Lo que me ha llegado más profundo sin duda en tanto aventura es la militancia feminista. Más que cualquier otra experiencia es el fuego verdadero: modificar. Acción colectiva. El próximo año serán 10 años del movimiento MeToo, la revolución de la palabra, y de la escucha, sobre todo: yo te creo. Entre otras agrupaciones feministas, participo desde hace seis años, sagradamente los jueves cada dos semanas en Parchadxs, un colectivo feminista y antirracista latino con base en Lyon. Fundado el 8 marzo de 2020, su nombre hace alusión al parche utilizado sobre un ojo por las personas que perdieron la vista en las manifestaciones sociales en Chile el año 2019. Es un colectivo compuesto por personas de origen latinoamericano y de origen francés o europeo, con vínculos con la cultura latinoamericana. Tiene como principios: el activismo, la sororidad, la justicia, y la autonomía. El colectivo ha generado un espacio de conversación y reflexión sobre temáticas feministas y antirracistas, con un énfasis particular en los temas que atañen a la comunidad latina de Lyon. Un diálogo cultural, donde se pone esfuerzo por descubrir, conocer y valorar los aportes de los feminismos latinoamericanos para hacer frente a las problemáticas globales. La agrupación participa en marchas y manifestaciones feministas, va poniendo el foco en las denuncias relativas a violencia de género, ha logrado frenar pacíficamente a personas denunciadas en la justicia por violencia cuando son contratadas en eventos culturales, advirtiendo y evitando así nuevas víctimas, apoya y participa en iniciativas feministas y de artistas latinas, y comparte contenido feminista y antirracista en relación a la comunidad latina en Lyon. Organiza encuentros culturales y solidarios, e incentiva la unión de la comunidad latina y francesa, organizando, compartiendo y participando en actividades abiertas. Es un colectivo de personas feministas voluntarias donde se escucha a toda persona que lo requiera, y se intenta crear estrategias en grupo, sin perjuicio de no tener la capacidad de llevar casos particulares. En esta línea, el grupo redactó y comparte una guía informativa y de orientación para las personas latinas, con objeto de dar a conocer los organismos pertinentes en Lyon. Toda persona de valores feministas y antirracistas, que viva en Lyon y quiera integrar el proyecto Parchadxs es bienvenida. Yo he disfrutado en grande, además de comprender cómo se articula el trabajo colectivo con las modificaciones al presente. Es un quehacer muy exigente, en lo ético, relacional, institucional, teórico y estratégico, pero le ha dado un nítido sentido a lo que significa la acción. Van a ser 10 años de la revolución. Nadie que haya ingresado a este movimiento puede haber salido del mismo modo: simplemente existir es distinto. La aventura del consentimiento. De la igualdad y la libertad. A mí también. Jueves cada dos semanas: la revolución se construye conversando sobre lo que hay que modificar. La acción colectiva y pacífica es la aventura definitiva. Imaginar en grupo. Sabiendo que todo es cierto y que el silencio ya no. Yo te creo. Van a ser 10 años, no te vayas a olvidar: denuncia. Jueves cada dos semanas: es la revolución.
13 de agosto de 2026
12 de agosto de 2026
Aventura XIV - XVII
Aventura XIV
La aventura de mi existencia desprovista de hombres, alcohol y fiestas, me conviene perfectamente, como se dice en este país. Bueno, a veces hago excepciones. Toda regla se sostiene en sus excepciones. Este estado de cosas se ajusta acertadamente a mi personalidad de lobo solitario y de ratón de biblioteca. Ser un lobo y un ratón. Me gusta la dualidad. Pasión y fuga. Una bestia carnívora abandonada a su propia suerte en el bosque, y un ínfimo roedor atrapado entre torres de libros. Tengo esas costumbres. Las que imaginan un presente. Me debato a la deriva entre tramas de fantasía. La literatura es simplemente un milagro. Mis citas son con libros. La aventura de leer. Ahora estoy tomándome un té con “Bad feminist” de Roxane Gay: qué maravilla. Miro las aplicaciones de citas con personas a veces, no crean. Con espíritu de etnóloga. Imaginar esas citas ocurriendo en el mundo físico se me hace más difícil, sin embargo. ¿Tendré una enfermedad? Una imaginación deficiente para algunos temas. Tal vez es eso. A fuerza de variadas relaciones hay demasiada información disponible. Imaginar, en ese aspecto, no tiene que acercarse a mentirse a una misma. Vamos al punto: se requiere una paciencia de oro. Lo mismo inversamente. Darle una prioridad que tal vez una no está dispuesta. No todos los proyectos son compatibles. En la balanza, ¿igualdad, simetría, reciprocidad, libertad? Desde que vivo en Francia, con tres personas he ido a Chile para las fiestas de fin de año. Con Jean llevábamos un año de relación y a la vuelta nos fuimos a vivir juntos, y cuando viajamos al año siguiente nos casamos. Con las otras dos personas puse fin a la relación en cuanto volví de Chile, una relación de tres meses, y una relación de seis meses. Creo que en ambos casos no comprendía exactamente lo que estaba haciendo, a diferencia de Jean, que lo supe desde el primer instante. La aventura relacional no siempre es exitosa. En los libros encuentro consuelo. Mientras imagino la nueva arquitectura de las relaciones.
Aventura XV
Creo que un duelo es sacarse del cuerpo a la persona. Separarla de uno, verla como un ente independiente. El lento dejar ir de la fusión de dos cuerpos. Luego de varios años existe una inevitable simbiosis. No digo que sea deseable, simplemente sucede. A mí me acontecía con Jean que estábamos tan conectados, que percibíamos cualquier mínima variación del ánimo de la otra persona, lo que nos sumía en la alegría o el desasosiego. Creo sobre todo porque nuestras oscilantes personalidades nos entregaban una amenaza, un riesgo cierto. Teníamos unos ciclos infernales, el cambio de las estaciones nos marcaba a fuego. Entonces todo volvía y grandes dudas. En definitiva nuestras constituciones de lobos solitarios a veces tenían dificultad para encajar. Pero luego de cinco años encontramos una modalidad que a mí me parece se acoplaba bien a nuestras dualidades. Vivíamos juntos el fin de semana, y separados en la semana. Sin perjuicio de que hablábamos todos los días. Cada uno estaba a sus anchas en la semana y era posible concentrarse en los proyectos de ese momento, y los fines de semana eran un paraíso, donde estábamos enfocados en encontrarnos, compartir, reírnos, asistir a panoramas culturales, comer en restaurantes, conversar tomando cerveza en bares y disfrutar del jardín, el sol, y nuestra inmensa piscina maleable. Estuvimos así tres años. Luego en un momento, que lo recuerdo nítidamente, todo empezó a ser cuesta arriba. Como si nuestros cuerpos ya no lograban encontrarse. Como si esas oscilaciones, dualidades y dudas comenzaron a tomar la delantera, instalándose de manera definitiva. Pero fue como si algo se desencaja, de un instante al siguiente. Una cierta distancia que ya no es posible acortar. Seguimos un año más, pero con una certeza oculta, sobre todo de parte de Jean, de que no sería fácil componer el presente. Yo estuve siempre en la negación absoluta, sigo ahí. Pero luego de cuatro años he tenido que abocarme al duelo en cuerpo y alma. Trabajar en esa separación imposible de los cuerpos, al tiempo que el encuentro completo es siempre inaccesible, en lo más profundo, siempre hay un resto, una pérdida, una fuga, una salida, un tajo, una grieta. Es lo que permite que se materialice el duelo y no quede en el aire, o en el cuerpo. Porque luego de sacarse del cuerpo a la persona hay que extraer el duelo de encima. Otra etapa más. Ahí estoy yo, diciéndome, sí, existió, pero ya es hora de renunciar. Siempre pensé que era imposible renunciar.
Aventura XVI
Qué hice yo, me lancé a las librerías. Así como Bolaño se lanzó a los caminos. Ayuda, por favor, les dije. No sé cómo se hace esto. Vine a este país a vivir con el amor de mi vida. Ahora tengo que sacarlo de mi cuerpo. Apropiarme del espacio. Lo llené de libros. Así no quedaba sitio para la ausencia. Aunque esa estaba en todas partes. Se colaba por los lugares más inusuales. Como agua entre las manos. No hay manera de retenerla. Llega. Se abre curso, alcanza cauce. De pronto el departamento completo era ausencia. Observaba con detenimiento las páginas pasar, así mantenía ocupado a mi cuerpo en el delirio. Don Quijote no es nada al lado de lo que yo me convertí leyendo novelas de caballería feminista. Qué diantres ocurre. Lo anoté en una pizarra. Con tiza. Subrayado. Algo, claramente. Estoy aquí en este piso y tengo que sobrevivir, lo comprendí a cabalidad muy pronto. Tengo que sobrevivir como sea. Diagramas Gantt, gráficos, objetivos, mapas, estrategias de guerra, manuales de cortapalos, cartografías de estrellas, volúmenes de poesía. Ahora me causa gracia mi pragmatismo, que me salvó la vida. Cuando terminé las ecuaciones habían pasado varios meses y todavía no sabía realmente donde estaba parada. Me dediqué a crear grupos y a incendiarlo todo. Resultó. Probablemente lo mejor que me ha pasado es leer y el feminismo. Sobreviví.
Aventura XVII
La gran revolución es escribir. Es vaciarse en la hoja. Dejar de ser. Completar el duelo llenándolo de palabras. El duelo de existir en terreno rocoso, el duelo de cada día que se va. De cada mañana que llega. Mientras dura. Yo hago la revolución escribiendo. Desposeyéndome. Siendo trozos de pan para las palomas. Esperando eclipses. Sin lentes. No tengo los lentes. No quiero quedarme ciega. En la tarde en el sofá repaso las líneas que van a iluminarme. Lo que me indicará un camino. Alguna idea que se separe del resto de las ideas. Cada libro contiene alguna o varias. Recorro las páginas hasta que las encuentro. Es una expedición riesgosa. Dar con las palabras de la revolución. A mi turno redacto las frases de la revolución formadas a partir de esos otros libros. Esos que modifican. No todas las obras tienen esa capacidad. Tal vez tomar el duelo en las manos ayuda. Decir: no vas a matarme. Decir: no voy a mentir. Decir: no voy a engañar. Presentarse al baile con traje conseguido especial para la ocasión. Dar la cara: aquí estoy. Lejos, y tan cerca. Esperando que se acabe aquel amor y el miedo a la soledad, la deportación y la persecución política. Tengo libros que ofrecer. Redacté mi propia revolución. Fue una aventura. Pero siempre en grupo. Existimos junto a los demás. La imaginación colectiva es la que llega alto. La de la soledad y la del carnaval. Yo redacté los versos de la revolución porque así era más real. En las noches en la inmensidad de mi habitación en penumbras reconozco las sombras. Ya no me alcanzan. Partí lejos. Así fue más fácil. Yo redacté los versos de la revolución porque así se puede vivir. Y eso siempre fue lo real.
Aventura XIII
El matrimonio es una hermosa aventura, fue mi caso, pero en ocasiones se acaba, lamentablemente. La nueva aventura es que no estoy consiguiendo divorciarme, por varias razones, todas de peso. La primera es que todavía estoy enamorada de Jean, creo que esa es la más determinante. La segunda es que me encantaría seguir formando parte de esa maravillosa familia. La tercera es que no tengo vínculos legales en este país con nadie más que con él, Jean, le dije, imagínate, me atropellan y en la morgue como NN, nadie a quien llamar y enterrada en la fosa común. Bueno, Lisa, me dijo Jean, igual me puedes llamar si pasa cualquier cosa, tú sabes. Jean, estoy hablando del caso de un estado en que no te pueda llamar, y alguien tenga que hacerlo por mí. En cuarto lugar, si gana la extrema derecha, y elimina la doble nacionalidad, todo terminaría, Jean, le dije, esperemos a que me llegue el pasaporte español y ahí vemos. De acuerdo, Lisa, me dice Jean, que comprende todo y de cuya perfección ya están al tanto. En quinto lugar, voy a tener que ocuparme yo de la declaración de impuestos que hacemos juntos cada año. En sexto lugar, vamos a tener que hacernos cargo de nuestra fascinante fusión total. Número siete, mis quehaceres activistas pueden jugarme una mala pasada y estar como Rambo absoluto parece una mala estrategia. Número ocho, estamos casados en Francia y en Chile. Apartado noveno, nuestra abogada en Chile, una amiga mía, se puso manos a la obra y muy pronto todo quedó detenido porque para representar a Jean necesitaba su identificación chilena y una clave que se usa allá, y Jean no tiene nada de eso, ni cerca, y divorciarse en Francia no sirve porque si no hay una sentencia judicial, que implica un alto costo y largo proceso sin sentido, no puede inscribirse en Chile. Inciso décimo, cuando en un momento intenté hacer el cese de convivencia en Chile por mutuo acuerdo, en el consulado chileno de París me dijeron que tenía que gestionarlo con el registro civil de Chile, y en el registro civil de Chile me dijeron que tenía que gestionarlo con el consulado chileno de París, o inventar que Jean vive en Chile y dar un domicilio cualquiera, a lo que por supuesto me negué, y lo que indica la extrema organización y claridad de los organismos y sus funciones en la administración del Estado de Chile, y su transparente incentivo a la probidad. Por último, aunque seguro se me quedan cosas en el tintero, como yo nací en el reino de la ambigüedad y la habito, este estado del arte no me molesta especialmente, aunque identifique los beneficios de otro estado del arte. En conclusión, sólo falta que se acabe el amor y el miedo a la soledad, la deportación y la persecución política. Como puede advertirse sin dificultad, el matrimonio es una extraña mezcolanza de cosas y una institución a observar de cerca, un amasijo de afectos, de contratos y de categorías, el gran pilar de nuestra impecable sociedad. Pero se acaba y luego qué. La aventura de casarse es apasionada, y la de divorciarse en cambio totalmente ingrata, sobre todo cuando una no tomó la decisión de separarse. Tal vez lo que me consuela es lo siguiente: volvería a hacerlo. Quizá sea el momento de imaginar una manera distinta de organizar los vínculos. Formas flexibles, abiertas, amables, que se mantengan en el tiempo. Volvería a hacerlo.
11 de agosto de 2026
Aventura XII
Cada libro que leo es una gran aventura. Como la selección la hago yo, el éxito no está asegurado, pero hay más posibilidades. Me guío por lo que está en los libros, lxs autorxs citan a otrxs autorxs, y en una especie de intuición basada en lo pragmático de este oficio. Veo que las personas escriben pequeñas reseñas y recomendaciones de libros, lean este, no se pierdan este otro. Hay como una suerte de explosión de recomendaciones, ¿no? Yo me dije, tal vez debiese empezar a compartir mi fascinante bibliografía, y escribir reseñas con el corazón, que saquen lo mejor de cada libro, en vez de aportillarlo, como ese acercamiento bien beligerante de la crítica. Como el oficio literario de la escritora no alcanza ni para el café de la mañana, yo me dije, quizá con esas reseñas y recomendaciones gane mucho dinero, muchísimo, para varios cafés en la mañana. Cada mañana, varios cafés y recomendar varios libros, una extensa enumeración que nunca podrá abarcarse. Que tampoco va a alcanzar para el presupuesto. Para el tiempo qué hablar, a menos que sea uno un computador. Reservando luego espacio para escribirlos, porque no vaya a ser que con ver pasar tanta descripción de carátulas el cerebro se me atrofie. El amistoso compartir títulos, y la hermosa aventura de la crítica, y si recibo mucho dinero, mucho mejor. Queda la duda de si quienes recorren las sugerencias leen luego los verdaderos libros, dado el crecimiento sostenido de este fenómeno y el cierre de varias librerías. Por mientras las tramas pobres ganando adeptos, y las ricas, perdidas en la inmensidad de esa red de recomendaciones espaciales que nos satura. El frágil oficio literario tiene acompañantes que a veces lo vacían de su sustancia. Pero sé que a ustedes les interesa mi bibliografía. La compartiré sin cobrar nada, y escribiendo reseñas que ensalcen esa parte de las verdades, igual como comparto mis libros sin cobrar nada. Por mientras tomo en mis manos el delicado diamante siempre a punto de estrellarse.
Aventura XI
Mi hermano y su pareja partieron a la aventura con entusiasmo, y sobre todo con sus dos gatas y varias maletas. Frida y Adela, la primera es la mayor y tiene un pelaje gris, negro y blanco a rayas, como buen felino, y Adela, la pequeña, mi ahijada, es blanca con negro, y tiene un collar con un corazón. Ambas tienen ojos verdes. Adela no tuvo miedo en el viaje, y Frida un poco. Aterrizaron en la ciudad de Nelson Algren (pareja de Simone de Beauvoir): Chicago. Dijeron: everything beautiful, everything ok, everything amazing. Luego vino policía de inmigración. Todo fue un éxito, sobre todo gracias a Frida y Adela, que lograron hacer sonreír a los funcionarios, y con amabilidad hicieron varias preguntas, y dijeron: “welcome”. Un categórico “welcome”. Qué más se podría pedir al entrar al imperio, que ser bienvenido. Este último tiempo no está a la orden del día aquella calurosa y categórica bienvenida, y qué más quiere uno que le digan “welcome”. Es lo ideal. Partir, y ser recibido con “welcome”. Un sueño: “welcome”. Una esperanza: “welcome”. Ahora la “computer science” va a temblar, porque mi hermano llega a enfrentar el fenómeno con atención, y su cerebro funciona perfectamente, mejor que el del promedio de las personas, lo que ya es bastante, y su corazón bien puesto, como el de Adela, lo que es muchísimo. Todas nuestras perspectivas de futuro están cifradas en mi hermano haciéndose de la “computer science” y mirando de cerca ese asunto grande, expansivo y escabroso. Para que lo que prime sea el “welcome”, y no alguna otra cosa. La aventura de Chicago. Welcome.
5 de agosto de 2026
Aventura X
Estuve leyendo sobre aventuras no tan divertidas, sino todo lo contrario, más bien espeluznantes: estar atrapado en una secta. Enrique Urrutia Aburto y María Alejandra Pinto Martínez serán formalizados en septiembre en el sur de Chile por conductas criminales. Quienes son estas personas, los líderes de una comunidad que se llama Cahuala, en la Isla de Chiloé. Por qué me interpela especialmente esta noticia. Escuché sobre este personaje largos años, una especie de mito. Una historia que no terminaba de cuajar, hasta ahora. Participé dieciséis años en un grupo scout, una aventura fascinante, la que agradezco cada día. Lo que es menos fascinante, es lo que estaba haciendo Enrique Urrutia Aburto en la Isla de Chiloé mientras eso ocurría. Cuál es el vínculo entre mi experiencia y esa secta. Es un vínculo tenue, difuso, pero nítido en lo siguiente: el grupo scout en el que participé fue fundado por esta persona, cuyo rastro siguió hasta Chiloé unos años antes de que yo ingresara a él. Dos personas por distintas vías me enviaron la noticia en cuanto se publicó. No en vano estuvimos escuchando años sobre esta extraña leyenda de Chiloé. Entonces llegó a mis manos un libro: “Las tumbas de piedra” de Hugo Kruger Droguett. El autor fue parte de esta comunidad perdida en esa isla durante muchos años. El libro es una ficción que lo contiene todo: es en realidad un testimonio, la mayor parte de sus páginas. Mi estupor fue inmenso: una secta hecha y derecha, con todos sus componentes. Una minuciosa descripción del control de los cuerpos y los espíritus. Las acciones, los pensamientos, las ideas, las relaciones, los trabajos, la actividad sexual, en definitiva, la vida completa. Un grupo de jóvenes pensando que iban a una actividad cercana a un grupo scout, una actividad de libertad, compañerismo, respeto, creatividad, de modificar un poco el mundo hacia algo mejor. Esta experiencia fue justo todo lo contrario. Esclavitud mental, sometimiento y destrucción. La línea comienza delgada a veces, y bajo cubierta de una cosa puede accederse a otra diametralmente opuesta. Es lo que sucedió en ese grupo que partió al sur, liderado por alguien al menos veinte años mayor que todo el resto de los integrantes. Cuando nosotrxs comandábamos el grupo scout en el que participé, nunca hubo nadie mayor de veinticinco años. Era un grupo horizontal, donde todas las decisiones se tomaban de manera democrática luego de horas de conversación, en que cada persona daba su opinión. Jamás conocí la opresión. El grupo guardaba el componente de desarrollo personal exacerbado, que en ocasiones, si hay manipulación, puede llevarte a otra cosa. No fue mi caso, pero leyendo con atención este libro, volví a recorrer esa actividad para advertir los posibles encuentros entre ambas experiencias: un grupo scout y una secta. No los encontré. Pero la reflexión sigue. Porque no en balde ingresé a ese grupo scout cuando comenzaba la transición democrática en ese país, transición que no termina de ajustarse del todo, luego de treinta y cinco años. El crecimiento personal y la espiritualidad pueden ser herramientas de liberación o de opresión. La frontera es delicada y nunca se puede bajar la guardia. Cuando teníamos veinte años tuvimos esa fantasía de vivir reunidos en una comunidad permanente, impulsados por la efervescencia y el entusiasmo de ese momento de cambiar el mundo. Lo que finalmente no implementamos, no por falta de motivación, pero teníamos encima una gran noción de la individualidad y los límites, y nadie convenciéndonos de lo contrario. No sentíamos la necesidad de abandonar al planeta para crecer en un nuevo cuerpo, como le sugirió a otrxs aquel líder que no alcanzamos a conocer. Supe enseguida que el libro también hablaba, en parte, de mi vida. Estuve cerca, por distintos canales, de la extensa y disímil batería de conocimientos que este sujeto mezcló y distorsionó para reinar sin atajos. Estoy agradecida de este autor, que me llevó a la comprensión de cientos de cosas que me preguntaba desde esa primera reunión en la cancha de fútbol del colegio a los diez años, hasta ahora, a mis cuarenta y cinco. Más vale tarde que nunca. Ahora que sea la justicia.
Aventura IX
Creo que una de las mayores aventuras es tener hermanos. Yo tengo dos. Hoy es el cumpleaños número cuarenta y tres de mi hermano Francisco, el que me sigue de cerca. Felipe es el pequeño de casa, y su nacimiento se distancia del nuestro en nueve y seis años respectivamente. Francisco y yo nos parecemos mucho: el mismo acercamiento expansivo a las cosas. Es como que siempre estuviese este emblema: todo o nada. Una pasión fuera de rieles. Tal vez aprendimos que así era más real. Tal vez aprendimos que sin lanzarse a los caminos no se llega a ningún lado interesante. Francisco ejerció esta insignia desde pequeño, y en la ruta arriesgó perder la nariz, la cabeza, la rodilla, la vida. Aquí estamos. No nos hemos detenido, hermano. Cabalgamos hacia la vida y hemos llegado. Cada día un regalo y un renacimiento. Admiro tanto tu manera de enfrentar los acontecimientos, con inteligencia, con osadía, con amor, agregando siempre un gesto que va más allá, en tu trabajo, en tu manera de ser papá, de ser hermano, de ser hijo, de ser pareja, de ser amigo, en tu devoción por el ajedrez, por la lectura, por la filosofía, y cada ámbito de la existencia en la que has entrado y dejado huella. Nunca observas como espectador, vas al fondo de los temas y se nota. Diriges una empresa de quinientas personas con una habilidad y un cariño impresionante. Pero no te quedas ahí, siempre buscando y apoyando proyectos, para que Chile sea mejor, para que sea un país de todas las personas, para que sea un país grande y hermoso. Tengo tanta suerte de que hayas nacido mi hermano. Desde pequeños esas aventuras infinitas. Horas y horas de juegos sin aburrirnos: lo inventamos todo. La pasión en el corazón la aprendimos y la desarrollamos. Hoy seguimos riéndonos, los tres juntos, en nuestras conversaciones que colman mi alma de alegría. La aventura de ser hermana es tal vez una de las que más atesoro: me ha traído mucha felicidad. Hoy los tres a la distancia, pero siempre juntxs. Cuando una ha crecido con alguien escribe cada línea con esa compañía. Con ese carnaval encima. Yo he tenido a dos hermanos fascinantes. Pasión fuera de moldes. Gracias por todo, hermano, te quiero mucho, la aventura en el corazón y siempre unidos, muy feliz cumpleaños.
2 de agosto de 2026
Aventura VIII
Renuncié a Jean, renuncié a Adam, no quedaba otra, renuncié a Jacques: ya era hora. Estoy contenta con mi decisión. Sucedió hace dos días, un 31 de julio. Voy a quedarme con los libros: mis grandes enamorados. Entraré en las órdenes literarias. No, no es para tanto. Mejor sin orden. Resistir es leer. Quiero sacarme el pasado de encima, cómo se hace. Casarme con el presente. Estar enamorada de un hombre en fuga, de un fantasma y de un zombie es un contrasentido. Es tan insólito el amor en ocasiones. Me dije, Lisa, es el momento. Todo sucedió de prisa. Lo supe al instante: es ahora. Lisa, vas a tomar las riendas de tu vida, como decía mi profesora de piano, y de mi cuerpo: lo anoté en mi cuaderno. Con un lápiz a pasta, sin aspavientos ni subrayados. Una decisión simple, pequeña, cauta. No soy de ese grupo, pero tal vez llegué. Me enseñaron que ese corazón desbocado me traería problemas. No seguí absolutamente ninguna de las instrucciones. Nunca fui muy dada a ese ámbito. Ni siquiera cuando el inspector del colegio me decía que no podía asistir con zapatillas. Tampoco cuando al juez tenía que decirle su señoría ilustrísima. Tal vez por eso me entendía bien con Jean, Adam y Jacques: no son asiduos a las reglas. Frecuentan la oscilación como un mantra. Por eso nuestro amor fue lo más alto y un gran desastre. Algo perfecto y con fisuras definitivas. Fui feliz. Fui extremadamente feliz. Fui feliz todos los interminables años. Fui feliz mi vida completa. Qué aventura apasionada. Pero se acabó. Esa vida al menos. Es una convicción: Lisa, ya déjalos ir. Otras cosas llegan. Distintas, desenfrenadas, entusiastas, humanas. Pero siempre el corazón desbocado.
Aventura VII
Mi revolución es otra, no tiene que ver con el lugar o la pareja, tiene que ver con mi pasión: la literatura. Una promesa le hice. Ahí está mi energía. En esas frases escurridizas. Esa es mi fuga, mi relación y mi reflejo. Soy las palabras, y otrxs me acompañan para habitarlas. Vivos o muertos. En la fantasía todo existe. En la ficción elaboramos lo que habíamos imaginado. La razón por la que voy con Adam, con Jean y con Jacques es porque ellos me ayudaron a imaginar las palabras. Me ayudaron a inventar. Me elevaron de la realidad para observar el sentido. Con ellos comprendí que el corazón desbocado era la fuente única de la alquimia. El elixir del pozo. Me acerqué a la excavación e intuí su profundidad. Todo está aquí, me dije. Amar es la respuesta. Aproximarse con humildad al fenómeno. Considerando su delicadeza, su fragilidad, su potencia. Escribir es intentar amar. Saber que es un camino rocoso, pero en la entrega está el oasis. Son únicos y van conmigo porque yo me entregué. Me mostré tal cual era, y creé una fantasía interminable. En esa perforación de la realidad construí lo que me mantuvo en el viento. Esa revolución que me dictó todo lo demás. El amor es la aventura que nos despierta a la pasión.
Aventura VI
En el díptico de presentación de la exposición de fotografías de Adam fui anotada como “hada madrina”. Fue una gran alegría porque siempre quise ser un hada. Mi página de fotografías a los veinte años se llama “Lisa el hada”. De broma, Adam me decía “Lisa helada”. Siempre estaba inventando cosas y elevando la realidad. El tema del hada fue porque muy pronto yo advertí la consistencia literaria de la vida. Ser un hada significaba ser una criatura literaria, era la ficción lo que me interesaba, no componer un cuerpo etéreo. Sentía una fascinación sin límites por los bosques y la magia. Por la posibilidad de volar sobre la realidad. Volar al interior de la realidad. De esa mágica exposición novelesca, a mi madre le gustó especialmente una fotografía de un bosque, de unas araucarias y un lago, del sur de Chile, que va a instalar en su hogar frente al océano, para que Adam esté en casa. En esa época del hada de los veinte años publiqué mi primer libro, y creé una editorial que titulé: Hada Ediciones. Con el tiempo se transformaría en Fée Editions. Me gusta conservar esa magia de los primeros libros, aunque la técnica vaya imponiéndose con el pasar de los años, y la jornada de trabajo de quince horas, siete días a la semana tenga en ocasiones otro cariz más pragmático. La consistencia de la aventura se mantiene siempre en cada línea. Es una pasión que desborda. Como la que tenía Adam y lo llevó a su paseo con las tortugas acuáticas y las mantarrayas sumergidas. Sé que su jornada de trabajo también siempre fue de quince horas, siete días a la semana, era un genio, todo lo inventó. Lisa el hada, los ríos llegan al mar.
Aventura V
Es existir acaso un eterno dejar atrás. ¿Empieza algo o no? Parece que todo es partir y olvidar. In the arms of the angel, cantaron ayer en tu exposición de fotos, Adam. Ahí estás, en tus fotos y en los brazos de los ángeles. Tu cuerpo no está aquí, en cualquier caso. Esa es la putada, porque a mí me gustaba tu cuerpo. Tu voz. Me gustaban tus palabras. Mi madre fue en mi representación a ver tus extraordinarias fotografías, Adam, y a abrazar a tu familia. Se emocionó mucho, me dijo, en esos pasillos donde crecimos, donde nos convertimos en lo que somos, en lo que eres, aunque ya no estás. Me contó que había conversado mucho con Jacques, sobre lo que era existir luego de tu partida. Me envió una foto de Jacques junto a tu hermano Andrés y una de tus imágenes. Esa expresión de Jacques que conozco tan bien. Me envió una foto del jardín de rosas, ese lugar que conoce todos nuestros secretos. En un banco ahí mismo me dijo Jacques a los diecisiete años que yo era su mejor amiga, años antes de ser su pareja. Teníamos esas clasificaciones entonces. Era bonito. Tú eras su mejor amigo. Yo lo sé. Recorrí esas fotos como que se me fuera la vida. Está en todas. Yo no estoy en esas. Llegaste a mi vida después de que habíamos terminado el colegio. Nos perteneciste, Adam, fue una posta, veinte años él y veinte años yo. No entiendo por qué no podía ser todxs juntxs. Habría sido mejor. ¿Sabes que voy a poner tu foto de las flores y la bicicleta aquí en mi casa en Lyon? Encima de mi piano. La música tiene que estar reunida. La aventura siempre fue descubrir esa melodía que ahora me guía. El aroma de tu cuerpo, la contención de tus brazos fuertes. Fuimos los tres creados para encontrarnos. En ese jardín de rosas. May you find some comfort here. La aventura fue nuestra.
31 de julio de 2026
Aventura IV
No voy a cambiar. Voy a seguir siendo exactamente como soy. No me modificaré. Insistiré en mis calidades y atributos. Los tengo de sobra. Sin ti será esta aventura. Y no voy a escapar. Este es mi lugar. El que yo elegí. No habrá fuga esta vez. Escribiré un manifiesto del corazón desbocado. Del corazón amante de la aventura. Dónde estás corazón, en qué paraje te encuentro. En qué prado desmedido. En qué río desaforado. En qué paseo desenfrenado. Paso a paso seguiré sus huellas en la arena. En el mar será el cántico universal. Esa noción de los límites. Demarcaré lo que no va a modificarse. La sustancia de ese corazón de rodillas, que ya no va a amar. No de esa manera. Te extirparé del camino para no ver tu perfección que me subleva. Para recordar mi fantasía y sus posibilidades. Tiempo habrá de reflexionar y advertir mi ineluctable ausencia. Toda la vida. Me voy con mi corazón desbocado sin moverme de donde estoy. Ya no duele. Ya no hay grito. Ya no hay espera ni desconcierto. La indiferencia de reafirmar con toda calma el equilibrio de la pasión. El corazón desbocado es un barco encendido que no se detiene. El corazón de la aventura.
Aventura III
Tengo un corazón desbocado. Uno lleno de ternura, y rencor en ocasiones. Saturado de música y poesía. Un corazón como dios manda, atiborrado de amor desorientado. De amor incompleto y por completarse. Dónde está el límite. Cuál es la verdadera aventura. Pagué. Juro que pagué. No me sigan cobrando. No me abandonen en la mitad del camino. No me lancen proyectiles. No cierren la avenida a casa. No me susurren acantilados al oído. Así es este juego, te dejo ir y me esperas, te propongo y te escondes, te olvido y me buscas. Qué pasa si ya no quiero jugar. Si ya entendí las reglas y no me interesa. Quiero otra cosa. Una con tintes de aventura. Una real e imaginaria. Un juego distinto. Uno que no implique perseguir a la presa como un león en la sabana. Que no sea todo temblor y alarma. Agitación y demora. Tengo un corazón desbocado pero disciplinado. Que sabe dónde están sus cuerdas. Sus instrumentos y orquestas. Dónde. Ese es otro juego. Escribo poemas de amor y luego la debacle. Luego la fuga y el acecho. Encuentro tormentas y tornados. Olas y tablas. I need a break from my troubling ways, canta Melody Gardot. El corazón desbocado es la única aventura.
Aventura II
Crecimos escuchando y cantando Joan Baez, Cat Stevens, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Charo Cofré, Joan Manuel Serrat y Leonard Cohen, era la música que le gustaba a mi mamá, y escuchando Chopin y música flamenca, era la música que le gustaba a mi papá. Cassettes y luego discos, en el auto, en viajes, en las vacaciones, en la casa. Me acompañan esas letras y acordes. Esas voces. De qué manera nos da forma la música que va con nosotros. Una especie de puente al futuro, de raíz en el presente. A Bob Dylan le dieron el premio nobel de literatura, pero creo que hay que considerar también a Joan Baez y a Violeta Parra. “Diamonds and Rust”, y “Cantores que reflexionan”, son un resumen perfecto del existir. A mí esas canciones me escoltan. Me llevan sana y salva a casa, cada vez que emprendo una aventura, y luego las preguntas. Me recuerdan que la nostalgia es necesaria pero no imprescindible, y que tengo una misión que no debe ahogarse en la mentira. Mi imaginario estuvo tallado al calor de lo humano, cabalgando en la poesía. Joan Baez me dejó diamantes y vigilancia al óxido. Violeta Parra me dejó justicia y voz. En ambos casos calor y poesía. Con ellas imaginé castillos y triunfos. El triunfo de la pasión y la verdad. “And if you’re offering me diamonds and rust, I’ve already paid”. “Hoy es su canto un azadón, que le abre surcos al vivir, a la justicia en su raíz, y a los raudales de su voz”. La música es la aventura del corazón desbocado.
Aventura
Éramos ya feministas, pero hace siete años comenzamos la verdadera aventura: creamos colectivos y revistas. F-union, Simone, Parchadxs. Hagámoslo juntxs, ¿por qué no? Así es más grande. Qué aventura del éxtasis. El feminismo es como una pareja. Una incondicional: algo nunca visto. Nunca te defrauda, y nunca te dice lo que tienes que hacer: todo lo contrario, te dice, autonomía, justicia, sororidad, solidaridad, activismo. Una pareja que te quiere tal cual eres. Te incentiva, te apoya, extrae lo mejor que tienes dentro, y fuera. Una pareja perfecta, humana, como todo lo que tiene consistencia real. Una pareja, viva, latiendo, en movimiento. Una pareja que te dice, piensa por ti misma, no sigas a las masas desbocadas, ni a líderes manipuladores. Ayer nos reunimos a cerrar un nuevo año con el equipo Parchadxs. Un año de reflexión, acción y comunidad. Parchadxs es un colectivo feminista y antirracista con base en Lyon, Francia. Compuesto de personas de origen latinoamericano y francés. Nos reunimos los jueves cada dos semanas en un lugar asociativo que se llama La Médiane. Un lugar violeta y verde, abierto a la comunidad y sus múltiples iniciativas. Un lugar que resiste, igual que nosotrxs. Sin pantallas, nos reunimos a mirarnos las caras y comprender el presente. En qué consiste esta pareja que se llama feminismo, nos preguntamos una y otra vez. Qué estrategias para llegar a nuestros derechos, nos preguntamos. La realidad y nuestros derechos, ¿se encuentran? Queremos saber. Rápidamente nos damos cuenta que hay brechas, fosos, abismos, fronteras, pero también puentes, encrucijadas, confluencias, intersecciones. Qué aventura emocionante. Dan ganas de llorar de sentido. Sentimientos elevados que nos recuerdan que estamos en casa. El feminismo es un refugio y un palacio. Un camino abierto y por inventar. Salvo algunxs del planeta que insisten en extrañas ideas de dominación, el resto ya vamos siendo todxs feministas, antirracistas y antiespecistas. Lo que está muy bien. ¿Sobre quién estamos? No hay tal cosa como aquellas jerarquías en desuso. Hey amigx, todxs nacimos de alguien y queremos vivir plenxs. Hay suficiente belleza en el mundo, alcanza para todxs. Paz para el mundo: SEGUIMOS.
25 de julio de 2026
24 de julio de 2026
Prefacio II (Lisa y la pasión)
Segundo prefacio, unos días después. Cada día es distinto. El día de ayer hicimos un picnic, en el gran parque de Lyon. Bajo unos árboles, mantas y alimentos compartidos. Sentí una felicidad radiante, no participaba de una iniciativa así hace tiempo. Era un picnic con personas originarias de América latina, y también de Francia. Una comunidad pequeña y enorme. Una comunidad improvisada, fugaz e implacable. Ni dormido me olvido de mi identidad, canta Rubén Blades con Calle 13. Llevamos también ropa e intercambiamos, un gesto que me pareció ecológico y solidario, pero sobre todo cargado de un simbolismo que no le había visto antes, después de todo son las prendas que una ha llevado encima, que se entregan para que alguien más lo haga desde ese momento en adelante. Compartimos este planeta y sus paraísos y objetos y todo nos trasciende. Somos unos inmigrantes del mundo, nos prestan el lugar por un tiempo acotado. Nos pertenece, y por otro lado es una entrega provisoria. Tal vez si lo viéramos como algo ajeno lo cuidaríamos de otra manera. Algo que tenemos que devolver luego de un cierto plazo. Nada nos pertenece, en definitiva, está tan claro. Por qué no entonces compartir más. Entregar nuestra vestimenta, y recibir otra. Volver a entregarla, y recibir otra. Todo lo que circula recibe aire para impulsarse. Se genera una suerte de viento que da movimiento. Cuando vivía en Chile mi ropero casi completo, con excepción de los regalos de mi padre y mis abuelas, que me fascinaban, eran prendas de vestir intercambiadas con amigas. Nos reuníamos dos veces al año y llevábamos adelante este ritual generoso, además de compartir un aperitivo y unas conversaciones, que siempre me alegraban y me daban claves de reflexión y cercanía. No había participado aquí de estas iniciativas. Recordé entonces que era algo que siempre había llevado a cabo. Eran amigas con las que compartíamos en el mismo grupo scout, donde estuve 16 años. En ese grupo, con quienes acampábamos en lugares prestados y salvajes, teníamos el concepto de dejar los lugares, luego de nuestra partida, mejor de lo que los habíamos encontrado al llegar. Es un principio importante, que no olvido. Intento llevarlo a cabo en todo tipo de situaciones, amistades, relaciones, viajes, residencias, lecturas, trabajos, existencias. Nacimos de muchas madres, pero aquí sólo hay hermanos, canta Rubén Blades con Calle 13. Creo que tener consciencia de la muerte y la finitud de las cosas es saber que todo es tiempo y espacio prestado. No en vano entramos y salimos de las cosas con una incertidumbre que no podemos sacarnos de encima. En tanto inmigrantes permanentes de la sociedad y el planeta, mejor es observar lo que se llevó a cabo antes de una y conservar lo que tuvo sentido, mientras modificamos lo que ha aplastado a otrxs antes que nosotrxs. Me gusta respetar el lugar al que llegué, y traer lo mío para compartirlo. Una nación es más grande cuando comprende que nada le pertenece. Somos inmigrantes hasta en nuestras lenguas. Las tomamos como vienen, y las vamos modificando. Salimos de ellas dejándolas distintas de cuando nos acogieron. Tengo un acercamiento sagrado a las palabras, las observo con curiosidad y con distancia para ver todos sus ángulos. Las uso con cuidado, para que se me entienda y para que no carguen una violencia que no me representa. No inventé las palabras y me las dieron para trabajarlas. Para entendernos mejor y crear la belleza que ellas permiten. Sin la belleza no nos entendemos para nada. Creemos que todo es destrucción y ahí nos quedamos. Yo tengo una devoción absoluta a las palabras, y una veneración por lo que pueden crear, cuando es inmenso, y temor cuando es abyecto. A veces nuestra identidad nos determina mucho más allá de nuestras acciones concretas, y podemos recibir proyectiles en pleno concierto donde estamos poniendo música, por nuestro peso, orientación sexual u origen. Nos llegan proyectiles entonces de todos lados. Ocurre a veces. Las definiciones que damos a las palabras terminan en proyectiles reales. Las palabras son delicadas igual que el paisaje. Las sometemos a unos ejercicios intensos, como si las pusiéramos a marchar en un entrenamiento militar en la madrugada con un fusil apuntándonos. Las pobres palabras, desesperadas, bajo presión, terminan haciendo cualquier cosa, plegándose a significados absurdos, como confesiones bajo tormento. Por dios, parece como “El señor de las moscas” de William Golding, manadas irreflexivas aceptando consignas aprendidas y repitiéndolas como papagayo. Al final las manadas irreflexivas terminan siempre atacando a las minorías y a quienes menos pueden defenderse. Cómo dejar el planeta mejor si lo mezclamos todo. Para eso nos sirven las palabras, para que signifiquen cosas y desarrollar nuestra posibilidad de pensar. Para que no nos impongan significados. Para que un partido extremo no intente confundirlo todo y vestirse con un disfraz que oculte su sustancia racista, por ejemplo. Cansa un poco, pero una sabe que las contiendas con las palabras son duras y sin cuartel. Concentrémonos en lo que nos convoca. Somos inmigrantes de este planeta y nuestras lenguas, más vale que intentemos dejar todo mejor de lo que estaba.
22 de julio de 2026
Prefacio (Lisa y la pasión)
“Lisa y la pasión” es una novela. Una novela ambiciosa, como yo. Una novela escrita con pasión, evidentemente. Una novela de 30 capítulos, 30 aventuras y 30 reflexiones sobre la pasión. Dije que era ambiciosa. Se extiende sobre las páginas con determinación, como todo lo que emprendo. Agotada, así estoy, pero muerta de la risa también. El humor negro es una linterna al final del pasillo oscuro. Un sonido de timbales en la ópera que no acababa de comenzar. Un beat cuando la melodía no encendía la chispa. Esta novela me gusta, porque la pasión es un tema que motiva, ¿no? Apasiona. Llegar abajo es siempre subir. Es lo que dijo Didier Deschamps cuando terminó el primer tiempo del partido. No se equivocó. Pero ganar, ganar, no siempre. Pocas veces. Aunque se tenga la pasión. Más bien es perder, perder, y a caballo de la pasión. Incandescente la pasión, y perder, perder. No parar de perder. Esta novela relata nuestro encuentro con Roberto Bolaño en persona, y otros misterios. Lo clave es la ola de calor y nuestros intentos por sobrevivir. Nuestra pasión por la sobrevivencia posible. Este libro habla de mudanzas y viajes. De literatura, desde luego, el tema cumbre en el amplio espectro de la pasión. Sé que van a leerla, y estoy contenta por este motivo. Aunque tengan cosas más importantes que hacer, porque el concepto de importante ya pasó de moda, porque se confundía con lo esencial. Se le llama importante en ocasiones a lo supuestamente más urgente, pero este es un error, porque el tema es lo esencial: qué es lo esencial. Entonces la premura nos priva de lo esencial. Eso es un problema. Porque entonces este libro, que es esencial, dejarlo de lado, ¿te imaginas? Por pasar horas en esas pantallas del infierno. Convertirse en burro, como en Pinocchio, la marioneta de madera. Y así se nos va pasando la corta vida que tenemos. En esa corta vida, yo voy escribiendo libros, con pasión.
Gracias.
Pasión XXX
Cuando los libros se van terminando queda la pregunta, ¿qué era reinventar la pasión? Peripecias, acrobacias, descubrimientos, pero existir tiene una cruel linealidad. Una nota enseguida este asunto. El eterno retorno, ídem. Una línea plana que se enreda y explota. Hay que ponerle ganas, sin duda. Una tiene que hacerse la ingenua con los días transcurriendo, hacerlos sentir como que tienen novedad, para no herir sus sentimientos, pero todo es más como lanzar ingredientes en la olla y ver qué resulta, inventando recetas estrambóticas, inverosímiles. Ese asombro va acompañado de un hastío subrepticio, mezclado con horror y negación. Llorarlo todo de emoción, alegrarse, desde la cuerda floja, para constatar que el suelo está tan cerca. Cada día más cerca. Y el bajo el suelo cada día más cerca. Ahí debajo de la tierra. Entonces, ¿para qué? ¡Para qué! La pregunta ineludible. Para ver que cada asunto son años de esfuerzo en comprender. Yo soy organizada, rigurosa, exigente, ordenada, quiero ir abarcándolo todo y cerrando, y los asuntos ahí mirando de reojo, muertos de risa, destornillados a carcajadas, con ese afán insólito. En ocasiones siento ternura de mí misma, esa confianza en las cosas, por momentos ni sé de dónde la extraigo. Entonces me sumo al humor de las cosas y me pongo a reír con ellas, hasta que lloramos de la risa y nos caemos al suelo (pero no abajo del suelo). Ese alivio cómico es lo que más atesoro, porque me recuerda que aquella carrera frenética hacia la nada no es necesaria. Me quita tensión, me distiende. Que llegue lo que sea. Estoy ganando tiempo, para cuando el bajo tierra sea una realidad. Qué era reinventar la pasión: sentir. Ser capaz de emoción a pesar de la carrera de obstáculos. Concentrarse en lo que no se ha acabado, ya que todo tiende hacia allá, y entregarse como quien se arroja a la pileta. Olvidarse del cansancio. Inventar obstáculos para sazonar las historias. Sal, pimienta, especias. Sol, caminatas, lecturas, atardeceres, besos, música, agua, vegetación. Ahí se adquiere la pasión, y gratis. Para qué reinventarla si está disponible. Tengo pasión por la pasión a secas. Por la simpleza de la pasión y su fuego profundo. Intento reírme de la existencia, y no, me la tomo en serio en realidad, me emociona. Extraigo su elixir. Es lo único que realmente aprendí. En lo otro soy como un mimo, cara empolvada, ojos delineados, haciendo muecas expresivas y moviendo los brazos. Un ánimo impecable, pero siempre las fisuras, por donde penetra la luz y lo impensado. Escribo en una especie de trance que viene de otra galaxia. También está eso, lo espacial. Toda esa energía que no me deja detenerme. La pasión es jamás aburrirse de ver las hojas de los árboles danzar con el viento. Amar el reflejo del sol en el agua, cada día de mi asoleada vida.
20 de julio de 2026
Pasión XXIX
España ganó la copa del mundo de fútbol, ayer domingo. Yo hace dos semanas estaba escuchando una banda de Sardanas en un parque en Montgat Nord, y hace exactamente diez años le tomé a mi iaia Agustina María su última fotografía, sonriente en Gavà Mar, junto a nuestras familias. Estoy contenta que haya ganado uno de mis países, es una competición, se trata de ganar, ¿no? Yo me alegré, porque jugaron bien, porque sentí una suerte de adrenalina con ese gol decisivo a último minuto. Sin duda mis cuatro abuelxs habrían estado contentxs. Hablaban de su tierra como disco rayado. Mi estadía en Chile en realidad siempre aconteció en una embajada de España, Catalunya y el País Vasco. Cuando me fui de Chile y llegué a vivir a Barcelona, comprendí muy bien este hecho, que había nacido inmigrante, y que lo seguiría siendo. Fue bonito ayer, pero más bonito fue esas Sardanas en el parque, un poco antes de donde comienza la Costa Brava. Pero fue bonito por otra cosa, no sólo por el recuerdo nítido de mi iaia y de cuánto me hacía reír, sino porque estaba con mis amigxs, y la amistad es siempre una familia. La inmigración vive de la amistad porque esta es su tanque de oxígeno. Entiendo ahora que mis abuelxs se apoyaran en sus amigxs, que muchas veces eran familiares, y que todo transcurriera como embajada, así como aquí en Europa yo tengo muchxs amigxs de América Latina, y no es nostalgia, es gozo. Es sobrevivencia, es disfrute, es alegría. Ayer ganamos, porque España es un país que está abierto a su identidad ambigua, porque así son las identidades, y porque las fronteras son una soberana estupidez. Lo que emociona es esa música que una escuchó, esos bailes que una bailó, esos platos que comimos, esas fiestas donde fuimos felices. Yo fui feliz con mis abuelxs. Sobre todo con mis iaias, con quienes mantenía una estrecha relación, Agustina María y Antonieta Gertrudis Eugenia. Cientos de miles de domingos de conversación, de paseos, de abrazos. Amaban desigualmente su tierra, Agustina con más pasión y Antonieta con mayor crítica, pero ambas con el corazón poblado de ese catalán que fue el idioma exclusivo que hablaron hasta los 7 años de edad, cuando entraron a la escuela y aprendieron el castellano. Agustina María vivía unos meses de su existencia cada año en Catalunya. La alegría intacta cada vez. La última vez estuvimos juntas en España y Francia, ella radiante, de estar ahí a sus 88 años. Mi abuela gozaba de la vida, lo disfrutaba todo, siempre con humor y una gran sonrisa. 10 años y te extraño tanto, iaia, no me acordaba nítidamente lo mucho que te extrañaba, y esas sardanas en el parque me lo pusieron al frente. Te amé con todo lo que soy, y lo que seré, sin duda. Todos los triunfos, colectivos e individuales, como el de ayer, y otros más sutiles, son tuyos porque mi identidad está instalada en tu amor y tu apoyo constante. Quisiera tenerte un poco más acá, pero no me quejo, ya se ve que ocurre así, un día se acaba, eso ya lo aprendí. No nos olvides, por favor. Tu humor negro siempre fue mi casa. Es ahora la sustancia de mi literatura. 10 años y seguimos juntas. Sigue leyendo mis libros, ¿de acuerdo? Me queda tu música, y tu siempre eterna alegría de vivir. Ayúdame para cuando olvido, para cuando no sé de dónde vengo, cuando mis versos divagan en mar abierto y en esas ocasiones en que el humor negro no es suficiente para volver a casa. Te extraño, iaia, dónde estás, ayúdame a darle forma a este presente siempre en vías de expandirse. Era distinto contigo. Tengo a mi adorada madre y a mi amada pequeña ahijada Agustina, el baile sigue, que la música se quede en mi cuerpo, siempre nueva, siempre atenta, siempre disponible, todo lo comenzaste tú.
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