Los cuentos El barco, El puente y La llamada, los escribí para Moussa, y el cuento El perro, para Taras. El perro de la historia era un perro real, gigantesco, de una compañía de teatro. Se paseaba por las calles. Lyon es una especie de fantasía gigante. Una ciudad de la literatura. A mí me gusta mucho. Vivo aquí hace incontables años. Cada vez me va sorprendiendo más. Ayer fui a ver los fuegos artificiales del catorce de julio a un puente que hay a unas cuadras de mi casa, donde se veía el espectáculo en todo su esplendor. El puente estaba lleno de gente, y todo el borde del muro junto al río, todos esperando los fuegos. ¿Sería el nacimiento del fuego? Me apoyé en la baranda del puente, mientras veía pasar los barcos por el agua. Observaba la algarabía. Una suerte de carnaval acuático. Los barcos con luces de colores. Es una expresión que inventé en aquella época del nacimiento del fuego. Era una metáfora del amor, de la sensación del amor. El amor pasión. Estaba el tema de subirse o no a los barcos con luces de colores. Escribía mucho en las noches en ese tiempo, y pasaban por el río los barcos con luces de colores. Eran unos barcos reales, como el perro. Unos barcos con personas bailando o conversando, y tenían barras de luz de colores. A veces lila, a veces verde, a veces azul. Me imaginaba el acto de enamorarse como entrar en uno de esos barcos, decidirse a entrar, y bailar en esa pista de baile, o celebrar una cena a la luz de las velas en movimiento. Me lo imaginaba como brillos que luego se apagaban. Un impulso que luego se mostraba distinto al ímpetu inicial. Pero estaba ya uno en la embarcación, y esta estaba en movimiento. Había que seguir la fiesta. Por supuesto estaba muy desilusionada del amor. Lo veía como una fantasía triste. Una mentira, como canta Beth Hart. Lo veía como una manera de subirse a la felicidad, para luego caer muy abajo. Donde estaba yo. Pero no olvidemos que se gestaba el fuego, por lo que era un inframundo que guardaba secretos. Enigmas que se irían revelando de a poco. Qué pasó al comienzo de las novelas: era el caos. El caos real, como los barcos y el perro. Y del caos nace un nuevo tipo de fuerza, escribió Doris Lessing. Por qué duele el amor, se pregunta Eva Illouz, es mejor leerla, que quedarse en el desamparo. Cómo hacer nacer el fuego, me preguntaba yo, sola. Mientras observaba los barcos con luces de colores por el río. Ayer en el puente observando las figuras en el cielo me pregunté, cuándo nació el fuego. Fui revisando todas las veces que he visto fuegos de artificio estallar. Sobre todo me detuve en esas veces en Valparaíso, años nuevos, cuando estaba todavía muy lejos del fuego, cuando comenzaba la vida. Ahora estoy en la mitad, y tengo el fuego. Qué es el fuego. Es básicamente un viaje, que renovamos cada día. Una promesa con la fantasía: nunca te olvidaré. Nunca te olvidaré, decimos. Para eso hay que recordar. Hay que imaginar. Estuve en las Calanques de Marseille el mes pasado. Imaginé Avalon. Lo imaginé muy nítidamente. Debe parecerse a esto, me dije. Con gran seguridad. El fuego no es para nada seguridad. Es todo lo contrario. Inseguridad. Mientras más grande el fuego más inseguridad. Cómo es esa isla encantada. Qué es el fuego. Thinking without a bannister. Denken ohne Geländer, dice Hannah Arendt. L’amour, la mort, le cataclysme. Une existence normale : qu’y a-t-il de plus déraisonnable ?, dice Simone de Beauvoir. Swift and lean. A kind of beauty that you can’t predict, dice Paul Auster. Chase the writer, dice Julian Barnes. Pourvu que ce soit hors de ce monde !, dice Charles Baudelaire. Escribir fuera de la ley, dice Roberto Bolaño. Y si llegara a olvidar, ¿cómo haría para vivir?, dice María Luisa Bombal. L’ennemi de la sentimentalité et la fantaisie à court terme, dice André Breton. Ne pas oublier ce silence et le faire retentir, dice Albert Camus. Análisis musicales, psicológicos y razones profundas, dice Julio Cortázar. Il y a toujours un côté par lequel ça se fuit et ça se défait, dice Gilles Deleuze. Vivre penché et sans balustrade, dice Gustave Flaubert. Nous libérer nous de l’État, dice Michel Foucault. Sit down at a typewriter and bleed, dice Ernest Hemingway. Dans le reel, dice Michel Houellebecq. The attempt is all. No atonement for novelists, dice Ian McEwan. The possibility of eradicating political antagonism, dice Chantal Mouffe. De atrás para adelante. Pero no: la vida no tiene sentido, dice Nicanor Parra. Conscient du véritable pouvoir de l’esprit humain, dice Jacques Rancière. L’optimisme, ma fantasmagorie la plus intime, dice Jean-Paul Sartre. Inventar ficciones para ejercer la libertad, dice Mario Vargas Llosa. Cada obra debe ser un renovado salto en el vacío, dice Enrique Vila-Matas. Dans un monde où rien n’est à la mesure de l’homme, dice Simone Weil. A poet’s heart caught in a woman’s body, dice Virginia Woolf. Vivir humanamente no es eludible, dice María Zambrano. El fuego todo lo gobierna. Ya sabemos que nace de la separación, la muerte, el misterio, la música, la danza, la improvisación, el viaje, la fantasía, el mar, la amistad, y los libros. El amor no sé dónde está. No lo estoy esperando. Tengo el fuego. Tengo la enredadera, el viento, el barco, el puente, la llamada, el perro. No tengo nada, en definitiva. Todo lo imaginé. Todo fue la fantasía. El viaje a Avalon. Cada día el viaje. Parece la piedra de Sísifo. Pero aquí hay magia. Todo está en la magia. En el cuento, la novela, el relato, la historia, el ritual, la ceremonia, el minueto, la coreografía, la obra, el arte, la imaginación, el misterio, la expedición, la travesía, la trama, el argumento, el libreto, la fiesta, la celebración, el circo, el odeón, la fábula, el juego, la percepción, la sensación. No tengo nada, pero tengo la fantasía. Vi nacer el fuego. Lo vi. Se me acabó la vida y lo vi. No importa si la vida se había acabado: escribí. Leí lo que otros habían escrito. Volví a morir un sinnúmero de veces: no importa. Escribí. Aprendí el fuego. En este departamento frente al río, en la soledad más absoluta, tres años, tres meses, y tres días, aprendí. Escribí la ficción, el cosmos, el parnaso, el teatro, el mito, la ópera, la fantasía, el viaje. Ahora es el atardecer, las sombras de los árboles se mueven en la pared junto a mí en la luz amarilla anaranjada, al mismo ritmo que el ventilador en movimiento. Bryan Ferry no deja de cantar. So I turn the pages, and tell the story, canta. En la mitad de la vida el fuego es inmenso y el miedo todavía más grande: no importa. Yo vi los fuegos de artificio. A vivir se aprende, igual que escribir. No tengo nada, pero tengo la fantasía.