4 de marzo de 2024

Creatividad II

Me monto en un caballo galopando a toda velocidad. Voy al encuentro de la creatividad. Me pongo de pie al borde del precipicio, y me lanzo el vacío. La creatividad suele interceptarme en medio de la caída libre, y me salva de estrellarme, como un paracaídas. Le gusta llegar cuando caigo al vacío, luego en el paracaídas me grita al oído para que pueda escucharla a pesar del viento supersónico, me dice: esta es tu forma, Andrea. Tómala. Una vez las dos llegadas a tierra prosigue la conversación, con un picnic. Un gran banquete, o uno escuálido, eso da lo mismo, pero hay una cesta y huevos duros, eso siempre. Una manta en el suelo, sal para los huevos duros, una baguette, y miel. Queso, distintas variedades de queso. A veces hay eso. A la creatividad le gusta el queso. Alrededor grandes pastizales. Eso es invariable. En realidad con ella todo cambia. Salvo los huevos duros. Le produce un gran placer comerlos, con sal. Si las condiciones lo permiten, son a la copa. Huevos a la copa. Con un reloj de arena que indica cuándo hay que sacarlos del agua hirviendo, para que tengan la consistencia a la copa. Escucho su palabrería incesante hasta que menciona algo que me llama la atención. A veces podemos estar todo el día y nada. No me voy a ir de aquí hasta que digas algo interesante, le digo. Parece castigo. No podrás pararte de la mesa hasta que me digas la forma de este presente, le digo. No llora. Está acostumbrada. Ni le da miedo. Sigue comiendo queso y observando las mariposas pasar, y yo sé que algo se está formando en sus entrañas. Entonces me lanzo encima y la abrazo. Con su consentimiento, claro. Luego le preparo un té, y acepta entusiasmada. A continuación la ceremonia continúa en un salón de té. Con galletitas dulces. Con vestidos pomposos de otra época. Es casi ridículo. El suelo es como un tablero de ajedrez. Las paredes con un papel mural con pájaros exóticos, en tonos verdes, rosados y dorados. Sombreros con plumas, con flores. Muy exagerados, gigantes. Lámparas de lágrimas monumentales. Como el salón de té le encanta, me confiesa todo lo que pensó. Durante su castigo en el picnic. A veces siento que la rapto. Lo que a ella le causa mucha gracia porque sabe que en el fondo soy yo la prisionera. Para ella todo es un gran juego. Mientras que yo dependo de ella. A veces no sé por qué se pliega a mis designios. Si su autonomía es total. Tal vez mi tozudez es mayor. Es una hermosa relación de reciprocidad e igualdad. Nos amamos como debería ser. Las dos ponemos de nuestra parte. Sacamos fuera lo mejor de cada una. Lo que ningún hombre ha logrado hacer conmigo de manera consistente en el tiempo. No los culpo. Mi relación con la creatividad es demasiado estrecha. Tal vez si supieran realmente compartir. Como si tener pareja fuera todo. Mi vínculo con la creatividad es lo más alto. Eso los confunde con el tiempo. No se dan cuenta que las cosas no compiten unas con otras. Una armonía es posible. El afán de posesión apaga la creatividad. No significa, todo fluido, y si te he visto no me acuerdo. Me acuerdo perfectamente. Te veo y quiero que seas la mejor versión de ti mismo. Pero pon de tu parte. Tal vez el vínculo más importante que he tenido hasta ahora es mi vínculo con la creatividad. Es íntimo y se mantiene en el tiempo. Tiene apariencia física. La creatividad es una mujer hermosa que me hace reír. Somos grandes amigas. Nuestras conversaciones son eternas, y rompen las formas. Las reuniones terminan invariablemente en la cama. Los orgasmos son libros. Mi cuerpo genera la sin forma en contextura de placer. Porque finalmente, para qué estamos aquí. Como no tenemos ni idea, mejor sentir placer. El dolor llega solo. Lo otro requiere un poco más de esfuerzo. El verdadero placer es negarse a lo mediocre. Abrirse a lo grande. Lanzarse al precipicio, cualquiera sea el precio. La creatividad es un trabajo, no un pasatiempo. 

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