Te busqué en diccionarios sin encontrar tu significado, escribió Clarice Lispector. Quiero despertarme en tus brazos y olvidarlo todo. Un pequeño sendero me lleva a la destrucción. Voy directo al precipicio. El tumulto resuena y me impide detenerme. Continúo por el pequeño camino que va bordeando la montaña. Cada vez que intento volver al trayecto principal y olvidar estas rutas escarpadas me pierdo y no logro salir. Estoy cautiva de tus palabras. Me mecen delicadamente. A veces me acribillan. Soy presa de tus oscilaciones. De las mías. Del destino perverso que se cierne sobre nosotros. De los días sin tu mirada. Los significados no los tengo. Quisiera tenerlos. Pero todo es un gran remolino confuso, y el tumulto que devasta. Estoy perdiendo la razón. Sigo tus pasos y me elevan y me hunden. Me hunden y me elevan. Me elevan y me hunden. Una sustancia maldita se apodera de mi pecho y de mi cuello. Miel y desilusión. Siento el sabor de la caída. La pasión me desgarra. Las ganas de sentir tu piel. Tus palabras como caricias. Tu mirada infinita. Hemos construido castillos basados en la locura. En la imaginación. En recuerdos fragmentados e imprecisos. Meses de procesión a ciegas. Éxodos masivos y definitivos. ¿Hay vuelta atrás? Quiero ser tuya. Quiero que me pertenezcas. Quiero unirme a tu caos y a tu milagro. El amor es siempre nuevo y definitivo. Tus brazos son mi impulso.
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