28 de septiembre de 2026

Piano V

Paul B. Preciado es lo máximo. Leo sus columnas en la prensa. Siempre una idea nueva, lúcida y exacta. Da en el clavo con gran precisión. Un respiro en el mar de información. Tantas veces irrelevante. Gracias, Paul. Qué es una idea que sirve para algo. No intento discriminar otras ideas. El tema es que haya ideas. Eso es lo que a veces falta. El tema es que sea nueva, también. No una vil repetición. Que no ataque tampoco a colectivos sin motivo. Es mejor ir contra los poderosos, porque esos se defienden sin problema alguno. Esos la destrucción la manejan al revés y al derecho. Puedes caer en sus garras y luego no es tan fácil salir. Escribir no es producir frases, se escribe y se lee con el cuerpo, escribe Preciado en su última columna. Habla de la privatización informática del lenguaje. En el lenguaje vivo, cada palabra y cada sintagma, hace referencia a la experiencia de un cuerpo en relación social, escribe Preciado. Qué esperamos de un texto, que nos revele alguna experiencia, alguna forma novedosa, alguna metáfora que haga soñar, alguna rebelión cualquiera a la aridez, un escape a esta existencia innumerables veces plana. Eso implica viajar por la oscuridad antes de redactar la frase. Buscar en los confines del espíritu literario, secundado por una emoción posible pero escondida. Aspiramos a la belleza, a la honestidad de una afirmación. Al riesgo, al coraje. Está más o menos claro qué es la literatura, si una lee regularmente existe un cierto entrenamiento. Lo que es más escurridizo son los temas y la manera de abordarlos. Eso cambia constantemente, y a dios gracias sucede esto. No le estoy agradeciendo a dios, sino afirmando que es una gran suerte esta posibilidad. Hasta los treinta años leí más o menos lo mismo, era lo que había, hasta que por suerte, por suerte, se abrió el abanico. Qué placer. Fantástico. La escritura de otros cuerpos. Que no se veían para nada. Justo a mí me tocó en ese grupo. No escogí nada. Nací, y ahí estaba. En el grupo de los cuerpos invisibles. De los cuerpos clasificados como delirantes, histéricos, buenos para inventar, simular. Me costó salirme, pero luego en el mar de cuerpos que comenzaba a vislumbrarse todo fue más fácil. La ola de mierda que se venía encima disminuyó. Bueno, ahora es grande también, de manera a veces anónima, más encima. No se puede tener todo, pero se puede tener algo. Aspiro a leer de vez en cuando alguna idea que sirva, y a escribir de tanto en tanto algún texto que revele algún aspecto un tanto más insondable que lo que se cruza por mi cerebro y mi vista a cada segundo. El tiempo es clave, la madurez de las ideas, el reposo de las intuiciones. Aspiro a una profundidad que sé que existe, porque la he visto en muchos libros. Fue mi cuerpo el que se percató. Escribir y leer es emoción. Escribir y leer es pensar. Qué esperamos de la literatura. Alguna señal, alguna sugerencia de camino que no es una verdadera propuesta, sino sólo una invitación abierta. Sigo buscando, infatigable. Encuentro el éxtasis en ocasiones. Es mi única motivación para seguir recorriendo estos días organizados en meses y años. Una tiene que definir su motivación. Sentirla en el cuerpo. Busco, encuentro y siento.  

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