31 de diciembre de 2023

El atardecer

Donde nací el sol se hunde en el mar cuando el día acaba. Se cansa y se sumerge. Todos los días tiene energía para salir al día siguiente. Desde las montañas para volver al mar. Antes de que desaparezca le pido cosas. Música. Le pido. Rock progresivo le pido. Canciones. Cuerpos. Coreografías. Refranes. Fábulas. Le pido. Tráeme lo que sea le digo. Pero que tenga ritmo. Pero que tenga armonía y melodía. Guitarras y bajos. Le pido. La unión de todos los instrumentos que me devaste. Que me haga llorar. Que me haga querer vivir. Me quitan el sol, me sacan a dios, me secan el sudor y el sabor, ¿quién puede reír de tanto sufrir el frío y el calor y el dolor?, canta La Máquina de hacer pájaros. Tal vez sólo podría vivir de atardecer, música y literatura. ¿Y el amor? No se lo pedí al atardecer. Lo hundí en el agua. Parte le dije, pero vuelve mañana. Pero vuelve por las montañas. Parte por el mar, ¿pero estarás aquí al día siguiente? Confié en la música. Confié en la melodía, la armonía y el ritmo que había impreso a mis ojos. A mi piel. Pero el sol estaba tan cerca del horizonte. Quedaba tan poco. Parte, le dije. Tengo la música. Tráeme lo que sea pero que tenga ritmo. Pero que sea sin miedo. Sin culpa. Pero que sea amor. Pero que tenga la consistencia del atardecer, que toma la forma de amanecer al día siguiente. El sol estaba en el borde de hundirse en el abismo. De traer la oscuridad. Pero volverás al día siguiente, le dije. ¿Cierto? El atardecer mudo. La Máquina de hacer pájaros. Le pido a la música que me salve. Tráeme lo que sea, le digo. Pero que tenga ritmo. Pero que no esté cubierto de nubes. No sé si el atardecer me escuchó realmente alguna vez. Le pedí un sinfín de cosas. Se fue sin más. Tráeme música, le dije. Tradúceme las cadencias de tu amor en las sombras. Se va el sol. Me queda el mar oscuro. La esperanza del amanecer. La música. Quizá el atardecer nunca me escuchó realmente. Dejé de pedir. Partí con el sol. Renací al día siguiente. La música del atardecer la guardé en mi alma. La olvidé. Igual como me olvidó el atardecer. Acuérdate, si vas a volver que tenga ritmo. Que sea rojo como el atardecer. 

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