Mis personajes son el reverso creativo de mí misma. El reverso creativo es el tras bambalinas de la ficción. Crear personajes es la posibilidad de independizarse de las obsesiones. Actuar de maneras que uno no actuaría. Responder cosas que nos gustaría decir, pero algo nos limita. La protagonista de mis libros es una versión mejorada y absurda de mí misma. Puedo reírme de ella cuando me parece necesario. La quiero pero no me siento comprometida. Somos independientes. Ella tiene sus propias ideas. Sus propias maneras de ver el mundo. Tiene una indiferencia que admiro a ratos. Me implico demasiado en todo. Poseo una sensibilidad que no me deja seguir a veces cuando presiento que algo es injusto. Lisa está por sobre los problemas. Enfrentándolos a través de ella me libero. Puedo ser tirana si hace falta. Puedo ser dura. Me lo permito muy poco en las interacciones cotidianas. No me gusta herir la sensibilidad de la gente. Vivir es tan pesado. La amabilidad me parece fundamental. El comprender todo hasta el último átomo. Lisa es la versión corregida de mí misma, es la versión realmente libre que puede llegar más allá porque la animan otros objetivos. Su impulso es estético. Es la pasión racional. Lo que yo no soy. Escribir ficción es trascender. Es una terapia intensiva. Puedo ridiculizar a Lisa y no le importa. A veces la siento como la protagonista de Frances Ha, haciendo cosas sin sentido, como la vida misma, a veces como una especie de Bridget Jones, y otras veces algo opuesto a eso, y así. La ficción es una libertad distinta a la que poseo en mis interacciones cotidianas. Me gusta Frances Ha porque es un compromiso con el lado irrisorio de la vida, el lado grotesco. Lo que me gusta de Lisa es que es hilarante. Recorre todo como si fuera lo más importante del mundo. A veces es idéntica a mí misma. Me encanta proponerle cosas y ver su reacción. Converso con el reverso creativo de mí misma. Tenemos veladas de grandes carcajadas. ¿Crees que sea buena idea decirlo así? ¿Crees que ese personaje va a enojarse si lo envío a esas circunstancias? Tal vez escribir es la locura absoluta. Un mundo paralelo repleto de personajes imaginarios que interactúan entre ellos. Lo más importante es la coherencia. Por eso el mundo no se puede dejar de lado. Los personajes tienen que tener su coherencia interna, tienen que tener anclas al mundo real. Instalarse en ciertas personalidades. Nos sentimos distintos pero somos grandes patrones. Por eso observar a las personas es un pasatiempo insustituible. Doy la vida por alcanzar las líneas matrices de cada persona. Todos los aspectos que se encuentran en un solo ser vivo. La locura es la incoherencia. La total imprevisibilidad. O el movimiento que está teñido por fuerzas negativas que no ven la luz y forman madejas de lana internas. A mí me gusta la imprevisibilidad coherente. La imprevisibilidad bondadosa. La que no daña. La locura puede dañar en extremo. Los impulsos oscuros, las interacciones interesadas, la envidia que destruye, la ansiedad, el dolor, el miedo. Me gusta filtrar cuando escribo. Sueño con un mundo sin violencia. Los personajes muy oscuros me desmotivan. Me gusta la locura creativa. La que sabe transformar lo oscuro en arte. La locura oscura es cobarde. Rompe sin noción de las consecuencias. De las secuelas en el mundo circundante. Quizá dentro convive el mayor daño, o no. La diversidad es una cosa. Pero otra es tolerar lo disruptivo que pasa como aplanadora porque su propio lugar le pareciera vedado. Algo del patriarcado es tolerar la violencia como normal. Difuminar las emociones. Hombres y mujeres estamos dentro de este esquema impuesto. La violencia no es normal. Por qué estamos expuestos a un arte que se afirma con estacas en la violencia como una razón de existir. Como una especie de naturaleza infranqueable de las cosas. Por qué la violencia tiene que estar en todo. Nuestras interacciones están mediadas por la violencia como algo inevitable. Mi reparto de lo sensible es crear personajes no violentos, tramas no violentas, escapar a la violencia ambiente, crear una atmósfera absurda que no se sienta atrapada por esos códigos impuestos. La literatura está organizada en tramas lineales y violentas. En personajes tantas veces oscuros que destruyen a los demás. Hay una agenda ahí que nos llega encima. Prefiero salir de ahí. Inyectar democracia. Lo complejo no tiene por qué ser violento, al contrario. La violencia es primaria y débil. Simple. Se nos exhibe como la naturaleza oculta de todas las cosas, lo cual no es cierto. Creo que lo que está en todas las cosas escondido es el humor. Esa capacidad de revertir lo impuesto. La facultad de la resistencia es la sustancia oculta de todo fenómeno. La transformación de eso que nos hicieron creer año tras año, era tras era, milenio tras milenio. Tal vez la tarea más relevante que llevamos a cabo es liberarnos de la violencia. Esa prepotencia en forma de conocimiento ineluctable. Nuestros cerebros pueden ser limitados pero nuestros cuerpos saben cuáles son los límites. Lo que yo quiero para Lisa es que sepa cuáles son los límites de su cuerpo. Es que sepa que no está obligada a consentir ante cualquier trama. Hay que desarmar esas tramas que se exhiben como necesarias. Gran parte de las cosas son accidentales. Lisa quiere ser realmente libre. La libertad es esa forma que pone atención al vendaval de mierda escondido tras la puerta. Ese vendaval de mierda accidental que está escondido en cada palabra y en cada trama. La forma es la libertad. Los personajes que se independizan de la estructura violenta. Hasta cuándo esta mentira: no es necesaria la violencia. No está en todxs nosotrxs intentando salir en forma de arte. En forma de genocidio. No más opresión. Decimos no a la violencia y dicen: moralismo. Hay una mentira fundamental ahí. Violencia no es sinónimo de libertad. Violencia rima sólo con violencia. Es como un campo separado del mundo, con la que han querido siempre alimentarnos. Resistir es hacer frente a la trama de la violencia, accidental en todos los casos. Mis personajes son el reverso creativo de una vida sin violencia. La trama es la incertidumbre porque eso nos constituye. Pero es el amor y la compasión las que deben guiar al humor. El amor y la democracia. El arte es amor y democracia. El reverso creativo de las expectativas de un mundo con esperanza. Lo interesante de crear es saltarse las tramas lineales que no interrumpen nada. Existir es incertidumbre y la posibilidad de hacerlo mejor. Mis personajes me constituyen porque son versiones de mí misma que encuentran nuevos espacios. La ficción tiene que ser una versión mejorada del mundo o mejor que no sea nada. La opresión ya la conocemos. La ficción es lo que nos libera.
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