Agarré una maleta y subí a un avión, sin saber bien adónde venía, pero con una intuición de música desplegándose. Regalé mi ropa, y me despedí de quienes más quiero, uno por uno, con conversaciones honestas, reparadoras y llenas de esperanza. En el avión iba con mis libros y poemas en la garganta, esperando cantar al nuevo horizonte. Llegué a Barcelona, y sigo siendo la misma, pero estoy lejos desde donde partí. Todo, o casi todo ha quedado atrás. Miro alrededor y todo es nuevo. Voy sumergiéndome de a poco en el vaivén de esta ciudad. Vislumbro los albores de cientos de umbrales que me van llamando, con un susurro revelador. Quizá vine buscando algo. O quizá solo quería dejar de buscar. Pero lo más sublime es cuando encuentras algo que no esperabas. Como conocer personas que crees que están lejos de lo que tú eres, pero en realidad no lo están, como conocer al sustrato íntimo de la tierra. El año acaba, pero mi sensación es que el nuevo año comenzó hace ya tres meses y medio, cuando llegué aquí. Pero cambiará el número, como una nueva realidad que comienza, como siempre. Lo que pido para todos para este nuevo año, es creatividad, y creatividad, sin límites. Y una sensibilidad que hemos perdido, que vuelva, acentuando nuestra percepción de las cosas, para vivirnos cada día como si fuera el último. Disfrutando el mar, la música, las palabras y la amistad. Espero que nos encontremos a nosotros mismos y todos los lugares sean nuestro lugar. Espero que sigamos conociéndonos, unos a otros, y en ese tránsito, se profundice la certeza de que estamos finalmente hechos de lo mismo, a pesar de nuestras diferencias superficiales, amando así al mundo, a pesar de su caos, por nuestra compartida humanidad. Que este año sea distinto, que vengan cambios y revelaciones, que cuando acabe no podamos recordar donde partimos. Les agradezco por todos los buenos momentos. Me he sentido como en casa, donde sea que esté.
GRACIAS por todo, y muy feliz año.
Andrea
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