13 de enero de 2023

Un carroussel vacío

Escribo y luego quedo vacía, un carroussel vacío en el crepúsculo, como escribió Pablo Neruda. En los crepúsculos hay ciertas respuestas al vacío. Las justas y estrictamente necesarias. Para qué ambicionar lo que delira. Para qué olvidar a los muertos que navegan en el vacío. A los que están enterrados en tierra. A los que flotan. Escribo y luego quedo flotando en el carroussel. En las dimensiones posibles. Escribo y pido un día morir y ser enterrada en la tierra, o flotar en el mar, pero liviana. No hundirme. Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo, como escribió Neruda. Lo voy cargando de aquí para allá y ya no sé dónde estoy ni recuerdo cuándo partí. Pero sé que escribo y quedo vacía. Pero es un vacío sideral, que lo abarca todo. Un hoyo negro capaz de arrastrar los océanos completos. Una plenitud de cansancio sideral, de años en el carroussel. Si tuviese que elegir algo elegiría los timbales. Elegiría ser esas algas que van para acá y para allá en la espuma cada vez que la ola se apersona. Sinceramente, nos han exigido mucho. Lo dimos todo. Quedamos vacíos. Escribimos y entregamos. Nuestros pobres cuerpos escriben y cantan, y de las olas ni hablar. Hasta cuándo habrá que decirlo: yo lo que quiero es amar y a veces ni eso me entrega el crepúsculo. Sólo un carroussel vacío, sólo una promesa de infinito en una botella a la deriva. Una isla. Negra y redonda. ¿Y esto no acaba?

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