16 de julio de 2025

Avalon VII (el nacimiento del fuego II)

El nacimiento del fuego. No estoy diciendo que la literatura nace del dolor, o tal vez sí. Tal vez del amor, o de los dos. En cualquier caso nace de alguna parte, que tiene que ver con la necesidad. Lo importante es que nace, un día nace. Un día es la explosión. Es la llama suficientemente grande para no apagarse con el viento. Para no apagarse con la batalla cotidiana, día tras días. Entonces luego de la separación definitiva de Jean, y la muerte de Adam (ambos acontecimientos sucedieron en un espacio de dos semanas), me instalé en un departamento frente al río. Quería encontrar la llama. Dónde está la maldita llama, me dije. Primero la busqué en bares y conciertos. La busqué con mucho ahínco. Me dediqué a la danza febril como que el mundo fuera a acabarse de un día para el otro. Bueno, el mío se había acabado, así es que tal vez bailando se gestara algo. Estuve meses insistiendo en este propósito, la gestación de algo que reemplazara a la muerte. Fui preguntando por aquí y por allá, a todo quien se cruzara. ¿Sabes algo de la llama?, preguntaba. Nadie parecía entender exactamente a qué me refería. Pero yo necesitaba respuestas. Las dudas no me servían porque ya tenía demasiadas. Quería otra cosa. Quería razones. Sugerencias. Propuestas. Vida. Euforia. Explosión. Danza. Sentido. Encontré cosas en los bares, no exactamente sentido, pero era un sucedáneo muy eficaz. Imitaba perfectamente a la vida. La muerte como que desaparecía a ratos. Sobre todo en medio de la danza y la música. Pero luego había momentos en que la muerte atacaba aún más fuerte. Todo era borroso. Buscaba cobijo en situaciones insólitas que no entendía bien. En idiomas desconocidos e historias que no comprendía del todo. Llévenme a cualquier lado, pensaba. Cualquiera es mejor que este. No hay nada aquí, y la llama no tengo idea dónde está. A mí me gusta mucho la danza, así es que lo recuerdo como un momento feliz, a pesar de todo. Tenía la sensación de estar recuperando algo que me pertenecía, y me había sido arrebatado. Entonces apareció alguien que fue clave en esa época: Moussa. Alguien que yo sentía que tenía respuestas a las que yo jamás podría acceder. Moussa significa salvado de las aguas, en árabe. Moisés, en castellano. En árabe más bien es sacado del agua, extraído del agua. En cualquier caso a Adam se lo llevó el agua, y a Moussa lo trajo el agua. Llegó navegando desde Senegal y Guinea. Desde Dakar y Conakry. Era alguien fascinante Moussa llegado desde el agua. Me hacía perder la cabeza, que ya estaba en todo caso perdida, por lo tanto tampoco era tan difícil. Tal vez me hacía encontrar la cabeza. No tenía ni llama ni cabeza, pero con su presencia había algo que se calmaba. Algo dentro que parecía decir: da lo mismo. Olvídate de la llama y de la cabeza. Todo a su tiempo. Todo llegará. Se veía muy seguro en este sentido. Yo confiaba en su certeza. Él era de una amabilidad y de una ternura impresionantes, y al mismo tiempo parecía muy indiferente a todo, como en algún otro estrato de la existencia, me intrigaba. Me sentía bien cuando estaba él. Tenía una energía muy particular y su belleza, la de su alma y la de su cuerpo, irradiaba paz. Fue tal vez una suerte de embarcación que me salvó del naufragio absoluto. Él sabía sobrevivir en embarcaciones, por lo que podía compartirlo. Me hizo un espacio en su embarcación. Me sentía muy feliz de haberlo conocido. De saber que era posible sobrevivir a la pérdida de toda embarcación posible. Recorrimos juntos en momentos festivos, pero lo que me atraía era la calma que traía a mi alma ahogada sin remedio. Un buen día me dijo que comenzaría a dedicarse a la oración y al recogimiento, y que no podía verme más. Al principio pensé que era especie de broma, y que estaba exagerando: no. Era literalmente eso. De la fiesta absoluta iba a pasar al rezo profundo: de acuerdo. Le deseé suerte en el viaje, prometiendo poner más empeño en entender este tránsito. Tal vez era un camino que yo también debía seguir. Tal vez eso llevaba al nacimiento del fuego. A la creación de la llama. ¿Había que crearla? ¿Iba a nacer sola? No tenía idea. No me uní al rezo en ese momento. El recogimiento vino después. Todavía había que liberarse un poco más del vacío. Encontrar nuevas embarcaciones, que tuvieran pistas para entender el naufragio, o para olvidarlo completamente, mientras fuese posible. Conocí a Taras, un amigo de Tori, un músico francés de origen eslavo. Hablaba mucho, lo que cansaba un poco, pero su ánimo por las cosas era contagioso, daban ganas de motivarse con todo. Compartimos algunas fiestas también, y me dio un atisbo de que podría volver a motivarme con algo, o con alguien. No necesitaba mucho más en ese momento. Esa pequeña noción era ya un sucedáneo de llama. Meses después me lo encontré en el cumpleaños de Tori y todo salió mal, aunque yo lo pasé muy bien, pero él manifestó con posterioridad que yo me había sobrepasado acercándome demasiado, lo que a mí me causó mucha gracia. La escena: los dos en esta fiesta que llevaba horas, sentados en unos sillones del bar, no podíamos hablar nada porque la música lo impedía, y yo me había acercado para hablarle al oído, y en ese acto había rozado su piel. Bueno, a continuación yo había propuesto derechamente unir nuestros labios. Más tarde él le había dicho a Tori que yo había realizado propuestas indecorosas: de acuerdo. No volvimos a hablar. Volvamos ahora a la genealogía de la llama, a las raíces del fuego, a la génesis de la literatura. Tenemos entonces: la separación, la muerte, el misterio, la música. Agreguemos la danza infinita. Agreguemos la improvisación fantástica: la fantasía-impromptu. Conocí también en esa época a Jorge Drexler en una de esas fiestas. Es un músico que vive en España de origen uruguayo. Escuchaba mucho su música en ese tiempo, y su música y el encuentro me dieron pistas nuevas relativas a la llama. Me mostraron de qué podía estar compuesta la creatividad. Me gusta mucho su voz y sus letras, y el hecho de haber conversado con él en un bar trazó una especie de propuesta en el aire. Nuevas certezas que comenzaba a vislumbrar: hay una llama. Nacerá. Luego vino recorrer Portugal en auto con personas de la fantasía, y ver a los amigos en Barcelona. Viaje, fantasía, mar y amistad. La llama terminó de formarse. La historia comenzaba a escribirse. Un año después se compuso el relato. El nombre del alter ego había nacido en Afuera, pero comenzó sus nuevas aventuras con la llama exactamente hace dos años: julio del año 2023. El fuego creado dio nacimiento a cuarenta libros de aventuras de la llama en dos años. Cinco novelas en las que he intentado esbozar lo mejor de mí misma: la creencia en un mundo de fantasía. La fiesta la dejé de lado. La danza la llevo dentro. Siempre. La separación, la muerte, el misterio, la música le dieron nacimiento al fuego. El amor todavía no sé bien dónde está. Ya llegará. Un viaje a Avalon. Cuarenta años, la mitad de la vida, y cuarenta novelas de fuego. La llama es definitiva. El fuego está compuesto de fantasía. 

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