Vivir es un oficio complicadísimo. Cada día hay que decidir vivir. Significa que uno tiene que saber su valía incluso en los días oscuros. Esos del cielo cubierto de nubes. De las preguntas más punzantes. En esos días queda el arte. La felicidad es el arte. Yo incluso en los días negros sé que sirvo para algo. Me aferro a eso. Como Diana Nyad cruzando el mar a nado. Una brazada tras otra y se ve el horizonte. Se toca el horizonte. Este día tiene que servir para algo, me digo. Voy a nadar un poco más. Tu ne lâches jamais l'affaire, me dijo ayer Jean. Me causó mucha gracia. Efectivamente nunca me rindo. Vivir es eso, ¿no? Decidir cada día que servimos para algo. Decir, ahí está Key West y yo voy a llegar nadando. Tiburones, medusas, no importa. Alucinaciones, luces de colores, no importa. Hambre, sed, no importa. Cansancio, músculos tensos, no importa. Tu ne dois jamais lâcher l’affaire. Escribir es igual que nadar hasta Key West. Igual que vivir y cada día decir sirvo para algo. Llegar a Key West pero la distancia se renueva cada día. Como Sísifo con la roca. Suena atroz. Pero no escribir pudiendo hacerlo es mucho peor. Es el infierno. Necesito llegar a Key West con las formas que me persiguen. Las formas que me hechizan, como las casas embrujadas. Hace poco descubrí a Eva Illouz. Esos encuentros son energía para ese nado. Voy instalando en mi alma todas esas autoras que me acompañan al dar una nueva brazada y el mar parece de nuevo algo acogedor, a pesar de las alucinaciones. Alucinar es ver monumentos imaginarios. Pero, ¿qué es lo real? Si siempre nos han dicho que no podemos hacerlo, y podíamos perfectamente. Alucinar es inventar libros que no existen. Esa es toda la ciencia. Nadar. Hasta que estás a punto de ahogarte, y no. Para mí vivir es deshacerme de todas las distracciones y nadar. Intento consistentemente lograr esto, pero a veces tropiezo porque me fascina hacer proyectos y porque hay que comer algo para poder nadar. Al final veo el lado positivo de eso otro que no es nadar, pero cuando la llegada a Key West se demora me exaspero. Al final no culpo a nadie de mis obsesiones. Las atesoro en mi alma para que me guíen en ese nado nocturno guiada por luces rojas. Son mías y les doy forma. Intento domarlas lo más que puedo pero son rebeldes. Tal vez porque saben que son el motor de las ideas. Me atormentan y me fascinan todos esos libros que tengo en la cabeza. La felicidad es crear. Alucinar hasta que todo encaja. Hasta que uno entiende hacia dónde iba el nado. La quintaesencia de una idea. Sus raíces y su alcance. Su contenido más íntimo. Su razón de ser y lo que va a modificar de este gran y extenso mar. Vivir es alucinar hasta saber que servimos para algo. Vivir es la decisión de crear. La felicidad es el arte que modifica la corriente. Vivir es nadar hacia la otra orilla sin rendirse.
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