Amar es un cruel pasatiempo. Un callejón sin salida. Una broma del destino. Es demasiado delicado y frágil para lanzarlo a la ventisca. Entregarse es borrasca pura. Temporal que no amaina. Observo unos cuervos que intentan tener el poderío de un árbol. Se precipitan haciendo partir a los demás. Para luego ser evacuados por otros. Queremos reinar sobre las colinas desiertas. Sobre las avenidas atiborradas. Queremos marcar el paso de todas las canciones que se nos aparecen. Pero todo se nos va de las manos. Se vuelve arena y se vuela con la brisa mientras se escapa entre los dedos. Nubes que se van lentamente y se desfiguran. Distintas formas que van creándose mientras se deforman otras. Observamos sin ningún control. Por la ventana. Mientras recorremos la ciudad mirando al cielo. Siguiendo con la mirada los barcos río abajo. Grandes barcos iluminados con comedores y salas de baile vacías. Que pasan sin detenerse. Las personas que queremos nos anuncian catástrofe tras catástrofe que se les ha venido encima. Pequeños y grandes terremotos. Sabemos del tema y concluimos: amar es un cruel pasatiempo.
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