En una semana es tu cumpleaños, Aldito, el 07 de septiembre. Cuarenta y dos años. Hace un año y tres meses que fuiste al mar a buscar la respuesta ilimitada y te quedaste con ella junto a las algas y los peces de colores. Todos los días te recuerdo un momento. Lo que me gusta recordar es la sensación de ilimitación que me das. Me da una fuerza inusitada. Me hace pensar que todo es posible. Me gusta recordar tu risa. Y tu humor. Que me hacía reír mucho. Por qué el ancho mar, Aldito, por qué.
Estoy leyendo un texto que escribí hace unos años atrás. Habla de ti. Dice lo siguiente, te copio aquí un fragmento:
Ese impulso de vida y de muerte que sentía hacia él tenía que morir. Esa pulsión vital que abrasaba mis entrañas, tenía que apagarse. Desaparecer. ¡Cómo apagarla! Me consumía de una forma que no habría sido capaz de controlar. Ni fui capaz tampoco. Tomó mucho tiempo. Era un llamado desde muy adentro de mí, de lo más profundo, una exhortación que no podía ignorar. Era el amor puro, sublime, un asunto desesperado, único, que prometía todas las explicaciones para mi existir. Una promesa de vida, de paraíso, de felicidad. Una sugerencia de cosecha interminable, de abundancia, de mariposas, de locura, de pasión. Y de muerte, de dolor, de trasgresión, de prohibición, de hundimiento, de desaparición, de sepultura. Era demasiado potente. Era todo. Él era lo más perfecto que había visto, lo más despierto, y encarnaba una promesa en extremo maravillosa, la posibilidad de entender el mundo, de unirse a mi causa de desentrañar las raíces de la humanidad, las causas de la vida, de la creación, el sentido de nuestro pasar, y lo más importante, el amor sinfín. Un amor que yo no conocía, que contenía tanta pasión que todo lo quemaría. El problema fue que efectivamente todo se quemó. Todo. Luego del gran incendio no quedó nada. Fue tan grande el fuego que me dejó vacía, extenuada, negra, destruida. Lo que diga será poco. El fuego lo arrasó todo, todas las promesas se acabaron.
Por qué el ancho mar, Aldito, por qué. Todavía es irreal tu partida a ratos. La existencia es irreal a veces. Partir también lo es. Qué viene ahora. ¿Me lo dices? Qué viene ahora.
¿Un presente glorioso? ¿Un presente a ratos liviano y a ratos oscuro como tu inmersión en el océano? ¿Qué es lo que queda? Qué es lo que tengo que decirle ahora al presente que seguía tus pasos. Al presente luminoso. Ininteligible. Indescifrable.
Te voy a decir algo, Aldo, soy feliz. Me gusta recordarte. Te voy a decir algo, soy feliz en parte porque te conocí. Porque en el reflejo de tu existencia sé que todo es posible. Porque contigo siempre me sentí bien. Nos admirábamos mutuamente y todo era baile. Todo era caos y agradecimiento. Eras un amigo único. Un amor perpetuo y una pasión inextinguible. Feliz cumpleaños, Aldito. Amigo de mi corazón, amor indescifrable, feliz cumpleaños, por siempre. Sigue el intento, te lo prometo. Nunca me rindo. Sé que estarías orgulloso. Yo sé que estarías orgulloso. En tu nombre nace la música. Eres la esencia del caos y toda su fuerza. Sí existe lo ilimitado. Feliz cumpleaños. No me conformo. Sigue lo ilimitado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario