Lo que se usa justamente ahora es la ausencia de historia. Las historias pasaron de moda. Parecía una imposición, una adicción, un sinsentido. Compartir historias: ya no. Estar en una historia: ya no. Cómo pudo ocurrir esto. También me lo pregunto. Tal vez porque había demasiadas que eran nefastas. Gran parte. ¿La mayoría? No quiero arriesgarme a dar números, los cuales no tengo. Pero sé a ciencia cierta que eran bastantes. A mí misma me sucedió una grotesca en esa intensa ciudad. Lo que lleva a anhelar la ausencia de historias, o claramente unas que no sean grotescas. La historia de Judas el músico fue una de esas. No, aclaremos, no fue una historia. Fue una ausencia de historia, pero aburrida y ridícula, no como la otra que tuvo su gracia. Esta fue una de esas que te preguntas, qué fue eso. Qué le pasa a él. ¿Tendrá esquizofrenia? ¿Alucinaciones? ¿Una disociación imposible de subsanar? ¿Delirios de grandeza combinada con una carencia absoluta de estima de sí? ¿Mentira compulsiva a él mismo y a los demás? ¿Imposibilidad total de ejecutar lo que se propone? Queda la interrogante, la cual olvidé por supuesto. Me tiene sin cuidado. Judas el músico era uno de esos que no puede asumir sus actos y da vuelta la situación a su conveniencia, atacando a los demás, e identificándose él mismo como la víctima universal. Es mejor que no te salga al paso uno como él. La experiencia puede ser negativa. Es aquí cuando dices: la ausencia de historia es lo mejor que me ha pasado. Entonces procedes a comunicarle que no habrá historia. Que lo que más anhelas es la ausencia de historia, para siempre, con él al menos, tal vez con otro: pero más adelante. Porque la ausencia de historia es lo más adecuado para estos tiempos en que muchas personas no debiesen deconstruirse, sino demolerse, como escribe Flavita Banana en uno de sus fantásticos dibujos. Prefiero leer las historias de ella que aventurarme a esos encuentros de casa del terror. Cuando los personajes tienen que demolerse: la huida es una acción adecuada. Olvidar de cuajo la historia y agradecer su ausencia. Enmendar rumbo inmediatamente con el velero. Impedir contacto con la base. Si no hay relato entonces, ¿por qué escribirlo? En este caso para que nunca jamás llegue a serlo. Que comience la demolición. Voy en la décima ola, el viento, favorable, la escotilla, cerrada. Tal vez vuelva a tropezar, pero no será con él. Tal vez con Ariel el dibujante, que siempre me lleva a la ausencia de historia, pero al menos es entretenido.
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