La literatura devuelve a la vida a los muertos. Vuelven en forma de palabras, de recuerdos. Les entrega la dignidad de la materialidad. Me gusta entregarles frases. Invitarlos a convertirse en vivos. A quedarse un rato más. A profundizar en todo eso que entregaron. Agradecerles por haber existido. Por todos esos gestos y todas esas sonrisas. Si tenemos el mar los tenemos también a ellos. Están desparramados por las olas. Yo tuve a esos vivos y ahora tengo a esos muertos. Poseo una gran riqueza. Quizá partieron para darle espacio a otros vivos. Quizá partieron para fundirse con el mar. Quizá están vivos y nosotros somos los muertos. Quizá nosotros somos los personajes de novelas y de textos. Yo quiero estar viva de verdad. Quiero conocer a los muertos por su nombre. Quiero conocer a los vivos por su nombre. Quiero también, un día, fundirme con el mar. Quiero que haya vida después de la muerte, quiero volver a verlos por un rato. Quiero ser un personaje y entrar realmente en la vida. Todos mis muertos son todos mis bailes. Todos mis vivos son todos mis días.
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