La literatura es la búsqueda de la libertad. Es volverse espectro. Volverse uno con el todo como el artista del hambre de Kafka. Iba yo por el borde del río y pensé, Lisa, estás cada año más estricta con la literatura, te vas a evaporar como ese artista del hambre. Lisa, tampoco se trata que este libro sea un caos verdadero. Cuál es mi idea, ¿convertirme en un fantasma, en un holograma, en un espectro verdadero? El espectro verdadero comprendió el caos verdadero: fácil así. Y Nina Simone insistiendo con esas trompetas de “feeling good”. No pensé que la no ambigüedad pudiese tener tales implicancias para la salud. Claro, y todo eso es el caos verdadero: algo totalmente desmesurado. En vez de perder la cordura, mejor escribir, pero nunca retroceder en la contienda anti ambigüedad. El tema es que la ambigüedad quiere atacarte directamente en el pensamiento. Ya no son sólo las alucinaciones y fantasmas, fuera de ti, luego ataca desde dentro, como el caballo ese, que entró por las puertas de la ciudad, y luego salieron los soldados desde la inmensidad de madera. Así llega, aparece por generación espontánea dentro de las cavidades cerebrales. Un, dos, tres, se crea, toma nuevas formas, quiere seguir existiendo, quiere pertenecerte, no me dejes, dice, no me olvides, recuerda en cada momento que existo, que formo parte de ti. Recordé a Jack Nicholson en el rodaje de The Shining, donde Kubrick le dio sólo queso por un mes para que estuviera fuera de sí y rompiera puertas con hachas, así es la literatura, someterse al queso, a la rutina demente para romper las puertas, con elementos cortopunzantes, voluminosos, darle fuerte a la compuerta, como tambor, el proceso literario anti ambigüedad en la primavera es como ser un macho en el patriarcado, creer que puedes matar a alguien, creer que cada día te pertenece, robarlo al ruido, con disciplina inventar esa literatura que es puro teatro, porque ayer yo comprendí que la literatura es eso: teatro, tomar la idea y deformarla con una mueca, abrir los brazos, grandes aspavientos y reflexionar en una escena vacía, en un escenario con una silla y una mesa, una habitación con un solo personaje en esa cocina al atardecer. Ayer todo se reveló porque cuando iba bajo el puente por el paseo junto al río saqué mi libreta para anotar las ideas que no paran de llegar, y mientras estaba en eso, apareció un grupo de personas corriendo que pasaron junto a mí por los dos costados, raudos, y yo ensimismada en mi libreta, mientras ellos hablaban entre ellos y corrían, rápido, y yo anota que anota, y ellos corre que corre, como si yo no existiera, porque tal vez ya soy un espectro, ese es el tema, un fantasma en la ruta de los corredores, anotando, en su libreta imaginaria, en sus sueños imaginarios, firme el lápiz, para que no se escape, pero los corredores nada, rápidos, Lisa el espectro anotando las ideas fantasmáticas sobre la expedición anti ambigüedad, la batalla contra los espectros, contra mí misma y mi contenido fantasmático, con la esperanza de salvarme a mí misma del naufragio asegurado que es la literatura, quebrando esos portones con fierro, fracturando la organización del tiempo y la persistencia del ruido para que te deje entrar al parnaso, y comprender de una maldita vez: qué mierda es el caos verdadero y cuáles son los mecanismos exactos de la ambigüedad. Lisa, pero si no son lo mismo.
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