Voy con todos mis muertos a cuestas. Me acompañan. Me dan cobijo cuando es necesario. Los siento en mi salón y les cuento historias. Quizá no hayan encontrado el camino a casa. Me ayudan también a encontrar el camino a casa. Sé que en algún lugar ríen de todas las barbaridades que se me ocurren. Sonríen de las palabras que quiero entregarles. Los quiero tanto. Tal vez se acompañen también entre ellos, esperando que lleguemos. Tal vez estén en la gran ola que rompe contra las rocas con fuerza. Tal vez estén aquí mismo, ahora, meciéndose al viento. Tal vez sean música. Flores. Pájaros planeando en el cielo azul, dueños del espacio. Tal vez es una energía tan potente que está en todos lados. Que se lanza en picada al mar. Yo tengo a mis muertos y es bastante. Les voy comentando sobre el presente y el devenir. Les pido opinión sobre las dudas y los abismos, los que deben conocer. Quizá hay un espacio en el mar, reservado para quienes parten. Una gran fiesta de muertos entre las algas. Quizá están riéndose, aliviados de tantos peces que hay para comer. Encantados de bailar en el vacío. Les pregunto si todo va bien por allá. De qué color es la fiesta. Lo que es seguro: los recuerdos son vida.
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