Amo la
mañana, con su promesa de eternidad, del día completo por delante repleto de
ideas, de propósitos. Amo el atardecer, con su nostálgica resignación de lo que
no pudo llegar a ser, o que fue y luego partió. Amo el anochecer, el arribo del
momento de cerrar los ojos, con esa esperanza de un nuevo día, donde todo sea
posible, y donde solo contemplar la naturaleza imponente nos llene el alma como
si fuese suficiente. El día nos limita y nuestra mortal existencia nos limita. Aunque
casi nada tenga sentido, yo quisiera hablar desde el sentido que llevo dentro,
que no es otra cosa que observar atentamente, y dejar aparecer el universo que
nos habita, nutrido por toda esa maravilla posada a nuestro alcance cuando nos
acercamos a verla, y que nos vislumbra de cuando en cuando.
19 de agosto de 2014
3 de agosto de 2014
Hannah Arendt, la condición humana y los derechos humanos
El
hecho de que el hombre sea capaz de
acción significa que cabe esperar de él lo inesperado, que es capaz de
realizar lo que es infinitamente
improbable
Hannah Arendt
Lo
que está en juego es la pérdida de la búsqueda de sentido y la necesidad de
comprensión
Hannah Arendt
Nuestro mundo común está atestado de
sucesos demenciales. También de asuntos floridos. Pero lo irracional y sombrío
es más difícil de comprender. Para Hannah Arendt, la necesidad de comprensión era
un sentido de vida[1].
Hoy vemos con espanto, como dos comunidades humanas, como son la hebrea y la
palestina, buscan destruirse mutuamente. Es como si el tiempo no pasara. Como
si no hubiésemos aprendido nada. Vemos también cómo las personas mueren
intentando traspasar fronteras, intentando nadar hacia mejores oportunidades,
hacia una vida digna[2].
La indignación ya ha llegado quizá demasiado lejos. La perplejidad está
instalada y ya no abandonará la contienda. Es el momento de esforzarse un poco
más en comprender tanto descalabro, tanta indolencia, y vislumbrar nuevas
claves, para luego actuar. En este camino pedregoso, muy pedregoso, casi como
un risco escarpado, recurrimos a Arendt, porque sus ideas están hechas de la
savia que constituye a los derechos humanos. Un pueblo libre no tendría por qué
ser infeliz y desear la muerte de sus vecinos. Una humanidad que comprende y
encuentra un sentido no tendría por qué devastar al planeta, ni denigrar a
nadie, ni destruir lo que tanto cuesta crear. La imaginación nos guía, y
mediante nuestras palabras y nuestros actos, nos sintonizamos en una cruzada
que nos incluye a todos, y consiste en amar la diferencia, y en hacernos
responsables por nuestro mundo[3].
Si lejos, lejos de nosotros, un niño llora en la selva, también nuestra piel
está teñida de indiferencia, también se rompe una parte de nuestra propia
humanidad, nos alienamos al cerrar los ojos a lo que nos rodea, al avalar la
ecuación medios-fines, al mantenernos mudos, como la misma violencia. Lo que
intentamos trata sobre comprender, sobre actuar, sobre llegar al alma de las
ideas de Arendt, confiando en que un día no nos aniquilarán definitivamente las
preguntas, sobre salir a las calles, sobre trabajar duro, premunidos de buenas
ideas, para sanar del mundo lo que pueda ser sanado. La contienda es desigual,
y las heridas son profundas, pero cuando se posee la sabiduría de quien trabajó
duro y recorrió mucho, el desafío tiene un sentido, y una esperanza. Una
pequeña esperanza, pero a veces más grande, de que todas las personas puedan
respetarse, y de que la pluralidad nos dé vida. Nuestra tarea, -y cada día la
confirmamos, en un ritual que consiste en no desfallecer observando atentamente
todo lo bello que existe en la tierra-, consiste en sanar a la humanidad a
través de la propia humanidad, contenida en todas las ideas humanas que
existen, y frenando con ellas y nuestra energía, al gobierno del odio, la
indiferencia y la ambición. Bienvenidos, el mundo ya lo conocen, y ahora pueden
ver lo que Arendt reflexionó sobre todas las calamidades que presenció. Quizá
nos sirva realmente para cambiar el mundo, que sigue igual de adolorido que
antes. Los tiempos presentes, son también atemporales, es difícil distinguir
una desventura de la otra. En nuestra existencia, aunque fugaz, podemos
comenzar algo nuevo, podemos intentarlo, buscando un sentido a esta existencia
desquiciada, pero desbordante de ganas de vivir.
[1] “De
algún modo, se me planteó la siguiente cuestión: o estudio filosofía o me tiro
a un pozo, por así decir. Pero no, desde luego, por falta de apego a la vida.
Nada de eso. […] Era [la] necesidad de comprender” (Arendt, LQC [2006] 2010b: 50),
entrevista con Günter Gaus. Véase también infra
capítulo III. “Comprensión y política [Understanding
and politics]”.
[2] “Lo que
viene sucediendo en Ceuta y Melilla, y por extensión, en la frontera sur de la
Unión Europea, es una tragedia ante la
que es preciso actuar de manera inmediata poniendo en marcha medidas ajustadas
a la legislación nacional, europea e
internacional que garanticen el respeto de los derechos humanos y el principio de no devolución. La instalación de
concertinas, el uso de material antidisturbios y las devoluciones ilegales
lejos de solucionar la situación están poniendo en peligro la vida de las personas
que intentar llegar a Europa generando graves situaciones de indefensión y
desprotección. Esta situación puede y debe resolverse, de manera rápida,
recurriendo a mecanismos ya existentes. El punto central, radica en poner el
foco en las personas que, en Marruecos, se encuentran en situación de
emergencia humanitaria y garantizar el respeto de sus derechos y el acceso a
una adecuada protección. Para ello reclamamos la implicación tanto del gobierno
español como de la Unión Europea en el desarrollo de estas medidas”, véase
Manifiesto "Por una solución europea al drama en las fronteras de Ceuta y
Melilla: 4 medidas urgentes y realizables”, de las entidades de Migreurop en el
estado español (Andalucía Acoge, APDHA, CEAR, ELIN, SOS RACISMO), http://goo.gl/0lnyif, http://www.migreurop.org/.
[3] “G. G.: ¿Guarda usted memoria de algún suceso
determinado, a partir del cual pueda datar su interés por la política? H.A.:
Podría mencionar el 27 de febrero de 1933, fecha del incendio del Reichstag, y las detenciones ilegales
que se produjeron esa misma noche. Las denominadas <<detenciones
preventivas>>. Como usted sabe, estas personas fueron conducidas a
sótanos de la Gestapo o a campos de concentración. Lo que sucedió en aquel
momento fue monstruoso, aunque hoy a menudo queda ensombrecido por todo lo que
vino después. Esto supuso para mí una conmoción inmediata, y a partir de ese
momento me sentí responsable. Esto es, dejé de pensar que uno podía limitarse a
mirar. Intenté ayudar en algunas cosas” (Arendt, LQC [2006] 2010b: 45-46),
entrevista con Günter Gaus.
22 de junio de 2014
Barcelona como la vida misma
Hace calor,
oscurece tarde. Hoy estuve en el mar. Celeste, celeste se veía. Caminé por el
paseo lentamente. No había olas. Evoqué tu mirada. Tu sonrisa. Las cosas
parecen ordenarse. Pero nunca se ordenan. Ni ellas quieren ni yo tampoco. Son desordenadas
como la Barceloneta, atestada de ropa colgando desde los balcones diminutos
frente a frente. Barcelona el gran caos perfecto. Barcelona la magia de la
vida. Barcelona la diversidad hecha fiesta. Observo, observo. Creo que esa es
la historia de mi vida. Si tuviera que describirla podría decir viajar
observando. Como un conejo saliendo de un sombrero, todo el tiempo sorprendida.
A veces abrumada, pero ahora consciente. ¿De qué se trata vivir?, me he
preguntado tantas veces. Creo que Barcelona tiene gran parte de las respuestas,
trata de pequeñas calles, de juegos, de balcones, de skates, de turismo, de
enamorados, de limosnas, de grandes catedrales, de pequeños adoquines, de
bares, de risas, de abandono, de sol, de playa, de encuentros, de casualidades,
de multiplicidad, de diferencia, de trote agitado, de amor, de belleza, de
amistad, de miseria, de compasión, de infancia, de vejez, de arte, de creación,
de celebración, de muerte, de olvido, de música, de pasión. Creo que nunca
había estado en una ciudad con tanta vida. Si no te mantienes firme te ahoga. Pero
hoy yo estuve en el mar. Estaba tranquilo. Nunca sé si yo lo estoy. Si es
posible estarlo. Amigarse de las olas, sean grandes o pequeñas, es una opción
posible. Una opción musical, deslizarse zigzagueante con el ritmo, al compás
sin resistencias. Verter miel en el té, o un poco de leche en el café, respirar
hondo, dejar que las lágrimas caigan, esperar, esperar, comprender, u olvidar. Olvidar
todo excepto este momento, en que no estás, pero estás, no estás aquí, pero sé
que piensas en mí, sé que si te pregunto de qué se trata vivir vas a decirme
algo, y creo que yo también podré decir algo. Pero realmente yo no puedo creer
cómo todo puede esfumarse de un momento a otro, y volver de un momento a otro,
y así sucesivamente, como burlando al destino, como desafiando a la existencia
constantemente, acaso es eso, dar la media vuelta sólo para asustar, para dejar
en claro que las cosas nunca se ordenan, que tal orden no existe, ni existirá
nunca. ¿Entonces para qué queremos ordenarnos?, ¿queremos? Tan pronto crees que
la existencia es perfecta, tan pronto caes tan hondo que la perfección parece
algo totalmente absurdo, ingenuo e irrealizable. Se me ocurre algo, olvidar
todas esas perfecciones y esos vacíos, y centrarte en estas líneas, ahora que
lees y yo escribo, en un presente despojado de canciones repetidas y melodías
por cantar, ¿y si existir es como la ciudad?, sucede en este momento, ¿y si el
desorden es algo posible?, ¿y si el llorar tiene una contracara profunda y
sabia?, ¿y si dudar es posible?, ¿y si las dudas también forman parte de este
momento?, ¿y si las dudas también están en las paredes de la ciudad escondidas
rodeándonos a cada paso, pero amablemente, llevándonos al encuentro de lo que
vale la pena? ¿Por qué nadie puede decir lo que es vivir? Es porque no hay una
sola manera, ni tal cosa como una naturaleza humana, estamos solos. De cuando
en cuando nos encontramos, aparece alguien que entiende al menos algo de todas esas
inquietudes que están en el corazón, todas esas voces que hablan en tu alma,
entonces por momentos sabes que puedes encontrarte con alguien, más lejos de ti
mismo, con la sensación de que hay algo más allá de ti, aunque sea un pequeño
espacio de comunión que da la sensación de un universo de significado, como me
sucede contigo, a pesar de nuestras falsas distancias. Lo que detesto es la
distancia cuando se hace real, y no puedo llegar a ti. El vacío y la perfección
están tan, tan cerca. No es posible confiar, hay que olvidar, para vivir la
perfección y no pensar en el vacío, o para sobrevivir al vacío sin anhelar la
perfección que lo agranda. Mientras escribo estas líneas el mar sigue calmo,
pero yo no le creo, sé que bajo su superficie el caos de la gran ciudad está
siempre latiendo, el llamado de la existencia misma a despertar, a lanzarnos
por el balcón a pesar de la distancia al suelo, a no temer a las heridas que ya
están selladas, a caminar por la ciudad una y otra vez con sorpresa,
fascinación por los nuevos detalles. A entender que la lista de cosas que
importan es muy breve, que casi todo da lo mismo, y que quiero quererte más que
toda la ciudad junta y todo su brío, aunque la perfección y el vacío estén tan
cerca que casi sean una sola cosa, y que la amenaza de transitar de un balcón
al otro esté siempre latente, a la vuelta de la esquina, bordeando la catedral,
allí donde una gárgola te mira fijamente, sin palabras de auxilio, sin
respuestas, sonriente, irónica, estática, lejana. En ese café del barrio
gótico, ¿te acuerdas?, donde tocaba Paco de Lucía, quizá la embriaguez nos
confundió y nos creímos inmortales, en ese bar cerca del mar, ¿te acuerdas? quizá
el amor hipnótico nos hizo creer que el éxtasis puede perpetuarse, como un
momento sublime que sigue resonando. ¿Pero sabes qué? Yo quiero lanzarme a
pesar de nuestra condición humana de perfecciones y vacíos. A pesar de que la
ciudad pueda a veces ser engañosa y enmarañada. Solo te pido una cosa, ámame
como no has amado antes. Dame la mano para recorrer estas calles, como si no
hubiera nada más. Llévame al mar, una y otra vez, para darle un sentido a este caminar.
10 de abril de 2014
Nunca había amado tanto la vida
¿Y si te
digo que mi vida floreció como una primavera simultánea en toda la tierra? ¿Y
si te digo que el mundo me parece bondadoso y benevolente ahora? ¿Y si te digo
que veo ahora tanta luz por las calles que el fulgor me encandila? ¿Y si te
digo que vislumbro un sentido potente para esta existencia desaforada? ¿Y si te
digo que me siento omnipotente y al mismo tiempo ínfima como para entrar en
cada sutileza que otorga dimensiones que embellecen la vida? ¿Tú sabías sobre
esto? ¿Conocías la existencia de un mundo que se abre frente a tus ojos, y lo
que invade tu corazón es la idea fija de abrazar ese cuerpo tibio que hace
volar tu creatividad de una manera desmedida y única? Te diré algo, creo que
amando se ama más la vida. Te diré algo, creo que nunca la había amado tanto. Nunca
había amado tanto la vida. Sólo me queda seguir observando atenta y entregarte
mi presente. Sólo me queda agradecerte y darte mi existencia para explorar
nuevos parajes, llegar hasta el fondo de tamaña bienaventuranza. Solo me queda
abrir bien los ojos y aprehender las nuevas dimensiones con espíritu aventurero,
sabio, espontáneo y sencillo. ¿Y si se pudiese amar para siempre?
7 de abril de 2014
Printemps avec toi
La primavera
se cuela en mi sonrisa, siento que me invade un carnaval caótico junto con un
remolino de viento, mezclado con la serenidad meditativa de observar un pequeño
barco de juguete avanzando lentamente por el caudal de un río hasta perderse,
dos fuerzas opuestas, como la alineación de los planetas, como volverse
omnipotente, como volverse inmortal a pesar de todo.
17 de febrero de 2014
Sobre la necesidad de ser persona, la condición humana y la democracia en María Zambrano
Pues todo ha sucedido en nuestra
historia como si la condición humana hubiera de ser conquistada. Lo cual se ha
hecho con entusiasmo en algunos momentos, por resentimiento en otros, y siempre
porque la condición humana, el vivir humanamente, no es eludible
(p. 58).
Lo
que tenemos es perplejidad, una perplejidad honda y espesa. Esto porque las
certezas son difíciles, y las dudas, fáciles. Entonces decimos, ¿por qué?,
decimos: debe haber alguna manera. Pero a nuestro alrededor las cosas siguen
siendo demenciales. Sabemos de ellas una y otra vez, porque la reiteración es
su aliada, y cuando no han finalizado, vuelven a recomenzar, a manifestarse con
toda su verdad, con todo su dolor, con su sinsentido, inexplicable. Quisiéramos
alertar a la concurrencia, anotar por las calles, “sólo esta denuncia: la
irracionalidad profunda de nuestra historia” (p. 86). Pero agregar: la
irracionalidad profunda de nuestro presente. Que vendría a significar lo mismo,
aunque distinto. Porque respecto de la historia hay que reflexionar, perdonar,
pero respecto del presente hay que actuar, es esto posible, lo que no es
posible con la historia. Un actuar que implica reconocer primero, tener la
voluntad de cambiar, y luego de una vez enfrentarse cara a cara con la
irracionalidad y repudiarla. Decir, ¿cómo fue que llegamos aquí?, ¿queremos
seguir de esta forma?, ¿hacia dónde vamos? Pero no resulta fácil, si bien no
podemos decir a ciencia cierta por qué. Entonces esa intuición difusa, de que
debe haber alguna manera -de expresarlo en este caso- retorna, para quedarse. A
veces al encontrar una idea precisa, se cae en cuenta de que existía esa
intuición, y no a la inversa. Como que hubiese estado esperando para exclamar
que había estado allí desde antes. Entonces llega la idea precisa. Y se
confirma la intuición. Nos preguntamos: ¿Cómo hacer que las personas se
comporten como personas, todas, y por lo tanto los que gobiernan también? ¿Cómo
expresar el modo en que una sociedad debe conducirse, de una manera que rescate
lo esencial, de manera que no pueda eludirse, como alcanzar una definición
inexorable? Y llega la definición, con la cual no es posible escapar porque no
tiene intermedios, o se es o no se es: la democracia es “la sociedad en la cual
no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona” (p. 169). ¿Qué es ser
persona?: “la persona es algo más que el individuo; es el individuo dotado de
conciencia, que se sabe a sí mismo y que se entiende a sí mismo como valor
supremo, como última finalidad terrestre y en este sentido era así desde el
principio; mas como futuro a descubrir, no como realidad presente, en forma
explícita” (p. 130). La persona es imprevisible, pero de otra parte “es la que
ofrece garantía de autenticidad”, y el modo adecuado de tratar con ella es la
confianza, “y cuando se pierde, el trato personal llega a ser imposible”. La
persona tiene conciencia, y la conciencia “corresponde a un futuro que hemos de
hacer nosotros en parte; a un futuro, creación del hombre, aunque sólo sea
porque él puede cerrarlo o abrirlo” (p. 160). Es por esta razón, y no otra, que
somos responsables, qua personas, de
todo lo que nos rodea. De lo que se trata es que “la sociedad sea adecuada a la
persona humana; su espacio y no su lugar de tortura” (p. 172). De lo que se
trata es que la sociedad tenga una estructura análoga a la persona humana. De un
régimen “que se comporte como una persona en su integridad”. Un requisito
indispensable es que se tenga conciencia de la persona humana, “pues se trata
de una realidad tal que necesita ser pensada y querida, sostenida por la
voluntad para lograrse”. Se precisa algo esencial: “para ser persona hay que
querer serlo, si no se es solamente en potencia, en posibilidad. Y al querer
serlo se descubre que es necesario un continuo ejercicio, un entrenamiento” (p.
192). Sabemos lo que queremos: “el que la persona humana se realice
íntegramente” (p. 89). No hay seguridad de que vaya a haber acuerdo en este
propósito. Pero podría ser un primer paso. Entonces podemos volver a transitar
las calles con nuestra denuncia de la irracionalidad de nuestra historia. No ha
dado resultado. ¿Nos detendremos sin más? Por qué, si ya tenemos una manera.
Podemos decir lo que se precisa, y sabemos lo que no queremos: que sigan
existiendo víctimas. No queremos más sacrificios. No queremos más dominación.
No queremos absolutismos de ninguna clase. En todo absolutismo de pensamiento “se
teme a la riqueza, a la multiplicidad, al cambio”. Se siente pánico ante el
movimiento, y un “temor ancestral a la realidad” (p. 205). La democracia, en
cambio, es “el régimen de la unidad en la multiplicidad, del reconocimiento,
[…] de todas las diversidades, de las diferencias de situación” (204). Queremos
esa democracia, y no otra. Una en que las personas que nacieron en otros
territorios puedan residir en ella sin contratiempos, como si no hubiesen
nacido en otro lugar. Una democracia que tenga respeto por todas las personas.
Una democracia donde todo ser humano sea acreedor de una dignidad, que no pueda
ser humillada. Donde podamos sentirnos libres, “pues solamente se es de verdad
libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie, incluido a
sí mismo. La condición humana es tal que basta humillar, desconocer o hacer
padecer a un hombre –uno mismo o el prójimo- para que el hombre todo sufra. En
cada hombre están todos los hombres” (p. 97). Queremos una ciudadanía que
alcance para todos. Que reconozca la
condición humana, con su vacío y su desesperación, con sus tres
condiciones que la delimitan: “nacer oscuramente, haber de morir, soportar
mientras dura esta vida pasajera, la injusticia” (p. 72). En definitiva, que
todos puedan aparecer en cuanto personas, y no otra cosa. Que ser persona sea
posible. Porque si lo vamos a exigir, primero debe ser posible. Hoy no están
dadas las condiciones. Pero si -como María Zambrano- tenemos la esperanza y podemos
reflexionar y expresar este deseo, por no decir necesidad, podremos evitar caer
en la desesperación y continuar esta historia, torciendo un poco su movimiento
hacia algún lado más humano. No es en ningún modo seguro que ello sea posible.
Pero jamás renunciaremos a ser persona, y ser persona significa ver la
humanidad en el otro y actuar en consecuencia.
Obra citada
Zambrano, María. Persona y democracia. La historia sacrificial. Madrid: Ediciones Siruela, 1996.
26 de enero de 2014
Pertenecemos a la tierra II
Ayer
apareció una bandada de loros por mi calle, de esos verdes con pintas rojas en
la cabeza, unos pájaros preciosos. Y se posaron en el árbol que está abajo de
mi balcón, con ese sonido estruendoso que emiten, y comenzaron a comer las
semillas que le quedaban al árbol sin hojas. Luego por alguna razón que solo
ellos pudieron percibir, volaron al mismo tiempo todos juntos, dando la vuelta
en la esquina, entre los edificios, con la difícil misión de buscar algún
otro árbol que pudiera albergarlos, en un desafío que no acaba.
Entonces
recordé la selva de Costa Rica, impenetrable y gigantesca, monumental, y pensé:
cuán diferente es la vida de estos loros, a la de esos que vuelan sobre
kilómetros y kilómetros de verde...
Y me
regalaron esta cita:
Cuando
la sangre de tus venas retorne al mar,
y
el polvo en tus huesos vuelva al suelo,
quizá
recuerdes que esta tierra no te pertenece a ti,
sino
que tú perteneces a esta tierra.
Nativos
americanos
La tierra
no nos pertenece, está claro. Pero tan seguros que estamos de poder apropiarnos
de todo.
Y vuelvo
a John Locke, esta vez con un poco de rabia, y vuelve a hacérseme de pronto muy absurda la idea de la conquista de un pueblo sobre
otro, y absurda también la idea de un derecho de propiedad...
Y leo el siguiente
pasaje:
Pues aunque yo puedo matar al ladrón
que me asalta en el camino, no puedo, aunque parezca ser una acción menos
grave, quitarle el dinero y dejarlo marchar; ello sería un robo por mi parte. Su
agresión y el estado de guerra en que él se había puesto a sí mismo hicieron
que él estuviese renunciando a su vida; pero eso no me daba derecho a
posesionarme de sus bienes. Por consiguiente, el derecho de conquista se
extiende solamente a las vidas de aquellos que se han unido a la guerra; no se
extiende, pues, a sus posesiones, excepto para reparar los daños recibidos y
los gastos de la guerra; y esto, respetando los derechos de la esposa y de los hijos
inocentes.
Pareciera otorgar mayor valor al
derecho de propiedad por sobre el derecho a la vida. De pronto concuerdo con los
autores que afirman que el Segundo
Tratado sobre el Gobierno Civil es un libro escrito con intenciones directamente vinculadas a
muy particulares intereses de clase, y que podría ser una apología de la moral
capitalista.
Y un amigo me
comenta:
Pues sí. La
propiedad privada se basa, claro, en la privación. Es un concepto delimitativo,
en una concepción del individuo aislante, hacia dentro, y que excluye
totalmente responsabilidad alguna entre las personas. Locke construye un
cascarón luminoso y amable basado en la propiedad, pero es todo emperifollaje
para ocultar el argumento del miedo y el egoísmo que ya se encontraba en
Hobbes, la verdadera columna de legitimación y subyugación del poder.
Y le expreso que
concuerdo con él. La verdad que empecé a leer con inocencia, pero ahora lo que
siento es asco.
3 de enero de 2014
Barcelona je t’aime
Approche-toi de moi
Monte le son plus fort
Je veux sentir une dernière fois ton corps
Contre moi
Je pars en voyage
Tu pars très longtemps
Je t'en prie, chante moi
Ce vieil air français
Cette mélodie d'Erik Satie
Je crois que c'est ça
ARTHUR H. & FEIST, La Chanson De Satie
Je suis dans un état de surprise, un peu étourdi
Comme une rêverie
Je pense à toi...
29 de diciembre de 2013
In love with words
Estoy enamorada de las
palabras. El desafío de convertir la realidad en palabras. Encontrar la palabra
perfecta, para una sensación, una idea, un concepto, una imagen, como recurrir
a la alquimia. Es una operación bellísima, desafiante, y altamente entretenida.
Para mí es como estar en mi lugar en el mundo. Llena de palabras. Llena de
significado.
It’s hard to say exactly the moment you fall in love with someone
MARTHA
Gellhorn: It is our job to give a voice to the voiceless,
to bear witness to the
innocent and expose the lies that mask evil
with glorious rhetoric.
[…] I felt such despair for the human race.
Philip
Kaufman, Hemingway and Gellhorn
Amo lo puro que hay en ti. Incorruptible.
26 de diciembre de 2013
2014
Agarré una maleta y subí a un avión, sin saber bien adónde venía, pero con una intuición de música desplegándose. Regalé mi ropa, y me despedí de quienes más quiero, uno por uno, con conversaciones honestas, reparadoras y llenas de esperanza. En el avión iba con mis libros y poemas en la garganta, esperando cantar al nuevo horizonte. Llegué a Barcelona, y sigo siendo la misma, pero estoy lejos desde donde partí. Todo, o casi todo ha quedado atrás. Miro alrededor y todo es nuevo. Voy sumergiéndome de a poco en el vaivén de esta ciudad. Vislumbro los albores de cientos de umbrales que me van llamando, con un susurro revelador. Quizá vine buscando algo. O quizá solo quería dejar de buscar. Pero lo más sublime es cuando encuentras algo que no esperabas. Como conocer personas que crees que están lejos de lo que tú eres, pero en realidad no lo están, como conocer al sustrato íntimo de la tierra. El año acaba, pero mi sensación es que el nuevo año comenzó hace ya tres meses y medio, cuando llegué aquí. Pero cambiará el número, como una nueva realidad que comienza, como siempre. Lo que pido para todos para este nuevo año, es creatividad, y creatividad, sin límites. Y una sensibilidad que hemos perdido, que vuelva, acentuando nuestra percepción de las cosas, para vivirnos cada día como si fuera el último. Disfrutando el mar, la música, las palabras y la amistad. Espero que nos encontremos a nosotros mismos y todos los lugares sean nuestro lugar. Espero que sigamos conociéndonos, unos a otros, y en ese tránsito, se profundice la certeza de que estamos finalmente hechos de lo mismo, a pesar de nuestras diferencias superficiales, amando así al mundo, a pesar de su caos, por nuestra compartida humanidad. Que este año sea distinto, que vengan cambios y revelaciones, que cuando acabe no podamos recordar donde partimos. Les agradezco por todos los buenos momentos. Me he sentido como en casa, donde sea que esté.
GRACIAS por todo, y muy feliz año.
Andrea
3 de diciembre de 2013
Lilit II
Marry me, marry me
I'll be so good to you
You won't realize I'm gone
Marry me, marry me
I'll be so sweet to you
You won't realize I'm gone
You won't realize I'm gone
St. Vincent,
Marry Me
¿Vas a
escribir eso? Voy a escribir todo lo que pueda escribirse. ¿Y vas a hacer todo
lo que pueda hacerse? No lo sé. ¿Y si te dijera que te cases conmigo? No quiero
casarme, ya me casé una vez. Pero esta vez será distinto. Es probable, ¿y los
demonios? No estarán invitados. Pueden llegar a pesar de eso, ¿y las puñaladas?
No serán por la espalda. Me harán daño igual, ¿y las injusticias? Seguirán
ocurriendo, pero podemos olvidarlas por un rato. ¿Y las infidelidades? Ocurrirán,
pero no para nosotros. Las relaciones pesan después de un tiempo. Las
infidelidades también. Yo creo que tú tampoco quieres casarte, además casi ni
me conoces. Te conozco lo suficiente. Soy Lilit, recuerda, puede que me escape
del edén antes de tiempo. Es el tiempo suficiente que necesito. ¿Para qué? Para
que no puedas olvidarme. Seguirás penándome, ¿a eso te refieres? No podrás
escaparte del edén. Vivo en él. Pero no conmigo. Es suficiente así. No es
suficiente para mí. Nunca podré amarte lo suficiente, además tú tienes que
luchar contra las injusticias y yo te quitaré tiempo. Podemos hacerlo juntos.
Además yo ya estoy enamorada de las palabras, me quitarás espacio. Podemos escribir
juntos. Eso no se hace de a dos. Sólo quiero amarte. No sé bien lo que es amar.
Lo que yo siento por ti. Tengo que decirte algo triste, lo siento. ¿Qué? De
verás lo siento… estoy enamorada de otro. Ahora tú eres la que me da puñaladas,
y por la espalda, ¿por qué no me lo dijiste? No era algo que quería verbalizar,
es un amor imposible y nunca resultará, pero está en mi corazón. ¿Cuán profundo?
Profundo, creo, no puedo olvidarlo. Quizá se vaya. No lo sé, quisiera, pero
algo me tiene atrapada. ¿Y quién es? Vive lejos de aquí, hace un par de semanas
que no lo veo. No entiendo por qué no me lo dijiste. No tenía sentido. ¿Qué no
tenía sentido? Decirte, la relación con él es un sinsentido, está hecha de
nubes y palabras. ¿Y por eso te gusta?, ¿me fuiste infiel? No, ya te dije, es
una relación etérea, de palabras, no tiene una sustancia definida. ¿De qué me
estás hablando? Te estoy hablando que me enamoré de él, a pesar del sinsentido,
no puedo mentirte, y no puedo casarme contigo. ¿Por unas palabras? Y porque
tengo tanta pena que quisiera morir, no entiendo nada, y ahora me dices esto.
Las palabras te harán daño tarde o temprano. Las palabras me salvarán la vida. Si
me dejas acabarás con la mía. Te quiero, pero dame tiempo. Puedo esperarte, sabes
lo que siento por ti. Yo no sé lo que siento, y a veces quisiera convertirme en
una palabra y quedarme estática dentro de un libro, tranquila. Te leería todos
los días. Déjame partir, con mis palabras y mi dolor. No puedo, jamás
renunciaré a la rosa que me dio un sabor indefinido, el que ya no puedo olvidar,
y me tiene asido a la vida con fuerza. Temo esos sabores, y las rosas no duran
para siempre.
Lilit
Something I should tell you,
But we are never alone
There's something I should tell you,
And I've been waiting so long
When it's over with, going our separate ways
How about you and me;
Dinner for two
David
Byrne & St. Vincent, Dinner For Two
Mi nombre
en italiano es un nombre de hombre, y en euskera significa mujer. Puedes
ponerte Eva, o Lilit. ¿Por lo rupturista?, ¿por la rebelión? Por la feminidad. Pero
a ella le gustan los demonios. Es una criatura nocturna, como la lechuza. Es una
criatura sobrenatural. Abandonó el edén por las imposiciones. ¿Tratas de
decirme algo?, ¿me estás proponiendo que me cambie de nombre? Puede ser tu
seudónimo. Ya tengo un seudónimo. ¿Cuál es? Almendra. ¿En flor? Siempre floreciendo,
como la primavera. Este fin de semana sentí el invierno, me parece todo tan
vacío a veces. ¿A qué te refieres? Las relaciones y el mundo son tan
complicados, siento que siempre estoy luchando contra las injusticias. También soy
una existencialista desesperada, pero déjalas de lado un momento. Está bien, te
contaré una historia. Quiero escucharla. -Un gran banquete, rodeado de
almendros en flor. Gran concurrencia, personas riendo y bebiendo vino. Grandes
vestidos y sombreros. Demonios y lechuzas sobrenaturales deambulando. En el
ambiente una embriaguez extasiante. Un edén demoniaco. Mucho sol y euforia. Un hombre
conversa con una mujer de nombre Eva, y le cierra un ojo. Del otro lado de la
mesa, varios metros más allá, su mujer conversa con una mujer de vestido rojo,
quien le revela que su marido le es infiel, y que lo ha visto varias veces
saliendo de restaurantes con otras mujeres. La mujer monta en cólera, y en un
ataque de ira, agarra un cuchillo de la mesa, y comienza a caminar con el
cuchillo en alto hacia la víctima infame. La concurrencia se alerta, ella
grita, ¡te mataré, te mataré! Él se
pone de pie y retrocede, gritando ¡esto
es injusto, soy inocente, soy inocente!, y por esas injusticias de la vida,
la mujer tropieza, y cae inconsciente al suelo, el cuchillo vuela. Varios hombres
corren a su rescate y la llevan dentro de la casa, varias mujeres corren
detrás. El ambiente permanece alterado, pero el festejo puede más, y vuelven
las risas. El marido acusado, permanece un rato al lado de su mujer, pero
cuando ésta vuelve en sí, él le besa la frente y vuelve al banquete. Una vez de
vuelta a su puesto, comienza a hablar con la mujer que está sentada a su otro
lado, de nombre Lilit, y le dice, debo
decirte algo, pero nunca estamos solos, algo debiera decirte, he esperado
tanto, cuando esto acabe, qué tal si tú y yo, vamos a cenar…-. Esa
es la historia, ¿crees que nosotros podríamos hacer lo mismo?... ¿Me estás
invitando a salir? Claro. Bueno, pero sin puñaladas ni demonios. Ni injusticias
ni infidelidades. Empiezas a caerme bien…
2 de diciembre de 2013
Otra historia más
Nada
podrá detenerme, ¿sabías? Otras veces te has detenido. Pero siempre vuelvo a
partir. Por alguna razón es posible continuar. Es el amor por la vida. Una vez
estuve en la punta de una montaña, ¿y sabes lo que sentí? Qué. Que era
inmortal. Esa debe ser la razón, nuestro germen de inmortalidad. Se manifiesta
cuando estamos por sobre todo. Cuando podemos ver más allá. ¿Crees que está
todo en nuestra cabeza? Yo creo que sí. Yo también lo creo. Mi cabeza es como
una nave espacial, siempre está viajando por ahí. La mía se parece a un caleidoscopio.
Pequeñas formas y colores que te van guiando. Millares de imágenes que me
mantienen unos centímetros sobre el suelo. A mí me cuesta mucho aterrizar. Para
qué quieres aterrizar. Cuesta un poco vivir así. Pero es una existencia
sublime. La mayor parte del tiempo, sí. Así puedes escribir. Yo nací para esto.
Entonces sigue de esa manera. Pero estoy tan fuera del mundo, y al mismo tiempo
tan implicada en él. Creo que te entiendo. Mira, escucha esta canción. Me
transporta al caleidoscopio. Y qué ves. Veo un prado con margaritas, meciéndose
al viento. Y qué más. Un lago gigantesco, y una pequeña barca que se hunde con
un hombre dentro. Y qué piensa. Que va a morir. Y qué más. Que debería haber
amado más. Tiene miedo. Piensa que no debería haber sido tan cobarde. Que no
debería haber tenido tanto miedo. Piensa en la cara de su hijo al que nunca
vio. Quiere salvarse para decirle lo que es la vida. Pero no sabe lo que es la
vida. Siente que la suya no era tan terrible después de todo. Piensa que fue
ingrato con ella. Quisiera decírselo. Recuerda al hombre a quien mató. Siente
que nunca dejó de acecharlo. Recuerda la cara de su madre la última vez que la
vio. No debería haber desaparecido. Piensa en esa cabaña en la montaña que le
traía tanta paz. Podría haberse quedado ahí para siempre. Piensa en sus años en
el mar lejos de todo. Recuerda aquella tormenta que casi le quitó la vida, que
ahora está por írsele. Piensa en la mujer con la que perdió su virginidad, y
que a veces se le aparece en sueños. Aún estaba en la escuela y se sentía tan
poderoso. Recuerda la cara de su hermano cuando no pudo sostenerlo en ese
precipicio. Siente que fue injusto consigo mismo. Siente que la vida fue
injusta con él. Siente que si se salva no volverá a tener miedo. Jura que ama
la vida y le pide otra oportunidad. Pero ya es demasiado tarde, y éste no es un
momento de inmortalidad.
Otra historia
Qué hay
en tu corazón. Un poco de odio y un poco de amor. ¿Y yo estoy en él? A veces,
¿por qué me haces siempre la misma pregunta? Porque a veces siento que vas a
olvidarme. Lo haría si pudiera. ¿Entonces no quieres olvidarme? Quiero que esto
acabe. Pero para mí es lo más importante. Tú no entiendes nada. Yo entiendo que
me gusta estar contigo. Tú navegas por la vida sin darte cuenta de las cosas
que están pasando. Qué está pasando. Que esto no es real. Lo real es lo que yo
siento. Tú no sabes lo que sientes. En mi corazón hay un poco de desilusión y
un poco de optimismo. ¿Qué es lo que quieres? No me pidas que tome decisiones.
¿Quieres más café? Eso sí lo puedo decidir. ¿Me vas a decir por qué me sigues
llamando? Porque amo tu voz. No es suficiente. Porque amo tu mirada. Más cuando
estoy enojada me imagino. Porque no puedo salir de este laberinto al cual me
llevaste. Si quieres te muestro la salida. Me hundiría aún más en ti. Por qué
te sumerges tan profundo en todo. Porque me hace salir de mí mismo. Por qué te
entregas al momento sin contemplaciones. Porque estoy maldito y no puedo
arrancarte de mi presente. Podrías darme una tregua. No me hagas llorar. Habíamos
dicho que no hablaríamos más. Siento que muero. Sabes que en dos semanas me
voy. No pienso en eso. No tendré una relación a la distancia contigo, me duele mucho.
No vuelvas a decir eso. Por favor, tú estás con alguien no me vengas con
tonterías. Quiero estar contigo. No vuelvas a mentirme. Es lo que siento. No te
creo. Si quieres me voy contigo. No vuelvas a decirme eso, me haces daño.
Quiero irme contigo. Estamos en la vida real, no en una película. Quiero irme
contigo. Por qué me estás diciendo esto ahora, no entiendo. Porque no puedo
pensar en nada más. Me pones triste. No puedo soportar la idea de que te vayas.
Me tienes con un vacío en el corazón. Te quiero. No sabes todo lo que he
llorado por ti. Te quiero mucho. No quiero más palabras sin sentido. No me
hundas más. Quiero irme sola, tú vuelve a tu vida. Mi vida no tiene sentido. Ya
lo encontrarás. Nunca conoceré a alguien como tú. Tú me dejaste partir. La vida
es una mierda. Sólo a veces. Amar es imposible. Yo te amaba, nunca pudiste
tomar una decisión. La estoy tomando ahora. Es muy tarde, el corazón se
resiente. Yo quiero amar. Podrás hacerlo. No veo razones para intentarlo. Yo
tampoco. Pero quisiera que las hubiese. Concéntrate en tus cuentos, quizá ahí
surja algo. He escrito cientos, todos para ti. Yo te escribí unas canciones,
pero eran tristes. Todas mis historias hablan de ti. Te quiero. Ahora me lo
dices. Te quiero desde que te conocí, pero eso no cambia las cosas. Me siento
en un despeñadero a punto de caer. Es el vértigo de la vida vivida a fondo. Quiero
sentir que nuestro amor ha valido la pena. Lo sabrás después, cuando tu corazón
se destroce. Estoy cansado de ver a mi corazón devastado, he ido demasiado
lejos. No veo otra manera. No sé si podré soportar más embestidas de este
desasosiego. Hay que continuar, con una esperanza ingenua, seguir buscando
razones. Siempre me entiendes perfectamente. Creo que no entiendo nada. A mí
sí. Debe ser porque intuyo tu desilusión, que se parece a la mía. Quisiera
abrazarte en la cama. Llevo varios días soñando con eso. Vamos entonces. No esta
vez. Eres preciosa. Tú me haces volar. Yo vuelo contigo, ¿vas a venir? No esta
vez, es hora de irnos. El amor es una mierda. Estoy de acuerdo, es un estado
drogado irreal. Un estímulo mentiroso. Una sensación penetrante y absurda. No
podemos seguir así.
Una historia
Quiero
escribirte una historia. A veces me adueño del mundo. Todo se reverencia
amablemente. La música me eleva. Nada me importa. Porque el momento es mío.
Porque contiene tanta magia que deja de lado todo lo demás. Quiero escribirte
una historia. Una que te haga llorar. Que te destroce el corazón. Pero sólo
tengo unas pocas palabras. Que juntas quizá signifiquen algo. Quiero escribirte
una historia. Que cambie el curso del mundo. Que modifique tu estadía en la
vida. Ésta es la historia. Escribo bajo una luz tenue. Respiro hondo. Una
música suave me habla de revolución. Me pregunto cuándo habrá un sentido para
las cosas. Miro por la ventana, y veo pequeñas vidas al otro lado de la calle.
Otras ventanas que no son la mía escondiendo cosas que nunca sabré. Esta es la
historia: Algo nos separa. Varias calles. Una infinidad de semáforos en rojo.
Miles de edificios. Murallas y murallas. Ésta es la historia. Veo una
habitación a unos metros. Dos personas separadas por unos centímetros. Veo que
hacen gestos, discutiendo coléricamente. Veo que ella intenta acercarse. Él la
empuja hacia atrás. Veo que ella se cubre la cara con las manos. No alcanzo a
ver sus lágrimas. Ya no se dicen nada. No se miran. Veo que él vuelve a
realizar gestos, con una violencia arrolladora. Veo que ella se cubre la cara
con mayor intensidad. Veo que él abre un bolso, y lo llena de calcetines, una
chaqueta y unos zapatos. Sale de la habitación, y luego lo veo en la vereda
caminando atarantado. Veo que se tropieza y cae. Se levanta abrumado y contrariado
y continua, enciende un cigarro, mientras la mano le tirita, luego lo pierdo de
vista. Ésta es la historia: te perdí caminando por la ciudad y ya no sé dónde
estás. Quizá nos separan varias orquestas, unos cuantos teatros, cientos de
actores, diversos poetas, múltiples libros de filosofía y un par de novelas.
Ahora ya no sé dónde buscarte. Ésta es la historia. Miro nuevamente a la
ventana de en frente. La mujer sigue sentada en el mismo lugar de la cama.
Vuelve a cubrirse la cara. Tira un cojín contra la pared con fuerza. De pronto
sale al balcón, y tomando un sus manos algo que parece un cuaderno, lo lanza
lejos. Luego entra, sale con unos zapatos, y repite el gesto. Caen en la mitad
de la calle. Nuevamente el mismo rito, con varios libros, cientos de
pantalones, poleras y chaquetas. Una silla, luego el cubrecama y unos cojines.
Se queda al borde del balcón, mirando al infinito, mi corazón comienza a latir
rápidamente. Temo lo peor. Ésta es la historia: quisiera escribirte una
historia en la que estuvieras aquí. Una historia en la que me hablaras al oído.
Una historia en que me dijeras que las cosas tienen sentido. Una historia en
que nos resguarde una fortaleza, en la habitación más alta de una antigua
torre. Donde avistemos la ciudad silenciosa, con sus pequeñas lucecitas
refulgiendo en la quietud de la noche. Una habitación donde se haga de día y un
pájaro se pose en nuestro balcón, con un mensaje de inmensidad. Donde nos
ahoguemos de plenitud, con la sensación de un universo bondadoso e innumerable.
Donde salir al balcón implique entender algo. Ésta es la historia. La mujer se
aferra firme a los barrotes. Luego se saca algo que cuelga de su cuello y lo
lanza a la calle. Luego se saca el corazón y lo arroja suavemente hacia el
abismo, despidiéndose. Luego se arranca un brazo y lo deja caer. Luego el otro
brazo. Luego sus piernas. Luego su pecho, su estómago, y por último su cabeza.
Su corazón queda entre los libros, y su pecho arropado entre unas chaquetas. Su
cabeza cubierta de lágrimas. Ésta es la historia: vi los planetas alinearse. Luego
perder su órbita. Ésta es la historia, la que yo quería escribirte, y acaba
cuando los planetas vuelven a alinearse.
Mis ganas de ti
Un gran
tornado que devasta, dura varios días. Luego una quietud honda y espesa. Es el
paréntesis que me está costando cerrar. Son estos barrotes que impiden que
caiga balcón abajo. Es ese tributo que rindo a la muerte. Son esas carcajadas
que escucho cuando lo absurdo gobierna. Son mis ganas de ti.
La muerte que se parece a la vida
A veces
se abre una pequeña caja y aparecen grandes cantidades de piel, con un aroma
que se adhiere a ella. Las paredes se resquebrajan, y ya no es posible
componerlas. Buscas a tientas por la habitación, algo que te resguarde del
torbellino. Pero lo que rozas son unas piernas, tibias, y deslizas suavemente
tus dedos por ellas. De pronto la cintura, desnuda al momento. Quieres
detenerte ahí, pero la pasión mortal se instala en tu pecho. La vida ya no te
importa, lo único trascendente es continuar, como una condena inexorable. Sacudes
tu cabeza para recordar cómo era la vida, pero lo único que existe son sangre y
huesos. Un corazón que palpita a una velocidad arrolladora y violenta. De
pronto te acunan unos gemidos, dándote un respiro. Pero la verdad es que el
pasado y el futuro se han difuminado. Sientes una lengua húmeda que se desliza
por tu cuello. Sientes que la vida es esto y no hay nada más. Entonces se
instala la muerte en tu corazón y se adueña del espacio, como una bella
catarsis. Despiertas y ya no hay nada ahí. La habitación está vacía y los autos
circulan por la calle. Las recorres en busca de la vida. Porque una vez estuvo
en ti. Porque antes era fácil dirigirse a algún lugar. Pero el tiempo ha
quedado detenido, las caras de la gente ya no tienen sentido. Preguntas cómo
llegar a casa pero sólo obtienes muecas de incomprensión. Todo ha quedado al
revés, los caminos tienen la dirección opuesta. La muerte incubada en tu
corazón distorsiona todo. Invade cada poro de tu piel. Te sientas en un banco a
esperar un milagro. Recuerdas la pequeña caja que una vez abriste. Solo queda
una solución, matar a la muerte. Devolver los edificios a su sitio. Transcurren
un par de días, sigues sentado en el mismo lugar. Buscas a la muerte para acabar
con ella. Sabes que está dentro de ti, pero sientes como que hubiese invadido
todo el lugar. De pronto la encuentras, pero se parece mucho a la vida. Casi
son lo mismo. Te entregas a ella, en un viaje que se parece a un paréntesis
donde todo es posible. La montaña rusa sube y baja, tantas veces que te elevas
en un éxtasis confuso, asfixiante y sobrenatural. Te cautiva lo desconocido y
ya no puedes parar. La caja ha quedado abierta en tu velador. Te lanzas montaña
abajo. No hay otra forma de vivir.
En este parque a veces es posible
Quisiera
hacerte mío, pero he llegado al parque y ya no estabas. Me sumí en un
paréntesis delirante. Cuando miré hacia atrás lo único que quedaba era tu olor en
mi almohada. Pero era tenue y luego se difuminó hasta desaparecer. Ahora voy
por la calle y una suave música me aleja de ti. Continuo, y continuo, y sin
esperarlo vuelvo al parque. Me siento entre dos grandes árboles, mientras sopla
una brisa cálida, que luego se vuelve fría. Me recuesto en el pasto, mientras
observo el vaivén de las hojas. A veces la perplejidad se hace carne. A veces
el presente se suspende. A veces nuestro poderío se debilita. Entonces esas
hojas se convierten en pequeños parques llenos de palabras, que dejan de tener
significado. Todo empieza a confundirse, y las palabras quisieran significar
otra cosa. Entonces se forman nuevas frases que se abalanzan como un tropel de
desvaríos. Ese es el momento en que las tomo entre mis brazos y hago lo que
quiero con ellas. Porque están a mi merced ante tal confusión. Y escribo “en
este parque todo es posible”, y luego escribo “en este parque nada es posible”.
Y luego, “en este parque a veces es posible”. Pero quisiera escribir, “en este
parque las palabras significan algo”. Y escribo finalmente, “en este parque las
palabras no significan nada”. Y cuando todo está sumido en un gran desorden
ininteligible, apareces tú, de manera inesperada. Quisieras escribir una frase
pero no alcanzas las palabras. Resuelves observarme mientras ordeno el caos. No
es fácil porque llevo largo tiempo conviviendo con él. Te acercas y me miras a
los ojos, “algún día las palabras significarán algo”. Continuas con la mirada
fija en la mía, “en este parque todo es posible”. “Sólo a veces”, te respondo,
y las palabras ya son mis amigas. Me invitas a caminar por el parque, pero debo
partir. “La entrada a este parque fue inesperada”, te digo. “Las oportunidades
llegan”, me dices. “Y también se van”, te digo, “como el amor”. Resuelvo
marcharme, de mi breve estadía en el parque, efímera como la vida, como las
palabras, como un abrazo. Me dirijo hacia el mar, para sentir la infinidad en
las olas, y devolver las cosas a su lugar. Sabiendo que la reminiscencia es
inevitable, y que algo de su mirada persiste en mí. Luego en mi habitación mi
almohada ya no tiene su olor, pero algo ha quedado adherido a mi piel, y voy
por las calles preguntando por su nombre. Quizá ese “a veces” lo traiga de
vuelta a mi piel. Quizá ese abrazo sea menos efímero que la vida. Quizá las
palabras insistan en desordenarse y yo seguiré tratando de componerlas. Quizá
incluso lo inolvidable puede a veces olvidarse. Quizá lo que se olvida, puede a
veces volverse inmortal.
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