Ser mujer e inmigrante es ser traicionada casi todas las veces. El poder protegiendo a los poderosos. El racismo decidiendo contra los que no tienen el poder. El presidente defendiendo a un abusador. El congreso dictando leyes que hacen añicos los derechos humanos que van alcanzándose con gran esfuerzo. Escapas de la violencia, la precariedad, y te llega más fuerte, más fuerte. Sueñas con una vida mejor y tu sueño no tiene cabida alguna en el mundo. Muere, te dicen, muere. Acábate, arrodíllate, pide perdón, besa nuestros pies, somos los que vamos a organizarlo todo y vamos a someterte. No dejaremos de someterte. Cállate y soporta. Sopórtalo todo. Porque todo es nuestro. No lo es. Nuestra es la dignidad y la lucha. Nuestros son los derechos. Nuestra ética está intacta. Nuestra autoestima. Nuestra felicidad. No han ganado y no van a ganar. Quieren pelear. Podemos hacerlo. Hemos aprendido. Nos ha hecho falta. Quieren nuestro trabajo, tendrán también nuestra voz. Tendrán también nuestra acción. ¿No tienen miedo? Tal vez debieran tenerlo. La solidaridad y la sororidad han llegado mucho más lejos de lo que esperaban. Sigue avanzando. Siempre avanzando. ¿Tuvieron miedo? ¿Reaccionaron? Las cosas que hacen y hacemos toman forma. Tienen consecuencias. ¿Quieren seguir en un mundo desigual? Tengan miedo entonces. La solidaridad y la sororidad son invencibles. Si hay que pelear podemos hacerlo. Con nuestros métodos, que no son abyectos como los de los poderosos. Si hay que pelear podemos hacerlo. Resistir es lo que mejor hemos aprendido.
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