Estaba con Agustina y Margarita, mi pequeña ahijada y mi pequeña sobrina. Dos seres humanos muy divertidos. Soñé que tenía un pololo, les conté. En Chile, pololo significa dos cosas: un novio o un insecto que se adhiere a la ropa. Cuál de los dos, preguntaron. El insecto, contesté, por supuesto. La pequeña Margarita quiso saber entonces si yo tenía novio. No, le dije. Entonces la pequeña Agustina, que tiene unos años más, dijo, Cuqui, yo creo que ya estás en edad de tener novio. ¿Cuántos años tienes? Estás en edad de casarte ya, de hecho, dijo. Cierto, Agustina, le dije, en efecto me casé dos veces ya. Me miró sorprendida. ¿Y tú mamá, sabe?, me preguntó susurrando y abriendo los ojos, con la mano junto a la boca como haciendo una barrera para que nadie más pudiera escuchar su pregunta. No sé, le dije, preguntémosle si sabe. Fuimos a preguntarle. Mi mamá sabía. Fuimos más tarde a pasear caminando a la librería, mi paseo favorito, y luego querían correr por todos lados. Mi mamá las autorizó a comprar dos libros cada una. En la heladería, Agustina le comentó al señor de la mesa contigua que ella había comprado dos libros, pero que su madrina Cuqui había comprado como treinta mil, que parecía haberse vuelto loca. El vecino observaba. Yo le expliqué a Agustina que la regla de dos libros no se aplicaba para mí, porque yo vivía en un lugar donde se habla otro idioma entonces era importante conseguir libros en mi idioma natal. No se veía convencida con esta diferencia de criterios. Mi mamá le explicó, lo que pasa, Agustina, es que cuando uno es escritora tiene que leer muchos libros, por eso. Agustina luego preguntó si podía ir a explorar, porque la aventura era lo que más le gustaba, y dijo exactamente lo siguiente: a mí lo que más me gusta es meterme en problemas. Partió luego a correr por ahí, con Margarita, mientras mi mamá y yo terminábamos nuestro helado con café. Café-helado le llaman aquí, es fantástico. Vaya, me dijo mi mamá, Agustina es como su madrina. Para qué hacerlo fácil si difícil también resulta. Agustina es de las nuestras: una aventurera. No tuve oportunidad de indagar a qué se refiere exactamente con meterse en problemas, pero ya habrá ocasión. No daré ninguna idea, lo juro. Que cada uno invente su aventura.
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