Creo, le dije a Han, que la vegetariana de Han Kang es la sensación del mundo híper estimulado: no quiero más. Hay que volverse vegetariano de estímulos. No como estímulos, gracias. Busco el relato, creo la historia. Me sacaste a flote, Byung-Chul, le dije. El nuevo mundo lo soñé contigo. ¿Estabas hundida?, preguntó. Me hundieron, contesté. ¿O te hundiste sola?, replicó. Todavía no sé, contesté. Recapitulemos, una persona dice, yo espero esto del amor, la otra, yo espero esto otro: ópera. Entonces yo lo entendí todo gracias a que había ido a la ópera: todo sale mal siempre. Tienes que saber desde el principio que estás lidiando con hombres, me dijo Han. ¿Tú también eres así?, le pregunté. Creo que tienes que transformar el libreto, así como hacía Elvis Presley con las canciones para los blancos, adaptar, propuso. Pero Elvis Presley insistió con sus movimientos, contesté. Busco que la literatura dé como un ladrillo en la cabeza, como Kafka y Han Kang, agregué. Algo que dé la continuidad necesaria. Tal vez deberías estar esforzándote en ver lo que hay y no inventarlo todo, propuso Han. Pero si no pudimos hablar en persona, le dije, porque todo se convirtió en fragmentos sin continuidad. Me ayudas a entender, Byung-Chul, le dije, y luego yo cuento las historias. Pero esta vez no contaste ninguna historia, replicó. No te estás plegando al libreto habitual, agregó, tal vez te dijo que tienes un carácter difícil. Sí, eso dijo, cómo sabes. Volvió a reír como una fiesta. Bueno, ese es el libreto habitual, respondió. Luego viene la ópera, afirmé. Claro, la ópera, dijo, el malentendido general, que en realidad es: hagámoslo como yo digo. Ahora es la ópera constante, agregó, porque ahora es: también se va a hacer como yo quiero. ¿También vas a la ópera?, le pregunté. Por supuesto, me dijo. Por eso el drama jocoso, le dije, que en realidad es una ópera totalmente seria. Nos perdimos en la playa, agregué. Tal vez nunca se encontraron, sugirió Han. Es cierto, respondí. Pero quizá en la música, expresé, en el piano. Tu relato no se sostiene, afirmó. Sobre todo está terminado, manifesté, es un relato abstracto, sin materialidad. Una historia que nació muerta. Bueno, Lisa, dijo Byung-Chul, conviértela en sketch cómico. Se puso a reír igual que las veces anteriores. Cada vez me hacía reír. Pero escribiste, me dijo. No paraba de reír. Te faltó el paréntesis, le dije. Un principio y un final, tú me dijiste, afirmé. No me sigas al pie de la letra, acuérdate que también estoy confundido, expresó. Seguía riendo. Debe ser la ópera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario