22 de septiembre de 2024

Punk

Para Maria Luisa Espinoza Villar

El punk es tal vez la actitud de quien ama. La noción de poder romper todos los límites. Todas esas barreras infames que nos impiden estar con la persona que encandila nuestro deseo. Todo lo que nos impide el baile infinito. El punk es la indiferencia ante los límites. La sensación de la expansión absoluta. Ayer fue el cumpleaños de Maïa y bailamos punk. Con la familia de Maïa y nuevas personas que conocimos con quienes acordamos grabar una película, personajes estelares que rimaban al ritmo de rebeldía. La revolución 9 es punk, una ópera punk con coreografías necesarias. La revolución 9 es un punk tierno, porque de diversas formas es la existencia. Es sobre todo la sin forma. El rock punk que nos lleva a saltar y elevarnos del suelo de manera intermitente, de manera oscilante y compleja. Hoy se cierne el otoño, llueve, las hojas que empiezan a caer, ayer caminaba por las aceras y mi alma sangraba, porque existir está compuesto de baile exaltado y de interrogantes que sangran. Maïa se hacía cientos de preguntas, porque el cumpleaños es una maraña de cuestionamientos punzantes que luego se alivianan bailando punk. Porque en definitiva todo se trata de aligerar eso que abrasa para no quemarse del todo. Para no hundirse en el borde del río con la crecida del agua, con las olas sin tregua. La amistad tiene una consistencia que mitiga el existencialismo que evapora, que da un peso denso a cada paso hasta que luego cada pie parece llevar metal adherido y levantar el zapato cuesta, arrastrar todo ese otoño que hemos recolectado con los años. Cuando vuelve el otoño recordamos esas dudas invasivas, esos aspectos que aparecen y aparecen y no están resueltos. Maïa y su familia lo saben bien porque viven en las alcantarillas, como los poetas, como las tortugas Ninja, y comen pizza, igual que esas tortugas, y tienen sables y bōs, y nunchakus, y katanas, y sais, pero siempre es mejor armarse de poesía, como lo que sugiere Drexler, y lo más importante es no armarse demográficamente, como sugirió nuestro presidente, porque ahí el punk no cabe para nada, ni en las armas, ni en la demografía que lo desborda todo, ni en esas tareas que no dejan bailar punk porque te asignan todos los deberes, y a ratos ningún derecho, por ningún lado ese derecho, esos derechos. El punk es todo, igual que el amor, dar con esos límites para hacerlos añicos bailando y grabando películas que hablen de devoción hacia la poesía y lo que hace vibrar, que no se parece nada a las batallas que intentan llevar adelante en nuestro nombre, que no nos representan para nada, y lo que pedimos es que nos consideren, porque la consideración es el punk eterno, porque como dijo Rancière, el primer mal intelectual no es la ignorancia, sino el desprecio, es el desprecio el que hace al ignorante y no la falta de ciencia, y el desprecio no se cura con ninguna ciencia, sino tomando el partido de su opuesto, la consideración. El punk es la consideración que toma en cuenta. Donde todos cuentan. La familia de Maïa intenta tomar en cuenta y contar, relatar las historias, para llamarlos a todxs e interpelarlos y que despierten de una buena vez, para hacer las coreografías correctas, de danza moderna, contemporánea y flamenco, de trópico punk y agitaciones en el viento que lleva piedras en sus entrañas, que va soplando, soplando, y sube, sube, llega a la cima y explota hasta distorsionar esos márgenes que ahora son el centro porque ya era el momento, y por qué no, si también puede ser. Maïa anotó unas frases en el aire e iluminó la sala. Nos ha hecho feliz y le tenemos mucho cariño, finalmente, somos su familia, porque la amistad es siempre eso, una casa, para quienes están lejos del amor inicial y lo van buscando en la ciudad de los leones, donde ruge la existencia y siempre baila, y siempre la revolución: 9. Gracias, Maïa y por aceptarnos ser tu familia, por el gozo del arte, por tu humor que lo disloca todo y le permite recomenzar. El punk nos persigue y no nos dejará descansar. Mucho mejor así. 
 

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