20 de abril de 2026

Impulso perpetuo XXX

Convengamos algo, la interacción corporal es agradable, pero no voy a hipotecar todo mi tiempo por esa posibilidad. Prefiero la literatura. Aunque no le guste compartir. Aunque esté llena de pequeñas traiciones por esas frases entreveradas. Este año emprendí además una cruzada anti ambigüedad con una convicción de patriota, esos que no tienen dudas, lo que tuvo como resultado que no quedó títere con cabeza. Mi disposición anímica esta vez no era proclive a ese tipo de personalidades (deserté de ese grupo). Lo tal vez negativo, de esta férrea cruzada, es que ahora caigo en cuenta que ya no tendré un marinero en cada puerto. Chile, Francia, España. Jacques, Joseph, Judas. Ya no. De raíz excluí esa posibilidad. Ahora será llegar a puerto, descender de la embarcación, y hacer cualquier otra cosa que frecuentar marineros. Mis expediciones tendrán ahora la frescura del nuevo día. El sello de la serenidad. La ilimitación de esos horizontes cubiertos de posibilidades. ¿Qué más se puede pedir? Ya sabemos que la expedición sigue. Que cada palabrita tiene su precio y lo vale en oro. A Nina Simone la sigo escuchando. Poniendo énfasis en cada nota de ese piano. Inventando el lenguaje sin violencia. Redactando el gran atlas integrado de literatura, feminismo, filosofía, lingüística, arte. Humboldt se fue a Asia, ¿y yo? Yo también tengo que partir. Antes de eso zarpó para Sudamérica, y yo en el trayecto inverso, hacia Alemania. Tal vez todo se trata de recordar los compromisos que una tomó consigo misma: llegar hasta el caos verdadero. El impulso perpetuo de imaginar la belleza. De inventar la nueva forma de los vínculos. Observar marineros siempre ha sido de utilidad. Así como se observan las palabras en su hábitat. La organización de las frases para comprender la concepción más extensa del alma y sus escondites. Mi existencia completa ha sido un tomar notas en mi pensamiento en relación a qué es vivir para cada uno. Qué es soñar, cómo se expresa ese simple acto sin el cual no podemos vivir. Soñar es consustancial a despertar. Contemplo dos especímenes en este instante limpiando una canoa junto al río. Con gran entusiasmo, preparar el viaje. Entendieron de qué se trata. Tener ilusión por algo, lo que sea, y ejecutarlo. Pero qué. Tardamos la existencia completa en responder esto, porque cuándo una respuesta es definitiva. Lisa Nina Barthes Armendariz, mi nombre completo es una biblioteca. No existo en realidad, soy lo que otrxs quisieron decir. Heredamos las luchas de otrxs. Una larga línea nos une a una estirpe de jinetes desbocados. Que se hicieron esas preguntas, y concluyeron que en lo salvaje estaba el existir. Porque cada vez que todo se apretó como un corsé, fue el desborde de todo eso que había que decir, que supimos cuando la espada nos puso con la pared tras la espalda. No somos los primeros ni seremos sin duda los últimos. Pero el presente es este y estamos atrapados en él porque así funciona el tiempo. En el presente está uno inmovilizado. Soñar sirve, la nostalgia también, pero son apócrifas cuando de hacer frente se trata a ese peso cara a cara que tiene la consistencia de un tiempo detenido en cada segundo que transcurre. Entender esto es crucial: todo es ahora. Las oportunidades es como que surgieran abortadas, si se las mira bien. Se trata de cada segundo de existencia. Sacarle lustre a la embarcación. Introducir todo en la mochila y tomar un poco de agua. Como si cada instante es partir porque el presente no es muy diferente de eso. Redactar cartas de amor para encontrarse o despedirse. Junto a la barca con el sol en su cénit. Con un café cargado y el ademán intacto de dar con la pista adecuada. Cargar los remos en la espalda para que la balsa avance más rápido. Porque el tiempo a veces traiciona. También el clima. También los demás, o incluso a veces nosotros mismxs. Porque no todo es coser y cantar en esta excursión. Queremos que el amor nos salve, lo buscamos desesperadamente. Nos esparcimos por la piel cada partícula de polen que va apareciendo. La clave es fecundar cada idea para que llegue a puerto. Para que se encuentre con su marinero. Para sentir nuestra piel junto a la de alguien. Por las noches acariciar el pelo de aquel marinero. Mirarlo a los ojos y jurarle amor eterno. Lo que remedia el caos de los asuntos humanos es el perdón y las promesas, como sugiere Hannah Arendt. Yo la escucho muy atentamente. Pedí perdón, las promesas las hice. La música de las nuevas promesas es lo que me guía. Esos compromisos insertos en el presente. En cada instante de esa balsa donde navego con mi nombre, mi biblioteca y mi música. Los marineros los llevo en la inspiración. Las ideas las voy anotando en una pequeña bitácora de viaje, con humildad, con confianza. No existo salvo por lo que he intentado decir. Esa parte del arte que me constituyó. Nací en el agua y llegaré a ella. Crear las palabras es la satisfacción vacilante. No tengo idea qué hago aquí, pero confío en el presente.  

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