Simplemente me siento y escribo. Abro una compuerta que sangra y delinea. Apelo a toda esa poesía que he ido recolectando. Flores en el sendero. Pequeñas habitaciones que me guardan del asedio. Tesoros que abrí sin querer o a consciencia. En ese balcón hacia el valle hice unos votos. Que tenían que ver con la búsqueda constante. Esperé que llegara la poesía. Pero no llegaba. Partí a buscarla. Salí de la pequeña habitación. Que venga el asedio si es lo que se requiere. Escuché la sugerencia maestra. Estaba en unos libros. En unos vínculos. En el silencio de la pequeña habitación al abrigo de la tormenta. El vendaval me encontró de todos modos. Yo que había buscado estaba preparada. Yo que había buscado me vi entre miles de pasillos con grandes ventanas rectangulares. Decidí pronunciar una oración porque en ese lenguaje había un significado. Si mi plegaria no se escuchó no pierdo la esperanza. Sigo recorriendo los pasillos en busca de esa poesía que no termina de asomarse.
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