30 de diciembre de 2023

El mar

Se creó el mar. Un día nació el mar. Un buen día empezó el mar y con él la fascinación de mi alma. Que esperaba algo grande. Sólo estoy contenta con lo inmenso. Con mucho amor y montañas rusas. La literatura nace de lo grande. De lo amplio. De las pequeñas cosas que son gigantes. La verdadera literatura nace del mar. De la música. Del vaivén rítmico de tu mirada que se parece al movimiento de las olas. De la fluctuación de tu alma que se parece al balanceo de las algas en la espuma. Háblame sólo, de nubes y de sal, como canta La Máquina de hacer pájaros. Mi alma está llena de pájaros aprisionados que surgen al sonido del mar y su profundo azul. Vi el mar y supe que mi alma le pertenecía. Me rendí ante la evidencia definitiva. Supe que el mar y el arte eran lo mismo. Necesidad de expansión. De algo grande. De salir de uno y perderse para siempre. Nunca ser y siempre ser. Vivir en una dimensión que es azul. Intensamente azul y asoleada. Nunca en esta dimensión. Siempre en el mar. Profundo en el arte. Sólo belleza y bondad. El mar es belleza y bondad. Nos entrega la oscilación de las olas. Sin detenerse. Sube y baja para deslumbrarnos. El arte refleja que subimos y bajamos. El amor es inestabilidad e inconstancia. Expansión y ahogo. Rocas talladas por el paso de las olas. Terminamos por ser una figura esculpida. El mar nunca me ha traicionado. Yo no lo he traicionado nunca. El espacio nuestros cuerpos ilumina, canta La Máquina de hacer pájaros. El amor, el mar y el arte son tal vez lo mismo. Nacieron en un mismo momento. Presencié ese instante. Quise ser arte para ser inmensa como el mar y el amor. Sólo mirando el mar entiendo el vaivén de las cosas. Mi alma se expande y sé que amo. Sé que el amor es más grande, como el mar.  

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