8 de septiembre de 2023

Activismo feminista

Amo la conversación, desde donde surgen nuevas formas. Reírse del presente para extraer su sustancia. Tengo un grupo de amigas con las que observamos los detalles de moverse en los instantes. Los matices de interactuar con el medio. Me llenan de vida. Descubro con ellas reflejos de las cosas que no veía. Sombras y luces que no había percibido. En la conversación surge la vida. Para actuar en la realidad lo primero es captar las tonalidades de cada movimiento. Lo sutil que se nos escapa si no incorporamos el punto de vista de alguien que está frente a nosotros. En la conversación surge el misterio. Las posibilidades del milagro. En la aguda percepción de que observamos el presente desde un prisma estrecho pero único. Lo que observamos no es lo más importante. Extraemos en la conversación la sensación y los sentimientos de quienes no son nosotros pero son un poco nosotros. Vivimos en los demás y la alquimia se realiza en el interior cuando la conversación nos transforma. Actuar comienza en el encuentro. Decir, también, comienza en el encuentro. La transformación se realiza en grupo. Estamos insertos en comunidades. La conversación honesta es la forma más alta de pureza. La conversación profunda es la forma más alta de acción. Es desde ahí, sólo desde ahí, que nace todo el movimiento. Seguir despertando, desde el amor, desde la amistad, siempre seguir despertando. El presente se muestra ancho y propio. Todxs tendrán su lugar. La multiplicidad de lugares posibles y todas las combinaciones que puedan imaginarse. Conversando imaginamos el ancho presente. Lo que más agradezco del activismo feminista es lo siguiente: la conversación que crea, la palabra que sana, la creación que imagina. 

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