superiores a todo. Ya sabemos cómo se llama a eso. Anotémoslo por si acaso, es de un machismo que sorprende, conservador como él mismo, y racista, además, como si fuera poco. Lo que quisiera es que nadie tuviese que encontrárselo, porque la experiencia es lo más nociva que hay. Lo que me alegra es que me libré de sus conductas de mierda, en lo general y en lo particular. Espero no tener que verlo nunca más en mi vida, y eso que yo jamás elimino de mi existencia de cuajo a nadie, solamente en casos excepcionales en que lo nefasto gana por sobre cualquier otra cosa, como en el caso de Judas el músico y Arsène el guitarrista. Dos personas que se parecen mucho, no sólo por sus inclinaciones musicales, sino también por sus conductas perniciosas y dañinas. La interacción con cualquiera de ellos dos es el opuesto absoluto de la magia. Es la erosión maligna de la magia. Creo que en ningún caso entienden bien de qué se trata el amor. Creo que todas las personas con las que van encontrándose se van enfermando de esas interacciones perjudiciales. Es grave. Atención si se te cruza uno, el resultado puede ser la muerte. 

Forma fulminante V

La literatura colinda con la música. Sus formas están muy cerca. Su necesidad de llegar al núcleo de la emoción. Llevar la música en el cuerpo es poder redactar las frases que dancen. Las lenguas son también música, sonidos, melodías. Por eso atesoro cada nueva palabra que llega a mis manos. Porque entonces crecen las metáforas. Se sitúan, se enraízan, porque cada lengua tiene su imaginario y sus límites. Por lo tanto sus elevaciones y sus precipicios. Por eso toco el piano y aprendo alemán, porque todo es literatura. No se puede escribir sin ritmo y sin significados. No se puede escribir sin imágenes y figuras. Mi cuerpo es una colección de metáforas infinitas. Mi cerebro una biblioteca gigantesca de sonidos, sensaciones, alegorías y símbolos. Tengo todas las palabras del mundo a mi disposición, para imaginar el futuro. Para diseccionar el presente. Lo que me fascina es la musicalidad de las formas y las oraciones. Por eso sé que la inteligencia de artificio es lo más lejano a la magia. Que las traducciones son delicadas y misteriosas. Pero hay que intentarlas para llegar más allá. Para hacer parte a toda la humanidad de la belleza existente. El conocimiento debe ser libre. La literatura tiene que estar al alcance de cada ser vivo. La música está en todos lados y tiene que invadirnos. Lo que me extirpa del cielo nublado es el arte que no se queda en la superficie. El arte que entra. Que recorre la casa embrujada para alcanzar las señales. El arte de historias infinitas sin contenido me rebela. Las imágenes sin texto ninguno ni sentido palpable me desmoralizan. Las series eternas que quieren mantenernos en línea intensificando el sensacionalismo me reenvían a un estado de desamparo. Luego todo es indignación. El robo de lo exótico, la desfiguración y su destrucción de lo esencial. Julia Chuñil es una militante por los derechos humanos y el medioambiente. Fue asesinada el año pasado. Por su lucha, por su resistencia. Son tiempos muy oscuros, como siempre, para quienes insisten en la magia. Los estados inactivos, cómplices. Asimismo autores y encubridores. Cómo insistir en la magia cuando la vida se ve amenazada. Esta semana surgió el tema de firmar con nuestro colectivo feminista un documento para la presentación en un juicio. Pero muchas de las personas que lo componen no tienen ciudadanía de este país. Entonces la amenaza. Los estados se arrogan el derecho de modificar vidas arbitrariamente. Criminalmente. Nuestras vidas y nuestros cuerpos corren constante peligro. Lo que no saben es que la solidaridad es un quinto poder. Una de las formas fulminantes. Algo que colinda con la magia. Que saca de ahí su fuerza. Que sabe hacer uso de las metáforas y las amenazas recibidas. El deseo de un mundo muy distinto al que prefiguran en muchas ocasiones quienes nos gobiernan. En ocasiones los elegimos, en otras se imponen. No hay atisbo de música posible en el asesinato de la magia. Justicia para Julia Chuñil y libertad para todos los pueblos colonizados.   

4 de octubre de 2025

Forma fulminante IV

Un día uno se da cuenta que los monstruos de halloween son metáforas de cosas y de personas. De estados mentales. Entonces todo toma su verdadera dimensión. La de la claridad diáfana, que no ocurre todos los días. El invierno y sus componentes son una metáfora que va de la mano con esos monstruos. Hay dentro de todos nosotros algo monstruoso como estar infinitamente perdido. Porque desear es siempre estar perdido. Buscar una magia posible, mientras la forma nos fulmina. Es el deseo el que activa a las criaturas mitológicas. El que pone en marcha el impulso de la pasión creativa. Si no fuera por la magia no haríamos absolutamente nada. Engullidos por las bestias. Aplastados por la alineación de los planetas equivocados. A mí el deseo me intriga totalmente. Su puesta en marcha. Sus mecanismos. Lanzo nubes creadas con la máquina diseñada para tal efecto. Hacen figuras en el cielo que se transforman en especímenes amorfos de fuego. Escribir debiese ser exactamente como redactar música. Los cuerpos como pentagramas. Para recibir los acordes dulces. Las palabras voraces. Las frases de hierro que se vuelvan espuma al pronunciarlas. Pompas de jabón que se eleven al firmamento. Globos aerostáticos suspendidos en la estratósfera. Cada nota es una palabra, muchas palabras, una vida. Cada acorde una historia. Cada compás un llamado. Sólo me interesa captar lo que no veo a simple vista. Las formas del deseo. Cómo se instalan en la emoción. Cómo nos mantienen suspendidos en los aeroplanos de exaltación. Cómo se generan y hasta dónde pueden llegar. Deseo como una ocupación que me moviliza. Acerco la energía hacia mi fibra más íntima. Quiero llegar al núcleo del anhelo. Imitar sus movimientos para comprender. Desear es fulminar la forma para sentir su metamorfosis hacia la intuición de la música. La metáfora adecuada es la que despierta cada instinto. Todos los sentidos y la magia. 

Forma fulminante III

La forma de la magia es fulminante. Por eso se reconoce al encontrarla. ¿La he hallado ya? Todos los días me alcanza de alguna manera. En invierno tengo que mirar más de cerca. Pero la descubro. Hoy por ejemplo estoy sentada al sol con un café y todo es magia. Ayer Liam el comediante me contó que está actuando en una obra en un teatro al que siempre voy y yo no tenía idea, esas coincidencias también son magia. Recordemos que llegué a él de manera totalmente azarosa, en una fiesta del catorce de julio del año pasado. Una vez a la semana le respondo y le cuento algún fragmento de mi existencia. Me gusta tener sus noticias. Lo interesante es que vivimos en la misma ciudad, pero nadie ha querido dar el paso de proponer una conversación cara a cara. No tengo nada concreto que formular así es que voy con cautela, y las novelas son celosas de su espacio. Además hay algo agradable de alargar el misterio. Para que la magia adquiera su forma fulminante. Esto no se consigue así no más. La magia adora el suspenso. La expectación del deseo. El deseo es algo que se crea. Igual que Frankenstein. Es algo por imaginar. Es necesario crearlo para uno mismo y para los demás. Para que todo sea magia. Además no estoy dispuesta a adicionales aventuras más cercanas a halloween que al amor. La mansión siniestra la dejé con la puerta cerrada esta vez. No entré. De hecho cerré todas las entradas. Porque el deseo se había completamente desvanecido. Fue lo que sucedió con Joseph el alpinista, Judas el músico, Jeff el botánico, Pascal el dramaturgo. Dejé a todos los Frankenstein en la casa embrujada y puse el pestillo. Porque el deseo, evaporado. Hay aventuras no dignas específicamente de ese nombre. Más bien sería algo como experiencias de la dimensión desconocida. La magia irreconocible. Digámoslo así: experiencias de la magia desconocida. La expectación, inexistente. Voy imaginando el deseo, recordando estos experimentos para no repetirlos. Por mientras trazo la forma fulminante de la magia, para descubrirla cuando se me presente. 

Forma fulminante II

Dónde está la magia. No sé, pero cuando la veo la puedo reconocer. He pasado mi vida buscándola. Aprendiendo a identificarla. Desarrollándola, convirtiéndola en arte. Cómo la conocí, estando en la naturaleza, caminando por las calles, conversando con amigos, amando. Ahora puedo generarla. Como crear un Frankenstein. Criaturas con vida propia. Crearse a uno mismo. Convertirse en una especie de gárgola observando la noche. Sintiendo la música y haciendo volar a la forma fulminante. El invierno está inundado de noche. Días cada vez más breves, el frío y el repliegue sobre uno mismo. El invierno es una metáfora de una parte de la belleza que está menos segura de sí misma. Un gólem temeroso y deforme. Con un alma tersa como la nieve recién caída sobre la colina. Explanadas nítidas hacia el infinito. Lagos en las montañas, vegetación incrustada en las rocas. Monstruos pidiendo liberación. Cielo cubierto de nubes. Por momentos no comprendo esta estación. Sus mensajes siempre se me escapan. Su magia me deja perpleja. Me excede. Me guardo en el silencio para que las palabras puedan describirla como se lo merece. Pero nunca estoy a la altura. Todo es un laberinto en que se mezclan cientos de encrucijadas. Imagino quimeras, engendros. No logro sacar cosas en claro. Me visitan todos los entes que he creado. Todos esos cuerpos que alguna vez deseé, y ahora se agolpan en la sangre como si me poseyeran sirenas maléficas. Cantos de los que no puedo desatarme. Medusas me siguen y no puedo observarlas a la cara. Todo es fuego, pero de un infierno maldito. Perros salvajes esperando en la loma. Sed de aventuras que me lleven a poder crearme a mí misma. Que me lleven a fundirme con todo lo que alguna vez me perteneció. Un paseo por la noche para encontrar esos versos. Los de la magia etérea. Lo de la magia pesada como hierro. La magia puesta en el fuego para arder. Convertirla en lámparas de cristal. Vidrios de colores que reflejen lo que está dentro pero que sólo aparece cuando hay el aullido. En los alrededores del pueblo recorrer lo que quedó fuera, lo que no apareció en la foto. Es siempre lo más interesante. Porque la magia es muy poco evidente. Se manifiesta bajo un velo. Una armadura que parece complicada, pero se deshace al evocarla con la fórmula correcta. Yo estoy totalmente inerme ante la belleza. Me desarman los caminos recorridos. Los cuerpos que alguna vez tuve. Las palabras que fueron mías. Los versos que escuche en noches de luna llena, en que me los recitaron susurrando. En el silencio de la noche esos versos. Fueron míos. En este invierno los siento en la piel, y sé que soy una suerte de Frankenstein deseando amar. Pero en la noche sin osar acercarme a ningún acantilado. Porque conozco ese llamado de la luna desapareciendo tras la montaña. Promesas de días por venir que se convierten en gorgonas caníbales. En creaciones infértiles y dudas. La forma fulminante alcanza su cénit en cada momento en que hay la promesa del horizonte. Bosques oscuros y extravíos. La magia tiene una doble cara de lo no revelado. Lo que queda en la sombra es el misterio. La trascendencia y la transgresión necesarias para el arte.  

3 de octubre de 2025

Forma fulminante

Qué es la magia. Creo que era lo que sentía en tus brazos. La próxima semana está de cumpleaños Jean el saxofonista. Quien fuera la música de mis días. Los duelos con personas vivas son muy distintos a los duelos con personas muertas. Tal vez se encuentran en la imposibilidad. Creo que siempre estamos olvidando a alguien, de alguna u otra manera. Mientras escribo una mariposa vino a posarse en el alféizar de la ventana, para quedarse ahí. Una mariposa naranja, blanca y negra. Esa debe ser la magia. La belleza que se presenta, una y otra vez. A veces de manera inesperada, a veces sostenida en el tiempo. Se quedó ahí la mariposa, con las alas extendidas. Lo interesante de estar atento a la belleza, es que se presenta. Siempre se presenta. Las alas de esta mariposa son negras, con una línea naranja en cada una, y tres puntos blancos, a continuación de cada línea. Es como que esta mariposa se hubiese tendido al sol de otoño. A sentir los rayos en sus alas coloridas. A descansar. Una mariposa descansando de su breve vida. Existir, aunque breve, cansa. Aquí me quedo, dijo la mariposa. Es divertido querer escribir sobre la magia y que inmediatamente se extienda a descansar una mariposa a tu lado. Parece un cliché, pero la estoy observando, ahí está. A mí la magia no me abandona nunca. Otras cosas y personas, me han abandonado, la magia no. Es como que me siguiera. Que supiera que no puedo vivir sin ella. Sin el resto de las cosas, puedo. Una se va acostumbrando con el tiempo. Así son los duelos, así son las decisiones. La mariposa no se mueve. ¿Vino a morir a mi lado? ¿A decirme algo? ¿A recordarme la magia para que no la olvide? Vivo junto a un bosque, es difícil olvidarla. Un bosque con cuervos y urracas. Con grandes robles y cedros. Sí se mueve la mariposa, ahora se giró y me observa, mueve las alas un poco. Tiene dos antenas extendidas hacia adelante. Qué intenta decirme. Estoy inerme ante la belleza. Ante la magia de las situaciones que me recorren. Las llevo todas en mí y son la explosión constante. De nuevo inmóvil la mariposa. Exactamente al lado y observándome. Las mariposas no siempre son fugaces, ya se ve. Esta es una mariposa que se queda. Debe ser como yo, que permanezco. No olvido a quienes me han amado. A quienes amé. Me intimida la mariposa, quisiera entender sus mensajes cifrados. Partió. Partió volando. Se perdió en el cielo, en el bosque. Tal vez cada paso es un abrazo a la vida, a la forma fulminante de la magia.

29 de septiembre de 2025

Aparato complejo (Libro)

Aparato complejo

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Prefacio

Aparato complejo es una novela. Es el cuarto libro de Lisa Lyon Barthes y el arte. El primero, Lisa Lyon Barthes y el arte, trata sobre el arte, el segundo, Grandiosa mitología, trata sobre la amistad, el tercero, Maquinaria insólita, sobre la literatura, y el cuarto, este libro, Aparato complejo, trata sobre el amor. Cuando comencé a redactarlo era el cumpleaños número cuarenta y cinco de quien fue mi primer amor, a los quince años, Felipe Parker Undurraga, snowboardista chileno, campeón sudamericano y candidato a vencedor mundial, fallecido a los veintiséis años de edad. Caí en cuenta en ese momento que habían pasado exactamente treinta años desde esa relación, a los quince años, en que descubrí el amor por primera vez, y quedé en jaque hacia adelante. Treinta años amando, y desamando. Decidí entonces reflexionar sobre este recorrido de treinta años. Yo misma voy a cumplir cuarenta y cinco años en exactamente dos meses más, el 29 de noviembre, y dado que es la mitad de la vida, mejor ir sacando cosas en claro, si es posible. En el amor hay que insistir, de eso no tengo dudas, con más fuerza que nunca en unos tiempos infames como estos. Lo que no tengo claro es que haya que insistir en las relaciones de pareja. Al menos como algo esencial. Las alegrías esenciales, a saber, el sol, el espacio, el verde, como decía Le Corbusier, el arquitecto del lugar que aparece en la foto de la portada, la Ciudad Radiante en Marseille. La pareja como una alegría esencial, tengo mis dudas. He estado en pareja casi toda mi vida, treinta años, con algunos intervalos. Quise rescatar en este libro las experiencias que han sido las más relevantes. Siento la necesidad de sacar cosas en claro antes de volver a embarcarme en proyectos de esa especie. Mi feminismo, mi libertad, mi condición literaria y mi necesidad de sentido exigen profundizar en esta serie de encuentros y experiencias, porque como sabemos no todo es coser y cantar en estos tiempos de la superficialidad y la masacre, antes de considerar llevar a cabo una nueva aventura de esta envergadura. Experiencias ingratas este año con personas que tienen más dificultad para reconocer a los demás me han puesto en compás de espera en este ámbito, sumado a dos matrimonios que se acabaron, y otras relaciones años atrás que fueron importantes para mí, en treinta años de insistir en la construcción de vínculos que signifiquen algo. Que sean algo esencial, sino para qué hacerlo, no veo la motivación. Estoy consciente de las dificultades, las propias y las que me exceden totalmente, que tienen que ver con los demás, y en gran parte con el contexto. No veo posible vivir vidas sin examen, o relaciones que no estén habitadas realmente por lo que considero es el amor: la capacidad de ver a los demás y el deseo profundo de querer estar con alguien. Algo que me desarme absolutamente, en caso contrario tengo mejores cosas que hacer para pasar el rato. Byung-Chul Han menciona una cita de Kafka que anota Roland Barthes en uno de sus libros: “Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos.” La música interna de las cosas suena por primera vez al cerrar los ojos, cosa que introduce su demora, escribe Byung-Chul Han, el amor es una conclusión absoluta porque presupone la muerte, la renuncia a sí mismo. Este libro fue mi manera de cerrar los ojos para identificar lo que fue música. Para dilucidar qué puede ser música hacia adelante. Creo que amar a alguien, como todo lo demás, tiene que tener un sentido, sigo buscándolo. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 29 de septiembre de 2025.

Andréa Balart-Perrier (de nacimiento Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) es una escritora y abogada de derechos humanos, francesa, chilena, española. Escribe literatura hace 20 años, y es autora de más de 100 libros, publicados en Fée Éditions / Intemperie Ediciones, entre los que destacan la serie de novelas: Lisa. Cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal. Activista feminista, participa hace más de cinco años en agrupaciones feministas militantes, y es cofundadora y miembro de Parchadxs / Collectif féministe et antiraciste. Trabajó diez años como abogada, entre ellos cuatro años en la oficina de UNICEF (Naciones Unidas) en Santiago de Chile. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona, y completó cuatro años de estudios de doctorado en filosofía y literatura (candidata a doctora) por la misma universidad. Máster por la facultad de filosofía y literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile. Franco-chilena-catalano-vasca, vive en Lyon, Francia, desde hace más de una década (Lyon Ciudad de la Literatura UNESCO).

Lisa Lyon Barthes y el arte.

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf

Grandiosa mitología

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf

Aparato complejo

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_aparato_complejo_24-09-25.pdf



28 de septiembre de 2025

Aparato complejo VIII-XIV

VIII

Ya se ve como el aparato complejo tiene que debatirse con todo, el amor, la debacle, la distancia. No le he dado tregua al aparato complejo. Treinta años de intensidad sublime. Lo compadezco por una parte. Pero sigue latiendo. Con la misma intensidad, eso es lo más extraño. Aunque ahora no esté latiendo por nadie en particular. Sólo por este otoño, asoleado el día de hoy. Por esta ciudad. Por el grupo de activistas que me motivan a seguir en las calles para que algo se arregle, aunque sea pequeño. No nos rendimos ante los poderosos. En eso hemos estado siempre muy claros. Aunque el aparato complejo sea el terreno eterno de las dudas, en lo otro hay convicción, aunque sí muchas dudas también. Estamos rodeados parece, por las dudas. El aparato complejo es un nido de dudas. Porque existir tiene esa sustancia vacilante. 

IX

Señor agrimensor, dice el maestro del castillo de Kafka, usted deberá renunciar a no pocas fantasías, ya lo veo. Qué vamos sacando en claro. Treinta años. Recapitulemos. A ver. De los quince a los veinte años. Qué tenemos. Comenzó el funcionamiento de este aparato complejo. Conocí el amor con Jérémie el esquiador. Expansión, expansión. Naves espaciales, veleros. Subir, subir, meses después caer, caer. Conocer por primera vez que el amor no duraba para siempre. Que podía acabar, a pesar de las cimas y las promesas. Bastante duro. A los diecisiete años caí en las garras de Arsène el guitarrista, con quien compartí mi vida hasta los veinte años. Su nombre suena como arsénico. Tocaba bien la guitarra, creo. Aprendí mucho de música, de eso no tengo dudas. Sus oscilaciones y sus siete años más de edad me hicieron creer que el amor era una cosa. A los veinte años todo terminó y estaba lista para comenzar algo (y olvidar todo lo anterior, tal vez).

X

De los veinte a los veinticinco años. Compartí mi vida con Ariel el dibujante. Mucho amor y muchos viajes. Fui muy feliz. Intentar sacar adelante una carrera. Lograrlo a costa de perder la cordura. No fue tan feliz. El aparato complejo sometido a pruebas complicadísimas. Adam el explorador y la explosión constante. Los límites de Ariel el dibujante en lo tocante a los compromisos, y las dudas incesantes en relación al camino que íbamos a seguir, juntos o separados. Arriba, abajo, al lado, al otro lado. Amigos, baile, dudas existenciales, el cuerpo de Ariel el dibujante. La delicadeza de Ariel el dibujante. Su creatividad, acompañarnos, reírnos. El miedo, la tensión, el futuro que no llegaba, ni en lo profesional ni en nuestras ganas de estar juntos. El aparato complejo como en una batidora, el aparato complejo en pausa. La necesidad de que todo fuese tomando forma. Pasión y dificultad. Música y temor. Se preparaba el final de algo que fue un gran idilio, con montañas rusas. 

XI

De los veinticinco a los treinta años. El primer tramo recuperarme de lo que empezó a ser mi existencia sin Ariel el dibujante. Vagar en la oscuridad. Comenzar a trabajar como abogada, nuevos mundos, nuevas personas. Conocer a Henri el tenista. Pero antes de eso reencontrarme con Virgile el naturalista, mi primer novio infantil de los once años. Sentir que era el amor de mi vida y que todo tomaría forma. Partir de viaje varios meses, para encontrarme a la vuelta de que no lo era, y que la dirección de los acontecimientos sería otra. Henri el tenista, sentir que era el momento de crear algo grande, grandes palabras, grandes acciones. Casarnos, viajar, armar cosas, tener miedo. Preguntas serias, determinantes. Cada vez más preguntas serias y determinantes. Nuevamente vagar en la oscuridad. Se preparaba el camino para terminar con esas grandes cosas y en cambio buscar otras. También grandes, distintas.

XII

De los treinta a los treinta y cinco años. Primero terminar de hundirme. Comenzar a escribir con aún más ahínco. Tomar decisiones. Comenzar una vida sola. Acompañada de los derechos humanos y la literatura. Acompañada de la música. Subirme a estrellas espaciales y recorrer todo lo que podía llevarse a cabo. Concluir que esta era la vida que me hacía volar. Decidir que retomaría el plan inicial de partir lejos. Irme del trabajo. Hundirme procesando todo lo que había ocurrido en ese trabajo y en los últimos años. Tocar fondo. Despertar. Partir. Para no volver nunca más. Para redactar los libros. Para darle forma al activismo. Llegar a Barcelona. Conocer a Jean el saxofonista. Saber inmediatamente que era el amor de mi vida. Luego de un año a la distancia, terminar el master y partir a Francia a vivir juntos. A comenzar una vida literaria que siempre estuvo muy clara en mi complejo aparato entre los pulmones. Decidir que nos casaríamos con Jean el saxofonista. Decidir que habitaríamos en el campo entre los árboles y los venados. 

XIII

De los treintaicinco a los cuarenta años. El idilio absoluto con Jean el saxofonista. Celebrar en Avignon mis treinta y cinco años y nuestra decisión de compartir la vida, ojalá para siempre. Mudarnos a Serpaize, preparar nuestra casa. Tomar la decisión que dedicaría mi existencia a la literatura. Comenzar a redactar las grandes novelas, sin tener idea qué significaba eso. Trabajar duro. Viajar mucho con Jean el saxofonista. Pasear por Francia completa. Estar en el bosque. Leer como mala de la cabeza. Escribir como poseída por algún demonio creativo. Años en el bosque y las flores. Mis hermosos hijos adoptivos. Mi suegra maravillosa. Los gatos. El piso de Lyon, por primera vez. Compartir mi vida entre la ciudad y el campo. Las letras, las letras. El activismo comenzaba a dibujarse más claramente. Terminar de darle forma. Ser feliz con Jean el saxofonista. Disfrutar de la vida. 

XIV

De los cuarenta a los cuarenta y cinco años. Comenzar la revista Simone. El colectivo feminista y antirracista. Nuestros caminos con Jean el saxofonista se iban distanciando imperceptiblemente. El aparato complejo fuertemente sacudido con todo esto. Incomprensión. Preparar el camino para mi instalación definitiva en Lyon. El departamento frente al río. La explosión creativa. Las cientos de novelas. Los intentos infructuosos de comprender cómo se recomponía el aparato complejo y de saber si servía aún para amar a alguien. Concluir que no. Una y otra vez. Aventurarme en historias extrañas. Muy extrañas. Terminar más desilusionada y hastiada que antes. Asuntos que no terminaban de cuajar. Asuntos que cuajaban, o parecían cuajar, pero luego se enredaban. La literatura como camino único. Los derechos humanos siempre presentes. Caer en cuenta que son treinta años amando. Terminar la recapitulación. Declararme fuera de juego. En los márgenes extraoficiales de la vida. Perdida en letras y tramas. El aparato complejo latiendo como nunca. El sol que aparece en un día que se anunciaba nublado de un blanco cerrado. Tomar un café, escuchar Fiona Apple. Leer a Kafka, a Eva Illouz, a Roland Barthes. Leer a Doris Lessing y a Byung-Chul Han. Saber que lo que siempre me ha acompañado ha sido el amor y el arte, y quiero creer que la vida. Sigo buscándola. Pequeñas olas en el río. La debacle mundial. La esperanza en el futuro. Un presente planetario ciego y confuso. Cerrar los ojos para sentir el sol en el cuerpo. Recibir un mensaje de Liam el comediante. No tener idea de lo que es el amor y tener muchas dudas para responder ante la incomprensión del aparato complejo. Decidir que han sido treinta largos años. Cuarenta y cinco años de vida y un futuro, y un presente. Sol otoñal. Barcos. Embarcaciones. Milagros. Desastres. Confianza. Amor. Arte. Música. Cine. Literatura. Escribir las novelas y partir a Chile para cumplir los cuarenta y cinco años. Comenzar algo que tenga sentido. Volver a Lyon. Vivir. El aparato complejo se ha divertido conmigo. Que su intensidad siga iluminándome. Asoleándome. Llevándome en las embarcaciones. El aparato complejo, ese órgano misterioso y sin razones. La existencia puesta en manos del azar. Puesta en manos del arte, la grandiosa mitología, la maquinaria insólita y el aparato complejo. No se puede decir que no lo intentamos. 

27 de septiembre de 2025

Agustina

Hoy la pequeña Agustina, mi ahijada, ya no es tan pequeña y cumple nueve años. Nueve pequeños y grandes años. No es tan fácil la distancia en lo relativo a la pequeña Agustina, pero conjuro la distancia, como todo lo demás, escribiendo. Así es que observo los barcos con luces de colores por el río y redacto unas líneas para ella, mientras ella celebra con sus amiguitos y la familia. El aparato complejo que late la mantiene muy cerca para que crezca grande, hermosa, talentosa y cariñosa, como es. A Agustina le gusta leer, igual que a mí, compartimos esta actividad esencial. También le gustan las aventuras, como ella me ha expresado, así es que también estamos cerca en eso. Quizá algún día quiera también redactar líneas, o no, podrá hacer lo que estime, pero tal vez no sea eso porque a sus padres les fascinan los números, aunque también las letras, sobre todo a su padre. La filosofía y las letras. Agustina sabe que su misteriosa madrina vive en Francia y escribe libros, y me apersono cada año para pasar con ella momentos que atesoro, en que jugamos, hacemos paseos y leemos. Tal vez debiese decirle cosas serias e inmensas a Agustina hoy en su cumpleaños, pero lo único que espero es que sea feliz. Lo único que quisiera que sepa Agustina es que la queremos y que no necesita hacer nada más que ser amable y ser feliz. Agustina la vida parece misteriosa, pero no es tan misteriosa, hay el amor, los juegos y los libros. Los bosques y los animales. Los amigos y una familia que te adora. Da libre cauce a tu imaginación, y todo eso que está contigo, es real. Acuérdate, todo es real. No dejes que nadie te intimide. Eres la princesa de todas las comarcas, y la astronauta que sube a las naves, y la marinera que va por el mar, o lo que tengas ganas. Qué más te da. Es tu vida. Que este décimo año que comienza sea la fantasía total y todas las flores se plieguen a tu vuelo. Aquí tienes una madrina que le gusta inventar cosas, así es que podemos inventarlas juntas, y ser felices. Soy afortunada de tener una ahijada tan hermosa, inteligente y amable como tú. Cada día agradezco a tus padres que me dieron esta tarea que guardo en mi corazón, la de seguir de cerca tus maravillosos pasos y estar para ti. Estoy honrada en todo momento de la propuesta que se me realizó: desarrollar mi papel de apoyo incondicional a todo lo que eres y quieres ser. Cuenta conmigo, la gran fantasía y este inmenso viaje que hacemos juntas por la existencia, con todos los que te queremos. La dicha es la de volar y la música. El amor completo es para ti, Agustina. Sé feliz. 

26 de septiembre de 2025

Aparato complejo VI

Digamos ahora que este es el año del genocidio. Lo que más lejos está del amor. Treinta años y el número treinta el genocidio. No es posible amar en este año miserable. Yo no he amado a nadie en este año de la infamia. El cuerpo no me ha permitido ese tipo de actividades. El aparato complejo confundido y entristecido. Rebelde pero inerme. Desconsolado pero tenaz. Me guardo a una cierta distancia de esos encuentros y me he refugiado en los libros. Me he refugiado en la amistad y el activismo. Pero todo se viene abajo y no se ve el final. ¿Tanto poder tiene esta gente? ¿Tanto dinero tiene esta gente? ¿Tanta inhumanidad tiene esta gente? El aparato es complejo, pero cuando existe no participa en genocidios. Nos han faltado las palabras en el año del genocidio. Nos van a seguir faltando al parecer, porque a veces el mal y la ambición no tienen límites. Se sentía demasiado feliz por tener a Frieda en sus manos, siente K en el castillo de Kafka, demasiado temerosamente feliz también, porque le parecía que si Frieda lo abandonaba, le faltaría todo lo que tenía. Kafka entendió bien lo que es el amor. Este año hemos perdido todo lo que teníamos. Perdimos lo que una vez llamamos amor. El túnel es largo y lóbrego para recuperarlo. Cómo seguir entonces. Volvamos a definir esta palabra que destruyeron, saliendo a las calles. Aunque todo sea falta y abandono. Volvamos a encontrar todo eso que teníamos: una comunidad. El amor es el lenguaje del aparato complejo y no se opone a la política, la nutre. El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro o de la diferencia, escribe Byung-Chul Han. El caso se cierra, por lo general con mucha justicia, pero de todos modos arbitrariamente, dice el alcalde del castillo de Kafka. Recuperemos la comunidad, reparemos. La política no puede nunca separarse del amor, ni del arte. Volvamos a crear esa comunidad política del arte y del amor.  

Aparato complejo IV

Treinta años amando, debiese recibir una condecoración. Salir adelante al podio y dar discursos. Ir a grupos de ayuda y compartir la experiencia. Ir por las calles esparciendo la palabra. Escribir libros. Llueve, llueve hace días, en la gran ciudad de la literatura y la resistencia. En esta gran ciudad galo-romana al infinito. La ciudad de las colinas del trabajo y la oración. De los anchos ríos y puentes hacia el abismo. Porque así es amar: un abismo. Es urgente sacar algo en claro después de treinta años de ejercer esta actividad: compartir mi vida con seres humanos del primer sexo. Yo estoy en el segundo, según Simone de Beauvoir. Cómo me ha ido: más o menos. A ratos bien, a ratos mal. Lo importante a estas alturas es no dar pasos en falso. Debiese dar clases, impartir seminarios. El arte de amar en las grandes ciudades. El arte de amar en las colinas y los puentes. En los ríos y en las calles. Los parques y los acantilados. Ir por las calles y querer amar. No es suficiente. Doy fe. Toda destreza parece experimento. Los nuevos desafíos son constantes. Desvarío; desvarío total, dice la mesonera en el castillo de Kafka, se confunde uno mismo jugando con tales desvaríos. No, dice K, no hemos de confundirnos. Ahí está la clave: no hemos de confundirnos. En treinta años puedo decir que el amor no es tantas cosas sino muy pocas, y que efectivamente no hemos de confundirnos. Este será el primer capítulo.  

24 de septiembre de 2025

Aparato complejo III

Veamos la descripción de Kafka del amor: “Se abrazaron. El pequeño cuerpo ardía en las manos de K. En un descontrol del que K. trataba continua pero inútilmente de salvarse, rodaron algunos pasos que fueron a dar sordamente contra la puerta de Klamm, y ahí se quedaron acostados. Allí pasaron horas; horas de un simultáneo latir de corazones, horas en que sus alientos se fundían, horas durante las cuales K. seguía teniendo la impresión de que se extraviaba, o de que se había internado tanto como ningún otro hombre antes que él en lo desconocido, en un lugar tan extraño que ni siquiera el aire tenía allí una partícula del aire de su tierra, aire que, de tan extraño, tenía que resultar sofocante, y ante cuyos insensatos atractivos uno no podía sino seguir avanzando y perderse.” A ver si sacamos algo en claro, para que no todo sea suspensión y sinsentido. Descontrol, extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable. Perfecto. Kafka me ha ayudado mucho más de lo que él se imagina. Me reconozco en todas. Tal vez sobre todo en el descontrol y el extravío. Pero también en lo desconocido sofocante, y en lo insensato inevitable. Se ve que Kafka estaba encantado de enamorarse. Que era lo que más quería, pero luego ya se iba arrepintiendo y quería mejor escribir, tal vez. No hay razón para el delirio. ¿Pero quería él la razón? Quizá lo que lo mortificaba era la razón, esa que no va unida a la desorientación del aparato complejo. Creo que el amor muy calculado pierde magia, y luego un contrasentido, y eso él lo entendió bien. El aparato complejo se mueve en el terreno del descontrol. Luego las cuentas van contra su naturaleza jovial. Tal vez lo de más expectativas también tiene que ver con más cálculos. Pero el amor es autónomo. En cuanto se lo une a intereses o imposiciones se rebela. Creo que sólo es posible amar en libertad. Para eso hay que ser libre, y en muchas ocasiones no es posible. Pero incluso en esas queda una oportunidad, la de no plegarse a la desfiguración. Hay un espacio que siempre nos pertenece. Yo ahora lo empleo para leer a Kafka y ver si entiendo algo de este castillo en el que me pierdo y me encuentro, guiada por el aparato complejo que no me da tregua en el despiste y confusión. Quisiera no crear castillos en el aire, pero llevo mucho entrenamiento en estas lides: es mi ocupación principal. Crear castillos, en el aire. Inventar. Me la paso inventando. Organizando sucesos en tramas, eventos en historias, sentimientos en intrigas, emociones en argumentos. Debiese escribir novelas. En realidad es lo que hago. Debiese vivir en novelas, en realidad es lo que hago. Soy experta en este tipo de confusiones y desconciertos donde todo se mezcla y no hay claridad ninguna. Me he salvado de laberintos que parecían sin salida. A veces me ha salvado el azar, y otras veces los demás. Insisto con mucha fuerza en el arte, quizá ahí está el problema. Un arte a prueba de todo. Lo que sea que eso signifique. Confío en el descontrol, el extravío, lo desconocido, sofocante, insensato, inevitable.

23 de septiembre de 2025

Pepo, 45 años

45 años mañana. La mitad de la vida. Partiste mucho antes que eso. Me gusta escribirte para tu cumpleaños, es un ritual que atesoro. Pronto yo también estaré en la mitad de la vida, nacimos con dos meses de diferencia. Yo me quedé, tú partiste de manera prematura. De interrogantes está poblada la existencia. Luego de tu partida de mi vida tuve muchas. Pero a esa edad tal vez era lo que tocaba: partir. Estar en pareja con la intensidad del amor que compartíamos quizá era apresurado, todavía había otras cosas que hacer. Pero era la primera vez, el primer amor que te lleva a observar la vida desde una cima. Cómo más podía abordarse. Es muy fuerte el primer amor. No se olvida. Yo no te olvido, y me gusta en tu cumpleaños decirte que fue inolvidable. Que me parecías perfecto. Que te amé con un sentimiento que me hizo invencible hacia delante. Fui feliz. De eso hace ya treinta años. No creas que las cosas han cambiado mucho. Todavía es difícil, y tan mágico. Sé ahora con certeza que seríamos amigos. Que habríamos descubierto alguna manera de seguir encontrándonos, aquí en Francia, o en Chile. Lo importante es que viviste veintiséis años arriba de la tabla y era lo que querías. El resto, olvídate, somos nosotros los que recordamos.

22 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita (Libro)

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf

o

https://www.academia.edu/144092398/Maquinaria_ins%C3%B3lita

Maquinaria insólita es una novela. Es el tercer libro de Lisa Lyon Barthes y el arte, luego de Grandiosa mitología. De esta forma: Lisa Lyon Barthes y el arte, Grandiosa mitología, Maquinaria insólita.

Lisa Lyon Barthes y el arte.

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_lyon_arte_23-08-25.pdf

Grandiosa mitología

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_grandiosa_mitologia_28-08-25.pdf

Maquinaria insólita

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_maquinaria_insolita_19-09-25.pdf


Papá

Hoy está de cumpleaños mi padre. En Santiago de Chile, donde vive. Hace unos meses estuvimos paseando por Marseille y por las Calanques, con mi madre también. Días asoleados y de ponernos al día de todo eso que trae la vida. Mis padres me han siempre escuchado y apoyado en todo. Podrás llegar adonde quieras, tienes mucho talento, siempre ha sido amable y cariñoso mi padre. Yo lo admiro mucho. Siempre lo he admirado mucho. Te ayudaré siempre en lo que quieras estudiar, es lo único que podré dejarte, me dijo. Es lo más importante, me dijo. Yo no tuve esa ayuda y fue difícil para mí. Me fui a Estados Unidos a estudiar, y no tenía dinero ni sabía el idioma, pero pude hacerlo finalmente, pintando casas y trabajando en un laboratorio. No te faltará nada, te lo prometo. He tenido siempre un padre presente. Un padre atento a mi destino y quehaceres. Haz lo que quieras, pero trabaja duro. La pasión es muy importante. Mi padre me regaló cientos y cientos de libros que inundaban mi casa durante toda mi infancia y adolescencia. Muebles completos de colecciones de colores, aventuras e historias fantásticas, que leía como si mi destino completo hubiese estado descrito en esas páginas que me hacían volar. Hice cientos de viajes guardada en esos muebles eternos de libros. La educación es lo más importante, pero hay algo aún más importante: el amor. Tienes que amar a todos los seres vivos, todos tienen un alma y una vida que cuidar. No estás por sobre nadie. Eres parte de algo más grande y que te excede. Te mostraré lo que pueda del mundo. Todos esos secretos que he descubierto. El amor se construye. Debes priorizar a quienes amas, darles tiempo, ponerlos en primer lugar siempre. Honro su vida como si fuera lo único que tengo. Es tan grande su existencia que es una barca donde voy río abajo para saber que podré llegar al mar. Papá, todo ha sido por ustedes, por estar a la altura de tu generosidad. Por agradecer tu compañía y todo lo que me has entregado. Me enseñaste el amor y el altruismo. La pasión y el trabajo duro en los quehaceres que nos elevan. Sigo tus pasos y voy río abajo con esperanza. Muy feliz cumpleaños, el sol es tu aliado, y has formado parte de su magia. Que siga brillando tu amor y tu hermosa generosidad, que ha transformado todo en ritual de agradecimiento.

21 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita XIV

Tal vez, de lo que en realidad quiero hablar es la condición humana. La condición humana y los tiempos sombríos. Que se asemeja a la condición literaria y el otoño. El extraviarse en ocasiones. La condición humana es necesitar del amor y el arte. Es quizá lo siguiente: mi persona real, dice K en el castillo de Kafka, yo, que estoy afuera de las oficinas, y a quien amenaza un perjuicio, que sería tan absurdo que continúo sin poder creer en la seriedad del peligro. El peligro está ahí, frente a nuestros ojos. La maquinaria insólita nos alcanzó como una aplanadora. El peligro está ahí, hoy, ayer, devastando en tiempo real a la persona real. Los que están afuera de las oficinas. Como tantas otras veces, y de manera distinta que otras veces. Yo no pensé que iba a presenciar un genocidio en tiempo real de la persona real. Somos nosotros mismos el castillo que se va cerrando. Las zanjas, los cocodrilos. El otoño nos va perteneciendo y entonces la condición humana se transforma. Es primera vez que veo un despliegue activista de esta envergadura. Es primera vez que veo un despliegue activista que no cambia un ápice el curso de los acontecimientos. Somos la persona real, y las oficinas son muy fuertes en este momento. Tal vez siempre lo fueron, pero tuvimos una esperanza. Quisimos creer en el amor y el arte. Insistimos una y otra vez en la fuerza. La fortaleza de la persona real. Nos hemos quedado sin herramientas. La condición humana es esperanza y límites. Los que sentimos y los que se nos vienen encima. Quiero insistir en que nunca los dejaremos ganar, pero entonces el amor y el arte tienen que significar algo. Pronunciarlos tiene que tener un sentido. Perdimos, perdimos esta vez, pero ganaremos para la próxima. La condición humana es morir y volver a nacer. Es morir y volver a morir. Es nacer, y volver a nacer. Llueve en la ciudad en este primer día del otoño, y luego vendrá el invierno. Luego será volver a nacer, y siempre, siempre, insistir en el amor y el arte. 

20 de septiembre de 2025

Maquinaria insólita XIII

Ya que quedó claro lo que no es amor, ni arte, tal vez a estas alturas haya que hablar de lo que sí es amor, y arte. Porque de tanto irse en ese viaje uno va pensando que no es capaz de amor ni arte, y es todo lo contrario. El problema es otro. Se requiere la persona y el libro correcto, y el amor y el arte no se improvisan, o está o no está. Pero yo sé que soy capaz de amar. Lo supe ayer cuando vi la aparición de Pascal el dramaturgo. Tengo una conexión con él muy excepcional. Pero tampoco voy a hablar de esto, porque es el caos absoluto y nunca se entiende nada. Quizá es todo responsabilidad de que el tema aquí sea el otoño y la condición literaria: un caos absoluto. Entonces una quiere organizar un poco las cosas, sacar aspectos en claro, zanjar, afirmar conceptos e ideas universales, y nada más alejado del otoño y la condición literaria. Un gran vendaval, lluvia, hojas cayendo, colores imprecisos, sol tibio, atardeceres amarillos, música afilada, días escabulléndose, noches instalándose. Dudas, nostalgia, conductas a veces erráticas y sin demasiada coherencia. Pero, de todos los estados está hecha la vida, aunque ahora las historias parezcan la felicidad constante y sostenida. Es lo más cansador que hay. Yo he querido aquí hablar de historias sin salida, con colores difusos, sin metas, sin objetivos, un libro de las historias cotidianas, y tantas veces sin sentido. Porque todo parece en ocasiones un empujar a la producción ambiciosa y está muy bien, pero nada se mantiene en el tiempo sin contratiempos. Siempre se me criticó mucho, a mí y a tantas personas, esa necesidad de viajes impecables, de destinos claros y líneas firmes. Comencé hablando de este viaje de doce años que llevo en la barca, y ha sido todo menos definiciones estrictas: la literatura no lo permite. La literatura es el caos absoluto, desde el cual debe nacer algo. No tengo idea qué, pero voy atenta. No sé cuántos castillos he dejado atrás. Remando, remando. Este año ha sido un desastre. Muy difícil, ver la debacle del mundo, y tener que seguir remando. Además tener la fuerza de seguir dándolo todo por los sueños colectivos, por una existencia universal sin machismo ni racismo, y constatar con estupefacción y profunda tristeza que la contienda es durísima. Hay eso también en el otoño, y este año ha sido un año de un gran otoño eterno y crudo. Dan ganas de hablar de otras cosas, de sumergirme exclusivamente en las letras, pero es ilusorio, todo se viene abajo, es hora de seguir. Siempre seguir. Nunca me he rendido, eso lo sé. Lo que más duele es la impotencia. La muerte y la impotencia. Quisiera elaborar nuevos sueños colectivos. Sacarse de encima la desilusión. Dejar de hacerlo es haberlos dejado ganar. La condición literaria tiene esa fuerza ante la adversidad. Nunca los dejaremos ganar.