Las mujeres, escribe bell hooks, tienen que saber que pueden rechazar la definición de su realidad que dan los poderosos, que pueden hacerlo incluso si son pobres, explotadas o están atrapadas en circunstancias opresivas. Tienen que saber, afirma hooks, que el ejercicio de este poder personal básico es un acto de resistencia y de fortaleza. Muchas mujeres pobres y explotadas, especialmente mujeres no blancas, prosigue bell, habrían sido incapaces de desarrollar conceptos positivos de sí mismas si no hubieran ejercido el poder de rechazar las definiciones de su realidad que le adjudicaron los poderosos. Aunque las mujeres que organizaban el movimiento feminista y participaban en él, explica hooks, no eran para nada pasivas, no asertivas o incapaces de tomar decisiones, sí perpetuaban la idea de que esas características eran rasgos típicos femeninos, una perspectiva que reflejaba las interpretaciones del supremacismo masculino sobre la realidad de las mujeres. Yo miré el mar y pensé cosas. Miré el campo y pensé cosas. Me sumergí en el bosque. Pensé más cosas. Veía un sinfín de pájaros pasar, y detenerse en el follaje. Admiré el sinnúmero de mamíferos que se me cruzaron. Luego en el silencio fueron tomando forma más nítida las definiciones. En la ciudad fueron adquiriendo un rostro. Millones de rostros al calor del sol y la opacidad de la luna. Las definiciones fueron llamándome de a una. Me sacudí de encima algunas de las que me habían entregado. Necesitaba hacer espacio. Hubo momentos en que las definiciones se me perdieron. Intenté con más ahínco hacerlas recitar su verdad. Sabía que habiéndolas encontrado, persisten. Lo que se tiene para entregar es independiente de quien va a recibirlo. Lo importante es entregarlo, y algún día, quizá el menos esperado, alguien lo recibirá. Todos los seres vivos caminamos en la misma fila india hacia el amor y la sabiduría.
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