Luego de separarme de Jean, dos años después me hundió Loup, aunque escribí, al otro año me hundió Troy, aunque escribí, al otro año Maël iba a hundirme, aunque escribí. Bien. Creo que estoy preparada para componer una ópera. Los argumentos suelen ser de este tipo. Me hundió y luego todos nos suicidamos, porque la vida es un bajón ineludible. Pero escribí. Ese es el epitafio correcto: se hundió, pero escribió. Se mantuvo en el barco, escribiendo, mientras todo se hundía. La pluma no la soltó, aunque todo era catástrofe. La hoja vacía la sostuvo firme para ir anotando las letras, mientras el calor llegaba a treinta y ocho grados a la sombra, con una sensación térmica de cuarenta y cuatro grados. Su nombre no logró descubrirlo, pero el calor no le impidió redactar algo. Algunas palabras dispersas y extraviadas. Un puñado de frases para divertir a la concurrencia. Bien. La tormenta, aunque escribió. Sigo escuchando a Elvis Presley. Como él se hundió, pero cantó unas notas: me sirve. A ver si por ahí saco ideas para saber cómo hacerlo. Lo clave es anotar esto: Respuestas, ninguna, pero supo escribir. Corto, claro, incisivo, llamativo, chispeante. Tal vez tallar en la piedra: “Lisa. Literatura.” Me basta y me sobra.
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