No estoy acostumbrada a tratar con niños. Luego de jugar con Agustina y Margarita, mi ahijada y mi sobrina, les propuse una idea excelente: juguemos a leer. Primero le propuse a Margarita y no me fue bien. Luego le propuse a Agustina. Agustina, le dije, tengo una idea muy buena, yo me siento aquí, y tú aquí al lado mío, y leemos. ¿Qué te parece? Agustina trajo un libro de cuentos y aceptó. El juego duró el rato que duró el libro de cuentos. Yo leía la vida de Britney Spears. Cuando Agustina terminó su libro de cuentos sobre una familia ardilla, quería jugar luego a otra cosa. Pero la vida de Britney Spears no había terminado en lo que duraron las aventuras de la familia ardilla. Le propuse a Agustina que leyera otras aventuras. Me fue mal. Ahora quiero jugar a otra cosa, dijo. Al restaurante. Buena idea, le dije, yo leo aquí, en tu restaurante, ¿sirves café? Parecía sospechosa mi propuesta. Mi interacción iba a ser baja. Tenía que llegar a la última página de la vida de Britney, y había ya jugado a tantas cosas, sentía que ya estaba lista para toda la semana. Mi modificación del juego del restaurante no le pareció. No había caso. No podría enterarme todavía cuál era la continuación de la vida de Britney. En cambio había aprendido un sinfín de juegos. Los que a mí me parecían los más entretenidos no parecían interesarles demasiado. Aceptaban a regañadientes. Mi capacidad de adaptación ha llegado a unos niveles sin precedentes. Estoy orgullosa de mí misma. Y todas las variaciones del juego de leer que se me han ocurrido. La imaginación en caso de necesidad es salvaje. Realmente wild, como Britney. Finalmente pude terminar las no tan felices aventuras de Britney. Qué buen libro. Si tan sólo pudiéramos tomar realmente nuestras propias decisiones y ser libres. Incluso en nuestros juegos. Estoy muy contenta que el juego de leer tiene su espacio en mi vida. Un gran espacio. Independiente de que lo he pasado fantástico jugando con Agustina y Margarita. Creo que las dosis pequeñas, como ellas mismas, de esos otros juegos que no son leer, son las ideales. Y ojalá nadie estuviese nunca bajo tutela, como Britney. Que no se juegue más a que los adultos tomen decisiones que parecen juegos. Es lo más serio que hay, las decisiones. Cada uno jugará a lo que tenga ganas, ¿qué les parece, Agustina y Margarita? Que la imaginación sea wild. Yo sé hablar inglés, dijo Margarita, sé decir yellow y blue. Margarita, saber dos palabras no es hablar ese idioma, dijo Agustina. Es cierto, le dije. Imaginemos las otras palabras.
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