17 de julio de 2025

Fantasía (Libro)

Fantasía

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https://www.academia.edu/142940213/Fantas%C3%ADa

Fantasía es una novela. Es el libro séptimo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía.


Lisa Barthes y la ficción


Cosmos


Parnaso


Teatro


Mito


Prefacio (Fantasía)

Fantasía es una novela. Es el libro séptimo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía. Forma parte de la serie de novelas: Lisa. Cuarenta novelas escritas entre julio de 2023 y julio de 2025, agrupadas en cinco grandes novelas. Así: Lisa, Lisa en la mira, Lisa en la Rue des Fantasques, Lisa y la intemperie feminista, Lisa Barthes y la ficción. Estoy en la mitad de la vida. A fines de este año cumplo cuarenta y cinco años. Exactamente el veintinueve de noviembre. Nací lejos de aquí, hace casi cuarenta y cinco años. Vivo en Lyon hace varios años, donde he pasado la mayor parte de mi tiempo escribiendo. Yendo a la ópera y al teatro. Al amor también fui. Me ha ido bien y me ha ido mal. Intento inventar Avalon. Eso es lo que me interesa ahora. Crear la fantasía absoluta. Transformar algo de esta realidad infame. Convertirla en canto. En canto de criaturas mitológicas. En danza de carnaval acuático y náutico. Los barcos me fascinan. Las islas. La playa. El verano. La fantasía. La magia. El amor pasión que deriva en nada. El amor pasión que deriva en algo. Un amor pasión a la deriva. Intenté reconstruir en este libro el nacimiento del fuego. La génesis de la literatura. Lo que antecedió a la explosión de Lisa. La separación, la muerte, el misterio, la música. Las cosas nacen de algún lado, generalmente. Surgen desde el inframundo para salir desde las profundidades y ver la luz. No he visto ninguna luz, pero escribí. Hace unos días vi los fuegos de artificio del catorce de julio. Luces de colores en el cielo oscuro. Grandes explosiones con formas de palmeras y corazones. Los tiempos son ingratos. Pero tenemos la literatura para seguir adelante. Aunque la prohíban y la incendien. Confiemos. Confiemos en la capacidad de la fantasía de salir adelante. De transformar los escenarios. Yo confío en la literatura. Hay que seguir escribiéndola, leyéndola. Crear ese relato eterno. Esa escalera infinita, como dice Carmen Ávila. Lo que menos podemos hacer ahora es renunciar. Renunciar no es posible. Sorteemos la avalancha de imágenes para contar la historia. Una historia que hable de nuestro intento. De nuestras ganas, de nuestros sueños, de nuestra utopía íntima y colectiva. La soledad la conocemos pero no nos asusta. La literatura es tanto más grande. La mezquindad no nos hace mella. Somos tanto más grandes. Gigantes como el planeta. Inmensos como la alegría. Poderosos como la amabilidad. Lo hemos visto todo, y seguimos riendo, como canta Arthur H y Lhasa De Sela. Avanzamos radiantes, de optimismo y de amor, cantan. Confiados y alegres, como decía mi abuela, y dice mi madre. Confiados y alegres de todas maneras. Seguimos riendo, a pesar de haberlo visto todo. Apagamos un poco el ruido para conocer el silencio. El fuego nace también del silencio. Del vacío. El pensamiento y la inspiración necesitan vacío, escribe Byung-Chul Han. Ahí estoy y no tengo miedo. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 17 de julio de 2025.

Andréa Balart-Perrier (de nacimiento Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) es una escritora y abogada de derechos humanos, francesa, chilena, española. Escribe literatura hace 20 años, y es autora de más de 100 libros, publicados en Fée Éditions / Intemperie Ediciones, entre los que destacan la serie de novelas: Lisa. Cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal. Activista feminista, participa hace más de cinco años en agrupaciones feministas militantes. Trabajó diez años como abogada, entre ellos cuatro años en la oficina de UNICEF (Naciones Unidas) en Santiago de Chile. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona, y completó cuatro años de estudios de doctorado en filosofía y literatura (candidata a doctora) por la misma universidad. Máster por la facultad de filosofía y literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile. Franco-chilena-catalano-vasca, vive en Lyon, Francia, desde hace más de una década (Lyon Ciudad de la Literatura UNESCO).

eng. Andréa Balart-Perrier (born Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) is a French, Chilean, Spanish writer and human rights lawyer. She has been writing literature for 20 years, and is the author of more than 100 books, published by Fée Éditions / Intemperie Ediciones, including the series of novels: Lisa. Co-founder, director and editor of Simone // Revista / Revue / Journal. Feminist activist, she has been participating for more than five years in militant feminist groups. She worked for ten years as a lawyer, including four years at the UNICEF (United Nations) office in Santiago de Chile. She holds a Master’s degree from the Faculty of Philosophy at the University of Barcelona, and completed four years of doctoral studies in philosophy and literature (Ph.D. candidate) at the same university. Master’s degree from the Faculty of Philosophy and Literature at the Universidad Adolfo Ibáñez in Chile. French-Chilean-Catalan-Basque, she has been living in Lyon, France, for more than a decade (Lyon UNESCO City of Literature).


Avalon XIII (el fuego II)

Sigo contando historias. Como estoy en la mitad de la vida tengo varias, si no las invento. En qué consisten estas historias. En lluvia. En la insistencia de la lluvia. En la pasión del fuego. Un fuego que no lo apague la lluvia. En la búsqueda de Avalon. Es lo único que me interesa. ¿Qué olor despide la epidermis de las serpientes?, se pregunta Carmen Ávila. Esto también me interesa. Responde Carmen: El de la fría seda mojada por la fragancia del desencanto con la que está hecho el olor que anuncia una tormenta de caracoles en un bosque de efímeras orquídeas azules. Voy encontrando respuestas. Hoy salí a conseguir fruta del mercado porque mi refrigerador estaba vacío, y en el buzón había un sobre de papel que no se podía adivinar su contenido. Lo abrí. Era un regalo de Carmen, un libro de poesía, sobre las serpientes y otras cosas. Fui muy feliz con el regalo. En la primera página se indica: Lisa, va este libro, porque la poesía es una escalera infinita. Carmen Ávila. Paso a la segunda página donde se explican las reglas del juego, y se indica, entre otras cosas: “no se necesita ningún d(h)ado. El lenguaje es la mayor de las suertes”. Estoy totalmente de acuerdo con Carmen. El fuego está construido con lenguaje. Razón, lenguaje, emociones, fantasía, suerte, vértigo. ¿Qué amaría una serpiente?, se pregunta Carmen en la página ocho. También me interesa esto. Responde, entre otras cosas: Amaría no estar en el Génesis y no haber recibido tantas injurias y maldiciones por siglos; que no la hubieran confundido con el diablo y que no la compararan con algunas mujeres que no saben retener el silencio en el cuenco de las manos. Eso dice Carmen en relación al amor y las serpientes. Tal vez la literatura es una serpiente de fuego. Una criatura que no quiere recibir tantas injurias y maldiciones. Por siglos. Pero la literatura, a diferencia de la serpiente, sabe que esto es imposible. Porque la fantasía a veces da miedo, como las serpientes. La fantasía parece que atemoriza a veces hasta al más poderoso. Ante la prohibición el fuego es aún más poderoso. No nace el fuego, nace el infierno completo, o el amor absoluto. También puede ser. Todo nace. Como cuando hay la música. Yo creo que de todas maneras hay que preguntarse qué amaría la literatura. Que la dejaran tranquila. Para empezar. Que la leyeran. Que la consideraran. Que la crearan con cariño. Que estuviera constituida por el fuego. Que la impulsaran. Que le dieran espacio infinito. Que hubiese las condiciones para imaginarla. Que no estuviera regida por leyes totalmente invisibles, que más que literatura crean vacío. La soledad es inevitable. No se hace ilusiones en ese sentido. La literatura es como una mariposa es una colina de flores desierta, algo fugaz, y en total desamparo. Presa del acecho de las fieras. Porque quererlo todo es destruir. Se nos va erosionando el planeta. Se nos va muriendo la gente bajo manos con sangre. ¿Se acaba esto? La literatura a veces no es suficiente. Yo confío mucho en la literatura. Creo en su fuego. El que nace en los que la tocan. En los que se relacionan con ella, en cualquiera de sus formas. Todxs quienes la leen. Porque de alguna manera hay que resistir a la avalancha de imágenes. Nos desplazamos como serpientes por el suelo, perdidos de nuestros relatos y ceremonias. Quisiera entender la mitad de la vida. Quisiera saber si tiene sentido continuar y cómo. Quisiera que tomar un café en la mañana sea la fantasía pura. Escuchar Roxy Music y saber que hay un lugar para mí. Que no todo ha sido en vano. Que el nacimiento del fuego será algo más que el vacío. Quisiera volver a las Calanques de Marseille. Construir ahí una cabaña en el aire. Seguir asombrándome del paraíso. Inventar Avalon. Quisiera que la línea de tiempo fuera benevolente con los errores constantes. Con todo lo que quiero dejar atrás. Con las distintas formas de la lluvia. Con la exigencia absoluta que entorpece. Quiero dejar de pensar que puedo salvar a la gente: no puedo. No quiero, sobre todo. El nacimiento del fuego tiene también una dimensión de lo imposible. De lo que no voy a hacer de ahora en adelante. Porque no tengo ganas. Sé que el planeta va a seguir girando. No me hago ilusiones en ese sentido. En relación a mi cualidad de imprescindible. Tal vez esta mitad de la vida sea viajar más liviano. ¿Se puede? Sea viajar. Seguir escribiendo libros, sin duda. Todo ha nacido del silencio y ahora es la historia. Vivo, ya no tengo ninguna duda, en el mundo de la fantasía. 

16 de julio de 2025

Avalon XII (el fuego)

Los cuentos El barco, El puente y La llamada, los escribí para Moussa, y el cuento El perro, para Taras. El perro de la historia era un perro real, gigantesco, de una compañía de teatro. Se paseaba por las calles. Lyon es una especie de fantasía gigante. Una ciudad de la literatura. A mí me gusta mucho. Vivo aquí hace incontables años. Cada vez me va sorprendiendo más. Ayer fui a ver los fuegos artificiales del catorce de julio a un puente que hay a unas cuadras de mi casa, donde se veía el espectáculo en todo su esplendor. El puente estaba lleno de gente, y todo el borde del muro junto al río, todos esperando los fuegos. ¿Sería el nacimiento del fuego? Me apoyé en la baranda del puente, mientras veía pasar los barcos por el agua. Observaba la algarabía. Una suerte de carnaval acuático. Los barcos con luces de colores. Es una expresión que inventé en aquella época del nacimiento del fuego. Era una metáfora del amor, de la sensación del amor. El amor pasión. Estaba el tema de subirse o no a los barcos con luces de colores. Escribía mucho en las noches en ese tiempo, y pasaban por el río los barcos con luces de colores. Eran unos barcos reales, como el perro. Unos barcos con personas bailando o conversando, y tenían barras de luz de colores. A veces lila, a veces verde, a veces azul. Me imaginaba el acto de enamorarse como entrar en uno de esos barcos, decidirse a entrar, y bailar en esa pista de baile, o celebrar una cena a la luz de las velas en movimiento. Me lo imaginaba como brillos que luego se apagaban. Un impulso que luego se mostraba distinto al ímpetu inicial. Pero estaba ya uno en la embarcación, y esta estaba en movimiento. Había que seguir la fiesta. Por supuesto estaba muy desilusionada del amor. Lo veía como una fantasía triste. Una mentira, como canta Beth Hart. Lo veía como una manera de subirse a la felicidad, para luego caer muy abajo. Donde estaba yo. Pero no olvidemos que se gestaba el fuego, por lo que era un inframundo que guardaba secretos. Enigmas que se irían revelando de a poco. Qué pasó al comienzo de las novelas: era el caos. El caos real, como los barcos y el perro. Y del caos nace un nuevo tipo de fuerza, escribió Doris Lessing. Por qué duele el amor, se pregunta Eva Illouz, es mejor leerla, que quedarse en el desamparo. Cómo hacer nacer el fuego, me preguntaba yo, sola. Mientras observaba los barcos con luces de colores por el río. Ayer en el puente observando las figuras en el cielo me pregunté, cuándo nació el fuego. Fui revisando todas las veces que he visto fuegos de artificio estallar. Sobre todo me detuve en esas veces en Valparaíso, años nuevos, cuando estaba todavía muy lejos del fuego, cuando comenzaba la vida. Ahora estoy en la mitad, y tengo el fuego. Qué es el fuego. Es básicamente un viaje, que renovamos cada día. Una promesa con la fantasía: nunca te olvidaré. Nunca te olvidaré, decimos. Para eso hay que recordar. Hay que imaginar. Estuve en las Calanques de Marseille el mes pasado. Imaginé Avalon. Lo imaginé muy nítidamente. Debe parecerse a esto, me dije. Con gran seguridad. El fuego no es para nada seguridad. Es todo lo contrario. Inseguridad. Mientras más grande el fuego más inseguridad. Cómo es esa isla encantada. Qué es el fuego. Thinking without a bannister. Denken ohne Geländer, dice Hannah Arendt. L’amour, la mort, le cataclysme. Une existence normale : qu’y a-t-il de plus déraisonnable ?, dice Simone de Beauvoir. Swift and lean. A kind of beauty that you can’t predict, dice Paul Auster. Chase the writer, dice Julian Barnes. Pourvu que ce soit hors de ce monde !, dice Charles Baudelaire. Escribir fuera de la ley, dice Roberto Bolaño. Y si llegara a olvidar, ¿cómo haría para vivir?, dice María Luisa Bombal. L’ennemi de la sentimentalité et la fantaisie à court terme, dice André Breton. Ne pas oublier ce silence et le faire retentir, dice Albert Camus. Análisis musicales, psicológicos y razones profundas, dice Julio Cortázar. Il y a toujours un côté par lequel ça se fuit et ça se défait, dice Gilles Deleuze. Vivre penché et sans balustrade, dice Gustave Flaubert. Nous libérer nous de l’État, dice Michel Foucault. Sit down at a typewriter and bleed, dice Ernest Hemingway. Dans le reel, dice Michel Houellebecq. The attempt is all. No atonement for novelists, dice Ian McEwan. The possibility of eradicating political antagonism, dice Chantal Mouffe. De atrás para adelante. Pero no: la vida no tiene sentido, dice Nicanor Parra. Conscient du véritable pouvoir de l’esprit humain, dice Jacques Rancière. L’optimisme, ma fantasmagorie la plus intime, dice Jean-Paul Sartre. Inventar ficciones para ejercer la libertad, dice Mario Vargas Llosa. Cada obra debe ser un renovado salto en el vacío, dice Enrique Vila-Matas. Dans un monde où rien n’est à la mesure de l’homme, dice Simone Weil. A poet’s heart caught in a woman’s body, dice Virginia Woolf. Vivir humanamente no es eludible, dice María Zambrano. El fuego todo lo gobierna. Ya sabemos que nace de la separación, la muerte, el misterio, la música, la danza, la improvisación, el viaje, la fantasía, el mar, la amistad, y los libros. El amor no sé dónde está. No lo estoy esperando. Tengo el fuego. Tengo la enredadera, el viento, el barco, el puente, la llamada, el perro. No tengo nada, en definitiva. Todo lo imaginé. Todo fue la fantasía. El viaje a Avalon. Cada día el viaje. Parece la piedra de Sísifo. Pero aquí hay magia. Todo está en la magia. En el cuento, la novela, el relato, la historia, el ritual, la ceremonia, el minueto, la coreografía, la obra, el arte, la imaginación, el misterio, la expedición, la travesía, la trama, el argumento, el libreto, la fiesta, la celebración, el circo, el odeón, la fábula, el juego, la percepción, la sensación. No tengo nada, pero tengo la fantasía. Vi nacer el fuego. Lo vi. Se me acabó la vida y lo vi. No importa si la vida se había acabado: escribí. Leí lo que otros habían escrito. Volví a morir un sinnúmero de veces: no importa. Escribí. Aprendí el fuego. En este departamento frente al río, en la soledad más absoluta, tres años, tres meses, y tres días, aprendí. Escribí la ficción, el cosmos, el parnaso, el teatro, el mito, la ópera, la fantasía, el viaje. Ahora es el atardecer, las sombras de los árboles se mueven en la pared junto a mí en la luz amarilla anaranjada, al mismo ritmo que el ventilador en movimiento. Bryan Ferry no deja de cantar. So I turn the pages, and tell the story, canta. En la mitad de la vida el fuego es inmenso y el miedo todavía más grande: no importa. Yo vi los fuegos de artificio. A vivir se aprende, igual que escribir. No tengo nada, pero tengo la fantasía.

Avalon VII (el nacimiento del fuego II)

El nacimiento del fuego. No estoy diciendo que la literatura nace del dolor, o tal vez sí. Tal vez del amor, o de los dos. En cualquier caso nace de alguna parte, que tiene que ver con la necesidad. Lo importante es que nace, un día nace. Un día es la explosión. Es la llama suficientemente grande para no apagarse con el viento. Para no apagarse con la batalla cotidiana, día tras días. Entonces luego de la separación definitiva de Jean, y la muerte de Adam (ambos acontecimientos sucedieron en un espacio de dos semanas), me instalé en un departamento frente al río. Quería encontrar la llama. Dónde está la maldita llama, me dije. Primero la busqué en bares y conciertos. La busqué con mucho ahínco. Me dediqué a la danza febril como que el mundo fuera a acabarse de un día para el otro. Bueno, el mío se había acabado, así es que tal vez bailando se gestara algo. Estuve meses insistiendo en este propósito, la gestación de algo que reemplazara a la muerte. Fui preguntando por aquí y por allá, a todo quien se cruzara. ¿Sabes algo de la llama?, preguntaba. Nadie parecía entender exactamente a qué me refería. Pero yo necesitaba respuestas. Las dudas no me servían porque ya tenía demasiadas. Quería otra cosa. Quería razones. Sugerencias. Propuestas. Vida. Euforia. Explosión. Danza. Sentido. Encontré cosas en los bares, no exactamente sentido, pero era un sucedáneo muy eficaz. Imitaba perfectamente a la vida. La muerte como que desaparecía a ratos. Sobre todo en medio de la danza y la música. Pero luego había momentos en que la muerte atacaba aún más fuerte. Todo era borroso. Buscaba cobijo en situaciones insólitas que no entendía bien. En idiomas desconocidos e historias que no comprendía del todo. Llévenme a cualquier lado, pensaba. Cualquiera es mejor que este. No hay nada aquí, y la llama no tengo idea dónde está. A mí me gusta mucho la danza, así es que lo recuerdo como un momento feliz, a pesar de todo. Tenía la sensación de estar recuperando algo que me pertenecía, y me había sido arrebatado. Entonces apareció alguien que fue clave en esa época: Moussa. Alguien que yo sentía que tenía respuestas a las que yo jamás podría acceder. Moussa significa salvado de las aguas, en árabe. Moisés, en castellano. En árabe más bien es sacado del agua, extraído del agua. En cualquier caso a Adam se lo llevó el agua, y a Moussa lo trajo el agua. Llegó navegando desde Senegal y Guinea. Desde Dakar y Conakry. Era alguien fascinante Moussa llegado desde el agua. Me hacía perder la cabeza, que ya estaba en todo caso perdida, por lo tanto tampoco era tan difícil. Tal vez me hacía encontrar la cabeza. No tenía ni llama ni cabeza, pero con su presencia había algo que se calmaba. Algo dentro que parecía decir: da lo mismo. Olvídate de la llama y de la cabeza. Todo a su tiempo. Todo llegará. Se veía muy seguro en este sentido. Yo confiaba en su certeza. Él era de una amabilidad y de una ternura impresionantes, y al mismo tiempo parecía muy indiferente a todo, como en algún otro estrato de la existencia, me intrigaba. Me sentía bien cuando estaba él. Tenía una energía muy particular y su belleza, la de su alma y la de su cuerpo, irradiaba paz. Fue tal vez una suerte de embarcación que me salvó del naufragio absoluto. Él sabía sobrevivir en embarcaciones, por lo que podía compartirlo. Me hizo un espacio en su embarcación. Me sentía muy feliz de haberlo conocido. De saber que era posible sobrevivir a la pérdida de toda embarcación posible. Recorrimos juntos en momentos festivos, pero lo que me atraía era la calma que traía a mi alma ahogada sin remedio. Un buen día me dijo que comenzaría a dedicarse a la oración y al recogimiento, y que no podía verme más. Al principio pensé que era especie de broma, y que estaba exagerando: no. Era literalmente eso. De la fiesta absoluta iba a pasar al rezo profundo: de acuerdo. Le deseé suerte en el viaje, prometiendo poner más empeño en entender este tránsito. Tal vez era un camino que yo también debía seguir. Tal vez eso llevaba al nacimiento del fuego. A la creación de la llama. ¿Había que crearla? ¿Iba a nacer sola? No tenía idea. No me uní al rezo en ese momento. El recogimiento vino después. Todavía había que liberarse un poco más del vacío. Encontrar nuevas embarcaciones, que tuvieran pistas para entender el naufragio, o para olvidarlo completamente, mientras fuese posible. Conocí a Taras, un amigo de Tori, un músico francés de origen eslavo. Hablaba mucho, lo que cansaba un poco, pero su ánimo por las cosas era contagioso, daban ganas de motivarse con todo. Compartimos algunas fiestas también, y me dio un atisbo de que podría volver a motivarme con algo, o con alguien. No necesitaba mucho más en ese momento. Esa pequeña noción era ya un sucedáneo de llama. Meses después me lo encontré en el cumpleaños de Tori y todo salió mal, aunque yo lo pasé muy bien, pero él manifestó con posterioridad que yo me había sobrepasado acercándome demasiado, lo que a mí me causó mucha gracia. La escena: los dos en esta fiesta que llevaba horas, sentados en unos sillones del bar, no podíamos hablar nada porque la música lo impedía, y yo me había acercado para hablarle al oído, y en ese acto había rozado su piel. Bueno, a continuación yo había propuesto derechamente unir nuestros labios. Más tarde él le había dicho a Tori que yo había realizado propuestas indecorosas: de acuerdo. No volvimos a hablar. Volvamos ahora a la genealogía de la llama, a las raíces del fuego, a la génesis de la literatura. Tenemos entonces: la separación, la muerte, el misterio, la música. Agreguemos la danza infinita. Agreguemos la improvisación fantástica: la fantasía-impromptu. Conocí también en esa época a Jorge Drexler en una de esas fiestas. Es un músico que vive en España de origen uruguayo. Escuchaba mucho su música en ese tiempo, y su música y el encuentro me dieron pistas nuevas relativas a la llama. Me mostraron de qué podía estar compuesta la creatividad. Me gusta mucho su voz y sus letras, y el hecho de haber conversado con él en un bar trazó una especie de propuesta en el aire. Nuevas certezas que comenzaba a vislumbrar: hay una llama. Nacerá. Luego vino recorrer Portugal en auto con personas de la fantasía, y ver a los amigos en Barcelona. Viaje, fantasía, mar y amistad. La llama terminó de formarse. La historia comenzaba a escribirse. Un año después se compuso el relato. El nombre del alter ego había nacido en Afuera, pero comenzó sus nuevas aventuras con la llama exactamente hace dos años: julio del año 2023. El fuego creado dio nacimiento a cuarenta libros de aventuras de la llama en dos años. Cinco novelas en las que he intentado esbozar lo mejor de mí misma: la creencia en un mundo de fantasía. La fiesta la dejé de lado. La danza la llevo dentro. Siempre. La separación, la muerte, el misterio, la música le dieron nacimiento al fuego. El amor todavía no sé bien dónde está. Ya llegará. Un viaje a Avalon. Cuarenta años, la mitad de la vida, y cuarenta novelas de fuego. La llama es definitiva. El fuego está compuesto de fantasía. 

15 de julio de 2025

Avalon VI (el nacimiento del fuego)

La enredadera y El viento son cuentos que escribí cuando intentaba entender por qué todo se había hundido con Jean, creo que sólo me servía imaginar escenas que transportaran esa desorientación absoluta que sentía, esa incapacidad a darle forma al presente, todo era oscuro y tragicómico, pero en el fondo tenía miedo, no sabía si él volvería a mi lado, y no entendía bien cómo se llevaba a cabo la vida sin él luego de casi nueve años con él a mi lado. La vida era en definitiva una gran incógnita. Descubrí la fantasía para decir lo indecible. Para hablar de esa incomprensión y de esa soledad. Descubrí que la fantasía era como un juego, algo que hacía ver las cosas más livianas, o transformar el dolor en viento, algo que se lo llevara lejos, que diera nuevos significados a las cosas para poder partir todo de nuevo. Crear historias absurdas hacía que mi vida se viera menos insignificante. Jean me había herido muy profundo en el amor propio, nunca entendí bien su distancia, incluso ahora me cuesta, y las historias absurdas hacían parecer a mi vida como algo que tenía sentido. Hoy fui a caminar tarde para ver los fuegos de artificio desde el puente donde se ve la basílica en el cerro. Me emocioné mucho, fue como pasar revista a cientos de momentos anteriores y apreciar el presente al mismo tiempo. Las historias eran una especie de fantasía-impromptu, una improvisación fantástica mientras se me ocurría cómo enfrentar lo que venía hacia adelante. Tal vez la irrealidad de las historias fue una especie de refugio en la nebulosa galáctica en la que me encontraba flotando. Unos días antes de esos cuentos habíamos conversado con Jean por última vez el tema de la continuidad o no de nuestra relación, habíamos hecho el amor y Jean había insistido en la necesidad de nuestra distancia, o bueno, en su necesidad de esa distancia. Luego de eso vino un espiral de baile y música de varios meses para intentar domesticar el vacío. Besos ahogados en alcohol y un estado de euforia muy extraño. Conocí mucha gente de distintos lugares del planeta y descubrí universos que jamás había ni siquiera imaginado. No toqué fondo porque algo se abrió para acogerme, la sensación por primera de que esta separación iba a llevarme a algo que todavía no conocía. Algo que comprendí más tarde, el hecho de una cierta llama que me habitaba, parecida a la isla de Avalon, que no tengo idea cómo es, pero había algo. Luego del desenfreno saturado de música vino un largo silencio de años, que dura hasta ahora, y que ha estado poblado casi exclusivamente de literatura. Llegó finalmente la fantasía, para quedarse. Yo ahora vivo en el mundo de la fantasía. Luego de no saber ni dónde estaban los puntos cardinales. Esos cuentos los escribí entre mi separación definitiva con Jean y la muerte de Adam, un par de semanas después. Ahí están ubicados esos cuentos, en una especie de agujero del espacio-tiempo. Luego de ellos el vértigo era lo único conocido, todo estaba instalado en él. Una cosa encima de la otra como una colina inentendible o una zanja más bien, llena de códigos indescifrables. Después ochenta libros para intentar darle nombre a los jeroglíficos. Domar la fantasía para que se pareciera a una vida. Al principio me dediqué a inventar escenarios posibles. Hacer y deshacer nuevas organizaciones del caos. Después la fantasía iba siendo cada vez más exigente. Parecía fuego, llamas, en cualquier caso claramente me quemaba. Creo que me sigo quemando. Pero cada vez la ambición se hacía más gigante: lo quería todo. Comprender todas las formas. Liberarme de ellas y volver a inventarlas. Luego de que nuestra separación con Jean quedó sellada han transcurrido exactamente tres años, tres meses y tres días, y tres horas, tal vez. Hoy es quince de julio del año 2025, son las diez de la mañana. Aprendí tres cosas y olvidé otras tres. Qué aprendí. Aprendí las reglas de la fantasía. Aprendí que Avalon es una isla posible en sueños, y aprendí que el amor duele, en eso me ayudó Eva Illouz. Immanuel, no. Él me dejó mucho más perdida. Qué olvidé. Olvidé que te había olvidado, varias veces. Olvidé el camino de vuelta, y olvidé que había estado en pareja casi toda mi vida hasta ese momento. Descubrí la gran travesía por el espacio propio, y el silencio absoluto. Creo que todas esas cosas, las que aprendí y las que olvidé, se plegaron a la fantasía, dieron forma a la isla encantada. Sinceramente, esta mitad de la vida es sorprendentemente serena. Como si hubiese una persona diferente habitando esta casa considerando la que se instaló en ella hace tres años un día de agosto. Como si se hubiese librado una gran revolución sin tregua entre estas cuatro paredes, impulsada por una comunidad en movimiento. Creo que antes de tres años es un error pensar que uno está preparado para un nuevo paseo en barco. El ritmo del corazón es lento como tortuga. No empieza a latir en el vacío, es sólo una apariencia. Un latido drogado, enfermo, dependiente como de un tanque de oxígeno. Parece largo, pero luego su salud está intacta. Como si todo fue un viaje a Avalon ida y vuelta. Ya no estoy enamorada de Jean, aunque sigo enamorada. Ahora estoy enamorada de la fantasía. La que me permite vivir. La que me acompaña como algo posible. Esas señales de luces en la oscuridad que me van mostrando un sendero. Ahora sé que no sólo me interesa la fantasía, también me interesa el amor. El que duele a veces, eso ya lo aprendí. No estoy ahí en la fantasía, y ya no tengo miedo. Prefiero que mi corazón vaya a latir, que la fantasía a secas. Quiero vivir en el mundo de la fantasía. Quiero vivir entre el teatro y la ópera. Quiero el mito y la ceremonia. Quiero saber que queda la vida en esta mitad de la vida. Una vez más, quiero vivir en el mundo de la fantasía.  

14 de julio de 2025

Avalon III

Hoy tengo un arranque de felicidad que no logro explicar. Es el catorce de julio. Dudo que tenga que ver. Como un ánimo de fiesta. No es que tenga ganas de salir de fiesta, sólo una sensación de celebración, de algarabía, de tregua al vacío. Casi no sé si pueda escribir estas líneas, tal es mi exaltación. ¿Será la fantasía? Quiero saber más sobre ella. Quiero saberlo todo. Pero de manera narrativa, no aditiva. No una colina de fantasía que te aniquila. Una escena de fantasía que te haga soñar. Una estadía en Avalon. Escucho los pájaros por la ventana. Los cuervos graznando a todo pulmón, y otros pájaros que no logro identificar, con un canto dulce y melodioso. A veces esta disposición festiva anticipa bienaventuranzas. Tengo una percepción como de una bruja, es singular, a veces no lo entiendo bien, pero no es de extrañar, ya que mi bisabuela era una bruja, no de esas del tiempo en que las eliminaban. Ella falleció en su cama, luego de anunciar su muerte natural que se avecinaba, y brindar con toda su familia, a la que había hecho llamar para esta ceremonia. Bueno, qué es lo que viene en la mitad de la vida. Espero no mi muerte. Pero esas sensaciones suelen ser oscuras, también las tengo, antes de las debacles. Presentí la muerte de todxs mis abuelxs. No he explorado en esta veta de médium del más allá. Tampoco me interesa. Me basta con intentar entender cada vez de dónde vienen las sensaciones. A qué pueden deberse. A veces tengo que ir preguntando por aquí y por allá si todo va bien, porque siempre es difuso, no hay claridad en relación a qué atenerse. Las sensaciones suelen ser borrosas, pero festivas o sombrías con mucha nitidez. A veces son cosas que escribo, que luego suceden, y no tengo noción de que estoy anticipándome a nada, certeza que llega a continuación. Por ejemplo cuando Adam se ahogó, yo escribí unos días antes un texto que terminaba de esta manera: y ahí nos quedamos, bajo el agua. Cuando iba a escribirle unas palabras en el túnel que entré luego de su muerte, noté que en el cuaderno la última anotación era esa: y ahí nos quedamos, bajo el agua. Era un cuento sobre dos personas que eran invadidas por una gigantesca enredadera que terminaba por ahogarlos. Dos personas que querían otra cosa, pero terminaban bajo el agua, bajo la presión de la planta, entrampados en ella. Dos personas que al final lo perdían todo. La vida sobre todo. Dos personas en la mitad de la vida, y luego esta ya no continuaba. Aunque ellos habrían querido. En este momento un gran sol de atardecer, y llueve simultáneamente. Un espectáculo glorioso, veo la lluvia entre las hojas de los árboles, en este catorce de julio en una Francia ardiente, donde el presidente dice que debemos hacer un esfuerzo para mayor presupuesto de defensa dada la situación geopolítica del mundo. Un anuncio siniestro como casi todos los de este año. En otra ocasión escribí: no es hora de partir. A propósito de un amigo que despegaba al día siguiente a su casa en Nueva York, lugar donde no pudo dirigirse porque terminó hospitalizado por una urgencia de salud cuando era el momento de marcharse. Me escribió luego su hermano para contarme diciéndome que lo que yo había publicado se había cumplido, y que no había sido el momento de partir para él. Llueve y llueve y el sol arriba, hace tiempo que no veía una explosión de vida tan espléndida. Como si mi sensación interna de epifanía se encontró con el exterior en unos momentos de comunión. El día antes de la muerte de George Floyd bajo el pie de un policía y el estallido del movimiento Black Lives Matter, escribí un texto sobre el racismo que trataba sobre todos esos temas. Ahora la lluvia es tropical y cae tanta agua que parece la selva amazónica el bosque que veo por la cocina hacia la colina, tuve que cerrar la ventana porque la inundación llegaba hasta el interior. Bajo el agua. Espero no quedarme ahí. Como la enredadera. El arcoíris no lo vi. Espero ver los fuegos de artificio a las diez de la noche. Amo los fuegos de artificio. Son como la fantasía. Algo lleno de colores que estalla en el cielo como una isla encantada. Todo lo que me sugiera castillos me hace vivir. Quiero tanto vivir. Quiero tanto vivir esta mitad de la vida. ¿De qué estará conformada esta intuición que me posee? ¿Será intuición la palabra correcta? El libro donde está el cuento de la enredadera se llama Cassandre, quien anticipaba el futuro, pero nadie le creía. Espero no sea mi caso. Espero que las cosas que toman forma lleguen a destino. Too much luck means too much trouble, canta Bryan Ferry en True to life. Demasiada suerte significa demasiados problemas.  I’m fascinating but I’m trouble, le dije a Maël, como en Stardust Memories de Woody Allen. Evidentemente era una broma, pero parece que él se lo tomó en serio. No quiero problemas, se dijo. A diferencia de Sandy Bates, que dice: You said the right thing (dijiste exactamente lo que había que decir), Maël más bien sintió miedo, y pensó, cómo serán estos problemas. No logró llegar hasta mi ciudad. Porque estaba fascinado, pero los problemas, tuvo dudas. Se dijo, en la balanza: fascinante/problemas, no sé, estoy perdido, ¿es esto una fantasía? ¿una fantasía de hadas? ¿una fantasía sexual? ¿una fantasía de anticipación? Miles de interrogantes comenzaron a invadirlo, como la enredadera. ¿A qué te refieres con problemas?, quería saber, ¿pero cuán fascinante? ¿pero a qué hora? ¿pero qué habrá en ese tiempo? ¿pero vas a exigir cosas? ¿pero todo saldrá mal? ¿pero puedo ser yo mismo? ¿pero adónde vamos? Demasiados problemas. No pudo hacerlo. No dijiste exactamente lo que había que decir. ¿Qué había que decir? Olvidémonos de todo, como en una fantasía, ¿eso? ¿como en una fantasía sexual? ¿como en una comedia en blanco y negro? Los problemas yo ya los conozco. Es como si tuviese costumbre. Por ejemplo esos discursos inflamados que luego se desinflan. Esas peticiones perentorias. Esas propuestas extrañas. (Roxy Music mucho mejor). Sigue el sol y la lluvia entre las hojas iluminadas, es como magia. Escucho, por supuesto, Roxy Music. Much time alone, but arm in arm with my seaside diamond, I’ll soon be home. Soy fascinante pero acarreo cientos de problemas. Ahora me da mucha risa la frase. El teatro da para tanto. La ópera. Ni un ápice de sombrío en este día, sólo fascinación. I’m fascinating but I’m trouble (y no olvidemos que vivo en el mundo de la fantasía).

13 de julio de 2025

Avalon II

Romanticismo no es una palabra estúpida. A veces se la simplifica y queda como estúpida. Cuando la seducción es mosaico no nace nada, no alcanza. Es a veces una seducción pobre, cercana a la manipulación. En el flujo incesante de imágenes, creo que la verdad de una propuesta es lo que seduce. El juego con la ambigüedad y la ambivalencia, escribe Byung-Chul Han, con el secreto y el enigma, aumenta la tensión erótica. Aquí no estoy de acuerdo con él. La ambigüedad no me seduce para nada. La seducción con frecuencia se vale de códigos ambiguos, escribe Eva Illouz, lo que transforma a los seductores prototípicos de la cultura occidental en ejemplos de cierta forma de libertad con respecto a los códigos morales, pues la ambivalencia y la ambigüedad son modos de conservar la incertidumbre en cuanto a la intención del hablante. Ambas otorgan al mismo tiempo poder y libertad, continúa Illouz, ya que habilitan la capacidad de decir algo sin querer decirlo literalmente, la capacidad de insinuar varios sentidos a la vez, quien seduce emplea un discurso ambiguo porque no se siente interpelado por las normas de simetría y sinceridad. Hoy en la mañana temprano fui al parque con un libro y una manta para sentarme en la hierba. Cantaban cientos de pájaros. Me senté bajo un árbol a la sombra. Es un parque con grandes árboles, como si fuera un bosque. Aparte de un par de personas que pasaron caminando no había nadie más. Los pájaros pasaban a veces muy cerca mío, dando saltos por el suelo, hasta detenerse, o volar. Me parece que a veces Byung-Chul Han va muy lejos en sus argumentaciones, para que todo calce en su esquema, como cuando habla de la guerra, hoy me desilusionó un poco. Bueno, es algo que sucede en todos los ámbitos. Siempre las fisuras, que nos dan margen de acción. Creo que lxs autorxs se complementan, hay que tomarlo así. Hay una etapa romántica también con lxs autorxs: estamos obnubilados. Luego viene seguir leyéndolos y encontrar las discrepancias, las distancias, las posibles contradicciones, la eventual rigidez, las propuestas inconclusas. Ayúdame, Immanuel. Tal vez no era tan flexible como dije. Tal vez no era en realidad nada de flexible. He estado este año poniendo los puntos sobre las ies en relación a todo. Pero no lo veo como falta de flexibilidad. Creo que mi exceso usual de empatía y mi incapacidad sistemática de poner límites llegaron simplemente a su fin. Lo veo como un avance en la mitad de la vida. Una posibilidad de delimitar otro tipo de fantasía. Una que me seduzca realmente. ¿Una etapa distinta tal vez? ¿Un cansancio de la sociedad de la transparencia? ¿Del presente de las mil imágenes? ¿De la incomprensión frente a la hostilidad constante y la muerte? Fui luego a una panadería que queda cruzando la pasarela sobre el río, y conseguí comida preparada. ¿Con amor? ¿Con romanticismo? No sé, pero estaba buena. Pasta, verduras. Era mediodía y la panadería estaba repleta. Bueno, supongo que era mediodía. Desde hace unos días que salgo de mi casa sin teléfono a propósito, nunca sé qué hora es, no tengo reloj de pulsera. Observo la vida con otros ojos, y ya no tengo el reflejo de tomarle fotografías a toda la belleza que encuentro por el camino. Sólo observo. Mientras voy dejando atrás al encerrado de Troy, al manipulador de Loup y al ambiguo de Maël. Ha sido un verano particular, distinto. Bueno, siempre suelo concentrarme en escribir libros, pero la mitad de la vida tiene un tinte diferente. Imaginar una fantasía que despegue. Una fantasía to turn you on, como canta Bryan Ferry. Una fantasía que esté sobre las imágenes, o pueda escapar de ellas para sugerir senderos que lleven a Avalon. Intento comprender la isla encantada, sintiéndola. Creo que llega el día en que hay que detenerse y encontrar esa isla. Preguntarle cosas importantes. Para que no todo sea ruido. Para que haya el romanticismo, y la seducción. Para que no todo sea un infierno de lo idéntico. Necesito profundidad en este baño frío de la información ininterrumpida. Creo que una interrupción es una bonita manera de encontrar la fantasía. Considero que en general me adapto a las cosas, pero jamás me someto. No creo que haya fantasía en esa consideración. Mantengo una autonomía que me hace sentir libre. La solidaridad no la descuido. Pero necesito fantasía. Necesito romanticismo real. Profundidad que me distancie de la aceleración de las imágenes. A la vuelta me preparé un café, con canela, y mientras me lo tomaba mirando el bosque que da hacia atrás de mi casa, por la ventana de la cocina, pensé en una escena que me hizo reír mucho. Más bien la manera cómo se dieron las cosas. Pensé en Maël, que quería algo relajado, riámonos sin pensar, y lo que sucedió fue: no. Le salí yo al paso, con mi dramaturgia de la mitad de la vida. Mi coreografía y mi escenografía. Mi profundidad hermenéutica y de sentido. Mi necesidad de crear algo que no sea sólo fisura. Que no sea sólo imposición y vendaval. Algo que exista fuera de la sociedad de la transparencia. La sociedad positiva está reorganizando enteramente el alma humana, escribe Byung-Chul Han, en el hilo de su positivización, el amor se aplana él también para no ser más que un arreglo de sentimientos agradables y de excitaciones sin complejidad ni consecuencias. Quisiera sentirme enamorada: no es el caso en este momento. Escucho ahora la canción To turn you on, de Roxy Music: magia. You must phone me, you know me, when things go wrong, I’d do anything to turn you on, canta Bryan Ferry. Quizá eso es el romanticismo. Cuando las cosas van mal, haré lo que sea para encenderte. Creo en la fantasía lejos más que en mí misma. Confío en la fantasía. Tal vez lo que busco en realidad es comprender el romanticismo, y enamorarme. Enamorarme de nuevo, como lo estuve de Jean. El amor absoluto que entiende la vida. El amor que puede arriesgarse. Sentir el deseo de superarlo todo para estar con alguien. Querer intentarlo, una y otra vez. Tal vez para eso es necesario el vacío. El vacío que siento ahora, que busco ahora. El pensamiento y la inspiración necesitan vacío, escribe Byung-Chul Han. Desde el vacío nace la fantasía de Avalon. Desde la muerte. I could walk you through the park if you’re feeling blue or whatever, canta Bryan Ferry. Spring summer whenever winter through fall I’d do anything to turn you on, canta. En la fantasía yo quiero ese amor absoluto. No en otro lugar. El romanticismo nace del vacío, igual que las historias y la intuición. En el parque hoy imaginé la fantasía. Junto a los pájaros salvajes imaginé la fantasía. Quisiera sentido y trascendencia. Destino y acontecimiento. La mitad de la vida será el amor todo de nuevo. Lo que partió sigue su curso. Yo vivo en el mundo de la fantasía. 

12 de julio de 2025

Avalon

Parecía algo malo la ficción: no. Es lo único que nos autoriza la vida. Escucho Avalon de Roxy Music. Esa voz fantástica de Bryan Ferry. Creo que Roxy Music es uno de mis grupos preferidos. Ese ambiente sugestivo que se ajusta perfectamente a mi personalidad. Un poco de seducción, un poco de nostalgia. Me gusta la voz de Ferry, las melodías, los ritmos, las letras, la atmósfera. ¿Nacemos para una cierta música? Este disco nació conmigo, yo nacía, y él nacía. En Bahamas. Yo nací en Santiago de Chile, mientras Bryan Ferry componía esas canciones en la costa oeste de Irlanda. Luego se trasladó a Bahamas para grabarlo. Luego yo me trasladé a Lyon para escribir y lo escuchaba. Como si estuviese en Bahamas. Porque el mar Caribe para mí es un lugar de fantasía: lo más bonito del mundo. Estuve una vez en ese mar, en República Dominicana, en México. Esta música retiene ese misterio asoleado. Justo dos años después de que yo naciera, Ferry decía: Avalon es la Isla Encantada, un lugar de fantasía, muy romántico, pensé que era el álbum más romántico y onírico que había hecho nunca. Mi destino quedó sellado. Soy la isla encantada. Voy con Avalon en las venas, porque nacimos al mismo tiempo en lugares con kilómetros de costa, junto al mar ancho y profundo. Una existencia onírica puesta al servicio de lo romántico. Fantasía pura para soñar. ¿Hay algo más alto que la música? Aunque Kant crea que hay que evitarla en la medida que juega únicamente con sensaciones. En la medida en que no crea obras serias. Por dios, Immanuel. ¿Y el juego? ¿Y la fantasía? Dejemos los conceptos un momento de lado. No vamos a producir conocimiento, pero podremos desplazarnos a Avalon en ferry. Avalon forma parte de la leyenda del rey Arturo y es algo muy romántico, dice Ferry, cuando el rey Arturo muere, las reinas lo llevan en barca a Avalon, que es una especie de isla encantada, es el lugar romántico y fantástico por excelencia. Ahí me quedé. Ferry grabó su disco en Bahamas, y yo me fui en la barca a la isla encantada. Desde ahí nacen los versos. Desde esa música caribeña que moviliza los castillos. Desde esa atmósfera que seduce para olvidarlo todo. Para hilar esa continuidad de los sueños. Las artes figurativas, dice Kant, conducen la imaginación a un juego libre y sin embargo apropiado al entendimiento, pueden lograr al mismo tiempo una obra seria, al contrario que la música. Mejor no entender nada. Renuncié a cualquier intento de comprensión. Me quedo en la isla encantada. Creo que hay que ir con la literatura donde no nos esperan. Como la obra de teatro Où nul ne nous attend, donde nadie nos espera, de Pauline Laidet y Logan De Carvalho, basada en Las Olas de Virginia Woolf. Busco revelar gradualmente los sentimientos y perspectivas de los personajes, dice Laidet, entrelazando diferentes temporalidades, en un momento dado, se superponen varias realidades del “yo” que nos hacen quienes somos: el yo social, el yo fantaseado, el niño y el fantasma. Entonces Avalon y donde nadie nos espera. La isla encantada y la música. Sin conceptos y en cambio sensaciones. Una fantasía para bailar y no sólo sobrevivir, como quisiera Byung-Chul Han. Prefiero entender bailando. Nací en el Avalon imaginario y continué en una gran línea bailando Avalon. Unidas con la isla encantada en la atmósfera de los sueños. Siempre sigue siendo posible la vida, no importa cuán equivocada se haya revelado la fantasía. He dejado totalmente de lado a Loup, Troy y Maël. Todo me pareció de pronto una pérdida de tiempo. Prefiero escuchar Roxy Music. Creo que Maël no se atrevió a venir a verme. Tal vez temía de la literatura. No sería el primero. Prefiero escuchar Avalon. When the samba takes you, canta Ferry, out of nowhere, and the background’s fading, out of focus, yes, the picture's changing, every moment, and your destination, you don’t know it. He pasado unos días extraños, caminar por la ciudad, leer, reflexionar. El verano permite estos momentos creativos con mucha holgura. Todo acompaña a la imaginación. A la claridad. El invierno es denso y confuso. El verano es ligero y etéreo. Parece que todo adquiriera liviandad. En el invierno todo se va al hoyo y no parece haber sentido alguno. En el verano se puede respirar hondo y soñar con cosas ciertas. Soy una muy buena combinación con el verano, nos entendemos perfectamente. Como si hubiese nacido para vivir en él. Nací en verano, de hecho, aunque ahora en el hemisferio norte esté ubicado en el invierno aquel acontecimiento. Tal vez ahí está parte de la confusión que me habita. ¿Nací para el invierno? No, yo nací en verano. Yo nací para el verano. No me importa dónde quisieron ubicarlo después. Avalon y Bahamas. Para eso nací yo. Escuchando la voz de Bryan Ferry. Me fue mal con los saltimbanquis. Con León y con Maël, ahora que lo pienso. Se parecían, ahora caigo en cuenta. El arte de vivir, escribe Byung-Chul Han significa escaparse en la búsqueda de formas de vida y de juego que aún no tienen nombre. Tal vez vivo en la isla que todavía no tiene nombre. Sólo queda inventarlo. Y yo pidiéndole exégesis a la dispersión. Pidiéndole definiciones al mosaico. Ayúdame, Kant. El juego a veces es muy confuso. Ayúdame por esta vez. No quiero renunciar al amor. ¿Se puede ese en los conceptos, Immanuel? Creo que fui injusta con la ficción, como si había que eliminarla, y es todo lo contrario. Yo soy muy cabeza dura, es todo por las novelas. Es muy insólito en realidad que él me haya escrito para vernos, y después haya desaparecido sin que hayamos podido conversar, porque las cosas no se hicieron exactamente como él quería. La ficción da para todo. La fantasía todo lo atrapa. Bueno, hoy decidí que mi cuerpo no estará disponible para ningún saltimbanqui. Tampoco mi isla encantada. Y sobre todo, no, mi vida. Llegamos ahora a una información ingrata, la escritora de Las nieblas de Avalon, y su marido, eran unxs abusadores de niñxs. Él fue condenado a reclusión criminal, y ella murió sin haber sido condenada. Sus libros, no voy a leerlos, por supuesto. A veces la fantasía esconde delitos, estamos en ese caso. Desarrollemos la fantasía para mantener a raya la realidad criminal. Volvamos a la fantasía. Volvamos a Avalon, con Fata Morgana. Una fantasía real. La Fantasía-Impromptu de Frédéric Chopin fue la primera obra de piano que me dejó en el aire, en la isla, y quise estudiar el piano, a los seis años. Fantaisie-Impromptu. Ya estaba todo dicho: la fantasía y la improvisación. Lo supe en ese momento. Ayúdame, Immanuel. When you bossa nova, canta Ferry, there’s no holding, would you have me dancing, out of nowhere. Por la isla voy, out of nowhere. En Avalon me quedo. Vivo en el mundo del juego sin nombre. Vivo en el mundo de la fantasía.  

10 de julio de 2025

Fantasía

La fantasía es todo. Pero preparémonos para lo peor, porque puede llegar. No hay razón en la ópera, dice Maria Callas, en la película de Pablo Larraín. Mi vida es la ópera, afirma. El amor es un pájaro rebelde, que nadie puede domar, canta Callas, en la Habanera de Bizet, el amor es hijo de la bohemia, y nunca ha conocido la ley, cuando crees tenerlo, él te evita, cuando crees evitarlo, él te tiene. Estoy en la mitad de la vida. Hace doce años me fui de Santiago de Chile, escapando de la opresión. Una fantasía. Ahora escucho ópera, Maria Callas cantando: l’amour est un oiseau rebelle, que nul ne peut apprivoiser, tu crois le tenir, il t’évite, tu crois l’éviter, il te tient. Todo es canto y fantasía. ¿Escapé de la opresión? No sé. Conocí la humildad en cualquier caso. La humildad real. Conocí la flexibilidad absoluta, lo que es ya bastante. Aterricé la fantasía, para crearla mil veces más inmensa. Una fantasía sobrecogedora y gigantesca. Una fantasía tan descomunal que sale por las ventanas y lo inunda todo. Desciende río abajo y llega al mar. Llega a la inmensidad en el horizonte. Bien. Tal vez esa es una forma de escapar de la opresión. El himno de Chile dice, o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión. De acuerdo. ¿Hay la fantasía suficiente? El neoliberalismo no conoce la fantasía. Teme de la fantasía, quiere destruirla, para que todo sea ganancia. ¿Ganamos? Perdemos. Nos perdemos. Estamos perdidos. Pero soñamos, sabemos hacerlo bien. Aunque nos falte la fantasía. Debe ser una capacidad humana. Igual que el humor. Chile es un país con muchísimo sentido del humor. Juntos son dinamita. Como Nicanor Parra y la pluma. Entonces surge algo lleno de fantasía: el humor negro. Lo que nace cuando se tiene fantasía en el lugar donde se aniquila la fantasía. ¿Encontré aquí la fantasía? No tengo idea. Tal vez ya la tenía de antes. Porque resistir es una fuente inagotable de fantasía. Sigo resistiendo, con humildad y flexibilidad, aunque no lo parezca, sobre todo lo segundo. Tal vez soy un pájaro rebelde, como el amor. En cualquier caso amo la fantasía. Amo la ficción infinita. Todos esos cuentos hermosos que nos contamos para sobrevivir. Sigo contándome cuentos, eso no cambia. Doce años y tal vez soy la misma. Creo en la fantasía. En el mundo de la fantasía. El que abre y cierra. El que da juego y ceremonia a la existencia en búsqueda de sentido. Cuando creo tener a la vida, ella me evita, cuando creo evitarla, ella me tiene: como un juego. Doce años y entiendo mucho menos que antes. Tal vez tenía ideas más categóricas sobre las cosas. Ahora es el vendaval absoluto. Soy más feliz en todo caso. Me volví rama flexible que vuela con el viento sin romperse. Una verdadera danza, con una melodía como la habanera, que va y vuelve. Que salta y cae. Se mece como si entendiera algo, y no. Tal vez rendirse a la comprensión es la etapa siguiente. Quedarse en la fantasía como un refugio seguro. Unas novelas que vayan contando la historia que falta. Como quieren eliminarla en todos lados, también aquí, hay que insistir sobre ella. Porque sin fantasía: nada. Buscando las historias un sentido. En doce años, ¿encontré el sentido de la vida? Como escribió Han Kang: Todo esto no tiene ningún sentido. Como escribió Parra: es para el otro lado. Está en la fantasía, ahora lo sé. Lo encontré tal vez. Doce años y encontré el sentido de la vida. No tengo nada más que silencio, pero voy redactando esa fantasía del sentido. En un Lyon luminoso y ardiente, voy escribiendo la fantasía del sentido. El amor es un pájaro rebelde. Las historias son un animal hambriento. Un animal mitológico y teatral de la fantasía. Esta mitad de la vida será la ópera absoluta. La que emociona hasta hacer nacer. ¿Quién soy? No tiene ninguna importancia. Vivo en el mundo de la fantasía.


8 de julio de 2025

Ópera (Libro)

Ópera

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_opera_06-07-25.pdf 

Ópera es una novela. Es el libro sexto de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera.


Lisa Barthes y la ficción


Cosmos


Parnaso


Teatro


Mito






Aunque escribí X

Troy me manda unos enlaces, con largas explicaciones a continuación, para que escuche unas entrevistas sobre Deleuze y Rilke. Pero yo estoy como la vegetariana: no quiero nada. Sólo quiero conversar con Byung-Chul Han y leer sus libros. Ayer fui caminando a una de las librerías del centro que me encantan y conseguí todos los libros que había disponibles en el estante del apartado de filosofía. Está en el segundo piso en un pasillo, y atiende una persona muy amable, que me mostró todos los que había. Me los llevé todos, más unos libros de Kafka y de Roland Barthes. Luego caminé de vuelta sin parar al café que suelo ir porque quería llegar a leer a mi casa. Se ha vuelto una especie de refugio de estos tiempos estimulantes, estimulantes en el mal sentido, creo. Tal vez es una especie de burnout de estímulos. Una ópera infernal que te entra por todos los sentidos hasta explotar tu cabeza. Por cada poro la ópera satánica. La interrogante que me queda, entre otras, es por qué Troy esperaba estar conmigo habiéndose vuelto él una negación de la literatura. Una suerte de vegetariana de la literatura. Leyó tanto en su vida que cuando comenzó nuestra relación llevaba un tiempo sin entrar en librerías y tenía casi todos sus libros guardados en el ático. Como si los libros se habían vuelto estímulos, ruido, imposición, frontera, amenaza, abismo, caída. Nunca entendí muy bien esto, pero el problema esencial es que yo soy literatura, nada más, entonces cómo podía convivir esa amenaza de la literatura y la magia de mi estadía en sus días. Llegué yo a llenarlo de libros de nuevo, le escribí cientos de libros, lo llevaba a librerías sin parar, le hablaba de libros y quería saber todo acerca de los que estaban en su desván. Tal vez fui una especie de pesadilla en su vida. Él intentando detener diciendo no quiero comer, y yo pasándole la cuchara llena una y otra vez. Ahí tenemos de nuevo la ópera y lo cómico. La mitad de la vida me ha entregado un sinfín de oportunidades de drama jocoso. Es asunto de ir observando. Me encontré con un poeta que no quería comer más literatura y era la negación de mí misma. Escribí. Porque de esto me di cuenta después. Tal vez ahora caigo bien en cuenta. Quizá él decidió luego que en realidad sí quería comer literatura, pero yo ya iba en el libro veinte, y tenía que seguir, en algún espacio que no fuera la negación de mí misma. Soy las historias, no pueden dejarse de lado. Escribí porque tal vez la negación nos subleva aún más. Es asunto de ver el destino de los libros prohibidos. La negación de la literatura es su nacimiento, porque las historias son necesarias para esa continuidad vital, para la comunidad sin comunicación, y en cambio con relatos, como dice Byung-Chul Han, en vez de una comunicación sin comunidad, y sin ningún relato. A mí me gusta estar a mis anchas, no me gustan las imposiciones. Estoy muy bien con Byung-Chul Han. Llevamos unos días juntos y nos hemos entendido perfectamente. Rituales mediante, hemos podido imaginar las historias. A mí me gusta soñar. Sola y acompañada. Me gusta imaginar. Se me prohibió (aunque escribí).  

Publicaciones 2025 (mayo-junio)

Mito 


Mito es una novela. Es el libro quinto de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito

Lisa Barthes y la ficción

Cosmos

Parnaso

Teatro

Mito


6 de julio de 2025

Aunque escribí IX

Creo, le dije a Han, que la vegetariana de Han Kang es la sensación del mundo híper estimulado: no quiero más. Hay que volverse vegetariano de estímulos. No como estímulos, gracias. Busco el relato, creo la historia. Me sacaste a flote, Byung-Chul, le dije. El nuevo mundo lo soñé contigo. ¿Estabas hundida?, preguntó. Me hundieron, contesté. ¿O te hundiste sola?, replicó. Todavía no sé, contesté. Recapitulemos, una persona dice, yo espero esto del amor, la otra, yo espero esto otro: ópera. Entonces yo lo entendí todo gracias a que había ido a la ópera: todo sale mal siempre. Tienes que saber desde el principio que estás lidiando con hombres, me dijo Han. ¿Tú también eres así?, le pregunté. Creo que tienes que transformar el libreto, así como hacía Elvis Presley con las canciones para los blancos, adaptar, propuso. Pero Elvis Presley insistió con sus movimientos, contesté. Busco que la literatura dé como un ladrillo en la cabeza, como Kafka y Han Kang, agregué. Algo que dé la continuidad necesaria. Tal vez deberías estar esforzándote en ver lo que hay y no inventarlo todo, propuso Han. Pero si no pudimos hablar en persona, le dije, porque todo se convirtió en fragmentos sin continuidad. Me ayudas a entender, Byung-Chul, le dije, y luego yo cuento las historias. Pero esta vez no contaste ninguna historia, replicó. No te estás plegando al libreto habitual, agregó, tal vez te dijo que tienes un carácter difícil. Sí, eso dijo, cómo sabes. Volvió a reír como una fiesta. Bueno, ese es el libreto habitual, respondió. Luego viene la ópera, afirmé. Claro, la ópera, dijo, el malentendido general, que en realidad es: hagámoslo como yo digo. Ahora es la ópera constante, agregó, porque ahora es: también se va a hacer como yo quiero. ¿También vas a la ópera?, le pregunté. Por supuesto, me dijo. Por eso el drama jocoso, le dije, que en realidad es una ópera totalmente seria. Nos perdimos en la playa, agregué. Tal vez nunca se encontraron, sugirió Han. Es cierto, respondí. Pero quizá en la música, expresé, en el piano. Tu relato no se sostiene, afirmó. Sobre todo está terminado, manifesté, es un relato abstracto, sin materialidad. Una historia que nació muerta. Bueno, Lisa, dijo Byung-Chul, conviértela en sketch cómico. Se puso a reír igual que las veces anteriores. Cada vez me hacía reír. Pero escribiste, me dijo. No paraba de reír. Te faltó el paréntesis, le dije. Un principio y un final, tú me dijiste, afirmé. No me sigas al pie de la letra, acuérdate que también estoy confundido, expresó. Seguía riendo. Debe ser la ópera.  

Aunque escribí VIII

Tal vez era la tensión narrativa necesaria, me dijo Han. La del misterio y la magia. No veo ninguna tensión aquí, sólo silencio. Qué poco sentido del humor tienes, me dijo. Realmente creo que deberías someterlo con químicos, e invitar a amigos, y grabar videos, propuso. ¿Tú crees?, le pregunté. No, no me dijo eso Han. Por lo tanto yo tampoco respondí eso. Eso no sucedió en este diálogo, pero dado que uno lo va leyendo por aquí por acá, como que queda. Oblígalo a comer carne, me dijo Han. No, tampoco (pero yo lo escribí). ¿Sabes lo que pasa?, le dije, no quiero que Yeonghye muera, pero en el fondo sé que también soy ella, y todxs lo somos, diciendo no quiero más T. ni instagram, que se me vengan encima. No quiero que me penetren sin quererlo, porque al final es como una violación, te penetro aunque no querías, T. y sus amigos nos violan a todxs en definitiva cada día a través de nuestros teléfonos, y yo lo apago y estoy diciendo igual que la vegetariana: no quiero comer carne. Han me miró con conmiseración. Lo apagas, me dijo. Sí, le dije. Lo tengo en modo avión todo el día. Seguía mirándome. ¿Qué pasa?, pregunté. La tensión narrativa que le das a las historias es impresionante, afirmó. ¿Me estás tomando el pelo?, le pregunté. Para nada, me dijo, y comenzó a reír, pero tanto que parecía fiesta. Me reí también, no había otra opción posible. La ópera también es eso. Cuando nada resulta: sometes con químicos. Parece que así se promociona como lo más efectivo. Como ese juego, juguemos al tren, yo soy el tren y tú el humo. Hazte humo. Evapórate. 

Aunque escribí VII

Escribí. Leí también. Leí Byung-Chul Han y me trajo respuestas. Me las trajo todas. Tuvimos una larga conversación. Los personajes no logran ponerse de acuerdo en cuanto a un concepto de mundo. Es la ópera, le dije. Una pieza en la que no hay salida. Lo que pasa, le dije, es que Maël quiere la realidad fragmentada como leer el periódico, y yo soy una creadora de historias. Lo extraño es que él también, pero cuando viene el momento de crearlas en la realidad entonces quiere optar por una especie de mosaico inentendible. De acuerdo, me dijo Han. ¿Probaste someterlo con químicos? No, no me dijo eso Han. Sino todo lo contrario. Cuéntale historias. Pero si me dedico a eso, le dije. Intenté contárselas, pero insistía en el mosaico. Terminé muy confundida. Bienvenida, me dijo, estoy igual que tú. Pero si me diste todas las respuestas, cómo puedes estar confundido, quise saber. En el fondo todxs estamos confundidos, me confesó. ¿Tú también? Te juro, contestó. De acuerdo, le dije. Nos quedamos en silencio. Porque el silencio es la hostia. Pusimos nuestros teléfonos en modo avión y era el silencio. No tomamos medicamentos y era el silencio. Gracias por las respuestas, le dije. Cuando quieras, me dijo Han. Perfecto, repliqué. 

4 de julio de 2025

Aunque escribí VI

¿Me estaré volviendo loco?, se pregunta a veces la gente. Yo en ocasiones me pregunto, ¿estaré demasiado cuerda? Suena razonable plantearse esa interrogante. Dijimos que la mitad de la vida era el asombro todo de nuevo, o no. Lo que no sabemos bien es si la mitad de la vida es la ficción todo de nuevo, o no. Dada mi situación con Maël es posible que la respuesta sea sí. Hay que barajar esa opción. Veamos qué pasó. Fue una escena a la Chesil Beach, de Ian McEwan. Después de meses sin vernos, ni siquiera logramos reunirnos en el mismo lugar. Suena cómico en realidad. Tal vez lo fue un poco, si uno tiene humor. El suficiente para sobrepasar las interrogantes. Para evaluar la situación con distancia. El humor yo lo tengo. Por lo tanto pude pesquisar el lado gracioso de la situación. Es una oportunidad que nunca pierdo. Dos personas que no logran ponerse de acuerdo, porque no quieren ceder ni un poco, y tienen sus principios, y sus miedos, y sus creencias, y sus historias, y sus deseos, y sus ideas sobre las cosas. Sí, es ridículo en realidad. Dos personas que quieren verse, pero terminan cortando la comunicación de manera definitiva porque la conversación es una explosión constante. McEwan lo supo imaginar bien. Cómo hacer que las cosas salgan lo peor posible. En realidad es muy divertido. Un diagnóstico exacto de estos tiempos en que la conversación a veces toma tiempo en cuajar. Para no desentonar. Tal vez nos pusimos de acuerdo con el presente. Ayer pensaba en él. Todavía tengo ganas de verlo, por supuesto. No me rindo tan fácil. Pero al mismo tiempo me intriga absolutamente la extraña interacción que tenemos. Me puse a leer. Bueno, como siempre. Los libros siempre ayudan. Sobre todo los de las feministas. Son como manuales para comprender al menos un poco. Pero uno siempre está desamparado en el fondo. Como si amar fuera terreno de nadie. Desiertos solitarios sin nada a qué atenerse en las explanadas eternas. Reír está bien, pero tener argumentos para escribir veintidós óperas de drama jocoso hacen que a veces haya el deseo de poder también desarrollar otros géneros operísticos. Un intermezzo, una pastoral heroica, una ópera-ballet, una opéra féerie, una ópera seria. Hasta esa dan ganas a veces. Con tal de no seguir en Chesil Beach. Por una vez. (Pero recordemos que escribí). Incluso en ese desierto se expande a veces la música. Vivir es una ópera con un argumento creado por un marciano enojado. Hoy leía que Kafka consideraba la impaciencia como el pecado más importante. Menciona también la pereza, pero luego se inclina por la impaciencia como el más determinante. Entonces: una ópera creada por un marciano impaciente. Dios nos pille confesados, como decía mi profesor de danza andaluza y flamenco. Espero no tener que confesarme con nadie. Los argumentos para la ópera: ya los voy teniendo casi todos. A él no lo tengo para nada: lo perdí en un confuso incidente en Chesil Beach. Hay momentos en que no me da risa. Ayer leía La vegetariana de Han Kang, qué fantástico libro y qué duro. Tal vez por eso no reía ayer. No quiero comer carne, pero que quede la vida. Que no se anule todo en Chesil Beach, que no se anule todo en Seúl. Un marciano desorientado, encolerizado, rígido y temeroso: todo lo que nos constituye. Quiero hacerlo mejor. Quiero que los encuentros sean posibles. Para crear las óperas (escribí).    

3 de julio de 2025

Aunque escribí IV

Loup me manda un artículo de música que escribió. Debe creer que me interesa lo que tiene por decir. La verdad es que no. Le contesto: “Gracias”. Esperando que todo acabe. No. Comentarios a continuación. Los leo. Me voy por el lado de la claridad, y anoto, siguiendo los pasos de Bartleby el escribiente: “Prefiero que no me escribas más. Gracias”. Bueno, Bartleby decía: “Preferiría no hacerlo.” Esto es casi igual. Pero no me inspiré en él. Pero inmediatamente a continuación de enviar el mensaje caí en cuenta de la cercanía de ambos mensajes. La claridad es importante. Aunque a él le guste embolinar la perdiz, de manera bastante aburrida además. Porque hay una diferencia. Se puede embolinar la perdiz de manera entretenida, o fome, como se dice en Chile. Significa aburrido. Significa que le falta gracia. Que no dan ganas de continuar la conversación, más bien dan ganas de decir: “Preferiría no hacerlo.” No leer esos mensajes. La claridad es clave. Sigue con tu vida, significa. Yo voy a seguir con la mía. Preferiría que no estés en ella para nada, también significa eso. A continuación me contesta: “De acuerdo”. Las lecciones de consentimiento han dado resultado. Luego me elimina de sus redes sociales. Aclaremos entonces: la mitad de la vida es el asombro todo de nuevo, y a veces es el asombro para nada todo de nuevo. Aquí estamos en el segundo caso. Ni asombro ni todo de nuevo. “Preferiría no hacerlo” (aunque escribí).

2 de julio de 2025

Aunque escribí II

Tal vez me hundí sola. Cómo saberlo. O todo era un plan maquiavélico en mi contra. No creo. Tal vez la ópera me llevó a lugares insospechados, y luego cómo saberlo. Qué hacer. Tomé decisiones, está claro. ¿Claras? ¿Tomé decisiones claras? ¿Tenía expectativas? ¿Proyecciones? Fui a la ópera: es una decisión que tomé claramente. Esos argumentos me señalaron caminos. Hacia abajo. Muy abajo. Se les iba el tiempo en cantar y bailar. Para luego morir. O querer aniquilar. Terminar algo. Le dije a Troy, le dije a Loup, le dije a Maël: todo está claro. Todo está claro entre nosotros. Pero la claridad tiene baja audiencia. Hay que rellenar con escenarios todo alrededor. Con escenografías para el acto que viene. Para los bailes con los trajes escogidos para la ocasión. Para el libreto funesto. Para el libreto trágico. Para el libreto totalmente cómico. Como la ópera bufa Così fan tutte de Wolfgang Amadeus Mozart. Para el drama jocoso en dos actos. Cuántos actos. Ahí está todo el tema. Cuántos. Hasta cuándo. Los truenos sonando fuerte. Luego vienen los relámpagos, la lluvia. El viento que se lo lleva todo. Todo está en el libreto, pero sobre todo en la voz de los intérpretes. En dar con la nota con afinación. En imprimir sentimiento a cada frase musical. Para que luego en la lluvia se pueda distinguir el matiz del sentimiento. ¿Cómico? ¿Jocoso? ¿Drama? ¿Farsa? ¿Grand Opéra? ¿Nada? Te lo dije todo claramente: está eso. Pero nada está claro. Para nadie. La decisión de ir a la ópera, sí. Caer muy bajo, muy bajo. Ir cantando y bailando. Porque “así hacen todxs”: como la ópera. La escuela de los amantes. A la que nadie fue y desastre absoluto. Siempre queda renunciar y decir: hasta aquí no más llegamos. Porque así hacen todxs, y uno tratando de escribir un libreto original. Claramente es una ópera cómica. Se nota enseguida. Ese afán inconsistente en la tormenta. Decisiones tomadas y nada: porque escrito en la piedra para qué. Porque la claridad es algo pasado de moda, y uno quiere revivirla pero ni siquiera tiene las herramientas. Porque la dificultad es alta. Uno con sus principios, sus ideas, sus deseos y sus escenografías. Cada acto el esfuerzo de dar con la nota correcta. El sentimiento adecuado. Pero todo se va recrudeciendo. Cada frase se va exacerbando. Desilusión es una palabra de la ópera. Una palabra dura, pero tan de moda. Mientras más libros feministas vamos leyendo todo se va incrementando porque la claridad de pronto tiene consistencia. La sustancia de un libreto donde estar a sus anchas. Pero nada te asegura el éxito en nada. Lo que tienes asegurado es la nada. Es una nada menos nada pero donde tampoco hay nada. Nada de eso que fuiste anotando en tu alma. Porque todo es risa con lágrimas. Lo entendieron todo estos libretistas. Estos compositores solitarios. La nada es nada. Ríe si quieres. Pero luego vas a llorar. Porque compuse este drama jocoso para ti. Con amor. Para ti. Siempre con amor. Siempre para ti. A la ópera seguimos yendo, y al teatro. Los grandes mitos no nos amilanan. Al contrario. Amamos descubrirlos. Escribirlos. Cantarlos con la nota correcta. La confusión es absoluta, pero ahí estamos. 

Aunque escribí

Luego de separarme de Jean, dos años después me hundió Loup, aunque escribí, al otro año me hundió Troy, aunque escribí, al otro año Maël iba a hundirme, aunque escribí. Bien. Creo que estoy preparada para componer una ópera. Los argumentos suelen ser de este tipo. Me hundió y luego todos nos suicidamos, porque la vida es un bajón ineludible. Pero escribí. Ese es el epitafio correcto: se hundió, pero escribió. Se mantuvo en el barco, escribiendo, mientras todo se hundía. La pluma no la soltó, aunque todo era catástrofe. La hoja vacía la sostuvo firme para ir anotando las letras, mientras el calor llegaba a treinta y ocho grados a la sombra, con una sensación térmica de cuarenta y cuatro grados. Su nombre no logró descubrirlo, pero el calor no le impidió redactar algo. Algunas palabras dispersas y extraviadas. Un puñado de frases para divertir a la concurrencia. Bien. La tormenta, aunque escribió. Sigo escuchando a Elvis Presley. Como él se hundió, pero cantó unas notas: me sirve. A ver si por ahí saco ideas para saber cómo hacerlo. Lo clave es anotar esto: Respuestas, ninguna, pero supo escribir. Corto, claro, incisivo, llamativo, chispeante. Tal vez tallar en la piedra: “Lisa. Literatura.” Me basta y me sobra.