22 de agosto de 2026

Revolución

Creo que la revolución es apropiarse de la historia de una, enfrentarla, no dejar tramos en silencio. Aceptar la luz y la sombra de cada aventura. Al final, la pasión está tejida de múltiples relatos que fueron articulando quien una es. Me gusta ser justa con el fragmento que corresponde a cada persona. Con la manera en que transformaron mi existencia. En el reflejo de los demás al frente se crea la sustancia. En el encuentro con la complejidad de habitar este planeta. De interactuar sin miedo, sin odio, sin rencores.  A mí ya no me quedan fuerzas para odiar a nadie. Se necesita fuerza para odiar. Voluntad. Buenas razones. Yo estoy en paz. Quiero destinar esa energía a otros asuntos. Es extraño tener que estar justificando una y otra vez frente a una misma las decisiones tomadas. Haciéndose esas preguntas una y otra vez. Los elementos se van transformando. Paso mi vida huyendo de cosas. O solía huir. Ya no quiero más fugas. Creo que mi revolución de los 45 años es dejar atrás eventos que otrora me inmovilizaron. Agradecer lo que cada situación me entregó. Todo tuvo su tiempo y su intensidad. Nunca hablo de Théo, dado el martirio y la incomprensión que siguieron a nuestra ruptura. Creo que es un error porque ese silencio no refleja la consistencia de los años que pasé con él. Théo fue mi primer amor adulto, aunque comenzó cuando yo tenía diecisiete años y era una adolescente, la persona con la que compartí cuatro años de mi vida, hasta los veintiún años, cuando me dejó, a sus veintiocho años, por razones que nunca quedaron del todo claras, ni siquiera para él. Al año siguiente quiso remediarlo, con proposiciones inmensas, propuestas de matrimonio, promesas de grandes proyectos. Era tarde porque yo estaba con Jacques, y esas propuestas tienen que llegar en buen momento, no en escenarios como ese, a riesgo de quebrar algo significativo al interior de uno mismo y de los demás. Théo fue por mucho tiempo el amor de mi vida, y yo pensé que lo seguiría siendo, pero sus propias decisiones alejaron esa posibilidad, sin vuelta atrás. La verdad es esta, aparte de Jean, Jacques y Adam, que son mi vida completa, yo nunca había amado como amé a Théo. Fue la verdadera revolución. La revelación de la dimensión de la existencia donde siempre he encontrado la música. Comencé a vivir en la música gracias a él. Gracias a nuestras conversaciones, nuestro humor, nuestra pasión por la música, nuestros cuerpos y nuestra rebelión con el mundo tal como nos había sido entregado. Amé a Théo de una manera que no me ha vuelto a ocurrir, con un asombro que no olvido, probablemente porque fue la primera vez. Con una sorpresa que me despertó al amor verdadero. Tenía una devoción completa por él, imagino que la diferencia de edad también influía, pero lo que me importa es la revolución que nació en mí por este encuentro de cuatro años. Todo comenzó ahí, aunque luego los interminables años de tortuosos desencuentros llenaran de penumbra la fuerza que desarrollé a su lado. Me sentía invencible. Estuve escuchando canciones que me compuso en aquella época de la revolución. Todo está ahí, todo siempre estuvo ahí. El nacimiento de la música. El amor verdadero y todos nuestros sueños. La existencia me llevó por otros caminos a continuación, aunque él intentó retenerme como fuera durante dieciséis años, hasta que yo le dije: así no. No más así. Diez años han pasado desde ese momento. Ahora tengo 45 años, llegué al núcleo de la música, y vengo de vuelta. Recorro con atención mi voz y mis silencios. Théo fue, por un momento eterno, el amor de mi vida. Ya no, pero a él le debo la intensidad de la música, el descubrimiento de la complejidad del amor adulto y del cuerpo, la expansión de la inteligencia, y sobre todo, la noción de infinito. Las bases de mi revolución. 

18 de agosto de 2026

Aventura (Novela)

Aventura

o

Prefacio

“Aventura” es una novela. Es la continuación de “Lisa y la pasión”. Es una aventura (evidentemente). La escribí en el tórrido verano de canícula lionés. 35 grados sostenidos. El verano más caluroso en la historia de Francia. En qué consiste esta aventura. Estas aventuras, más bien. 30 aventuras. Las escribí porque estoy recolectando fondos para mi campaña: apadrina a tu escritora o escritor preferido. Invítalo a tomar café. Dale ánimos, dile que todo va a salir a flote, que no todo será librerías cerradas, libros inéditos, editoriales comandadas por la extrema derecha, cuentas de banco sobregiradas y despensas vacías. Porque la revolución ya está gestada, un germen. La segunda campaña es: léete un libro. Este, por ejemplo. Elige uno y léetelo. Hasta el final. Si estás en una librería y puedes, págalo. Sino prestado. Entra a la librería, para empezar. Antes de que la cierren. Dale una oportunidad. La campaña número tres es: léete otro libro. El que tú quieras. Este, por ejemplo, si no lo leíste la campaña pasada. Prometo buenas aventuras. Unas del corazón desbocado y de la revolución feminista. Unas de la renuncia y de puentes colgantes. Puentes levadizos. La cuarta campaña es: entra a una librería. Si las tres anteriores fracasaron. Toma en tus manos estos útiles de primera necesidad. Dale una vuelta al destino. Dale ritmo. Compás y armonía. Si todas fracasan todavía queda seguir haciéndolo igual, porque el arte es más fuerte. Es robusto e impenetrable. Cándido y determinado. Implacable y revolucionario. Cuando los pacifistas, o las personas que intentan poner freno a la guerra, deciden olvidar que algunos hombres disfrutan profundamente del conflicto, cometen un grave error, escribe Doris Lessing. El segundo conjunto de campañas tiene que ver con la paz. No sé si los fondos alcancen. Puedes unirte como voluntario. Es bastante urgente. El dinero no va a alcanzar para todas las iniciativas. El financiamiento desde Estados Unidos está cortado. Hay otros problemas. El fuego. Los incendios. La temperatura que no baja. Igual sigamos con los proyectos. Saca fuerzas de algún lado. Antes de que te derritas. Tal vez está ahí ese futuro promisorio. Tal vez leyendo se nos ocurra algo. Tal vez en el trabajo colectivo. Quizá en la conversación. El paso al unísono. Por qué renunciar ahora.
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 17 de agosto de 2026.


16 de agosto de 2026

Aventura XXVII

Mi nueva aventura este año es la renuncia. No en vano tengo 45 años. Lo veo como una especie de punto de quiebre. Me gusta pensarlo así: qué se está eligiendo cuando se renuncia. A qué se accede al hacerlo. Creo que se pone en movimiento un mecanismo interior de libertad. Se evalúan los límites, se definen. Estoy constantemente trazando cuáles son los míos. No soy muy rigurosa, soy flexible en este sentido. No soy lapidaria, y me gusta extraer lo mejor de cada situación. Aunque veo que este año ajusté el tema de las delimitaciones, y eso modificó la continuidad de muchas cosas. La anuló. Esto es, se acabaron, para que nos entendamos. El paisaje se despejó. Me quedaron los libros. Siempre están ahí, poniendo el hombro. Qué capacidad que tienen. Ahora cuando los temas me sacuden el pecho los enfrento inmediatamente. Los politizo, los interrogo sin tregua, los sitúo en un contexto más amplio. Escribir tiene una capacidad como de limpiar un cristal opacado. Las palabras organizadas desenredan nudos. Es como ordenar el cuarto. Escribir novelas estructura los sucesos de manera que tengan sentido. Es un ejercicio que me fascina, inventar tramas. Ser esa chispa que enciende, de la que habla Bruce Springsteen. Vi hace poco el documental de la canción “We are the World”. Cuando él canta, quedé en jaque, qué voz, por dios, y esa personalidad. Bueno, el cuerpo también. Gracias, Bruce, por ese momento de esperanza. No voy a renunciar a Bruce Springsteen. Ayer vi la película que me faltaba de Christan Petzold. Tampoco voy a renunciar a Christian Petzold. Tampoco a Florian Schuster ni a Tom Schilling. Tampoco a mi aventura de aprender alemán. Me encanta elegir, y renunciar a tener que renunciar. Tal vez la modificación es la siguiente: escojo las cruzadas. No puedo abordarlas todas. El punto de quiebre son los nuevos lindes. Lo que quedó más allá me voy despidiendo. Vi también ayer la película “Hamnet”, de Chloé Zhao, y antes de ayer la película « À pied d’œuvre » de Valérie Donzelli, ambas sobre escritores y esa cruzada extraña en la que una se embarca. Qué películas deslumbrantes. Lo que me mantiene en vida a mí es la literatura y modificar la emoción. Me gustó cuando Paul Marquet el personaje protagonista (el escritor Franck Courtès en la vida real, la película está basada en una novela autobiográfica) dice: los escritores somos inaccesibles al desaliento, o se podría traducir también como impermeables al fracaso. Aunque todo el resto sea ese “silence”, del que habló William Shakespeare: Jamás renunciar. 

Aventura XXV y XXVI

Aventura XXV

Ya no hablo con Jacques. Le dije que no quería volver a hablar con él (20 años después). Bueno, para qué va una a ser tan exigente. A veces hay que pensar bien las cosas. Literal nuestra relación de pareja terminó hace 20 años, a continuación ha sido episodios más o menos disparatados. ¿Menos disparatados? Definitivamente en mayor medida cerca del más disparatados. La última aventura con él, un par de meses, un semestre atrás, fue bastante extraña. Previendo yo esta posibilidad, le adelanté cuáles eran mis condiciones, a las que él se plegó. Primer error: pensar que él estaba plegándose a la manera en que yo entendía esas condiciones. O sea, estamos hablando de Jacques, partamos por eso: no plegable. Yo tampoco soy plegable, pero en un sentido distinto creo. Bueno, pero uno tiene la posibilidad de decir no, pero si dice sí, después concluir que no, o que se había comprendido otra cosa, no se sostiene por ningún lado. Es decir, si uno se conoce hace 30 años tiene que servir para algo. La comunicación puede ser mejor: no. Puede ser igual de mala, o tal vez otros problemas. Mi tozudez y sus artimañas. Ni ser previsora sirve. Esta vez es definitivo. No es suficiente hacer panoramas fascinantes, también es necesario no salir trasquilada en cada vuelta. Se acabó la aventura de lo no plegable. Los otros errores, que son bastantes, de lado y lado, tendrán que plegarse al cierre de las maravillosas aventuras con Jacques, y quedarán sin resolución. No se puede decir que no lo intentamos. A veces sólo queda renunciar. 


Aventura XXVI

En el terreno de las dualidades, una misma aventura, por ejemplo el matrimonio, puede ser extremadamente difícil e incomprensible (mi primera experiencia), o extremadamente satisfactoria y expansiva (mi segunda experiencia). Queda tiempo para otras variantes (aunque no estoy segura de esto). Profundicemos, porque los titulares nunca nos entregan lo que realmente buscamos. Qué fue lo que pasó en estas aventuras. Con Henri todo iba de maravilla, hasta que empezó en la práctica la aventura matrimonial. No fue que no se hubiese conversado antes. Estaba abordado el tema. Listo, nos casamos, nos vamos a estudiar a otro país. Hasta ahí se había conversado. Es bastante. Luego Henri: lo pensé bien y no quiero estudiar más ni irme a otro país. Qué. Pero no sólo eso: quiero tener hijos inmediatamente y una familia tradicional que cumpla todas las características de estas. Qué. Cuáles son esas características. Justo todas las que no se parecen nada a tu idea de existir. Qué. Fue como que en dos años la persona con la que compartía mi vida hace cuatro años y medio había transmutado en su opuesto. Qué. Listo, muchas gracias, dejémoslo hasta aquí y a ver si existir puede tener algún sentido. Yo desarrollo el mío, y tú el tuyo. Nunca más lo vi, aparte de la firma del cese de convivencia y del juicio de divorcio. Lo que es una pena porque había sido muy feliz los primeros tres años. Henri era muy claro en que me apoyaría siempre en todo. No olvido esto, porque su capacidad de no juzgar y de comprometerse son características que fueron muy significativas para mí (con mayor razón si recordamos que yo venía de la nebulosa de Jacques, eso que dicen del péndulo es un hecho). Tal vez simplemente éramos muy distintos, y el amor, como era grande, nos juntó, a pesar de todas estas diferencias bastante radicales, si las observo ahora. Henri es un hombre muy atractivo, y a su manera, no se pliega a las cosas así no más, lo que a mí me parecía una característica cautivadora. Es una persona muy libre, y que no pierde el tiempo en asuntos sin importancia, lo que fue determinante para que yo cayera rendida en sus brazos en ese momento. Decidí casarme con él estando muy enamorada. Pero el contenido de lo que significaba el matrimonio para él y para mí no se encontraban en ningún lado, según fuimos desarrollando esas definiciones: de todas maneras siempre hay que inventar definiciones al principio. Vivir tiene ese tinte imprevisto. Qué es el amor. Claramente otra cosa que la institución del matrimonio, pero de eso me enteré después. Qué es el matrimonio. Claramente no lo mismo para todas las personas, pero de eso me enteré después. No se puede decir que no lo intentamos. A veces sólo queda renunciar.   

15 de agosto de 2026

Aventura XXIII

Hablemos de la revolución. Recuerdo nítidamente dos momentos, en la soledad del escritorio, donde imaginé la necesidad de un movimiento posible. Una especie de desvarío intuitivo. No tenía una forma precisa. En esos momentos lo vi como algo seguro: sucederá, pero al mismo tiempo me parecía imposible. Lo veía en la categoría del sueño, de la ilusión presente de otra cosa por llegar. Tampoco tenía características feministas. El primer momento fue en el marco de la redacción de mi novela “Antonia Serrat y el caos”, último año viviendo en Santiago de Chile, 2012, trabajando en UNICEF, implicada en varios grupos activistas, fin de semana largo en mi departamento donde vivía sola: esto tiene que crecer, me dije, es posible. Imaginé la escena completa. Tiempo después me pareció que me había excedido: ¿será posible? Cuatro años después, segundo momento, 2016, en el marco de la redacción de mi novela “Afuera”, viviendo en Serpaize, Francia, observando las colinas y el bosque por la ventana, viviendo con Jean, con mi promesa de dedicarme a la literatura: estos personajes se van a unir y van a crear un sistema de humanidad y resistencia, que se va a llamar “Club Afuera”. En el transcurso de la novela se transformó en “Movimiento Intemperie”. Concluí que tenía que crear un símil de este grupo con personas de carne y hueso. Se veía improbable. Por dónde empezar. Tiempo después sentí que tal vez había volado demasiado alto: ¿de qué se trata este grupo? ¿un movimiento? ¿qué es eso? ¿dónde está esta gente? 8 de marzo del año siguiente, publiqué un texto que titulé: “Día internacional de los derechos de las mujeres, el abuso en el trabajo y otros problemas”, año 2017, decía así: “Hoy en el día internacional de los derechos de las mujeres, se me ocurre la ocasión propicia para anotar ciertos hechos que nos ocurren a diario u ocasionalmente, exclusivamente por ser mujer, y estar, a veces, indefensas. También hacer un llamado a la denuncia de estas situaciones, para evitar que sigan ocurriendo.
Sí, me han pagado menos, sí, me han gritado en la calle, sí, me han agarrado el culo en lugares públicos, sí, he sido víctima de abuso en el trabajo, sí, he sido menos reconocida en lo que hago, sí, he tenido que abrirme espacio a machetazos en un mundo profesional atiborrado de hombres machistas, narcisistas, conservadores y misóginos.
No son cuentos. Es como las cosas suceden. Si eres mujer y joven, tus cualidades intelectuales quedan en segundo plano, muchas veces, y el resto es infierno. Visité el infierno, resistiéndome y sin que nadie me haya preguntado si quería hacerlo. Claro que no quería, por dios, estamos hablando del infierno, ¿quién quiere estar en él? Un lugar angustioso y oscuro. Y habité en él a vista y paciencia de todo el mundo. Y nadie hizo nada. Yo sola no podía salir, o eso creía, pero podía, y lo hice, aunque con un costo emocional altísimo. El terror me acecha todavía, de cuando en cuando. Ya no tengo miedo, pero puedo evocar la sensación con nitidez.
¿A quién le preguntan si quiere estar en el infierno? Eso no se pregunta. Lo que se hace es no llevar a las personas a ese lugar. Es un lugar macabro. Lleno de culpa, lleno de tristeza, lleno de miedo, terror paralizante. Sí, fui víctima, y tengo rabia. Mucha. Quien me ayudó a salir de esto y a darme cuenta de que era abuso fue un amigo, hombre. De quien estaré para siempre agradecida. Me hizo salir de la culpa y me abrió a la posibilidad de enfrentarme a la situación. Me hizo ver que era una víctima.
Y no me impresionaría si supiera que a otras personas les pasó lo mismo, en circunstancias similares, o les está pasando ahora mismo. El problema es que se habla muy poco, y me incluyo. El problema es el miedo, la opresión. El problema es estar atrapado, en desventaja. Supongo que es bueno expresarlo, pensando en los que pueden venir después que nosotros, si optamos por el silencio.
En este día de los derechos de las mujeres, lo que quisiera decir, es que hay muchos abusadores dando vueltas, en total impunidad, y quisiera invitar a que detengamos esto. Que sepamos que puede detenerse. ¿Por qué hacerlo? Porque no quisiera que le pase a nadie. Si eres subalterna, y alguien que no tiene nada que perder se aprovecha de ti, y de tu vulnerabilidad, y de que puedes perder todo lo que te importa, eso es abuso. Si te ha pasado, cuéntalo. Tómate el tiempo, pero cuéntalo, a las personas en las que confíes. No es tu culpa, eres víctima. Nadie tiene derecho a hacerte pasar por el infierno. Si puedes denunciar, mejor. Hagamos ver los infiernos por los que tenemos que pasar. Mujeres y hombres tenemos que unirnos, para que ir a trabajar sea digno, y sea lo que es, un trabajo, y no un abismo”.
En ese momento nadie me preguntó nada, pero el texto tuvo varias reacciones, que me alegraron, aunque el recibimiento me pareció cauto. No recuerdo qué esperaba exactamente. Estaba consciente del riesgo que significaba mi publicación, pero tenía la convicción de que todo el asunto violencia sexual y de género ya no daba para más, y había que comenzar por algún lado, aunque fuera esbozar un intento. Siete meses después, octubre 2017, comenzaba el masivo movimiento MeToo, la gran revolución, y todxs empezamos a decir: yo te creo. Entramos en silencio y salimos insertas en el mundo de la voz y la acción. El espacio público se llenaba de relatos que contenían características similares: dominación masculina. MeToo es el reflejo de algo que se acaba. Lentamente, pero se acaba. Allá por 2006, en Nueva York, Tarana Burke puso en marcha #MeToo, un movimiento para apoyar a las víctimas de agresiones sexuales en los barrios desfavorecidos de Harlem, escribe Michelle Perrot, el movimiento sólo llegó a un puñado de personas anónimas y no terminó de cobrar verdadero impulso. En 2017, cuando Alyssa Milano pidió a las mujeres que hubiesen sido víctimas de agresiones sexuales o violaciones que le escribieran, no esperaba la respuesta masiva que se produjo a continuación, prosigue Perrot, surgió una especie de solidaridad internacional, una red global que se extendió de forma viral a una velocidad vertiginosa. Sigo redactando libros, vivo sola, tengo buenxs amigxs, no tengo pareja, por opción y milito en grupos feministas y antirracistas. 10 años el próximo año, de la avalancha de la libertad. El “backlash” y las reacciones violentas dan lo mismo, son transitorias: se acabó la impunidad. O preguntémosle a Adèle Haenel y Gisèle Pelicot. Hay que seguir dándole contenido a esta revolución, perfeccionando los conceptos, reformando las legislaciones, trabajando con la justicia para que se ponga a tono, interpelando a las administraciones de los Estados para que le den prioridad a la prevención. Ahora viene que dejen de matar gente. Arranquemos de cuajo la dominación masculina. Sigamos afirmando la paz. Sigamos uniendo al hombre y al artista. Si crees que tienes que decir algo, aunque creas que nadie está escuchando o que nunca va a ocurrir, dilo. There are no strangers here; Only friends you haven’t met yet, leí una vez, frase atribuida al poeta William Butler Yeats. Feminismo, antirracismo, antiespecismo. Ahora es la paz.   

 

14 de agosto de 2026

Aventura XXII

La aventura de la revolución en grupo la aprendí en Chile. Es un país de dualidades, es tal vez una de sus mayores riquezas. Igual que sus paisajes extremos. No sólo conocí ahí el aislamiento, sino también las más fuertes experiencias de comunidad. La noción determinante del trabajo colectivo en pos de un objetivo. La solidez del tejido social cuando se fijan metas. El poder de la labor en equipo. Hice la revolución ahí con varios grupos, un grupo de jefes scout, un grupo de compañeros de recitales de piano, un grupo de discusión con compañeros de filosofía, un grupo de abogados en temas de derechos migratorios, un grupo de profesores ayudantes de investigación en derecho cuando trabajaba en la universidad, un grupo de consultores en ciencias sociales cuando trabajaba en UNICEF, todos grupos informales e independientes que fuimos inventando cuando hizo falta, especies de colectivos activistas de diversa índole y carácter. Grupos con los que sigo en contacto, dada la profundidad de los lazos creados intentando desarmar el presente. Todos grupos mixtos de vínculos horizontales donde sentirse libre y capaz de creación. Mi mayor pasión siempre fue ese trabajo colectivo. Creo que comprendí ahí que la mayor fortaleza estaba en la coalición. Solos somos tan pobres, tan esclavos, tan estériles. La soledad es un pecado impuesto. Una anomalía a nuestro ánimo gregario. Por supuesto todo ocurría de manera presencial, las vías remotas llegaron más tarde. Hacer la revolución se gesta en pequeños grupúsculos que comparten la motivación de modificar la aventura. Luego es el movimiento. 

Aventura XXI

La aventura de la amistad es la gran revolución. Digámoslo así, en el caso de la amistad entre mujeres ha sido una inmensa victoria: todo está organizado para que esto nunca ocurra, o sea extremadamente difícil. Abandona el mito cultural de que todas las amistades entre mujeres tienen que ser maliciosas, tóxicas o competitivas, escribe Roxane Gay, este mito es como los tacones y los bolsos: bonitos pero creados para parar a las mujeres (parar va con mayúsculas). Esto no significa que las mujeres no sean maliciosas, tóxicas o competitivas a veces, prosigue Roxane Gay, sino que estas no son características que definan las amistades entre mujeres, especialmente conforme se hacen mayores. Hoy es el cumpleaños de Piedad, una de mis grandes amigas, compañera de carnavales y contiendas, desde hace pronto treinta años. Hemos librado juntas muchas batallas, partimos en la universidad trabajando juntas como voluntarias para una organización internacional con nombre en swahili que apuntaba a fomentar el pensamiento crítico en alumnos de colegios públicos en el centro de Santiago. Leíamos textos en conjunto con un grupo de adolescentes y debatíamos sobre diversos temas de intrincadas encrucijadas valóricas y éticas. Nuestra complicidad comenzó desde el primer momento: lo modificaremos todo, prometimos. Hubo ofensivas que ahora recordamos entre lágrimas de risa, como lograr que la administración de la facultad de derecho nos cambiara de curso a otro profesor porque el que nos habían asignado era un misógino de cuidado. Las dos en la oficina de la secretaria de estudios, firmes, hasta que yo perdí los estribos y comencé a llorar de sólo imaginarme con ese profesor cuatro años. Nos cambiaron de curso. A la salida de la reunión la Piedad estaba sorprendida de mi estrategia y me pregunta si había sido una actuación. Pero si no soy actriz como tú, Piedad, en verdad colapsé. Esa facultad nos la ponía difícil una y otra vez. Todavía son de esa línea. Lo negativo es que ahora protegen a agresores de mujeres, y mantienen alejadas de sus aulas a quienes pueden ser una amenaza para su pequeño mundillo feudal. Pero siempre hay tiempo para mejorar, eso es lo bueno. Con la Piedad a continuación, cada una desde su trinchera en Barcelona y Lyon, construimos tácticas feministas para desbaratar la persistente dominación que nos perseguía los pies. Nos fue bien. No sólo creamos un colectivo juntas, también una revista. La Piedad es una de las mejores abogadas de derecho de familia de Chile, lo que ya es muchísimo. Pero es más que eso, porque hay abogadxs y abogadxs. Resuelve los conflictos familiares de manera interdisciplinaria, priorizando la mediación y los acuerdos por sobre la vía judicial. En buen castellano, entrega su inteligencia íntegra para que esas dificultades familiares se descifren en un espacio de apoyo y contención, además de la asesoría jurídica adecuada y en línea con el derecho a una vida libre de violencia, y el interés superior de lxs niñxs en cada situación. Es una verdadera revolución. La Piedad y su socia han cambiado el destino de cientos de familias que de no haber caído en sus manos se habrían tal vez destrozado en divorcios beligerantes, eternos y de un altísimo costo emocional y monetario. Digámoslo claramente, los grados de ética del rubro jurídico varían. Pero la revolución ya está en curso. Yo admiro a la Piedad de una manera muy completa, su cuidado del trabajo y las relaciones interpersonales e interespecie es de una delicadeza que pocas veces he visto. Nuestra amistad de treinta años, su relación de pareja de veinte años, su maternidad de Chabuca Boxer de diez años, no son producto del azar. Es como que la Piedad escribió la definición de lo que es ser buena amiga. Cada día la va escribiendo. A veces dudo si he estado a la altura, porque es de una minuciosidad sorprendente, atenta a cada gesto y detalle. Nada es pasado de largo. Mi explicación es que es muy sabia y debe ver cosas que otrxs no vemos. Sin duda Montserrat, su madre, va guiándola desde cerca, desde arriba, desde todos lados, con esa humanidad que siempre la caracterizó. La bondad no se improvisa. Yo he tenido una suerte indescriptible de haber tenido y tener cerca a toda esa gente fascinante que constituye el mundo de la Piedad. Han sido siempre para mí una familia, un grupo de amigxs y un hogar. Si tienen la fortuna de toparse con Piedad en sus recorridos vitales, sepan que siempre implica salir transformado. Gracias, amiga, por tanto goce, humor y esperanza, que sean innumerables años más, gracias por tu luminosa amistad, ha sido sin cesar una aventura a descubrir, honras la palabra complicidad, gracias por mostrarme siempre tu radiante universo y compartir conmigo tus afectos, con serenidad seguimos adelante, que la experiencia siga expansiva, muy feliz cumpleaños.    

13 de agosto de 2026

Aventura XX

Las tres personas que me agredieron sexualmente los últimos años que viví en Santiago de Chile estudiaron en el mismo colegio católico de hombres blancos de clase alta de Santiago. No quiero apresurar conclusiones, pero podría. Para qué vamos a hacer generalizaciones inconducentes. Yo estudié en un colegio laico, mixto, multicultural de clase alta de Santiago. Lo que no asegura nada, pero ahí estuve. El extraño mundo de las mujeres consideradas como objeto lo vine a descubrir cuando entré al mundo del trabajo. El singular mundo de la opresión. Estrés post traumático es poco: entré de una manera y salí convertida en maicillo. Esa arena compuesta de pequeñas piedras que cubre el suelo en algunos lugares. En Chile es bastante frecuente. Uno camina por encima. Está creado a base de roca triturada y permite un adecuado drenaje de agua evitando acumulación de barro. A continuación agarré mis bártulos, y crucé el océano en calidad de refugiada a Europa. Juré jamás volver a ese país de dictadores, entre otras cosas. En el transcurso de mi larga aventura de refugiada se desencadenó el movimiento MeToo, en todos los países. Vaya, me dije, está atiborrado de refugiadas. Digamos algo, ¿no? Lo dijimos. Nos escucharon. La justicia a tropezones caminando desde atrás. No está todo resuelto, pero la revolución ya ocurrió. La aventura colectiva más viva que nunca. Aquí en Francia la legislación penal incorporó el año pasado una definición de violación basada en el consentimiento, y hace dos años se convirtió en el primer país del mundo en incluir el derecho al aborto en la Constitución. 10 años de MeToo el próximo año. Ser un sujeto de derechos se siente estupendamente. Ahora falta que dejen de violar a lxs niñxs. También es tu responsabilidad. ¡Vamos, adelante, que sigue la revolución! 

Aventura XIX

Lo que me ha llegado más profundo sin duda en tanto aventura es la militancia feminista. Más que cualquier otra experiencia es el fuego verdadero: modificar. Acción colectiva. El próximo año serán 10 años del movimiento MeToo, la revolución de la palabra, y de la escucha, sobre todo: yo te creo. Entre otras agrupaciones feministas, participo desde hace seis años, sagradamente los jueves cada dos semanas en Parchadxs, un colectivo feminista y antirracista latino con base en Lyon. Fundado el 8 marzo de 2020, su nombre hace alusión al parche utilizado sobre un ojo por las personas que perdieron la vista en las manifestaciones sociales en Chile el año 2019. Es un colectivo compuesto por personas de origen latinoamericano y de origen francés o europeo, con vínculos con la cultura latinoamericana. Tiene como principios: el activismo, la sororidad, la justicia, y la autonomía. El colectivo ha generado un espacio de conversación y reflexión sobre temáticas feministas y antirracistas, con un énfasis particular en los temas que atañen a la comunidad latina de Lyon. Un diálogo cultural, donde se pone esfuerzo por descubrir, conocer y valorar los aportes de los feminismos latinoamericanos para hacer frente a las problemáticas globales. La agrupación participa en marchas y manifestaciones feministas, va poniendo el foco en las denuncias relativas a violencia de género, ha logrado frenar pacíficamente a personas denunciadas en la justicia por violencia cuando son contratadas en eventos culturales, advirtiendo y evitando así nuevas víctimas, apoya y participa en iniciativas feministas y de artistas latinas, y comparte contenido feminista y antirracista en relación a la comunidad latina en Lyon. Organiza encuentros culturales y solidarios, e incentiva la unión de la comunidad latina y francesa, organizando, compartiendo y participando en actividades abiertas. Es un colectivo de personas feministas voluntarias donde se escucha a toda persona que lo requiera, y se intenta crear estrategias en grupo, sin perjuicio de no tener la capacidad de llevar casos particulares. En esta línea, el grupo redactó y comparte una guía informativa y de orientación para las personas latinas, con objeto de dar a conocer los organismos pertinentes en Lyon. Toda persona de valores feministas y antirracistas, que viva en Lyon y quiera integrar el proyecto Parchadxs es bienvenida. Yo he disfrutado en grande, además de comprender cómo se articula el trabajo colectivo con las modificaciones al presente. Es un quehacer muy exigente, en lo ético, relacional, institucional, teórico y estratégico, pero le ha dado un nítido sentido a lo que significa la acción. Van a ser 10 años de la revolución. Nadie que haya ingresado a este movimiento puede haber salido del mismo modo: simplemente existir es distinto. La aventura del consentimiento. De la igualdad y la libertad. A mí también. Jueves cada dos semanas: la revolución se construye conversando sobre lo que hay que modificar. La acción colectiva y pacífica es la aventura definitiva. Imaginar en grupo. Sabiendo que todo es cierto y que el silencio ya no. Yo te creo. Van a ser 10 años, no te vayas a olvidar: denuncia. Jueves cada dos semanas: es la revolución.  

12 de agosto de 2026

Aventura XIV - XVII

Aventura XIV

La aventura de mi existencia desprovista de hombres, alcohol y fiestas, me conviene perfectamente, como se dice en este país. Bueno, a veces hago excepciones. Toda regla se sostiene en sus excepciones. Este estado de cosas se ajusta acertadamente a mi personalidad de lobo solitario y de ratón de biblioteca. Ser un lobo y un ratón. Me gusta la dualidad. Pasión y fuga. Una bestia carnívora abandonada a su propia suerte en el bosque, y un ínfimo roedor atrapado entre torres de libros. Tengo esas costumbres. Las que imaginan un presente. Me debato a la deriva entre tramas de fantasía. La literatura es simplemente un milagro. Mis citas son con libros. La aventura de leer. Ahora estoy tomándome un té con “Bad feminist” de Roxane Gay: qué maravilla. Miro las aplicaciones de citas con personas a veces, no crean. Con espíritu de etnóloga. Imaginar esas citas ocurriendo en el mundo físico se me hace más difícil, sin embargo. ¿Tendré una enfermedad? Una imaginación deficiente para algunos temas. Tal vez es eso. A fuerza de variadas relaciones hay demasiada información disponible. Imaginar, en ese aspecto, no tiene que acercarse a mentirse a una misma. Vamos al punto: se requiere una paciencia de oro. Lo mismo inversamente. Darle una prioridad que tal vez una no está dispuesta. No todos los proyectos son compatibles. En la balanza, ¿igualdad, simetría, reciprocidad, libertad? Desde que vivo en Francia, con tres personas he ido a Chile para las fiestas de fin de año. Con Jean llevábamos un año de relación y a la vuelta nos fuimos a vivir juntos, y cuando viajamos al año siguiente nos casamos. Con las otras dos personas puse fin a la relación en cuanto volví de Chile, una relación de tres meses, y una relación de seis meses. Creo que en ambos casos no comprendía exactamente lo que estaba haciendo, a diferencia de Jean, que lo supe desde el primer instante. La aventura relacional no siempre es exitosa. En los libros encuentro consuelo. Mientras imagino la nueva arquitectura de las relaciones. 


Aventura XV

Creo que un duelo es sacarse del cuerpo a la persona. Separarla de uno, verla como un ente independiente. El lento dejar ir de la fusión de dos cuerpos. Luego de varios años existe una inevitable simbiosis. No digo que sea deseable, simplemente sucede. A mí me acontecía con Jean que estábamos tan conectados, que percibíamos cualquier mínima variación del ánimo de la otra persona, lo que nos sumía en la alegría o el desasosiego. Creo sobre todo porque nuestras oscilantes personalidades nos entregaban una amenaza, un riesgo cierto. Teníamos unos ciclos infernales, el cambio de las estaciones nos marcaba a fuego. Entonces todo volvía y grandes dudas. En definitiva nuestras constituciones de lobos solitarios a veces tenían dificultad para encajar. Pero luego de cinco años encontramos una modalidad que a mí me parece se acoplaba bien a nuestras dualidades. Vivíamos juntos el fin de semana, y separados en la semana. Sin perjuicio de que hablábamos todos los días. Cada uno estaba a sus anchas en la semana y era posible concentrarse en los proyectos de ese momento, y los fines de semana eran un paraíso, donde estábamos enfocados en encontrarnos, compartir, reírnos, asistir a panoramas culturales, comer en restaurantes, conversar tomando cerveza en bares y disfrutar del jardín, el sol, y nuestra inmensa piscina maleable. Estuvimos así tres años. Luego en un momento, que lo recuerdo nítidamente, todo empezó a ser cuesta arriba. Como si nuestros cuerpos ya no lograban encontrarse. Como si esas oscilaciones, dualidades y dudas comenzaron a tomar la delantera, instalándose de manera definitiva. Pero fue como si algo se desencaja, de un instante al siguiente. Una cierta distancia que ya no es posible acortar. Seguimos un año más, pero con una certeza oculta, sobre todo de parte de Jean, de que no sería fácil componer el presente. Yo estuve siempre en la negación absoluta, sigo ahí. Pero luego de cuatro años he tenido que abocarme al duelo en cuerpo y alma. Trabajar en esa separación imposible de los cuerpos, al tiempo que el encuentro completo es siempre inaccesible, en lo más profundo, siempre hay un resto, una pérdida, una fuga, una salida, un tajo, una grieta. Es lo que permite que se materialice el duelo y no quede en el aire, o en el cuerpo. Porque luego de sacarse del cuerpo a la persona hay que extraer el duelo de encima. Otra etapa más. Ahí estoy yo, diciéndome, sí, existió, pero ya es hora de renunciar. Siempre pensé que era imposible renunciar. 


Aventura XVI

Qué hice yo, me lancé a las librerías. Así como Bolaño se lanzó a los caminos. Ayuda, por favor, les dije. No sé cómo se hace esto. Vine a este país a vivir con el amor de mi vida. Ahora tengo que sacarlo de mi cuerpo. Apropiarme del espacio. Lo llené de libros. Así no quedaba sitio para la ausencia. Aunque esa estaba en todas partes. Se colaba por los lugares más inusuales. Como agua entre las manos. No hay manera de retenerla. Llega. Se abre curso, alcanza cauce. De pronto el departamento completo era ausencia. Observaba con detenimiento las páginas pasar, así mantenía ocupado a mi cuerpo en el delirio. Don Quijote no es nada al lado de lo que yo me convertí leyendo novelas de caballería feminista. Qué diantres ocurre. Lo anoté en una pizarra. Con tiza. Subrayado. Algo, claramente. Estoy aquí en este piso y tengo que sobrevivir, lo comprendí a cabalidad muy pronto. Tengo que sobrevivir como sea. Diagramas Gantt, gráficos, objetivos, mapas, estrategias de guerra, manuales de cortapalos, cartografías de estrellas, volúmenes de poesía. Ahora me causa gracia mi pragmatismo, que me salvó la vida. Cuando terminé las ecuaciones habían pasado varios meses y todavía no sabía realmente donde estaba parada. Me dediqué a crear grupos y a incendiarlo todo. Resultó. Probablemente lo mejor que me ha pasado es leer y el feminismo. Sobreviví.  


Aventura XVII

La gran revolución es escribir. Es vaciarse en la hoja. Dejar de ser. Completar el duelo llenándolo de palabras. El duelo de existir en terreno rocoso, el duelo de cada día que se va. De cada mañana que llega. Mientras dura. Yo hago la revolución escribiendo. Desposeyéndome. Siendo trozos de pan para las palomas. Esperando eclipses. Sin lentes. No tengo los lentes. No quiero quedarme ciega. En la tarde en el sofá repaso las líneas que van a iluminarme. Lo que me indicará un camino. Alguna idea que se separe del resto de las ideas. Cada libro contiene alguna o varias. Recorro las páginas hasta que las encuentro. Es una expedición riesgosa. Dar con las palabras de la revolución. A mi turno redacto las frases de la revolución formadas a partir de esos otros libros. Esos que modifican. No todas las obras tienen esa capacidad. Tal vez tomar el duelo en las manos ayuda. Decir: no vas a matarme. Decir: no voy a mentir. Decir: no voy a engañar. Presentarse al baile con traje conseguido especial para la ocasión. Dar la cara: aquí estoy. Lejos, y tan cerca. Esperando que se acabe aquel amor y el miedo a la soledad, la deportación y la persecución política. Tengo libros que ofrecer. Redacté mi propia revolución. Fue una aventura. Pero siempre en grupo. Existimos junto a los demás. La imaginación colectiva es la que llega alto. La de la soledad y la del carnaval. Yo redacté los versos de la revolución porque así era más real. En las noches en la inmensidad de mi habitación en penumbras reconozco las sombras. Ya no me alcanzan. Partí lejos. Así fue más fácil. Yo redacté los versos de la revolución porque así se puede vivir. Y eso siempre fue lo real. 

Aventura XIII

El matrimonio es una hermosa aventura, fue mi caso, pero en ocasiones se acaba, lamentablemente. La nueva aventura es que no estoy consiguiendo divorciarme, por varias razones, todas de peso. La primera es que todavía estoy enamorada de Jean, creo que esa es la más determinante. La segunda es que me encantaría seguir formando parte de esa maravillosa familia. La tercera es que no tengo vínculos legales en este país con nadie más que con él, Jean, le dije, imagínate, me atropellan y en la morgue como NN, nadie a quien llamar y enterrada en la fosa común. Bueno, Lisa, me dijo Jean, igual me puedes llamar si pasa cualquier cosa, tú sabes. Jean, estoy hablando del caso de un estado en que no te pueda llamar, y alguien tenga que hacerlo por mí. En cuarto lugar, si gana la extrema derecha, y elimina la doble nacionalidad, todo terminaría, Jean, le dije, esperemos a que me llegue el pasaporte español y ahí vemos. De acuerdo, Lisa, me dice Jean, que comprende todo y de cuya perfección ya están al tanto. En quinto lugar, voy a tener que ocuparme yo de la declaración de impuestos que hacemos juntos cada año. En sexto lugar, vamos a tener que hacernos cargo de nuestra fascinante fusión total. Número siete, mis quehaceres activistas pueden jugarme una mala pasada y estar como Rambo absoluto parece una mala estrategia. Número ocho, estamos casados en Francia y en Chile. Apartado noveno, nuestra abogada en Chile, una amiga mía, se puso manos a la obra y muy pronto todo quedó detenido porque para representar a Jean necesitaba su identificación chilena y una clave que se usa allá, y Jean no tiene nada de eso, ni cerca, y divorciarse en Francia no sirve porque si no hay una sentencia judicial, que implica un alto costo y largo proceso sin sentido, no puede inscribirse en Chile. Inciso décimo, cuando en un momento intenté hacer el cese de convivencia en Chile por mutuo acuerdo, en el consulado chileno de París me dijeron que tenía que gestionarlo con el registro civil de Chile, y en el registro civil de Chile me dijeron que tenía que gestionarlo con el consulado chileno de París, o inventar que Jean vive en Chile y dar un domicilio cualquiera, a lo que por supuesto me negué, y lo que indica la extrema organización y claridad de los organismos y sus funciones en la administración del Estado de Chile, y su transparente incentivo a la probidad. Por último, aunque seguro se me quedan cosas en el tintero, como yo nací en el reino de la ambigüedad y la habito, este estado del arte no me molesta especialmente, aunque identifique los beneficios de otro estado del arte. En conclusión, sólo falta que se acabe el amor y el miedo a la soledad, la deportación y la persecución política. Como puede advertirse sin dificultad, el matrimonio es una extraña mezcolanza de cosas y una institución a observar de cerca, un amasijo de afectos, de contratos y de categorías, el gran pilar de nuestra impecable sociedad. Pero se acaba y luego qué. La aventura de casarse es apasionada, y la de divorciarse en cambio totalmente ingrata, sobre todo cuando una no tomó la decisión de separarse. Tal vez lo que me consuela es lo siguiente: volvería a hacerlo. Quizá sea el momento de imaginar una manera distinta de organizar los vínculos. Formas flexibles, abiertas, amables, que se mantengan en el tiempo. Volvería a hacerlo.

11 de agosto de 2026

Aventura XII

Cada libro que leo es una gran aventura. Como la selección la hago yo, el éxito no está asegurado, pero hay más posibilidades. Me guío por lo que está en los libros, lxs autorxs citan a otrxs autorxs, y en una especie de intuición basada en lo pragmático de este oficio. Veo que las personas escriben pequeñas reseñas y recomendaciones de libros, lean este, no se pierdan este otro. Hay como una suerte de explosión de recomendaciones, ¿no? Yo me dije, tal vez debiese empezar a compartir mi fascinante bibliografía, y escribir reseñas con el corazón, que saquen lo mejor de cada libro, en vez de aportillarlo, como ese acercamiento bien beligerante de la crítica. Como el oficio literario de la escritora no alcanza ni para el café de la mañana, yo me dije, quizá con esas reseñas y recomendaciones gane mucho dinero, muchísimo, para varios cafés en la mañana. Cada mañana, varios cafés y recomendar varios libros, una extensa enumeración que nunca podrá abarcarse. Que tampoco va a alcanzar para el presupuesto. Para el tiempo qué hablar, a menos que sea uno un computador. Reservando luego espacio para escribirlos, porque no vaya a ser que con ver pasar tanta descripción de carátulas el cerebro se me atrofie. El amistoso compartir títulos, y la hermosa aventura de la crítica, y si recibo mucho dinero, mucho mejor. Queda la duda de si quienes recorren las sugerencias leen luego los verdaderos libros, dado el crecimiento sostenido de este fenómeno y el cierre de varias librerías. Por mientras las tramas pobres ganando adeptos, y las ricas, perdidas en la inmensidad de esa red de recomendaciones espaciales que nos satura. El frágil oficio literario tiene acompañantes que a veces lo vacían de su sustancia. Pero sé que a ustedes les interesa mi bibliografía. La compartiré sin cobrar nada, y escribiendo reseñas que ensalcen esa parte de las verdades, igual como comparto mis libros sin cobrar nada. Por mientras tomo en mis manos el delicado diamante siempre a punto de estrellarse.

Aventura XI

Mi hermano y su pareja partieron a la aventura con entusiasmo, y sobre todo con sus dos gatas y varias maletas. Frida y Adela, la primera es la mayor y tiene un pelaje gris, negro y blanco a rayas, como buen felino, y Adela, la pequeña, mi ahijada, es blanca con negro, y tiene un collar con un corazón. Ambas tienen ojos verdes. Adela no tuvo miedo en el viaje, y Frida un poco. Aterrizaron en la ciudad de Nelson Algren (pareja de Simone de Beauvoir): Chicago. Dijeron: everything beautiful, everything ok, everything amazing.  Luego vino policía de inmigración. Todo fue un éxito, sobre todo gracias a Frida y Adela, que lograron hacer sonreír a los funcionarios, y con amabilidad hicieron varias preguntas, y dijeron: “welcome”. Un categórico “welcome”. Qué más se podría pedir al entrar al imperio, que ser bienvenido. Este último tiempo no está a la orden del día aquella calurosa y categórica bienvenida, y qué más quiere uno que le digan “welcome”.  Es lo ideal. Partir, y ser recibido con “welcome”. Un sueño: “welcome”. Una esperanza: “welcome”. Ahora la “computer science” va a temblar, porque mi hermano llega a enfrentar el fenómeno con atención, y su cerebro funciona perfectamente, mejor que el del promedio de las personas, lo que ya es bastante, y su corazón bien puesto, como el de Adela, lo que es muchísimo. Todas nuestras perspectivas de futuro están cifradas en mi hermano haciéndose de la “computer science” y mirando de cerca ese asunto grande, expansivo y escabroso. Para que lo que prime sea el “welcome”, y no alguna otra cosa. La aventura de Chicago. Welcome. 

5 de agosto de 2026

Aventura X

Estuve leyendo sobre aventuras no tan divertidas, sino todo lo contrario, más bien espeluznantes: estar atrapado en una secta. Enrique Urrutia Aburto y María Alejandra Pinto Martínez serán formalizados en septiembre en el sur de Chile por conductas criminales. Quienes son estas personas, los líderes de una comunidad que se llama Cahuala, en la Isla de Chiloé. Por qué me interpela especialmente esta noticia. Escuché sobre este personaje largos años, una especie de mito. Una historia que no terminaba de cuajar, hasta ahora. Participé dieciséis años en un grupo scout, una aventura fascinante, la que agradezco cada día. Lo que es menos fascinante, es lo que estaba haciendo Enrique Urrutia Aburto en la Isla de Chiloé mientras eso ocurría. Cuál es el vínculo entre mi experiencia y esa secta. Es un vínculo tenue, difuso, pero nítido en lo siguiente: el grupo scout en el que participé fue fundado por esta persona, cuyo rastro siguió hasta Chiloé unos años antes de que yo ingresara a él. Dos personas por distintas vías me enviaron la noticia en cuanto se publicó. No en vano estuvimos escuchando años sobre esta extraña leyenda de Chiloé. Entonces llegó a mis manos un libro: “Las tumbas de piedra” de Hugo Kruger Droguett. El autor fue parte de esta comunidad perdida en esa isla durante muchos años. El libro es una ficción que lo contiene todo: es en realidad un testimonio, la mayor parte de sus páginas. Mi estupor fue inmenso: una secta hecha y derecha, con todos sus componentes. Una minuciosa descripción del control de los cuerpos y los espíritus. Las acciones, los pensamientos, las ideas, las relaciones, los trabajos, la actividad sexual, en definitiva, la vida completa. Un grupo de jóvenes pensando que iban a una actividad cercana a un grupo scout, una actividad de libertad, compañerismo, respeto, creatividad, de modificar un poco el mundo hacia algo mejor. Esta experiencia fue justo todo lo contrario. Esclavitud mental, sometimiento y destrucción. La línea comienza delgada a veces, y bajo cubierta de una cosa puede accederse a otra diametralmente opuesta. Es lo que sucedió en ese grupo que partió al sur, liderado por alguien al menos veinte años mayor que todo el resto de los integrantes. Cuando nosotrxs comandábamos el grupo scout en el que participé, nunca hubo nadie mayor de veinticinco años. Era un grupo horizontal, donde todas las decisiones se tomaban de manera democrática luego de horas de conversación, en que cada persona daba su opinión. Jamás conocí la opresión. El grupo guardaba el componente de desarrollo personal exacerbado, que en ocasiones, si hay manipulación, puede llevarte a otra cosa. No fue mi caso, pero leyendo con atención este libro, volví a recorrer esa actividad para advertir los posibles encuentros entre ambas experiencias: un grupo scout y una secta. No los encontré. Pero la reflexión sigue. Porque no en balde ingresé a ese grupo scout cuando comenzaba la transición democrática en ese país, transición que no termina de ajustarse del todo, luego de treinta y cinco años. El crecimiento personal y la espiritualidad pueden ser herramientas de liberación o de opresión. La frontera es delicada y nunca se puede bajar la guardia. Cuando teníamos veinte años tuvimos esa fantasía de vivir reunidos en una comunidad permanente, impulsados por la efervescencia y el entusiasmo de ese momento de cambiar el mundo. Lo que finalmente no implementamos, no por falta de motivación, pero teníamos encima una gran noción de la individualidad y los límites, y nadie convenciéndonos de lo contrario. No sentíamos la necesidad de abandonar al planeta para crecer en un nuevo cuerpo, como le sugirió a otrxs aquel líder que no alcanzamos a conocer. Supe enseguida que el libro también hablaba, en parte, de mi vida. Estuve cerca, por distintos canales, de la extensa y disímil batería de conocimientos que este sujeto mezcló y distorsionó para reinar sin atajos. Estoy agradecida de este autor, que me llevó a la comprensión de cientos de cosas que me preguntaba desde esa primera reunión en la cancha de fútbol del colegio a los diez años, hasta ahora, a mis cuarenta y cinco. Más vale tarde que nunca. Ahora que sea la justicia.  



Aventura IX

Creo que una de las mayores aventuras es tener hermanos. Yo tengo dos. Hoy es el cumpleaños número cuarenta y tres de mi hermano Francisco, el que me sigue de cerca. Felipe es el pequeño de casa, y su nacimiento se distancia del nuestro en nueve y seis años respectivamente. Francisco y yo nos parecemos mucho: el mismo acercamiento expansivo a las cosas. Es como que siempre estuviese este emblema: todo o nada. Una pasión fuera de rieles. Tal vez aprendimos que así era más real. Tal vez aprendimos que sin lanzarse a los caminos no se llega a ningún lado interesante. Francisco ejerció esta insignia desde pequeño, y en la ruta arriesgó perder la nariz, la cabeza, la rodilla, la vida. Aquí estamos. No nos hemos detenido, hermano. Cabalgamos hacia la vida y hemos llegado. Cada día un regalo y un renacimiento. Admiro tanto tu manera de enfrentar los acontecimientos, con inteligencia, con osadía, con amor, agregando siempre un gesto que va más allá, en tu trabajo, en tu manera de ser papá, de ser hermano, de ser hijo, de ser pareja, de ser amigo, en tu devoción por el ajedrez, por la lectura, por la filosofía, y cada ámbito de la existencia en la que has entrado y dejado huella. Nunca observas como espectador, vas al fondo de los temas y se nota. Diriges una empresa de quinientas personas con una habilidad y un cariño impresionante. Pero no te quedas ahí, siempre buscando y apoyando proyectos, para que Chile sea mejor, para que sea un país de todas las personas, para que sea un país grande y hermoso. Tengo tanta suerte de que hayas nacido mi hermano. Desde pequeños esas aventuras infinitas. Horas y horas de juegos sin aburrirnos: lo inventamos todo. La pasión en el corazón la aprendimos y la desarrollamos. Hoy seguimos riéndonos, los tres juntos, en nuestras conversaciones que colman mi alma de alegría. La aventura de ser hermana es tal vez una de las que más atesoro: me ha traído mucha felicidad. Hoy los tres a la distancia, pero siempre juntxs. Cuando una ha crecido con alguien escribe cada línea con esa compañía. Con ese carnaval encima. Yo he tenido a dos hermanos fascinantes. Pasión fuera de moldes. Gracias por todo, hermano, te quiero mucho, la aventura en el corazón y siempre unidos, muy feliz cumpleaños.

2 de agosto de 2026

Aventura VIII

Renuncié a Jean, renuncié a Adam, no quedaba otra, renuncié a Jacques: ya era hora. Estoy contenta con mi decisión. Sucedió hace dos días, un 31 de julio. Voy a quedarme con los libros: mis grandes enamorados. Entraré en las órdenes literarias. No, no es para tanto. Mejor sin orden. Resistir es leer. Quiero sacarme el pasado de encima, cómo se hace. Casarme con el presente. Estar enamorada de un hombre en fuga, de un fantasma y de un zombie es un contrasentido. Es tan insólito el amor en ocasiones. Me dije, Lisa, es el momento. Todo sucedió de prisa. Lo supe al instante: es ahora. Lisa, vas a tomar las riendas de tu vida, como decía mi profesora de piano, y de mi cuerpo: lo anoté en mi cuaderno. Con un lápiz a pasta, sin aspavientos ni subrayados. Una decisión simple, pequeña, cauta. No soy de ese grupo, pero tal vez llegué. Me enseñaron que ese corazón desbocado me traería problemas. No seguí absolutamente ninguna de las instrucciones. Nunca fui muy dada a ese ámbito. Ni siquiera cuando el inspector del colegio me decía que no podía asistir con zapatillas. Tampoco cuando al juez tenía que decirle su señoría ilustrísima. Tal vez por eso me entendía bien con Jean, Adam y Jacques: no son asiduos a las reglas. Frecuentan la oscilación como un mantra. Por eso nuestro amor fue lo más alto y un gran desastre. Algo perfecto y con fisuras definitivas. Fui feliz. Fui extremadamente feliz. Fui feliz todos los interminables años. Fui feliz mi vida completa. Qué aventura apasionada. Pero se acabó. Esa vida al menos. Es una convicción: Lisa, ya déjalos ir. Otras cosas llegan. Distintas, desenfrenadas, entusiastas, humanas. Pero siempre el corazón desbocado. 

Aventura VII

Mi revolución es otra, no tiene que ver con el lugar o la pareja, tiene que ver con mi pasión: la literatura. Una promesa le hice. Ahí está mi energía. En esas frases escurridizas. Esa es mi fuga, mi relación y mi reflejo. Soy las palabras, y otrxs me acompañan para habitarlas. Vivos o muertos. En la fantasía todo existe. En la ficción elaboramos lo que habíamos imaginado. La razón por la que voy con Adam, con Jean y con Jacques es porque ellos me ayudaron a imaginar las palabras. Me ayudaron a inventar. Me elevaron de la realidad para observar el sentido. Con ellos comprendí que el corazón desbocado era la fuente única de la alquimia. El elixir del pozo. Me acerqué a la excavación e intuí su profundidad. Todo está aquí, me dije. Amar es la respuesta. Aproximarse con humildad al fenómeno. Considerando su delicadeza, su fragilidad, su potencia. Escribir es intentar amar. Saber que es un camino rocoso, pero en la entrega está el oasis. Son únicos y van conmigo porque yo me entregué. Me mostré tal cual era, y creé una fantasía interminable. En esa perforación de la realidad construí lo que me mantuvo en el viento. Esa revolución que me dictó todo lo demás. El amor es la aventura que nos despierta a la pasión.  

Aventura VI

En el díptico de presentación de la exposición de fotografías de Adam fui anotada como “hada madrina”. Fue una gran alegría porque siempre quise ser un hada. Mi página de fotografías a los veinte años se llama “Lisa el hada”. De broma, Adam me decía “Lisa helada”. Siempre estaba inventando cosas y elevando la realidad. El tema del hada fue porque muy pronto yo advertí la consistencia literaria de la vida. Ser un hada significaba ser una criatura literaria, era la ficción lo que me interesaba, no componer un cuerpo etéreo. Sentía una fascinación sin límites por los bosques y la magia. Por la posibilidad de volar sobre la realidad. Volar al interior de la realidad. De esa mágica exposición novelesca, a mi madre le gustó especialmente una fotografía de un bosque, de unas araucarias y un lago, del sur de Chile, que va a instalar en su hogar frente al océano, para que Adam esté en casa. En esa época del hada de los veinte años publiqué mi primer libro, y creé una editorial que titulé: Hada Ediciones. Con el tiempo se transformaría en Fée Editions. Me gusta conservar esa magia de los primeros libros, aunque la técnica vaya imponiéndose con el pasar de los años, y la jornada de trabajo de quince horas, siete días a la semana tenga en ocasiones otro cariz más pragmático. La consistencia de la aventura se mantiene siempre en cada línea. Es una pasión que desborda. Como la que tenía Adam y lo llevó a su paseo con las tortugas acuáticas y las mantarrayas sumergidas. Sé que su jornada de trabajo también siempre fue de quince horas, siete días a la semana, era un genio, todo lo inventó. Lisa el hada, los ríos llegan al mar.  

Aventura V

Es existir acaso un eterno dejar atrás. ¿Empieza algo o no? Parece que todo es partir y olvidar. In the arms of the angel, cantaron ayer en tu exposición de fotos, Adam. Ahí estás, en tus fotos y en los brazos de los ángeles. Tu cuerpo no está aquí, en cualquier caso. Esa es la putada, porque a mí me gustaba tu cuerpo. Tu voz. Me gustaban tus palabras. Mi madre fue en mi representación a ver tus extraordinarias fotografías, Adam, y a abrazar a tu familia. Se emocionó mucho, me dijo, en esos pasillos donde crecimos, donde nos convertimos en lo que somos, en lo que eres, aunque ya no estás. Me contó que había conversado mucho con Jacques, sobre lo que era existir luego de tu partida. Me envió una foto de Jacques junto a tu hermano Andrés y una de tus imágenes. Esa expresión de Jacques que conozco tan bien. Me envió una foto del jardín de rosas, ese lugar que conoce todos nuestros secretos. En un banco ahí mismo me dijo Jacques a los diecisiete años que yo era su mejor amiga, años antes de ser su pareja. Teníamos esas clasificaciones entonces. Era bonito. Tú eras su mejor amigo. Yo lo sé. Recorrí esas fotos como que se me fuera la vida. Está en todas. Yo no estoy en esas. Llegaste a mi vida después de que habíamos terminado el colegio. Nos perteneciste, Adam, fue una posta, veinte años él y veinte años yo. No entiendo por qué no podía ser todxs juntxs. Habría sido mejor. ¿Sabes que voy a poner tu foto de las flores y la bicicleta aquí en mi casa en Lyon? Encima de mi piano. La música tiene que estar reunida. La aventura siempre fue descubrir esa melodía que ahora me guía. El aroma de tu cuerpo, la contención de tus brazos fuertes. Fuimos los tres creados para encontrarnos. En ese jardín de rosas. May you find some comfort here. La aventura fue nuestra. 

31 de julio de 2026

Aventura IV

No voy a cambiar. Voy a seguir siendo exactamente como soy. No me modificaré. Insistiré en mis calidades y atributos. Los tengo de sobra. Sin ti será esta aventura. Y no voy a escapar. Este es mi lugar. El que yo elegí. No habrá fuga esta vez. Escribiré un manifiesto del corazón desbocado. Del corazón amante de la aventura. Dónde estás corazón, en qué paraje te encuentro. En qué prado desmedido. En qué río desaforado. En qué paseo desenfrenado. Paso a paso seguiré sus huellas en la arena. En el mar será el cántico universal. Esa noción de los límites. Demarcaré lo que no va a modificarse. La sustancia de ese corazón de rodillas, que ya no va a amar. No de esa manera. Te extirparé del camino para no ver tu perfección que me subleva. Para recordar mi fantasía y sus posibilidades. Tiempo habrá de reflexionar y advertir mi ineluctable ausencia. Toda la vida. Me voy con mi corazón desbocado sin moverme de donde estoy. Ya no duele. Ya no hay grito. Ya no hay espera ni desconcierto. La indiferencia de reafirmar con toda calma el equilibrio de la pasión. El corazón desbocado es un barco encendido que no se detiene. El corazón de la aventura.