7 de diciembre de 2023

Creemos a los leones

Mi pequeña ahijada Agustina me había dicho que la ciudad se llamaba Lyon, pero no hay leones, me hizo ver el gran error cometido, se equivocaron de nombre, me dijo. Tienes toda la razón, Agustina. Noches en vela pensando en esto, intentando resolver este problema. La ciudad se llama Lyon y no hay leones. A quién se le ocurre nombrar Lyon a una ciudad en la que no hay leones. ¿Y ahora qué? La inquietud de Agustina era atendible. Y yo haciendo malabarismos. Horas de reflexión. Convicción profunda. Tienen que haber leones. Por alguna parte. Se escondieron. Tienen miedo. No existen. Vuelan. Se estacionan. Reptan. Se escabullen. Atacan. Rezan. Leen. Di con una solución. Llamé a Consuelo, mi amiga creadora de criaturas. Consuelo, le dije, la ciudad se llama Lyon, pero no hay leones. Se equivocaron de nombre. Necesito que crees un león, es urgente. No puedo llegar con las manos vacías. No hay leones, pero yo necesito uno. De acuerdo, dijo Consuelo. Con una habilidad fantástica, creó un león y le puso Roberto. Me lo envió por encomienda. Llegó Roberto junto con Ester, el ciervo, para Margarita, mi sobrina. Tomé el avión muy lejos junto con Roberto y Ester y llegué a destino. Agustina, le dije, sí hay leones. Tuve que pedirle a Consuelo que creara uno. Especial para ti. Agustina observaba. Le extendí a Roberto. Agustina tomó pétalos de flores y le creó una cama. El único león de Lyon ya no estaba en Lyon. Ahora estaba en las manos de Agustina. Gracias, me dijo, con una gran sonrisa. Lo que viene ahora es crear a Frankenstein. ¿Por qué no? ¿Queremos leones? Agustina, ¿quieres a Frankenstein? le pregunté. ¿A Frankenstein? me respondió. Quiero mi león, dijo. Yo voy por Frankenstein, le dije. Para qué queremos leones si podemos tener a monstruos que se destruyen solos. Consuelo, necesito a Frankenstein. ¿Ahora? Ahora. Te mando la dirección. Es lejos. Cómo se va a llamar. Cambiémosle el nombre. Se equivocaron de nombre. Frankenstein y el león. Agustina, ¿leíste Frankenstein y el león? Pero si todavía no lo escribes. Frankenstein no ha llegado. Cuándo llega. Cansada de crear leones. Léon de Lyon perdido y yo creando a Frankenstein. Agustina, los cuentos se agolpan en tu cama de pétalos de rosa. Que vuelen los cuentos, tal vez no sea necesario crear a los leones. Quizá estábamos finalmente equivocados, Agustina, ¿importa? No hay leones.   

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