2 de diciembre de 2013

Una historia


Quiero escribirte una historia. A veces me adueño del mundo. Todo se reverencia amablemente. La música me eleva. Nada me importa. Porque el momento es mío. Porque contiene tanta magia que deja de lado todo lo demás. Quiero escribirte una historia. Una que te haga llorar. Que te destroce el corazón. Pero sólo tengo unas pocas palabras. Que juntas quizá signifiquen algo. Quiero escribirte una historia. Que cambie el curso del mundo. Que modifique tu estadía en la vida. Ésta es la historia. Escribo bajo una luz tenue. Respiro hondo. Una música suave me habla de revolución. Me pregunto cuándo habrá un sentido para las cosas. Miro por la ventana, y veo pequeñas vidas al otro lado de la calle. Otras ventanas que no son la mía escondiendo cosas que nunca sabré. Esta es la historia: Algo nos separa. Varias calles. Una infinidad de semáforos en rojo. Miles de edificios. Murallas y murallas. Ésta es la historia. Veo una habitación a unos metros. Dos personas separadas por unos centímetros. Veo que hacen gestos, discutiendo coléricamente. Veo que ella intenta acercarse. Él la empuja hacia atrás. Veo que ella se cubre la cara con las manos. No alcanzo a ver sus lágrimas. Ya no se dicen nada. No se miran. Veo que él vuelve a realizar gestos, con una violencia arrolladora. Veo que ella se cubre la cara con mayor intensidad. Veo que él abre un bolso, y lo llena de calcetines, una chaqueta y unos zapatos. Sale de la habitación, y luego lo veo en la vereda caminando atarantado. Veo que se tropieza y cae. Se levanta abrumado y contrariado y continua, enciende un cigarro, mientras la mano le tirita, luego lo pierdo de vista. Ésta es la historia: te perdí caminando por la ciudad y ya no sé dónde estás. Quizá nos separan varias orquestas, unos cuantos teatros, cientos de actores, diversos poetas, múltiples libros de filosofía y un par de novelas. Ahora ya no sé dónde buscarte. Ésta es la historia. Miro nuevamente a la ventana de en frente. La mujer sigue sentada en el mismo lugar de la cama. Vuelve a cubrirse la cara. Tira un cojín contra la pared con fuerza. De pronto sale al balcón, y tomando un sus manos algo que parece un cuaderno, lo lanza lejos. Luego entra, sale con unos zapatos, y repite el gesto. Caen en la mitad de la calle. Nuevamente el mismo rito, con varios libros, cientos de pantalones, poleras y chaquetas. Una silla, luego el cubrecama y unos cojines. Se queda al borde del balcón, mirando al infinito, mi corazón comienza a latir rápidamente. Temo lo peor. Ésta es la historia: quisiera escribirte una historia en la que estuvieras aquí. Una historia en la que me hablaras al oído. Una historia en que me dijeras que las cosas tienen sentido. Una historia en que nos resguarde una fortaleza, en la habitación más alta de una antigua torre. Donde avistemos la ciudad silenciosa, con sus pequeñas lucecitas refulgiendo en la quietud de la noche. Una habitación donde se haga de día y un pájaro se pose en nuestro balcón, con un mensaje de inmensidad. Donde nos ahoguemos de plenitud, con la sensación de un universo bondadoso e innumerable. Donde salir al balcón implique entender algo. Ésta es la historia. La mujer se aferra firme a los barrotes. Luego se saca algo que cuelga de su cuello y lo lanza a la calle. Luego se saca el corazón y lo arroja suavemente hacia el abismo, despidiéndose. Luego se arranca un brazo y lo deja caer. Luego el otro brazo. Luego sus piernas. Luego su pecho, su estómago, y por último su cabeza. Su corazón queda entre los libros, y su pecho arropado entre unas chaquetas. Su cabeza cubierta de lágrimas. Ésta es la historia: vi los planetas alinearse. Luego perder su órbita. Ésta es la historia, la que yo quería escribirte, y acaba cuando los planetas vuelven a alinearse.

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