Los textos que componen este libro fueron escritos entre fines de noviembre de dos mil veintidós y enero de dos mil veintitrés, durante una estadía en Santiago de Chile e Isla Negra, región de Valparaíso, Chile. He dejado atrás el lugar donde nací, pero vuelvo a él de cuando en cuando. Al calor de sus días y los abrazos de quienes tanto quiero. Mi patria son las personas que quiero, y me quieren. Mi biblioteca. El agua. Donde ella está hay vida. He dedicado este libro a mis amigos Charo Cofré y Hugo Arévalo, porque además de la amistad, personifican para mí lo mejor de Chile: la poesía y la música. Tuve mucho de eso en mi Chile natal. Chile es un país muy largo, pero es al mismo tiempo pequeño, una parte ínfima de su territorio está habitado. Han vivido y viven en él personas geniales, personas que saben y supieron resistir. Ellas y ellos me hicieron creer en la posibilidad del amor. Me impulsaron a seguir buscando. A partir. Me enseñaron lo que creo que más agradezco: la libertad. El amor a la posibilidad de la libertad. La literatura vive en ella. Los nuevos horizontes me han entregado cosas invaluables. Pero nunca olvido de dónde vengo. Nunca olvido de dónde surgieron los versos. Del lugar donde habita la literatura: la resistencia. Chile es resistencia. Una resistencia interminable. Lo interesante es amar lo mejor de cada mundo. Ser feliz donde se está. En cada momento. Pienso que tengo mucha suerte de llevar conmigo dos mundos. Moverse es crear empatía. Amar lo que se fue, lo que se es y lo que se será tal vez. La lengua es el regalo más grande que he recibido. Cada una de sus palabras. Todos sus significados. La totalidad de sus sentidos.
Andrea
Lyon, enero de 2023
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