13 de septiembre de 2026

Libros 2025-2026


































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12 de septiembre de 2026

Papá

En unos días, el 22 de septiembre, mi padre está de cumpleaños. Llegó a este planeta hace ochenta años, el año 1946. Sus padres lo nombraron Francisco Antonio. Cuando tenía treinta años se casó con mi mamá, hace exactamente cincuenta años, un 07 de octubre. Esto quiere decir que en unas semanas cumplen 50 años de casados, con mi madre, Andrea María. Vi una vez un video mudo y en colores de este momento, muy emocionante. A mí me gusta llevar en mi nombre a mi madre y a mi padre: Andrea Francisca. Igual voy con ellos, además del nombre. Hace poco vinieron a visitarme, como todos los años, tiempo que pasamos juntos y atesoro el año completo. Pasamos unos días espléndidos en Lyon, con paseos y ópera, y viajamos a conocer Munich, aventura que teníamos conversada hace tiempo. Vimos ópera y ballet, museos y partidos de fútbol del mundial en terrazas, nos bañamos en lagos, anduvimos en barco, y nos divertimos en grande. Casi todas las cosas importantes que sé sobre existir las aprendí con ellos. Cuando los veo las repasamos, para que no se me olviden, para acordarme exactamente de dónde vengo y la suerte que tengo con unos padres como los míos. Apoyo es poco, cada alegría, cada triunfo, está construida en lo que ellos han hecho por mí. Nunca un juicio, nunca una duda, de mis capacidades y posibilidades. Al contrario, entusiasmo desbordante por mis ideas y logros. Se alegran como si cada palabra fuera una fiesta. Nos reímos porfiadamente, jamás irse el suelo con lo difícil. Imaginamos salidas, estrategias, puentes, chalecos de salvataje. Nunca pensamos que las cosas iban a ser fáciles, pero juntos siempre todo es alegre y la disposición es otra. A ninguno de los dos les han faltado penas, pero en compañía todo es distinto. Doy fe, estar con ellos es carnaval. Además cuando vienen me ayudan con cosas de la casa, para que mi espacio sea más lindo y acogedor. Esté lleno de música y poesía. Con ellos conseguimos un piano, un equipo de música, con paciencia y amor me acompañan en los sueños y tareas. El año pasado me acompañaron a materializar mi pasaporte español, para poder tenerlo, igual que ellos. A veces no sé si lo he hecho bien, si he podido retribuir todo lo que recibo. Es demasiado. Estoy lejos, pero cerca a nuestra manera, y pasamos un tiempo juntos todos los veranos australes, en esa casa de paraíso, y mirando el mar en esa terraza asoleada. De mi papá aprendí dos cosas que me han determinado, cuestionar las reglas y respetar la ética en toda situación, da lo mismo las circunstancias. Aprendí también la generosidad, aunque jamás vaya a alcanzarlo, mi papá es de una generosidad sin límites. Capaz de esperar horas sin modificar su sonrisa, si hace falta acompañar para algo. De pequeña me llevaba a jugar a unos juegos cerca de la casa. Se sentaba con paciencia. Nos llevaba a andar a caballo, a lanzarnos duna abajo en ese desierto al borde del océano que parecía de otro planeta. Nos traía cientos de libros y juguetes para que lo aprendiéramos todo. De cada viaje regalos para que pudiéramos vivir un poco lo que él había descubierto. Admiro a mi papá con todo lo que soy. Es un inventor amable y brillante. Ecuaciones y ecuaciones hasta dar con las fórmulas adecuadas. Dibujos y dibujos, hasta dar con el diseño adecuado. Se le pasa el tiempo concentrado en su pasión. Pero luego está encantado de compartir. No se incomoda como yo, cuando lo interrumpen en sus ensoñaciones y planificaciones. Tiene mucha más paciencia. A mi papá le gusta estar acompañado. Hermosa familia han construido. Con esfuerzo y amor. Mi papá es un espécimen raro, no alberga en su corazón ni sexismo, ni clasismo, ni racismo, ni especismo. No le puedes hacer daño a ningún ser vivo, desde el primer día me lo dijo. Hija, los animales también tienen un alma, no mates a esa araña, la dejamos mejor en el patio. Hija, todxs son tus hermanxs, no hay diferencias, hay que ser empático y ayudar a todas las personas. Jamás pasar por encima de nadie. Mi existencia completa se construyó en los libros que me regalaba mi papá, uno cada día, cuando volvía del trabajo. Lo descubrí todo en esas aventuras que me traía. Mundos completos. Las cosas que sabemos vienen de algún lado. No se improvisan. Aprendí con él cómo debe ser una con alguien que uno quiere, mi papá nos decía: la más importante para mí es la mamá de ustedes. Lo que a mí me causaba gracia, que nos dijera en la cara que ella era más importante que nosotros, pero comprendía que se refería a priorizarla, era lo que decía para explicar esta afirmación. Cincuenta años juntos, día tras día. Amor mío, ¿quieres algo?, qué te traigo, ¿todo bien?, qué puedo hacer por ti, qué necesitas. Cada día. Mi papá ha apoyado el abanico completo de ideas que hemos tenido, mi mamá, mis hermanos y yo. Del ámbito que sea y lo más o menos fuera de la realidad que estas estén. Fantástico, dice. Me encanta, dice. Te apoyo en todo. Cómo no tener ideas así, dan ganas. Mi papá me enseñó el amor por los suyos, el amor por la familia, por sus países, y el respeto de las tradiciones, sin jamás dejar de cuestionarlo todo. Profundamente espiritual, sigue un camino en silencio de recogimiento, agradecimiento y oración que siempre me ha impresionado. Siempre está dando las gracias. La gratitud la aprendí de ambos mis padres. Tal vez es lo más importante que me han enseñado. Nunca dar por sentado nada. Cada día es un regalo. Lo aplico cotidianamente, dedico un momento a hacerme consciente de todo lo maravilloso que me acompaña, y de la suerte loca que tengo de contar con esta familia impresionante y de poder dedicarme a mi pasión, con una perseverancia intensa, igual que mi padre. Si fuera por nosotrxs estaríamos cada uno en sus ocupaciones la totalidad del tiempo, pero tenemos que esforzarnos en socializar. No nos sale tan natural. Se abre siempre ese abismo de invenciones esperando. Lo heredado no se hurta, dicen. Crecí con la siguiente frase: hija, cuenta las horas que no estudias. Parece broma, pero no. Todo el resto, superfluo. Eso quería decir. Es decir, puedes dormir y comer, pero el resto del tiempo, mejor lo dedicas a estudiar. Bien en el fondo de mi corazón siempre pensé que me estaba tomando el pelo. Pero mi existencia se convirtió exactamente en eso. Escribir en todas las horas disponibles, y leer, esto es: en todas las horas. Escuché atentamente la frase probablemente. Me la tomé en serio. Eso que me hacía reír. Una nunca sabe bien qué es lo que va a ocurrir, y convertirme en eso no era uno de mis sueños. Ahora lo llevo a cabo cómodamente y no se me pasaría por la cabeza modificarlo. Amo mi vida. Yo sé que mi papá también ama la suya, y ama a su gente y recibe todo el amor que ha dado, durante ochenta años. Te adoro, papá, no podría de ningún modo abarcarlo todo, pero estas palabras esperan ser una sonrisa más para tu hermosa existencia, la cual agradecemos cada segundo. Tus nietas también te adoran: Pancho, como te dicen ellas. Nos has permitido a cada uno la felicidad, y tu compañía es música constante. Contigo siempre, muy feliz cumpleaños. 

Prefacio a "Fuga"

“Fuga” es una novela. Es el cuarto libro que compone “Lisa y la pasión”. En este orden: “Lisa y la pasión”, “Aventura”, “Revolución”, “Fuga”. Comencé a escribirla en la canícula lionesa, y terminé de escribirla en el comienzo del otoño amarillo. No intenté fugarme del presente. Ni siquiera del pasado. Me dije, ahí está, ciérralo. Míralo directamente. Cuánta fuga. No queda otra que abordarla con humor. Eso me dije. La soledad es mi más fiel compañera, pero no solamente. Hay otras cosas. Qué es este libro. Es un libro sobre el deseo, y sobre el trazado de la fuga. Lo que el deseo permite, y lo que la fuga autoriza. Lo que el deseo destruye y lo que la fuga asola. Yo me dije, año tras año lo intenso y lo demoledor. Organízalo, me dije. I thought I could organize freedom, how Scandinavian of me, canta Björk en la canción Hunter. Yo tengo el mismo defecto, gozo organizando la libertad en libros. No soy de Escandinavia, pero debo tener algo de eso. También me gusta la fuga hacia la libertad, y sobre todo hacia la música. Yo he deseado a gente. Quería hablar de eso. Y de la fuga que terminó lanzando por la borda toda estabilidad. Mi existencia es estrictamente estable porque no hay nada más que literatura. Así fluye totalmente. Nos llevamos increíble, nos morimos de la risa, nos acompañamos, criticamos al futuro, formulamos las dudas e interrogantes. Como toda esta gente ya no está en mi vida a mí me gusta agradecer. Porque también hay que pasar a otra cosa. Es lo que hago. Pasar a otra cosa. Adiós, muchas gracias, fue un gusto. Suerte y buenos deseos. Ni el deseo me queda parece. No por ellos, en todo caso. A fuerza de insistencias de todos los lados, la corrosión es inevitable. Abrasada pero viva. Eso es lo bueno. Este es un libro sobre el deseo y la huida. Sobre lo que permite existir y lo que constituye lo más determinante de este acto gratuito que llevamos a cabo. Como que nos obligaron. Nos pusieron ahí y haz lo que puedas. A quién le preguntaron. Juega el juego o nada. De qué se trata este juego. Una llega sin comprender ni las reglas. Nada de nada. Ni cuál es el juego. ¿Estás jugando? ¿A qué? En ese bendito día que nos pusieron ahí a debatirnos con la comprensión inalcanzable, fuimos arrojados a un extraño juego. Creerás morir, pero es amor. Creerás morir, pero es deseo. No se entiende nada. 45 años y es como que empecé ayer. Sigo sin comprender exactamente de qué se trata. Me interesa comprender, sin embargo. Por eso me doy el trabajo de escribir estos libros. Para que alguna regla del juego salga a la luz, se muestre a través de la ventana, se bañe conmigo en el mar del hastío y la fascinación. Estoy fascinada, pero nunca sé bien de qué. ¿De haber podido amar? ¿De lo que viene? ¿De despedirme de esta gente que no me ha dado ni un instante de respiro? Ni una pequeña maldita tregua donde poder instalarme tranquila y depositar mi manta para sentarme en la hierba, en la arena, y observar el paisaje sin tablas incrustadas a través del cuerpo que se cruzan con cada pensamiento que llega a puerto. El deseo es embeleso y asfixia. El contenido no sé quién lo tramó, pero es una contradicción en acto. Igual como el amor es fuga y estabilidad. Hay que rendirse ante la evidencia, fue alguien confundido. Y se nos pide hacerlo bien, respetar las reglas del juego, ¡pero si ni siquiera están claras! You change like sugarcane, canta Tori Amos. Van cambiando, esas miserables reglas. Esas insólitas y abyectas reglas. Nunca fui realmente de las reglas, ni aunque las estudiaba y las ejercía. Tienen un lado ruin, sobre todo cuando devastan, o cuando no se respetan los grandes acuerdos, como proteger la vida y la integridad, por ejemplo. Vivimos en un vil presente en algunos sentidos. Hay que seguir insistiendo en esto, a fuerza de desfigurarnos si no lo hacemos. Es genocidio, decirlo, porque como además se censura. En la televisión francesa se censura. Insistamos un poco más, a ver si modificamos la infamia sostenida. “Fuga” es un libro sobre la vida. Sobre el intento de llevarla a cabo, y esas tormentas, y esos paraísos que conocemos a veces, que le dan un sentido a todo. El amor y el deseo es lo definitivo. Yo me he entregado. 
Gracias. 

 Andréa Balart-Perrier
Lyon, 12 de septiembre de 2026. 

Fuga XXX

De la música yo no he podido fugarme. Es lo que me acompaña más seriamente. Una verdadera relación. Cotidiana, íntima, transformadora. Le entrego mi día a la música para que haga lo que ella estime. Para que surjan todos los versos y las frases consistentes. La música es pura materialidad. Es cuerpo y emoción. Es deseo en acción. No escribo ni una sola palabra sin tener la música en mí. Cuando el extravío toma contornos de desesperación es esa atmósfera la que crea un camino. Sí, los perdí, pero ¿y qué? Renuncié a la estabilidad, es cierto. Pero tampoco fue tan organizado, simplemente fue sucediendo, año tras año. Elegí la catástrofe, para que naciera algo, siempre naciera algo, lo que fuera, pero yo sabía que algo tenía que nacer. Algo grande y significativo. Tal vez fui priorizando otras cosas, sin darme cuenta. Pero fueron ellos lo que me permitieron la vida. Los que me mostraron el amor. Con los que delineé el deseo, para saber lo que era. No hay palabra que no se escriba sin ese deseo incrustado en la médula. No hay paso que no sea con el amor que he recibido. Fugarse es proponerle oportunidades al presente, ser exigente con las relaciones, tener límites, aspiraciones, ideales, sugerencias. Pero en la soledad de mi departamento los recuerdo y a veces duele. Me gusta que sigan en mi vida de todas maneras, de alguna u otra forma. Me siento en paz porque saben que los amé y el sentido que dieron a mi existencia. Es como que estuviesen todos muertos, pero viven. En mí viven. I guess you go too far, when pianos try to be guitars, canta Tori Amos. Fui siempre muy exigente, estoy consciente, es porque también lo era conmigo misma. Lo sigo siendo. Pero sé que fui extremadamente feliz, y que las fugas fue sólo una pequeña parte de lo que viví. Amamos para fugarnos de la realidad, para que la fantasía tome carne. Este misterioso otoño tiene los contornos de la incertidumbre como siempre. A mí vivir me gusta, eso ya lo descubrí. En la música, sobre todo. Vendrán nuevas fugas, pero eso no es lo más determinante. Lo determinante es que estoy viva. Que escribo, que imagino, que voy inventando, y que no morí en el intento. En el intento de amar y de escribir. Lo seguiría haciendo. 

11 de septiembre de 2026

Fuga XXIX

Qué diablos es una fuga. Yo siempre estoy implementándola. Estoy año me pregunté si acaso era buena idea cambiarme de país, dado que estoy aprendiendo alemán. A mí la fuga me da vida, me gusta empezar de nuevo. Pero estoy bien aquí. No cambiaría esta casa por nada, y tengo muy buenxs amigxs. Sé igual que la fuga es una especie de condición ineludible. Todos los años me alcanza, cualesquiera sean las circunstancias. Lo comprendí cuando quería fugarme de una pareja inexistente. En resumidas cuentas quería fugarme de mí misma, al año siguiente de separarme de Henri. No había nadie, igual quería fugarme. No tenía sentido. Comprendí que la fuga era una suerte de postura frente a la existencia, donde siempre hay que ir modificando. ¿Una condena? No tengo idea. Pero sé cómo se siente. Cuáles son sus contornos, aunque adquiera siempre diversas formas. Para existir hay que ir modificando. Para que el presente nunca sea una aplanadora. Para que lo estático no nos devaste ni nos devuelva a todo eso que no podemos cambiar y nos corroe a veces. Lo estático nos pone frente a nuestros demonios y eso que no está saliendo como esperábamos. Conservamos la ilusión de que cambiando, todo acabará por rendirse a nuestros designios. Qué cruel ilusión la del que escapando cree poder solucionarlo todo. Una vez incluso partí de vuelta a Chile, fue un error, y meses después estaba de regreso en los brazos de Jean. Al año siguiente tuve la excelente iniciativa de alquilar un piso en Lyon por primera vez, y proponerle que viviéramos entre los dos lugares, nuestra casa en el bosque a media hora al sur de la ciudad y ese piso. Jean aceptó, ahora no sé si a contrapelo o no. Pero esa modalidad de casas separadas resultaba estupendamente, me parecía a mí. Sé que fui siempre cavando mi propia tumba, pero la libertad de la literatura me ha hecho siempre llevar a cabo ideas descabelladas. La necesaria libertad de la literatura, y la búsqueda incesante y secreta de historias. Voy dando forma a libro tras libro. Es un éxtasis y un martirio en un sentido. He tenido que renunciar a todo. Jamás a la fuga, porque es constitutiva de la literatura. Es difícil existir, y el destino literario es claramente lo más cercano que conozco a una condena. La llevo encima con orgullo, creo. Tampoco es que haya tanta flexibilidad, no puedo vivir de otra manera. Pertenezco a la condición literaria como pertenezco a quienes me han dado la felicidad y la vida. Es irresoluble. Es mejor aceptarlo. Cada vez que me rebelo vuelvo al punto cero y todo recomienza. Simplemente nací para esto. La dicha es demasiado grande. En este otoño especialmente, cuando completo con este libro una larga serie de libros que comencé cuando el deseo literario tomó forma en una saga de novelas que me han liberado como no me había ocurrido nunca. Escribir tiene un poder transformador, no tengo dudas. Escribo para agradecer y para modificar. Esas son mis dos motivaciones principales. El amor y el deseo el impulso absoluto. Una fuga es comprender el propio camino. 

Fuga XXVIII

Qué es una fuga. Convivo con estas personas con alegría, agradecimiento, decepciones y fracasos. Paso de una sensación a otra. Cómo conjugar tantos años en un presente. Cómo dejar atrás una vida completa. ¿Existe eso? Nos fugamos de nuestros muertos porque desafían nuestra comprensión. Nos fugamos de nuestros muertos que están muertos, y de nuestros muertos que están vivos. Cuando están vivos es más complicado porque a veces aparecen en la realidad, de diversas maneras. No quieren estar realmente muertos. O en ocasiones no los autorizamos a hacerlo tampoco. So we meet again my heartache, canta Melody Gardot. En este presente de otoño reflexiono sobre estos amores perdidos que suscitaron en mí el deseo de vivir. De nunca estar muerta. Hoy es un día difícil, de macabros rasgos en el país donde nací. Un día de muertos, de los de verdad. Un día de recuerdos feos, que dan ganas de olvidar, pero de la historia una no se fuga. En la historia colectiva están los amores de una, perdidos, y los de los otrxs, que desaparecieron. Porque al final los duelos nos alcanzan todos. Vivimos en el gesto detenido de quienes partieron. En el gesto detenido de quienes fueron obligados a fugarse. La fuga no siempre es voluntaria. A veces es impuesta. Yo me fui de ese país porque cargaba recuerdos feos, buscaba otras cosas, pero habría podido quedarme. Tal vez mi convivencia con los muertos no me lo habría permitido igual. A veces queremos fugarnos y no podemos. De relaciones, de vínculos que nos determinaron. Ahora sé que nunca se termina de huir. Llevo toda esta gente encima y aunque creo haberme liberado, el tiempo tiene un componente estático a pesar de parecer que transcurre. Sé que tengo un especial apego a los muertos, me recuerdan quien fui, me señalan a veces cómo volver al camino. Es paradojal, porque en ocasiones fueron ellos los que me desviaron. Pero en cada desvío hay la comprensión de algo nuevo. Cuál es el verdadero camino. Cómo saber cuándo es camino y cuándo es desvío. Sólo hay el presente y toda esta gente que va conmigo. Si estoy en el camino, o nuevamente en el desvío, no puedo saberlo. Pero me gusta recordar, y siempre veo el encuentro como posible. Tengo una tenacidad admirable, y a veces insólita. Una confianza ciega en las cosas, como si las comprendiera y quisiera afirmarlas. Me gusta este presente de rayos amarillos y hojas todavía suspendidas en los árboles. Tengo la serenidad de identificar un camino, aunque el resto no sea más que una gran incógnita. Siempre que dejo de buscar las cosas llegan, es extraño. ¿Así funciona? El atardecer naranjo me ilumina el rostro. La ciudad se ha quedado en silencio. 

10 de septiembre de 2026

Fuga XII

¿Nos completamos en la fuga o en la estabilidad? ¿Son las dos necesarias? La fièvre dans les yeux, oui, ça se voit, le plus souvent, c'est quand je pense à toi, canta Angèle con Dua Lipa. La fiebre en la mirada, sí, se ve, a menudo es cuando pienso en ti. I’ve got a fever, canta Dua Lipa. En ocasiones la fuga es una playa del Caribe. Aunque con posterioridad se revele una completa quimera, o una quimera en parte. Entonces batalle la fuga y la estabilidad. Ambas tienen su gracia. Incluso pueden tener una calidad doble, paraíso e infierno. Todo se trata de decidir, y de cargar lo que otros deciden cuando caemos en cuenta que no hay control ninguno. Advertimos rápidamente que nadie nos pertenece, aunque este hecho nos rebele, nos enloquezca, nos crispe. El deseo es un móvil que sulfura. El deseo sin límites nos lleva a la destrucción, eso ya lo sabemos. Cuál es la justa medida de las cosas. ¿Aceptar nuestra animalidad? ¿Acabar con nuestra organización rígida? Lo que sí creo que es importante es la sinceridad. Eso nos distancia de la pura animalidad. Crear algo con sentido. Sin asolar todo a nuestro paso. Cuatro décadas en este planeta me han adherido las experiencias al cuerpo. Las llevo conmigo. Son mías. Tomo distancia de muchas de ellas. Otras las cargo con cariño. Las vuelvo a repasar porque son mis momentos fundacionales. Me interesan los cimientos. Mis cimientos. La mezcla entre los que me entregaron y los que creé. Los que me dieron la fiebre en la mirada son los que creé, con otros que también tuvieron esa fiebre. En esta mitad de mi vida, la fiebre es lo que me permite imaginar. Saber que habrá más. Esta certeza. Mi más íntima fantasía. Trazamos un mapa secreto de nuestro cuerpo junto a otro. Inventamos el escenario completo. Es la búsqueda de un lugar y un significado. Amar y desear es querer vivir. Decirse: debe haber algo más. En cada momento: algo más. Esa serenidad de saber que nos han amado, que podemos hacerlo, que podemos volver a hacerlo. La convicción de que el arte está siempre preparado para nacer. Desde nuestro cuerpo alcanzar el exterior. Desde la fiebre atrapar la atmósfera. Lo que nos permite respirar. El amor y el deseo nos permiten la respiración. Que no todo sea velocidad y asfixia. Es como leer, encontrarse con otrxs. Los libros son amor y deseo, respiración. La fiebre en la mirada se ve. La siento cada vez que pienso en ti. Me instalo en ese inhalar y exhalar. Caminar al ritmo de la música y abrir los pulmones para que recuerden en todo momento que el amor es una posibilidad. El odio nos ha hecho tanto daño. Nos liberó, es verdad, pero no siempre es necesario. Cuando se ha reparado se puede respirar. El perdón y el tiempo tienen un componente mágico. La justicia, la venganza, la recomposición. Todo está imbricado. Amamos y deseamos con todo lo que el cuerpo trae. A veces la fuga tiene razones, a veces la estabilidad tiene razones. Ambas son necesarias, para que el destino sea el nuestro, y no el de los demás. El sujeto se elabora en el movimiento, en la circulación, mucho más que en la circularidad cerrada de la repetición, escribe Claire Marin. En el desplazamiento más que en el trazado, en la deriva más que en el surco, escribe Marin. En la ruptura más que en la continuidad, escribe. Toda fuga es una ruptura, pero recubierta de estabilidad. El contexto siempre nos acompaña, no nos liberamos tan fácil. Lo intentamos. Queremos volver a comenzar, cambiar, modificar, liberarnos. Oscilamos, vamos y volvemos, porque no es tan fácil. La motivación está, las ganas de un presente que no esté habitado por la duda y las interrogantes de fuego y de nieve. Yo he optado por el desplazamiento. Por el presente intenso donde la creatividad siempre tenga su lugar. Donde el océano sea infinito, donde el mar sea amplio y me permita soñar. Opté por la literatura porque la fuga es fuego en la mirada. Es un camino no exento de críticas e incomprensión, como lo son otros también. Pero la fiebre en la mirada no se improvisa. No cambiaría nada. Si en ocasiones no nos comprenden tampoco nos encasillan realmente, aunque quieran. Dejamos de ser esclavos en la falta de rigidez. La definición de libertad es aquella tarea llevada a cabo con amor y deseo. Aquellos encuentros que ven al otrx. He optado por las fugas estrictamente necesarias para nunca desviarme de mi destino. Hubo razones, para qué hacer como que no las hubo al mirar hacia atrás y falsear lo que había en ese presente. Lo perdí todo, es cierto, pero gané la literatura. Qué más podía hacer. Gané la playa del Caribe y el deseo lo conservo. El amor siempre va conmigo. La música, el baile y la fiebre en los ojos me elevan. Nací para volar. Imaginar el vuelo de aquellos pájaros cubiertos de heridas pero libres. La fantasía me divierte, me da la vida. Alucino porque pienso en ti. Nací para volar en la música. Escribir y volar. Amar en fiebre para que la intensidad me diera una prueba de la existencia de lo sagrado. Aquel cuerpo que me fue confiado y toda la vida que me permite.   

8 de septiembre de 2026

Fuga X

Cómo iban a quedarse conmigo, si no sirvo para la estabilidad. Pero ellos tampoco eran estables. Por qué me exigían lo que no podían cumplir. Por qué vemos la tierra en el ojo ajeno cuando nos acecha como una sombra. Cuando nos alcanza y nos hunde. Exigimos cosas que no estamos ni cerca de cumplir. No tiene sentido. Quererlo todo. No se daban cuenta parece. La consistencia de sus demandas. Lo inextinguible de la necesidad de la fuga. Me deseaban quieta como piedra cuando ellos ondulaban como rama en el viento. En cualquier caso todo fue la catástrofe, y ahora qué. El deseo persiste. Es tenaz. No conoce límites. Como yo conocí el oasis en esos brazos me gustaría regresar. Encontrarme con ellos y hablar las cosas de frente. Qué esperabas. ¿Tuviste ya suficiente? ¿Se acaba el final? ¿Se acaba la espera? A veces no sé exactamente qué es lo que espero. A veces no espero nada en realidad. Sólo imagino y esbozo. Trazo las líneas para que cada día sea obligatoriamente la magia. Inventar me hace feliz. No esperar. Dejar de lado la espera es lo que me despierta. Observar el atardecer y despedirme. Me gusta el juego parece. Esa seducción absurda que se cuela entre los dedos. Que atraviesa la piel. Que bombea la sangre. Da un destino a esos planetas desorbitados. Poseo un cuerpo y en gran pompa lo llevo por las calles porque me permite la vida. Lo habito como algo sagrado. Le agradezco y lo cuido. El deseo se ancla en el cuerpo. Ahí descubre su resonancia. Su eco eterno. Su danza interminable. Les propongo que se acerquen. Hasta que puedo rozar sus labios. Delinear el cuello. Me gusta poseer el deseo y que este me posea. No quiero exigir quimeras, sólo me basta con todo.  

Fuga IX

Interpretar el presente es una tarea ardua. Fugarse es siempre más fácil. Darle libre cauce al deseo. Para que encuentre su forma. Dejo de lado la lógica cuando no me sirve para nada. Cuando quiero sentir lo que me trae el otoño. Es una estación extraña. Desprovista de toda razón. Habitada por recovecos del tiempo y vacía de coherencia. Lo deseo como el primer día. Me despierto y no sé en qué era me encuentro. Pero a mí me gusta sentir. Me trae razón en la sinrazón. Lo importante es sobrevivir. Crear algo. Elegir un nombre y soltar a las bestias. Desarticular a los demonios. Para que nunca hagan de este lugar su casa. Vivimos de soñar. De mirar adelante. De balancearnos con la música. El vaivén de las estaciones y su sentido oculto. A mí el eterno retorno no me molesta. Convivo pacíficamente con él porque me constituye. Igual que estos hombres que tuve en mis brazos y ya no están. Vuelven, vuelven. No siempre. La física impide encuentros. A veces vuelven, vuelven. Vuelvo, vuelvo. Regresar es la contracara mágica de la fuga. El cierre del círculo perfecto completamente repleto de fisuras. Atravesado por la demolición y la impotencia de no ver aparecer el día. De no poder dar con un llamado que no precipite la catástrofe. Es un calvario lo que llevo dentro pero lo prefiero a la muerte. Elegí la vida y el arte. Elegí mantenerme en el borde vertiginoso de la creación perpetua. Es una especie de trance. Cubierto de deseo. Habitado por el deseo. Gestado en el deseo. Para qué amar si puedo desear. Para qué la estabilidad si puedo imaginar. La locura está malentendida. Sólo significa rebelarse al presente. Necesitar respuestas. Evocar a la duda como una constante. Tengo certezas. Sé que lo deseo. Dejé fluir la sensación para que no se sintiera aprisionada o juzgada. Nada está fuera de lugar. En las salidas del conducto trazado como posible descansa el milagro. El amor y el deseo son milagros. La chispa de la máquina. Lo que acarrea el interés de seguir adelante. Desde el sueño lo traigo a la realidad y sé que toma forma. Que esa expectativa es lo que me impulsa. Me desafía, me entrega entusiasmo y motivación. En los lindes de la realidad se esconde lo que despierta. Gran viento, veloz brisa, huracán, llévatelo todo, pero déjamelo a él. Que sólo quede él y yo. Que yo pueda abrazar su cuerpo y sentir sus labios. Por lo que pueda durar. Siempre es para siempre.  

Fuga VIII

La fuga es un refugio del mundo. Del mundo cuando hiere. Cuando son muchas las interrogantes. Cuando la incomprensión se hace insostenible. Cuando el deseo nos toma de improvisto y nos da un nuevo nombre. Por qué me he fugado. Es una pregunta que tengo. Cuál era la materia del presente. El otoño es la estación de la nostalgia, pero no solamente. También es la estación de la fuga. De los nuevos horizontes. Para siempre volver al punto cero. El punto cero es el origen de la nostalgia, y la definición del deseo. Amo a este hombre con una intensidad que desconozco. Por momentos siento que no tiene sentido. Es probable que no lo tenga. Pero qué cosas tienen sentido. No tantas. El sentido es escaso cuando el deseo arrecia. La lógica no participa de ninguna manera. Somos hijos del destino y exploradores del deseo. Damos vueltas en círculo para dar con la clave que nos despojó de lo éramos. De ese deseo que nos torció. Que modificó nuestro destino para que tomara un atajo hacia otro universo. Sé que estos hombres torcieron mi destino, lo modificaron. Lo sacaron de su eje para que el presente tuviese la consistencia de los sueños. Pero los sueños no son interminables. A veces sí. Yo soy alguien que permanece. Soy la paradoja absoluta, cambio y permanezco. La lógica me ha servido de poco. Lo más grande lo he alcanzado en el delirio. En el extravío y la seducción. En la materialidad del deseo. En su consistencia etérea y penetrante. Tengo preguntas para ese carnaval interior. Qué buscas. Siempre quiero saber. Quédate, le digo. Dame la llave de la literatura. El compás de la cordura para poder conocerla. Para saber de qué se trata. Aspirar a la cordura está bien. A mí la locura es la que me conoce mejor. Esa entrega espontánea al acantilado. Es tan alta la entrega que la prudencia se arrodilla a sus pies. ¿Es real el deseo? ¿Es algo que inventamos para sobrevivir? ¿Para que cada día sea la explosión? If the divine master plan is perfection, maybe next I’ll give Judas a try, canta Tori Amos. Instalarse en el deseo es una ocupación que atesoro, extraer su cataclismo. Elegí el arte porque me daba libertad. Porque podía ser siempre distinta. Jamás la misma. Esa es mi aspiración secreta. Voy con estos hombres porque me anclan en todo lo que he perdido. Esa música infinita que olvidé y me lleva al presente. En esos cuerpos se revelaron una a una todas las incógnitas que tenía. Con ellos me rebelé de cada fragmento de la realidad que no me pertenecía. Me saqué de encima el peso de existir en una cierta sociedad, en un cierto tiempo. Ellos me dieron libertad. El amor es libertad. Ellos me llevaron al arte. El arte grande y transformador. El arte que tramo en mi interior para que todo sea espacio público y acción. Para que la revolución tenga una figura. Una forma que interpele al devenir. Para que la repetición tenga variaciones, hasta que se rompa la cáscara. El arte es perforar la superficie. Darle contenido a ese deseo de cambio. No me importa que ya no estén. Sé que van a estar. Que estuvieron. Que existir es el enigma de los tiempos que se fusionan. Por una vez pido sentido. Que el rompecabezas se ensamble. Sea tal vez la revelación de esta quintaesencia humana. En ellos fue descifrado lo incierto. Para qué el sentido si está el amor y el deseo. En ellos fue aclarada la incertidumbre. 

Fuga VII

Existir es un misterio miserable. Cómo no fugarse. El deseo acaba con nosotros. Un éxtasis oscuro como una noche de tinieblas. Dónde está esa luz que nos prometieron. Esa redención. Esa salvación. No la conozco. Sólo pasos en falso y errores. Deseo como un cometa perdido en la nada. Espero respuestas y me desintegro. Invoco la conexión con esa otra dimensión. Lo tenebroso no me hace mella porque me habita. La música de las profundidades es la que me constituye. La duda constante y sus problemas. Si vas conmigo por qué no estás en mi tiempo. Tu voz es lo que deseo. Ese cobijo de tus cuerdas vocales. De cada palabra que pronuncias, que tiene una magia propia. Escribir es soñar, imaginar, inventar. Existir es soñar, imaginar, inventar. Una voz puede ser un sentido. Para estos misterios irresolubles. Ese abandono a la nada que cargamos. Esta estación intermedia es una incógnita. Calor y hojas que caen. Fines y comienzos como siempre. Quisiera esperarte, pero sé que es en vano. Ir y volver, ir y volver. Comprender la fuga es comprender la vida. La que queda. La que habito. La que intuyo. ¿Sabías que puedo sentirte en mí? Enciendes mi presente extraviado. Las manos del presente que me acarician. La piel del presente que me sugiere paraísos. Por qué todo a medias. Por qué esta intensidad. Por qué el agua tiene ese poder de atracción hacia mis ojos. Los grandes árboles frente a mi ventana. El presente no me intimida. Me subo a los barcos que transitan. Todo son propuestas. Me quedo en el muelle. Te espero. No he hecho más que esperar y fugarme. Son tal vez mis actividades principales. Que brote la literatura y me lleve lejos. Es suficiente con eso. Pero tu voz es mi ansia más trascendente. Soñé contigo ayer. Estábamos juntos, nos presentábamos frente a tu familia y tus amigxs. Esas situaciones que olvidé vuelven en sueños. Se hacen realidad. Es extraño e inevitable. Quién eres. Quiero saberlo. Aunque ya lo sepa. En el borde del acantilado tu mirada. Tu abrazo. Tu voz y las palabras. Nací para esperar cada segundo del milagro. Tu presencia es oasis. En medio del delirio la verdad. Lo cierto se manifiesta tras bambalinas. Escondido del mundo. Entre tu abrazo y la vida. Entre mis latidos y tu existencia fuera del tiempo. Me fugo para sobrevivir. El deseo es peligro permanente. La clave de este presente sin forma. De esta existencia en los lindes de lo vital. Te espero en el margen glorioso para que nos acune el destello todopoderoso. Tu cuerpo en mis días. Es todo cuanto quiero. 

7 de septiembre de 2026

Fuga VI

La vida tiene una consistencia de desastre. La literatura cree poder atrapar los momentos, pero todo es fuga. Está el cuerpo, y luego el corazón que late. Me gusta recordar que amé, pero de qué me sirve. Sigo amando, sé que sirve, pero a veces en el presente todo es más difuso. Tal vez está bien esta fuga de los encuentros que llevo a cabo. Hunger hurts but starving works, when it costs too much to love, canta Fiona Apple. Sé que mis fugas tuvieron buenas razones, pero a veces me pesan los resultados. Las traiciones, el desgaste de las relaciones. Me mantengo a una distancia prudente de las relaciones porque me he fugado demasiado. Porque me entregué demasiado, y dolió mucho en ocasiones, cuando todo terminó, sobre todo. El problema de la muerte es la estabilidad. El problema del amor es su inestabilidad. Estar vivo es incertidumbre por definición. Ambas son fuga, pero de una manera distinta. Solemos manejar mal lo incierto. Manejamos también mal la muerte. Hacemos lo que podemos. Rechazamos la incertidumbre, y la muerte, y sin embargo no podremos deshacernos nunca de ninguna de las dos. Nos conectan con todo lo que no hicimos, lo que no hemos hecho. Lo que faltó por hacer, lo que podríamos hacer. Nos ponen al frente de nuestras decisiones, acciones, riesgos. La muerte es también una forma de incertidumbre. Qué será de nosotros ahora. Los que seguimos aquí. La persona se fuga y quedamos en la incertidumbre. En las relaciones queremos fugarnos y es incertidumbre. Nos fugamos y es incertidumbre. Decidimos no fugarnos y otros se fugan y es incertidumbre. El deseo nos determina en la vida y en la muerte. En la existencia y en la desaparición. No podemos escapar de él. Deseamos cuando deseamos y cuando no deseamos. Igual está ahí. Latente. El desaparecido está latente. El muerto está latente. Al final la desaparición y la muerte se parecen. No tengo a Jean, ni a Jacques, ni a Adam, ni a Théo. Los perdí a todos. Mi hábito de la fuga me determinó. Mi ambigüedad me entregó una roca para cargar. Llevar a cabo los ciclos una y otra vez. Todos al mismo tiempo y todos como un eterno retorno. Convivo con puros fantasmas. Personas que no existen en realidad. Más que en recuerdos y en sueños. Soy una víctima y un verdugo del amor. No me acerco a la realidad porque me impide fugarme. Porque me hace sentirme viva y me recuerda que también estoy muerta. Una parte de mí llora a los muertos y desaparecidos, y otra no quiere verlos nunca más. Porque en esta realidad no existen y eso me gusta. No los quiero aquí conmigo. Me recuerdan sus fugas y las mías. Mirar de frente los acontecimientos siempre tiene una parte tenebrosa. Pero también liberadora. Quiero que desaparezcan, que se acaben, que pierdan materialidad en mi presente. Quiero olvidarlos. No quiero convivir más con fantasmas. Con mis propios fantasmas. Con mis límites y costumbres. La fuga es una condena, en definitiva. La llevo encima sin orgullo. La miro con recelo. La acepto y la acuno en mis brazos. Pero me mantengo a una distancia prudente de volver a llevarla a cabo. Pero estoy viva. Sé que volverá a ocurrir. Que todo volverá a ocurrir. Que voy a encontrarme con estas personas, porque me constituyen. Que no volveré a verlas. Que voy a encontrarme con otras. Que no sabrán de mis fugas. Pero cómo ocultarlas. ¿Me definen? ¿Me constituyen? ¿Quién soy? ¿Tengo una identidad secreta? ¿Una identidad doble? Estabilidad y cambio. Conozco los dos. Soy dos cosas al mismo tiempo. No olvido, no perdono, pero permanezco. Soy tal vez una anomalía. La literatura es tal vez una anomalía. Una falla en las ansias de estabilidad. Yo no las tengo para nada. Adoro el cambio. Lo necesito. Lo ensalzo. Mi núcleo es lo que me destruye, pero me da el éxtasis. Toda la creatividad nace de mi insistencia en las modificaciones. Nada debe permanecer igual. Nunca debo ser la misma. Vivo en varios mundos al mismo tiempo. No tengo tiempo para otras cosas porque vivo en varios tiempos y mundos. Viajo por el presente como quien se desplaza de dimensión. La realidad tiene tantas capas como giros el destino. Nací para morir cada año. Para recomenzar. Para dar vuelta en círculos y comenzar algo nuevo en cada rotación. Salirme del eje. Hacer bifurcaciones en el camino. Nunca mirar atrás. Descubrir. Volar. Moverme dentro de la realidad como rutas sin sentido aparente. Pero todo se va definiendo. Observando el plano completo. Me acerco, me alejo. Necesito tener perspectiva. Vivir y escribir es fugarse de la realidad para que se haga carne en una. Deseo para impulsarme. Para que haya movimiento. No pido perdón y pido perdón. A veces me piden perdón. Hago promesas y a veces soy la destinataria de ellas. El ciclo es infernal y mágico. Los asuntos humanos son fuga. Pero me rebelo al determinismo. No tengo un lugar ni voy a tenerlo. No tengo un solo lugar ni voy a tenerlo. Tengo varios lugares y el intento es comprenderlos, unirlos, fusionarlos, darles espacio. Hago lo que puedo, con lo que se me entregó. No lo elegí todo. Casi nada, y tanto. La fuga me determina pero me libera. Váyanse si quieren, vendrán otros, porque así se organizó el existir. Eso no lo decidí yo. Me pliego a sus designios en un sentido. La fuga me determina pero me libera. Estoy viva. Deseo, y vivo. 

6 de septiembre de 2026

Fuga V

El cuerpo que me desencaja de manera absoluta es el de Jean. Es tal vez la definición de deseo. El hombre más guapo del planeta. Simplemente un milagro. No hay otro como él. Con Jean terminamos en la cama el mismo día que nos conocimos. Fue un amor fulminante. Nos besamos la primera vez esperando un cocktail en la barra de un bar. Creo que era con tequila. ¿Tequila margarita puede ser? Tal vez yo esperaba una cerveza. Pero recuerdo que se habló de tequila. Por supuesto eso daba lo mismo en ese momento. Su cuerpo no daba lo mismo. Para nada. Lo había observado toda la noche. Quién es él, esa maravilla sentada en esa escalera. Ese prodigio había manejado toda la tarde desde Lyon a Barcelona, para que yo pudiera observarlo sentado conversando en los escalones de un bar con un amigo. Hay instantes que definen quiénes vamos a ser. Ese fue uno. Yo voy a existir exclusivamente para que ese cuerpo se encuentre con el mío. Para siempre. Para que el destino de esa persona que está ahí al frente mío se funda con el mío. A veces fugarse es dejar de lado la realidad tal como la conocemos y decidir que ahora será otra. Necesito saber quién es, qué hace aquí y hacerlo mío. Conversamos, y un momento después estábamos besándonos esperando el tequila margarita. Se abrió un abismo que era similar a un paraíso intenso. El pacto quedó sellado estrictamente en ese instante. En ocasiones sólo un beso puede entregarnos las claves de lo que vendrá hacia adelante. Un paraíso. El bar cerró. Jean se iba al día siguiente. Vamos a mi departamento. Nos fugamos. Jean desnudo en la habitación. Tal vez es el fin del mundo, pensé. Nunca había vivido algo así. Era el fin del mundo en un sentido. Del mío, al menos. Todo comienza aquí, me dije. En ese cuerpo junto al mío. Estando en sus brazos quise decirle que me parecía el hombre más guapo de la tierra, pero no sabía exactamente cómo todavía y le dije: Je t’aime. Lo que lo sorprendió, evidentemente. Ahora pienso que tal vez era lo que quería decir. Amo a esa persona más de lo que jamás me he amado a mí misma. Todo es nimio al lado de mi amor por él. Me fugué con él esa vez, y todas las veces desde ese momento hacia lo que vino a continuación. Vivo en su cuerpo en realidad. En la certeza de que la belleza existe. Yo la encontré en ese bar. Royale, estuve este verano ahí, en la puerta, estaba cerrado. Escuchamos a un saxofonista de jazz en el local de al lado. Saxofonista como mi Jean. Escuchamos a otro saxofonista de jazz en un viñedo extraído de un sueño al atardecer en un can catalán, Can Reon. Saxofonista como mi Jean. A mí me gusta pertenecer a esa música. Pertenecer a Jean. Cada paso que doy es con él. Nadie en el universo me enciende como Jean. Es perfecto. Su risa determinó mi existencia y todos sus rincones. Su humor. Tal vez todas las decisiones que tomé se organizaron para que Jean estuviese ahí ese día y yo pudiera encontrarme con él. Tal vez sea ese el momento más determinante de mi vida, cuando comenzó la nueva era. Cuando yo descubrí lo que era el amor. Jean me dijo desde el primer día, estoy enamorado de ti tal cual eres. No hay nada que modificar. Descubrí con él la libertad absoluta. Comprendí lo que era el amor verdadero. Te quiero exactamente como eres. No cambies ningún detalle. Con el tiempo caí en cuenta que éramos iguales, imposible no haberse fusionado. Comprendo a esta persona como no comprendo a nadie. Cada uno de sus pasos. Estoy de acuerdo con todo. No hay alguien más lúcido que Jean. A veces no sé cómo lo hace, esa sabiduría. Vive en la fuga permanente del mundo, igual que yo. En alguna dimensión paralela llena de belleza, que fue donde nos encontramos. Todo ha quedado siempre sellado en la música. Jean es un ser de una extrema bondad. Lo volvería a hacer todo de nuevo, exactamente igual, desde ese beso esperando el cocktail hasta ahora. Jean es mi verdadera fuga, donde amaso la literatura. Donde moldeo la revolución. Da lo mismo lo que pase, siempre va a ser el amor de mi vida. Con esos ciervos salvajes, esos erizos y esas ardillas. Con el amor de esa familia. En ese bosque mágico en sus brazos comprendí lo que era la vida. 

5 de septiembre de 2026

Fuga IV

Se ama con el cuerpo. Con la vida. Hay que aspirar al equilibrio, aunque nunca se alcance. Con Jacques nunca hay equilibrio. Nadie tira como Jacques, esa es la verdad. Debe tener mucha práctica, no tengo dudas. Mejor. Mejor para mí cuando me encuentro con él. Aunque esto afecta el equilibrio de manera permanente. No importa. Ya estamos acostumbrados. Tenemos extensa práctica. En lo otro también. Pero siempre es como la primera vez. Esa vez a la luz de la luna, él vestido con un traje de noche, y yo con un vestido de fiesta. Música, sombra de los cuerpos en la pared bajo la luna llena. Siempre volvemos a ese momento de la gran explosión. Tomó forma varios meses después de las primeras caricias en la piel. Las uñas deslizándose suave en la espalda. Los brazos, el cuello. En la oscuridad absoluta. Pulso agitado. Frente a frente sin rozar los labios. La sorpresa de la carne que se inmiscuía en nuestra relación de amigos. Qué es esta fuga. Es definitiva. Yo quiero estar en sus brazos. Sentir su cuerpo en el mío. Hacer mío cada centímetro de esa piel delicada. Acariciar su pelo y besar sus labios. Ocurrió. Nunca dejó de ocurrir. Que maneje a la perfección el arte del cuerpo ha influido en este vínculo permanente, ciertamente. Qué esperamos de un vínculo. Yo a Jacques lo amo por sobre todas las cosas, siempre me trae baile y éxtasis. Aunque también me traiga otras cosas cada vez. Aspectos que no entiendo para nada, y que me superan. Aspectos que me encabritan totalmente. Que me encolerizan. Entonces la tensión es mayor. Vivimos peleando y nos entendemos perfectamente. Sin entendernos en absoluto. Soy tal vez esclava de su cuerpo y ahí está la explicación. Necesito su abrazo porque me da vida. Porque me recuerda cuál es mi lugar, de dónde vengo. He estado tantos años en sus brazos. En su música. Jacques tiene una música secreta que me fascina. Que me hace perder la cordura. Es una relación en el límite inexistente de la locura. Esto es: no hay límites. Eso no está bien, o sí. Qué importa. Somos explosión y es lo único que importa. La danza con él es atemporal, ocupa todos los intersticios del tiempo. El movimiento me libera. Pero no he podido fugarme de su cuerpo. Soy definitivamente una esclava de su encuentro. No tengo un sometimiento mayor. Mi sombra se compone de su abrazo. Es una sujeción doble y misteriosa, no puedo dejar de lado su baile ni su cuerpo. Su boca y sus manos. Su lengua y su torso. Nací condenada, parece. Esa luna llena acabó conmigo. Estarás adosada a sus pasos, fue lo que la oí decir. Nunca se despegarán de los tuyos. Así fue. Aumenta la distancia y disminuye, y vuelta a la fusión total. Una parte de mí quiere huir, y otra aclama internamente por perpetuar ese idilio. Jacques es el máximo encuentro sobrenatural. El más alto arrebato y la destrucción completa. Yo creo que es como una especie de ángel celestial, un ser perfecto que bajó del cielo para encontrarse conmigo y modificar mi existencia. Me doy cuenta en cada encuentro. Gracias a él sé exactamente que mi cuerpo sirve para algo. Y el suyo también: el placer ilimitado. Si no me aniquilara en cada vuelta sería mejor. Pero tampoco se puede tener todo, ¿o sí? Yo creo que no. No de la manera que una espera. No de la forma que me gusta a mí: estrictamente literaria. Esto es, imaginaria, esto es: la fuga que no es una fuga. Es una paradoja. Por eso es imposible. Y tan real. Qué es el amor verdadero. Qué es el encuentro verdadero. Yo nací para su cuerpo. Es bueno tener un lugar. Fugarme me ha enseñado a apreciarlo. Deseamos más intensamente aquello que jamás nos pertenece. Es lo que nos pasa a nosotros. Siempre fuimos uno sin ser jamás uno. Pero como somos lo mismo eso tenía arreglo. Siempre fuimos uno. Independiente de las circunstancias exteriores. La fuga y la no fuga toman aquí la forma de una condena. De un destino elegido sin renunciar a nada. No es posible. Lisa, lo quieres todo y ni siquiera vives aquí, me dice. Qué importa. Lo merezco todo. Es mío. Somos lo mismo. Yo sé que él lo entiende, y que piensa lo mismo. Su condena es exacta a la mía. Liberarse a veces es aceptar el sino trágico que tantas veces parece comedia. Su cuerpo me libera y me da un lugar. Como no soy de ningún lado esto es algo vital, pero sólo en ocasiones. Vivo liberada y exploro el encuentro con su danza perpetua. Si nací para sus brazos todavía no me he enterado. Sólo sé que el tiempo a veces tiene sentidos para mí, aunque no quiera verlos. Nuestra eterna fuga nos ha definido. Ya no podemos vernos uno sin el otro. Compartimos la incomprensión profunda de la existencia. La partida de quienes hemos amado. Nuestra danza es eterna y esencial. Tal vez porque en sus ojos descubrí mi nombre y la literatura. Todo lo que lo compone es sueño. Neblina y tinieblas. No hay paz posible para la fuga eterna de los cuerpos. Para el encuentro en la cima. Para el significado del movimiento. No he aprendido a existir sin Jacques, y él tampoco sabe existir sin mí. Es tal vez una enfermedad. La enfermedad del deseo intenso. Tal vez sea amor. En todo caso es fuga del mundo, tal como yo la conocí. Fuga es otra palabra para el amor verdadero. Es la palabra secreta de pasión sin delimitaciones. En sus brazos fue donde yo conocí el sentido, al menos de esta, vida.   

4 de septiembre de 2026

Fuga III

La primera vez que tuve sexo con un hombre fue un día como hoy, 4 de septiembre, yo tenía diecisiete años. Fue hermoso. No recordaba la fecha exacta, pero está anotado en esos cuadernos que encontré. Mi primera fuga del mundo, la fusión total. Me gusta recordarlo como aquel momento mágico que fue. La sorpresa, el asombro. Estaba muy enamorada. Llevábamos varios meses juntos con Théo. Son tan determinantes esos momentos para lo que sucede hacia adelante. Théo puso mucho cuidado en eso. Era varios años mayor que yo. Fugarse del mundo en un ambiente contenido posibilita las ganas de fugarse hacia adelante. El encuentro cara a cara, el amor. Siempre he tenido una relación de mucho cuidado con mi cuerpo y con el placer. Una especie de oasis que nunca se ha empañado. Salvo tres veces siempre ha sido con mi consentimiento. Pero es más que eso, siempre ha sido grande y significativo. La fuga verdadera. Siempre ha sido éxtasis y expansión. El cuerpo es una caja de secretos. Una caja de emociones y sensaciones ilimitadas. El amor gatilla todas las vibraciones posibles. He enfrentado este aspecto desde el amor. Nunca he podido separarlo. Estoy tan agradecida de todos esos encuentros del paraíso. Han determinado quien soy. El amor siempre nos constituye. Nos instala en la fuga infinita que posibilita la vida. Ser otra en la fusión da la fuerza de comprender en la comunión. Estar desnuda ante la existencia. La posibilidad del encuentro nace en la fusión. Con mis almas gemelas yo he llegado a lo más alto. La unión completa y el entendimiento de la interconexión. La ausencia de separaciones, y la soledad eterna que se manifiesta en la forma de resto que permanece. He anhelado a la fusión completa corroborando que no es posible. Aspiro a ella, sin embargo. Me intriga. La llevo a cabo de alguna manera. La siento en mí. Voy con estas personas en mi cuerpo. Porque ellos me posibilitaron la comprensión. Solxs no servimos para nada. Los encuentros deben ser libres y con quien cada unx quiera. Me encienden estas personas que me llevan con ellos. Lo veo en sus ojos, en sus palabras. En los recuerdos y en el presente eterno. En el cuerpo mismo y en sus posibilidades. Amo tanto, a veces pienso que voy a desintegrarme. En ocasiones no sé en qué dimensión estoy. Todo se funde en un gran punto cúlmine, en un encuentro carnal aledaño a la realidad, inserto en el presente. El amor se siente como una presencia todo el tiempo. Un compañero de casa. Amable, sonriente. Un compañero de casa exigente y explosivo. Sólo sé amar como una revolución. Como una catarata. Como una avalancha. Suave. Sutil y frágil. La entrega ha sido completa todas las veces. He sentido la fuga que gesta la creatividad. Olvidarse de una misma para ver a alguien al frente. El amor no es más que otra forma de decir encuentro. Constatación. Vale la pena existir. Afirmarlo. Yo he amado todas las veces. A pesar de mis fugas persistentes. Busco la fusión total y la encuentro. La dejo de lado y la observo. Mi cuerpo me pertenece. Mi amor me pertenece pero lo cedo. Lo regalo cuando sé que soy amada. A veces es un juego, pero siempre un drama brillante. No se puede amar con liviandad. Siempre es agonía. Siempre es entrega y fuga. Siempre es desgarro y explosión. La libertad es para otros temas. Amar es la esclavitud del deseo. Las ansias implacables de infinito. Una necesidad de alcanzar al ser amado. Subyugarlo. Someterlo al amor. Al cuerpo. Recordar cada segundo que poseemos un cuerpo. Latidos, agitación. Gemidos, llamados. Gritos, abrazos. Lengua, piel, boca, manos, piernas. Orejas, dedos. Orificios, hormonas, músculos, venas. Articular el deseo en cada porción de la máquina celestial. De la creadora de nubes. Amar es destruirse. Nunca ser la misma. Anhelar tanto que te carcome la exigencia. Amar es una imposición, no se decide. No se calcula para nada. Es decir, se puede calcular, pero no tiene el mismo sabor. Amar es la asolación, el cuerpo se fuga de sí mismo. Se independiza. Toma decisiones con autonomía. Mientras la rigurosa organización del espíritu programa con candidez otras estrategias. La única estrategia real es la que surge del amor. En la tómbola una gran confusión. El azar es absoluto. Por qué ahora. Por qué él. Por qué así. Por qué con esa intensidad. Aspiro al equilibrio sin aspirar a él. Me fugo del equilibrio, porque no lo entiendo. Cómo va a llevarse a cabo un fenómeno tan mágico de una manera neutra, estructurada. Nunca comprendí esto. Amo como que mi vida se acabara en cada acto. Amo con la noción de la muerte dentro. Porque sé que amar es dejar morir una parte de la cordura. Amar es la aliada de la locura. If you want to make sense, what are you looking at me for? canta Fiona Apple. El amor no tiene ningún sentido. Es el acto más absurdo posible. No se organiza ni se estructura. Es el deseo que te rebana. La noción de la imposibilidad permanente, de la ausencia de fusión. Nace de la libertad y descansa en la autonomía. No hay reglas en el juego de los cuerpos libres. Es un compromiso, una promesa. Un pacto definitivo. La música del azar y la libertad. Olvidarse para comprender. Volar. Entregarse para transformar. La música del azar y la libertad, nunca la fuga y para siempre.       

3 de septiembre de 2026

Fuga II

El concepto de almas gemelas es certero, y lleva aparejado una fuga. Es una fuga necesaria, para evitar siempre la fusión. La fusión es una amenaza a la integridad, y sobre todo a la autonomía. Dos almas gemelas son lo mismo, sin ser lo mismo. Eso implica siempre marcar esa diferencia, que no se olvide, que no se difumine. Es como ser una sola cosa, por eso atrae. La fuga es una afirmación de unicidad. Somos lo mismo, pero no vamos a ser lo mismo. No todo el tiempo. No de manera completa. Sucede así, un día te encuentras con un alma gemela. Enseguida te das cuenta que es eso. Es lo que me sucede con la música de Tori Amos, por ejemplo, o Björk, o Charly García, o Arthur H. Estoy ahí. Es la atmósfera de mi vida. Como que no hubiese separación, unión cabal. Como haber nacido en eso. Encontrarse con el destino, con una misma, con una sensación irremplazable, que sólo se alcanza con la música. Con el amor, con la amistad a veces, con los paisajes perfectos. Un llamado a la divinidad, a algo intangible que viene a ser lo único importante. Pertenecer. Ser alguien, comprender la propia existencia, sentirla, hacerla carne. Yo lo supe desde el primer momento, con Jean, con Jacques, con Adam, con Théo. Supe que nunca iba a acabarse. Da lo mismo las circunstancias. Nunca se acaba. Una no se separa de lo que es lo mismo que una. Es una imposibilidad metafísica. Es un camino recorrido al unísono, y separados. Porque hay que evitar la fusión a toda costa. Yo me he fugado siempre, porque tenía que afirmar mi autonomía. No se puede permitir la colonización completa. El reducto de libertad es lo más importante, aunque una sea lo mismo con otra persona. La literatura necesita afirmar esa distancia. El pensamiento crítico, el pensamiento propio. Por eso la continuidad física no es posible. Pero la continuidad metafísica es absoluta. En el plano que sea. Adam está muerto, igual voy con él. Dejamos de lado en ocasiones esa dimensión. No ver algo no quiere decir que no exista. Es un error. No hablar con alguien no quiere decir que no va con nosotros. Aunque exista en el mundo físico y no haya comunicación verbal. Llevamos encima quienes son iguales a nosotrxs. Hay una continuidad que no se advierte a simple vista. Parece haber suspensiones, pero no es eso, sólo es más o menos distancia. Los pactos que se hacen con quienes son iguales a nosotrxs permanecen en el tiempo. Las circunstancias organizan la mayor o menor cercanía. El error ha sido tratar los vínculos como consecutivos, son simultáneos. Los vínculos verdaderos. Con las almas gemelas la coincidencia es total, y la fuga su elemento más determinante. Adam en el mar es la afirmación última de autonomía. La distancia completa. La fijación del vínculo para la eternidad. Pero la oscilación continúa, y hay de todas maneras ondulaciones. No sabes lo que encontré, Adam. No te lo puedes imaginar. A propósito de un libro que estaba escribiendo, comencé a leer y a ver qué contenía, una carpeta que tenía aquí en el departamento. Una carpeta con textos impresos y textos anotados a mano en hojas de cuaderno arrancadas. Millones de escritos, de mis veinte años, de aquella década de descubrimientos. No sabes lo que había, además. Cientos y cientos de conversaciones que tuvimos, que imprimí en papel, y guardé, correos que nos escribimos, mensajes, declaraciones, propuestas. Pero no sólo eso, encontré un cuaderno donde escribo de esa época en que éramos pareja. Cómo estaba todo eso aquí y yo no lo sabía. Nunca me había aventurado en esa carpeta. ¿No era el momento? ¿Es ahora? La leí completa, palabra a palabra. Mi corazón se detuvo. Estaba atónita. Fue como que volviste a existir, en ese intersticio extraído del espacio tiempo hacia algo más trascendente. La transcendencia absoluta. Todo fue real, Adam, todo lo dijimos, todo está ahí. Por qué nos fugamos. Por qué me fugué yo, por qué te fugaste tú después. Era la colisión definitiva, ¿era eso? La curva del espacio tiempo. Nada podía contenernos. Fuimos la gran explosión. Me hizo reír también, todas esas conversaciones, tu humor. ¿Sabes que pensé que habían desaparecido para siempre, como lo hiciste tú? No, están aquí, igual como tú lo estás, de alguna manera extraña, pero real. Te fugaste, Adam. Siempre tenías que ser grandilocuente, inmenso, avasallador, perfecto. Y tan íntimo y frágil. Tan sensible y atento. Profundo e irrepetible. Único y expansivo. Te admiro tanto. Siempre quise entenderte. Las verdaderas razones de tus fugas, como tú intentabas entender las mías. Nos entendíamos en un plano superior, sin necesidad de explicaciones. ¿Me puedes explicar por qué yo imprimí páginas y páginas de nuestras conversaciones? Es inabarcable. Es como que casi no sé qué hacer con todo esto, porque es como un tesoro. Un hallazgo único, mágico, eterno. Intuía acaso ya en ese momento tu fuga definitiva. Intuía acaso ya mi destino literario y tu ausencia. Mira esto, Adam. Teníamos veintitrés años, anoté en el cuaderno: “Estoy con Adam. Es un noviazgo, aunque no le hemos puesto ese nombre todavía. Quiero terminar de escribir para llamarlo y escuchar su voz y que me diga algo bonito. Me siento feliz ahora. Me estoy enamorando mucho de Adam. Me gusta mucho. Demasiado. Ayer fue el cumpleaños de Candela. Una fiesta en Bellavista, en la calle Loreto. Nos juntamos antes en la casa de Maëlys. Fui con Adam, lindo, precioso, hermoso. Fue un muy buen momento, en la reunión antes y en la fiesta después. A las 4h30 nos fuimos con Adam a su departamento y tuvimos un sexo de la puta madre. ¡Impresionante! Fue muy fuerte, hace tiempo que no vivía algo así. Estaba embelesada, hipnotizada. Es la cuarta vez que estamos juntos en la cama, pero las primeras veces Adam estuvo más nervioso. Pero ayer fue alucinante. Eso me hace enamorarme más de él. Quiero hablar con él ahora y verlo mañana. Te amo, Adam. Demasiado. Ha sido muy intenso esto. El miércoles pasado fue un mes desde el día que nos dimos un beso la primera vez. Fue exquisito. Estábamos en la montaña. Fue un día sábado. Hace dos sábados atrás fuimos a bailar a Av. Matta, fue un sueño. Hace mucho tiempo que no disfrutaba así. Fue extasiante, hermoso, rico, y podría seguir mucho más y todo lo que diga es poco. Quiero tener un día para contar desde ese nuestra relación. Tal vez ese día de agosto donde se selló nuestro pacto. Desde ese día no lo pude olvidar, no dejé de pensar en él. Estoy enamorada”.  Adam en ese agosto: “Lisa, estoy concentrado y de repente aparece 'Lisa preciosa linda linda dice…'. Es muy rico eso. Me llegó tu mensaje. No puedo mandar mensajes ahora, pero cuando pueda te voy a mandar 78539257834578943 mensajes para que no puedas estudiar, así te rindes y te vienes a mi casa, a mis brazos. Tenía tantas ganas de que estuviéramos acá ayer juntos. Ven a ver una película conmigo, y tú la miras y yo me dedico a darte besos. Estoy mirando tu foto, me fascina, pero no la quiero ver ahora porque ya estoy con fiebre. Qué rico, Lisa, me gustas mucho, en verdad te encuentro preciosa, hace tiempo que no me pasaba esto. Es culpa tuya, me embrujaste. Pero no me quejo, es lo más rico. Con que vengas tú ya tengo todo lo que necesito. Quiero que se me pase la fiebre, ahora que tengo una mujer linda para poder salir con ella y mimarla, hay que aprovechar. Eres demasiado rica tengo que aprovecharte todo el tiempo. No me traigas chocolates, yo estoy feliz contigo no más, en serio, si te vas a demorar un minuto en comprarlos mejor no, porque vale mucho más un minuto contigo, Lisa. Te mando un beso en la espalda. Lo que más me gusta es abrazarte por la espalda y darte un beso en el cuello, me fascina. Lisa, viste, me va a subir más la fiebre”. Tus palabras me liberan. Tu fuga eterna me hace grande, hermosa y anhelante. Gracias por seguir aquí. Mi alma gemela. Siempre contigo. Feliz cuarenta y cinco años, Adam.     

1 de septiembre de 2026

Fuga

Hubo cuatro personas que me modificaron, de todas me fugué. Jean, Jacques, Adam, Théo. ¿Era tal vez más importante la fuga que el amor? ¿Me acribillaba la literatura? Qué sucedía. Año tras año la huida. Hasta que ya nada se sostenía en pie. Soy una víctima y un verdugo del amor. En ocasiones doy palos de ciego y no encuentro mi lugar. Me pierdo, escapo, llego a las letras para que me resguarden. Vivo fugándome de los acontecimientos. He tenido buenas razones. La literatura siendo la más importante. Tengo cuarenta y cinco años, mi fuga más grande fue un mes como este, septiembre años atrás, cuando me desplacé de continente. Ya no me siento víctima de nada. Sólo opté por la libertad en vez de las sustancias y su seguimiento. Quién dice que una opción es mejor que otra. Yo elegí esa. Iba bien con mi personalidad. Además mi cuerpo no es muy dado a las sustancias. Las eliminé todas. Este año es un punto de quiebre, he vivido la mitad de mi existencia adulta en Chile y la otra mitad de mi existencia adulta en Francia. Tengo en mi cuerpo una dosis de trece años de uno, y una dosis de trece años de la otra. En mi gran fuga escapaba también de dos largas relaciones que no había podido cortar y me pesaban, Jacques y Théo. Lo interesante de este punto de quiebre es la noción de responsabilidad que cargo ahora conmigo. Fui víctima y verdugo de ambas relaciones. De la continuidad de estas en el tiempo, en ese eterno espacio posterior a las rupturas. Mi acercamiento ambivalente a la realidad está tal vez determinado por la búsqueda incesante de historias. He priorizado la libertad, esa es la verdad. Jamás detener la creatividad. He pagado caro. Las fugas son renuncias, y las renuncias dejan heridas. He dejado heridas y me han apuñalado. Trece años y trece años. No tomo sustancias y tengo la libertad, pero también tengo otras cosas. Incomprensión, soledad, arrepentimiento, dudas, interrogantes, duelos. Algunas cosas no me acompañaron los últimos trece años. La angustia, por ejemplo, esa la dejé antes de partir, y no ha vuelto a aparecer. No tomo sustancias, no tengo angustia, tengo la libertad y tengo la literatura. Perdí cientos de cosas, muchas que eran muy importantes para mí. Soy víctima y verdugo: opté por la fuga. Sinceramente es un asunto de personalidad. Mi serenidad está en las letras. En los afectos que fluyen con ellas. He llevado a cabo duelo tras duelo: ya vengo siendo experta, pero siempre es nuevo y distinto. También cada mañana es nueva y distinta. Ayer por ejemplo toqué el piano, caminé entre los árboles junto al río, aprendí nuevas palabras en alemán y leí unos libros. La existencia siempre está comenzando. A pesar de los puntos de quiebre. A pesar de mi larga lista de fugas. Tal vez es lo que me define: se fugó cada vez que pudo. De varias fugas me arrepentí. No del cambio de continente ni de haber dejado las sustancias. En cuanto a la libertad, la vivo con respeto: sé lo que cuesta. Es algo grande y hermoso, pero que te carcome viva. Algo que te lo exige todo. Que no deja títere con cabeza. Se parece a la literatura. La renuncia es completa. Mi fuga se llama literatura y la libertad es su sustancia. A veces me siento morir, es cierto. Dónde se han ido todxs, me digo. Le pregunto a los libros, cuándo volverán aquellos días de la algarabía. Pero reconozco mi fuga y eso la hace eterna, importante, certera, inevitable. No sé qué es vivir, pero sé qué es escribir. Y sé qué es fugarse. Puedo escribir sobre mis fugas, un gran libro que se haga cargo de la tierra yerma que he dejado a mi paso. Y de las flores que en cambio han aparecido, con tanto cambio, con tanto movimiento y anhelo. Vivo soñando, nuevas fugas, nuevos libros, días dueños de sí mismos, y convertidos en forma que emocione. Me quemo todo el tiempo. Revoluciones inmensas y huidas impresionantes. Ni yo sé cómo lo hago. Llegar tan alto, y abandonar tan intensamente. Es absurdo en ocasiones. Escribiendo le doy un sentido a tanto movimiento incesante. A tanta cumbre y precipicio. Lo único que pido es música. Que escribir vaya acompañado de música. No puedo existir sin ella. No puedo. Siempre las fugas han sido hacia la música. Las nuevas palabras y las nuevas formas. No estoy orgullosa de todo, para nada. Trece años y trece años. Algunos asuntos me gustan y otros en ningún caso. Soy una víctima y un verdugo. Si lo que buscaba era paz, en cualquier caso la encontré. La literatura tiene ese lado que sana, aunque devaste. En mi mente y en mi cuerpo trece años y trece años. Siento la energía de todas esas revoluciones y fugas. Al menos amé. Lo intenté. Aunque cada año, desde que cumplí dieciocho haya habido dudas y avalanchas. Amé. Fugarme permitió otras cosas, ahora no sé exactamente cuáles, porque en este punto de quiebre todo ha quedado atrás. Ya no hay nada más que frases para consolar a un alma intensa. Un alma dispuesta, lista. Septiembre y las grandes preguntas. Cuál es la fuga esta vez. Siempre queda fugarse, aunque no haya nada. Una se puede fugar de tantas cosas. Es un ejercicio que atesoro. La fuga es el nacimiento de la cordura. La ley básica de la locura. Encontrar lo nuevo para a continuación imaginarlo. Inventar la realidad para que nunca se parezca a sí misma. A la que fue. Crear puentes en el espacio y el tiempo. Dar por cerrado quien se fue. Para comenzar lo que depara esa existencia que va llegando. Que aterriza y parte. Acostumbrarse a la fuga es lo que describe con exactitud lo que intento. Nunca un día exacto al anterior, y mis días se parecen tanto, millones de palabras organizándose del alba al anochecer. La noche oscura y el día más brillante. Todo lo conocen las palabras. Son como fantasmas con cuerpo. Tal vez yo soy algo así. Pero no pretendo fugarme de la vida. No en este punto de quiebre. Aguardo con calma el éxtasis de cada gran obra que nace. Seguir diciendo es mi pasión. Aunque a veces no sepa para dónde voy. Ni exactamente dónde estoy. La sustancia de los sueños tiene la consistencia de la fuga. Alcanzar parnasos imaginarios y amores eternos. Por más que observo no saco nada realmente en claro. Tan sólo que la fuga es ambigua como la vida. Cambiar es morir y nacer. Yo ya no tengo remedio. Siempre espero y olvido. La fuga es mi pasión culpable, mi necesidad implacable, mi aventura asoladora. Fugarse es la música ambivalente de lo que nos eleva y nos destroza. Yo ya no tengo remedio. Busco sin buscar y encuentro. Los eventos suceden. Yo quiero que sucedan.