El concepto de almas gemelas es certero, y lleva aparejado una fuga. Es una fuga necesaria, para evitar siempre la fusión. La fusión es una amenaza a la integridad, y sobre todo a la autonomía. Dos almas gemelas son lo mismo, sin ser lo mismo. Eso implica siempre marcar esa diferencia, que no se olvide, que no se difumine. Es como ser una sola cosa, por eso atrae. La fuga es una afirmación de unicidad. Somos lo mismo, pero no vamos a ser lo mismo. No todo el tiempo. No de manera completa. Sucede así, un día te encuentras con un alma gemela. Enseguida te das cuenta que es eso. Es lo que me sucede con la música de Tori Amos, por ejemplo, o Björk, o Charly García, o Arthur H. Estoy ahí. Es la atmósfera de mi vida. Como que no hubiese separación, unión cabal. Como haber nacido en eso. Encontrarse con el destino, con una misma, con una sensación irremplazable, que sólo se alcanza con la música. Con el amor, con la amistad a veces, con los paisajes perfectos. Un llamado a la divinidad, a algo intangible que viene a ser lo único importante. Pertenecer. Ser alguien, comprender la propia existencia, sentirla, hacerla carne. Yo lo supe desde el primer momento, con Jean, con Jacques, con Adam, con Théo. Supe que nunca iba a acabarse. Da lo mismo las circunstancias. Nunca se acaba. Una no se separa de lo que es lo mismo que una. Es una imposibilidad metafísica. Es un camino recorrido al unísono, y separados. Porque hay que evitar la fusión a toda costa. Yo me he fugado siempre, porque tenía que afirmar mi autonomía. No se puede permitir la colonización completa. El reducto de libertad es lo más importante, aunque una sea lo mismo con otra persona. La literatura necesita afirmar esa distancia. El pensamiento crítico, el pensamiento propio. Por eso la continuidad física no es posible. Pero la continuidad metafísica es absoluta. En el plano que sea. Adam está muerto, igual voy con él. Dejamos de lado en ocasiones esa dimensión. No ver algo no quiere decir que no exista. Es un error. No hablar con alguien no quiere decir que no va con nosotros. Aunque exista en el mundo físico y no haya comunicación verbal. Llevamos encima quienes son iguales a nosotrxs. Hay una continuidad que no se advierte a simple vista. Parece haber suspensiones, pero no es eso, sólo es más o menos distancia. Los pactos que se hacen con quienes son iguales a nosotrxs permanecen en el tiempo. Las circunstancias organizan la mayor o menor cercanía. El error ha sido tratar los vínculos como consecutivos, son simultáneos. Los vínculos verdaderos. Con las almas gemelas la coincidencia es total, y la fuga su elemento más determinante. Adam en el mar es la afirmación última de autonomía. La distancia completa. La fijación del vínculo para la eternidad. Pero la oscilación continúa, y hay de todas maneras ondulaciones. No sabes lo que encontré, Adam. No te lo puedes imaginar. A propósito de un libro que estaba escribiendo, comencé a leer y a ver qué contenía, una carpeta que tenía aquí en el departamento. Una carpeta con textos impresos y textos anotados a mano en hojas de cuaderno arrancadas. Millones de escritos, de mis veinte años, de aquella década de descubrimientos. No sabes lo que había, además. Cientos y cientos de conversaciones que tuvimos, que imprimí en papel, y guardé, correos que nos escribimos, mensajes, declaraciones, propuestas. Pero no sólo eso, encontré un cuaderno donde escribo de esa época en que éramos pareja. Cómo estaba todo eso aquí y yo no lo sabía. Nunca me había aventurado en esa carpeta. ¿No era el momento? ¿Es ahora? La leí completa, palabra a palabra. Mi corazón se detuvo. Estaba atónita. Fue como que volviste a existir, en ese intersticio extraído del espacio tiempo hacia algo más trascendente. La transcendencia absoluta. Todo fue real, Adam, todo lo dijimos, todo está ahí. Por qué nos fugamos. Por qué me fugué yo, por qué te fugaste tú después. Era la colisión definitiva, ¿era eso? La curva del espacio tiempo. Nada podía contenernos. Fuimos la gran explosión. Me hizo reír también, todas esas conversaciones, tu humor. ¿Sabes que pensé que habían desaparecido para siempre, como lo hiciste tú? No, están aquí, igual como tú lo estás, de alguna manera extraña, pero real. Te fugaste, Adam. Siempre tenías que ser grandilocuente, inmenso, avasallador, perfecto. Y tan íntimo y frágil. Tan sensible y atento. Profundo e irrepetible. Único y expansivo. Te admiro tanto. Siempre quise entenderte. Las verdaderas razones de tus fugas, como tú intentabas entender las mías. Nos entendíamos en un plano superior, sin necesidad de explicaciones. ¿Me puedes explicar por qué yo imprimí páginas y páginas de nuestras conversaciones? Es inabarcable. Es como que casi no sé qué hacer con todo esto, porque es como un tesoro. Un hallazgo único, mágico, eterno. Intuía acaso ya en ese momento tu fuga definitiva. Intuía acaso ya mi destino literario y tu ausencia. Mira esto, Adam. Teníamos veintitrés años, anoté en el cuaderno: “Estoy con Adam. Es un noviazgo, aunque no le hemos puesto ese nombre todavía. Quiero terminar de escribir para llamarlo y escuchar su voz y que me diga algo bonito. Me siento feliz ahora. Me estoy enamorando mucho de Adam. Me gusta mucho. Demasiado. Ayer fue el cumpleaños de Candela. Una fiesta en Bellavista, en la calle Loreto. Nos juntamos antes en la casa de Maëlys. Fui con Adam, lindo, precioso, hermoso. Fue un muy buen momento, en la reunión antes y en la fiesta después. A las 4h30 nos fuimos con Adam a su departamento y tuvimos un sexo de la puta madre. ¡Impresionante! Fue muy fuerte, hace tiempo que no vivía algo así. Estaba embelesada, hipnotizada. Es la cuarta vez que estamos juntos en la cama, pero las primeras veces Adam estuvo más nervioso. Pero ayer fue alucinante. Eso me hace enamorarme más de él. Quiero hablar con él ahora y verlo mañana. Te amo, Adam. Demasiado. Ha sido muy intenso esto. El miércoles pasado fue un mes desde el día que nos dimos un beso la primera vez. Fue exquisito. Estábamos en la montaña. Fue un día sábado. Hace dos sábados atrás fuimos a bailar a Av. Matta, fue un sueño. Hace mucho tiempo que no disfrutaba así. Fue extasiante, hermoso, rico, y podría seguir mucho más y todo lo que diga es poco. Quiero tener un día para contar desde ese nuestra relación. Tal vez ese día de agosto donde se selló nuestro pacto. Desde ese día no lo pude olvidar, no dejé de pensar en él. Estoy enamorada”. Adam en ese agosto: “Lisa, estoy concentrado y de repente aparece 'Lisa preciosa linda linda dice…'. Es muy rico eso. Me llegó tu mensaje. No puedo mandar mensajes ahora, pero cuando pueda te voy a mandar 78539257834578943 mensajes para que no puedas estudiar, así te rindes y te vienes a mi casa, a mis brazos. Tenía tantas ganas de que estuviéramos acá ayer juntos. Ven a ver una película conmigo, y tú la miras y yo me dedico a darte besos. Estoy mirando tu foto, me fascina, pero no la quiero ver ahora porque ya estoy con fiebre. Qué rico, Lisa, me gustas mucho, en verdad te encuentro preciosa, hace tiempo que no me pasaba esto. Es culpa tuya, me embrujaste. Pero no me quejo, es lo más rico. Con que vengas tú ya tengo todo lo que necesito. Quiero que se me pase la fiebre, ahora que tengo una mujer linda para poder salir con ella y mimarla, hay que aprovechar. Eres demasiado rica tengo que aprovecharte todo el tiempo. No me traigas chocolates, yo estoy feliz contigo no más, en serio, si te vas a demorar un minuto en comprarlos mejor no, porque vale mucho más un minuto contigo, Lisa. Te mando un beso en la espalda. Lo que más me gusta es abrazarte por la espalda y darte un beso en el cuello, me fascina. Lisa, viste, me va a subir más la fiebre”. Tus palabras me liberan. Tu fuga eterna me hace grande, hermosa y anhelante. Gracias por seguir aquí. Mi alma gemela. Siempre contigo. Feliz cuarenta y cinco años, Adam.