Tal vez era la tensión narrativa necesaria, me dijo Han. La del misterio y la magia. No veo ninguna tensión aquí, sólo silencio. Qué poco sentido del humor tienes, me dijo. Realmente creo que deberías someterlo con químicos, e invitar a amigos, y grabar videos, propuso. ¿Tú crees?, le pregunté. No, no me dijo eso Han. Por lo tanto yo tampoco respondí eso. Eso no sucedió en este diálogo, pero dado que uno lo va leyendo por aquí por acá, como que queda. Oblígalo a comer carne, me dijo Han. No, tampoco (pero yo lo escribí). ¿Sabes lo que pasa?, le dije, no quiero que Yeonghye muera, pero en el fondo sé que también soy ella, y todxs lo somos, diciendo no quiero más T. ni instagram, que se me vengan encima. No quiero que me penetren sin quererlo, porque al final es como una violación, te penetro aunque no querías, T. y sus amigos nos violan a todxs en definitiva cada día a través de nuestros teléfonos, y yo lo apago y estoy diciendo igual que la vegetariana: no quiero comer carne. Han me miró con conmiseración. Lo apagas, me dijo. Sí, le dije. Lo tengo en modo avión todo el día. Seguía mirándome. ¿Qué pasa?, pregunté. La tensión narrativa que le das a las historias es impresionante, afirmó. ¿Me estás tomando el pelo?, le pregunté. Para nada, me dijo, y comenzó a reír, pero tanto que parecía fiesta. Me reí también, no había otra opción posible. La ópera también es eso. Cuando nada resulta: sometes con químicos. Parece que así se promociona como lo más efectivo. Como ese juego, juguemos al tren, yo soy el tren y tú el humo. Hazte humo. Evapórate.
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