6 de enero de 2023

La lección de humildad

No hay nada que me guste más que el sonido del mar. Esa naturaleza salvaje del océano rompiendo contra las rocas. Lo único que me gusta más es mi enamorado (ex). El recuerdo de su risa es la perfección absoluta. La inmensidad del océano es una lección de humildad. Esa pequeña porción del todo que constituimos. Nos fundimos en el paisaje hasta desaparecer. Es inabarcable tantos kilómetros de agua, de vaivén eterno, sin final. Cuando todo acabe qué voy a entregar: un puñado de escritos a la deriva. ¿Eso es todo? Quizá alguien me recuerde con cariño. Todo quedará en el aire. Todo partirá mar adentro hasta desvanecerse. Quizá quede una música que resuene y haga despertar a quien intente dormir. Una música suave como el sonido del mar, que invite a soñar. Olvidarte es como conducir una balsa en la tormenta: nunca sabes si vas a salir de ahí con vida. Ser inmigrante es una lección de humildad: nunca sabes si vas a salir de ahí con vida. Es presente absoluto. No hay ataduras ni plataformas. Sólo balsas a la deriva cargadas de sueños. La muerte es una lección de humildad: nunca sabes qué es lo que le entrega a la vida. Nunca sabes bien qué es lo que queda. ¿Qué son los recuerdos? El mar se los lleva lentamente. Puede volver a dárseles forma. Se transforman. Tu perfección me devasta. Estoy consciente de los problemas de nuestra relación, y cambié. Lo único que pido para esta vida es estar contigo. 

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