En dos semanas es tu cumpleaños, Pepo. En septiembre siempre me acuerdo de ti. Pasan los años y siempre me acuerdo de ti. El primer amor no se olvida. Nunca. El sentimiento queda intacto tal vez. Debido a su intensidad. Es un sentimiento único, porque no conoce la desilusión. Es el amor perfecto que sólo contiene pasión. Una promesa perpetua sin la posibilidad de un final. Conocer el amor implica presente absoluto. Creíamos que estaríamos juntos por la eternidad. Eso decíamos. No sabíamos que el amor a veces tenía un término. Estábamos seguros que sería eterno. ¿Te imaginas? Puedo evocar la sensación. Es un paraíso. No sé si alguna vez volví a obtener esa felicidad tan pura. Creo que se sentía como tu impulso deslizándote en la nieve con tu tabla. Los saltos que hacías en el aire de manera tan magistral. Eras el mejor en volar. Cuando ya no estábamos juntos seguía tus proezas en los medios. Te admiraba mucho. Esa actitud indiferente que escondía una pasión desenfrenada. Siempre se vuelve al primer amor, canta Gardel. Siempre tuve esa secreta esperanza. Meses antes de que la muerte te arrebatara de la tabla para hacerte volar en los sueños volvimos a encontrarnos por casualidad. ¿Te acuerdas? Teníamos veintiséis años. Me prometí luego de eso que volvería a encontrarte. El destino quiso otra cosa. Se alió con la muerte y decidieron que tu camino estaba sellado. Que ya habías volado lo suficiente. Pero qué sabe el destino del amor. No tiene idea. Qué sabía el destino de tu amor por la tabla. Por el vuelo infinito. Cortar el vuelo en flor es no entender nada. ¿Y ahora qué? Lo que me queda es tu amor absoluto que desafía a la vida y a la muerte. Un trazo indeleble que me hace soñar. Gracias, Pepo, tu recuerdo es vida y esperanza, muy feliz cumpleaños.
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