26 de septiembre de 2023

El ingrato

Vi por casualidad el día de ayer un texto publicado en internet en abril en el que la persona que lo redacta se refiere en términos ominosos a sus padres. El texto me interpeló especialmente porque conozco de muy cerca a las personas a las que se refiere. Estuve ahí, de hecho, muchos años. Dedicando gran parte de mi tiempo y de mi amor a conversar sobre las distintas situaciones que se presentaron, una y otra vez. Años de conversaciones. Dado que la persona que escribió esas líneas es una persona difícil para relacionarse. Hasta ahí no hay problema. Pero el texto me pareció de una injusticia la más flagrante, además de incluir inexactitudes, y sobre todo, me reflejó lo que ya intuía: la incapacidad la más absoluta de la persona que lo escribe de reconocer el amor que se le entrega y de pasada de dar amor.  No minimizo las emociones ni los sentimientos de nadie, y creo firmemente en la posibilidad de expresarse. Pero suele ser bueno escuchar el otro lado, ¿no? Independiente de si la persona es capaz de ponerse en el lugar de los demás o de ver a ese otro que está al frente. Puedo decir sin asomo de duda que esta persona ha forjado su vida al abrigo del amor que ha estado siempre disponible para él. Las personas a las que se refiere son de una bondad impresionante, lo que él, ya se ve, es incapaz de ver. Sus hermanos, al igual que sus padres y su abuela comparten la misma bondad esencial que es capaz de modificar cualquier dolor. Lo viví en carne propia. Son de una belleza sin precedentes. Un universo literalmente mágico y poderoso. Aportan una felicidad sin límites. En la que podemos incluir a los tíos y primos, todos excepcionalmente cariñosos y abiertos. Tal vez el problema fue nunca ser capaz de hacer nada por nadie, ni siquiera llegar a la hora para un almuerzo, que no es muy difícil. Tal vez existen en el mundo las personas que pueden agradecer y las que no. Por las razones que sea. Personas que pueden hacer algo por los demás de manera genuina y gratuita, y personas que no. Personas que crean y personas que destruyen. He conocido pocas familias yo con una capacidad de dar amor tan profunda. Si eso no se puede reconocer: tanto peor para él. La ingratitud es tal vez uno de los peores defectos. 

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