Ante el espectáculo cada vez más acentuado de gobernantes crueles, antidemocráticos y muchas veces estúpidos, valoro cada vez más la bondad, la valentía y las personas que piensan un poco. Leí hace poco “La buena terrorista” de Doris Lessing, una columna de Paul B. Preciado, y un texto que mandó una autora amiga para nuestra revista Simone, sobre Venezuela. Pequeños gestos inmensos que hacen toda la diferencia. A mí eso es lo que me extrae del foso en el que me hundo cuando veo las barbaridades de las que son capaces algunas personas. La violencia y la falta de democracia es algo muy grave. No se puede ya repetir eslóganes así no más. Estamos hablando de vidas humanas. He estado viendo también muchas películas alemanas, y suelen contener en gran medida reflexiones que subyacen sobre la culpa, la responsabilidad, la individualidad, los límites. Todo es tan actual, como que no parece real, no puede estar sucediendo. Qué pasa con nuestros valores de respetar la vida humana, la integridad, la democracia, la libertad. Como una amnesia de pronto. Y una sensación creada de hablar en el vacío, con tanto algoritmo, y organización de la información. Hay que pensar nuevas formas. Me parece urgente. Europa crea una ley para perseguir a la gente y poder dejarla presa en centros fuera de sus fronteras, una ley para vigilarnos y marginarnos lentamente. Como si nada. No puedo quedarme impasible ante la debacle. Es ahora. Pensar formas nuevas es ahora, perfeccionar la democracia, acordarse de los valores compartidos, despertar a que estamos hablando de personas siempre, y no hay diferencias. Un presente fuera de foco requiere pensar un poco más, atreverse un poco más, detener la violencia un poco más, poner atención a lo que cada uno de nosotros está haciendo, un poco más. Esto es algo de todxs juntxs. Ahora. Ni una sola vida menos, ahora. En qué momento la ideología y la pertenencia ciega. Tiene que haber un momento en que se produce el pasar al acto, olvidarlo todo, hay que identificarlo para poner coto a la locura de creerse capaz de cualquier cosa, demonizar a quien se tiene al frente. Es fuerte ver cómo las cosas obvias, por evidentes y silenciadas, se olvidan. En tiempos oscuros no se puede dar el brazo a torcer. Fuera todos los gobernantes con las facultades mentales perturbadas.
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