6 de enero de 2026

Después del apocalipsis V

Este año trae perplejidad. Pero ¿cuándo nos hemos librado de ella? Estoy aquí batallando con mis fantasmas. Con un pasado con el que casi ya no me encuentro. Comencé ayer a ordenar unas cajas que estaban en el desván, con cuadernos, escritos, cartas, fotografías, agendas. Encontré un cuaderno que empleaba como diario de vida, que escribí desde los 15 años hasta los 18. Relata una serie de eventos relevantes y la emocionalidad asociada, desde mi primer amor a los 15 hasta el segundo año en la universidad a los 18. Líneas que escribí en esta misma habitación en la casa de mis padres en Santiago de Chile, hace treinta años. El cuaderno es una especie de larga plegaria porque los sucesos se vayan desenvolviendo como esperaba y una montaña rusa de emociones, desde el dolor profundo hasta el amor absoluto. Se me hizo tan lejano, y tan íntimo al mismo tiempo, como si cada una de esas palabras estuviesen todavía en mí, como todo ese pasado que inevitablemente va con nosotros siempre, para bien o para mal. Es nuestra vida, después de todo, sólo hemos tenido una, cada momento fue único e irrepetible. Leer estas frases permite separar algo que el tiempo va haciendo compacto. La sensación de que el pasado se viene encima como un solo bloque. Sé que fui feliz y hubo momentos duros, puedo advertirlo por estas frases que fui trazando con el cariño de quien intuye que relatar el presente posibilita el nacimiento de un destino. Se ve cómo era una vida en devenir, pero un presente total al mismo tiempo. Tenía altas expectativas para la vida. Estaba consciente que no habría otra. Que cada hito era significativo. Son líneas de gran intensidad, dudas, alegría. Tal vez vivir es ir constantemente después del apocalipsis, porque cada evento nos alcanza hasta transformarnos. Quizá todo es la ambivalencia de saber que tuvimos un pasado que nos da una estructura, pero lograr que no nos hunda en la nostalgia de cosas que ya no existen. A los 17 creo que mi destino ya estaba trazado, escribí en el cuaderno en junio de 1998: “Quizá sea escritora. Me gustaría. Quién sabe. El destino”. Tal vez lo que va a venir ya lo sabemos, y el resto es caminar hacia allá con tranquilidad. Con la confianza de que las cosas llegan, tarde o temprano, tal vez. Quizá se trata de encontrar esas cosas. Todo eso que se encuentra con el amor y puede trazar un futuro mejor para nuestros pueblos. Uno sin invasiones extranjeras. Siempre es después del apocalipsis, pero jamás renunciar a la autonomía y la esperanza. No tenemos que dejarnos herir, porque uno es siempre más grande que su pasado. El potencial radical es lo más importante. Un futuro cuya forma no conocemos, escribe Judith Butler, un potencial que se comparte y se activa por otras vidas, un potencial que implica la vida de uno en la vida del otro. No podemos imponer la forma que van a adoptar las vidas. A los 17 años yo identifiqué ese potencial radical: seré una escritora. Estoy contenta que ninguna bomba o fusil me lo ha impedido hasta ahora. Después del apocalipsis es detener los nuevos apocalipsis. La perplejidad no puede impedir nuestra acción. Seremos unos escritores. Seremos unos activistas. El futuro es el de nuestros pueblos, con nuestro pasado a cuestas, libres. 

3 de enero de 2026

Después del apocalipsis II

Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos, cantaban Los Prisioneros en los años ochenta en un Chile en dictadura. Los contratiempos toman la forma también de invasiones a otros países por sus recursos o para imponer cosas. El año comienza y rápidamente nos llenamos de contratiempos. La canción de Jorge González y Los Prisioneros dice así: 
“Para turistas, gente curiosa, es un sitio exótico para visitar. Es sólo un lugar económico, pero inadecuado para habitar. Les ofrecen Latinoamérica el carnaval de Río y las ruinas aztecas. Gente sucia vagando en las calles, dispuesta a venderse por algunos U.S.A. dollars. Nadie en el resto del planeta toma en serio. A este inmenso pueblo lleno de tristeza. Se sonríen cuando ven que tiene veintitantas banderitas. Cada cual más orgullosa de su soberanía. Qué tontería, dividir es debilitar. 
Las potencias son los protectores que prueban sus armas en nuestras guerrillas. Ya sean rojos o rayados. A la hora del final no hay diferencia. Invitan a nuestros líderes a vender su alma al diablo verde. Inventan bonitas siglas para que se sientan un poco más importantes.
Y el inocente pueblo de Latinoamérica. Llorará si muere Ronald Reagan o la Reina. Y le sigue paso a paso la vida a Carolina. Como si esa gente sufriera del subdesarrollo.
Estamos en un hoyo, parece que en realidad,
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Para que se sientan en familia. Copiamos sus barrios y su estilo de vida. We try to talk in the jet set language para que no nos crean incivilizados. Cuando visitamos sus ciudades. Nos fichan y tratan como a delincuentes. Rusos, ingleses, gringos, franceses. Se ríen de nuestros novelescos directores.
Somos un pueblito tan simpático. Que todos nos ayudan, si se trata de un conflicto, armar. Pero esa misma cantidad de oro la podrían dar. Para encontrar la solución definitiva al hambre. Latinoamérica es grande, debe aprender a decidir.
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”.

Después del apocalipsis

Los contratiempos a veces toman la forma de tragedias. El año nuevo, incapaz de dejar atrás su apocalipsis, se abalanza sobre una multitud de jóvenes que quieren celebrar la llegada de lo nuevo. Un incendio los silencia. A veces es el fuego el que nos silencia. Tal vez los incendios son símbolos de un presente que arde. De niños que arden, en Gaza o en Suiza, por la voluntad deliberada de un gobernante o por negligencia. La muerte llega igual, de una u otra manera. Ocurre cuando hay cómplices, activos o pasivos. A veces contratiempos se parece a apocalipsis. Sucede cuando no se protege la vida, por ejemplo cuando se elige la derecha extrema, o esta se impone, o se respalda a un gobierno autoritario, o la paz más bien se parece a anhelar dar golpes. La política lo cruza todo. Determina nuestra vida completa. Porque va modelando nuestros comportamientos en masa. Estigmatiza o libera. Entonces criminalizamos conductas para alejar a ciertas personas del poder. El nuevo año nos silencia mediante el fuego. Para mimar el año anterior como un reflejo. Cada niño quemado es una herida que llevamos, por una bomba o un bar en llamas. Todxs nos pertenecen y fluyen por nuestras venas. Todxs son nuestros hijos y nietos dado que no hay separaciones. El dolor se comparte porque las tragedias son universales. Del fuego no se escapa. Creemos escapar pero nos llega. Creemos salvarnos pero nos alcanza. Lloramos nuestros muertos con igual devoción porque la muerte no libera, esclaviza. Nos miramos la cara y tenemos que dar alguna respuesta. Siempre tenemos que obligarnos a dar alguna respuesta. Con el tiempo hemos hilvanado con paciencia la palabra responsabilidad, y es un hallazgo del que no podemos desprendernos. Puesto que desprenderse es perderse. Nosotros nos encontramos. Creímos encontrarnos en el nuevo año y el fuego vuelve a alcanzarnos. Es el año del amor, eso está zanjado, y el amor es con responsabilidad, siempre. El amor es algo concreto. No son palabras en el aire, poesía etérea. El amor son las acciones que nos definen. Puesto que en nuestras definiciones está nuestra fuerza. Lo que hemos acordado, lo que hemos trazado colectivamente. Bengalas y espuma vuelven a traicionarnos. De los contratiempos no nos vamos a librar, ese no es el problema. El hito está en seguir unidos en nuestras definiciones, o transformarlas entre todxs. Pero entre todxs. Porque uno solo o unos pocos es muy solitario. Los cimientos se conversan, se acuerdan, y nunca pueden traspasar ciertos límites. Porque entonces es el apocalipsis. Escaleras pequeñas, puertas escasas. Heridas abiertas que vuelven a abrirse y el nuevo año no es para nada nuevo. El nuevo año trae contratiempos, debido a que son inherentes a la vida pero no todos. Algunos la destruyen derechamente. Como las llamas en un bar. Por eso a las llamas se las detiene, porque acaban con las vidas de todxs, finalmente. El año del amor tiene vocación de apocalipsis, dado que los contratiempos tienen a veces la fuerza de las tragedias, que no distinguen caras ni edades, títulos ni situaciones. El año del amor es intenso porque nos hace caer en cuenta de que algunas diferencias no son tales. En esa humanidad compartida oramos por un presente cercano al amor que nos asombra y lejano al apocalipsis que nos incendia. Que esa humanidad compartida nos lleve a esas nuevas formas de creatividad colectiva. A todxs nuestros muertos los lloramos. 

2 de enero de 2026

2026

El año terminó de una manera extrañísima. De una manera apocalíptica. Parecía el final real de todo. En estado de zombie en la cama dos días con un virus estomacal que pensé que me llevaba al final, un incendio de más de mil hectáreas en los cerros a unas cuadras de mi casa, un humo denso entrando por las ventanas, con un sinnúmero de helicópteros y aviones sobre la cabeza sonando fuerte intentando apagarlo los últimos dos días completos, acompañándome en mi agonía. Sobreviví. El incendio todavía lo están apagando, mientras ha consumido la mitad de las colinas aledañas. Es importante recordar en el fin de año que una está acostumbrada a los contratiempos, para partir de buen pie el año nuevo. Tiene que ser en el apocalipsis, sino cómo. De qué manera apreciar con esta intensidad esta mañana asoleada, en que el fuego casi se ha sido extinguido, y la enfermedad no me arrebató la energía, que está de vuelta, aquí estoy admirando el jardín florido, escuchando música, escribiendo, como siempre. Mis reflexiones de fin de año sucedieron en la cama estos días, y con mi familia un pequeño momento en que pude salir de ella para desearles un feliz año nuevo. Sin incendio y sin enfermedad, con gran sol y bella compañía comienza este año que promete. Es lo que espero. Lo miro de reojo para que se pliegue a la paz y el amor, que deben ser nuestras guías. No importa que el agotamiento sea total: seguimos. También estamos acostumbrados. Bomberos, agua, apagar el incendio. Sobrevivir. Nos vamos adaptando. Tenemos una capacidad extraordinaria. Somos unas máquinas excepcionales, como dice Fiona Apple. En la música yo voy avanzando. Con Jacques poniéndole quinientos puntos sobre las ies con cariño para que no todo sea apocalipsis. Existir es una máquina excepcional. Hoy a las 9h en punto despertaba a los quince canarios de su sueño extrayendo la manta que los cubría para dormir. Es el día, les dije, bienvenidos al nuevo año. Seguimos juntos, les dije. Es el 2026, y seguimos juntos, todxs. Sorteando el apocalipsis, seguimos. Qué trae en su seno este año no tengo idea, espero que paz, serenidad y muchos libros. Amistad y bosques. Amor y agua en cualquiera de sus formas. Otro año más: mejor. Significa que queda la vida. Queda la energía y el compromiso con lo que se ha una planteado. Mi promesa es con la verdad y los derechos de todos los seres vivos. Mi pacto es con llegar al final de la literatura. Comprenderla. Sus mecanismos propios y cómo puede modificar lo que la rodea. En medio del apocalipsis dijimos un recuerdo, una reflexión y una resolución. Con mis padres en el puerto de Marseille, emplear la energía en la creación y no dejarla ir en aspectos secundarios, llegar más lejos en la literatura, dar lo mejor de mí misma. Lo bueno de cerrar un año y comenzar otro es poder partir de nuevo. Dejar atrás, partir con energía, perdonar, perdonarse, olvidar, elegir, renunciar, retomar. Las grandes cosas comienzan siempre con circunstancias adecuadas y determinación. El apocalipsis queda atrás, y ahora es la tierra anhelada, un planeta donde todxs tienen un lugar, con menos pobreza y más educación, más derechos humanos y menos fascismo, menos dictaduras. Más flores y cielos azules. Menos inteligencia artificial y más inteligencia emocional. Que el 2026 sea el año del amor. Por la razón o la razón. Menos fanatismos y más humor. Propuestas radicales y nuevas, como dice Paul B. Preciado, una experimentación social exuberante y colectiva, utopías que son totalmente posibles. Una utopía de los cuerpos vivos podrá sacarnos de donde estamos, dice Preciado. Bailemos, bailemos, sino estamos perdidos, dice Pina Bausch. Cantar, cantar. Arte. Naturaleza. Silencio, espacio. Respeto. Libertad. Lo hemos visto todo, pero todavía reímos, canta Arthur H con Lhasa de Sela. Lejos del apocalipsis. El 2026 es nuestro año del amor. 

27 de diciembre de 2025

El año de la literatura VI - IX

Creo que la literatura es una serie de vínculos enfermos. El vínculo absoluto es con ella. Tal vez lo que es incompatible con la vida es la literatura. La vida literaria es una apariencia de vida, pero sólo hay literatura en ella. Estoy sometida a las palabras como a un amante apasionado. Emancipada, pero tan esclava de las frases. Adherida a los libros sin remedio. Llevando a cabo un semblante de vida. 


VII

Se acaba el año de la literatura, viene otro. Es lo mismo, la literatura es eterna. Todos son sus años. Se va el año relleno de libros, y viene el siguiente, relleno de: libros. Contratiempos, sin duda, y libros. Una vida incompatible con la vida. Eso es lo que viene. Así es la mía. Estoy acostumbrada. Mantengo extraños vínculos que me otorgan euforia y no otra cosa. Que me otorgan amor y no otra cosa. Pero qué es el amor. Cuántas veces esta pregunta, y nada en claro. Planes y vacío. Encuentros y soledad. Vínculos que no son vínculos. Qué es un vínculo. ¿Lo que tengo con Jean? ¿Lo que tengo con Jacques? ¿Lo que tuve con Jean? ¿Lo que tuve con Jacques? Tal vez lo más importante para un escritor es quién lo inspira. Esa es la clave de los años de la literatura. 


VIII

Cuántos libros caben en un año. Cuánta euforia. Cuánto amor. Cuántos momentos de contemplar el mar, el océano. Cuánta soledad y cuántos contratiempos. Flores caben, con toda seguridad. Música, absolutamente. El año de la literatura es también el año de la música. Mi piano, ya no estoy sola. Vivo con él, y la literatura. Somos varios en esa casa del paraíso. Doris Lessing, Simone de Beauvoir, Gabriela Mistral. Estoy acompañada por lo más alto. Lo tengo todo. Pensé que iba a perderlo todo, y todo lo tengo. Conservo el edén a través de los años. En conversaciones, en recuerdos, en mi cuerpo. Nuestro tiempo compuesto por emociones confusas, pequeños torbellinos y todas esas cosas de las que realmente no podíamos hablar, pero sobre todo sellado en momentos sagrados como estos, canta New Model Army. Momentos, todo es momentos. Instantes en el tiempo, que permanecen. El año se acaba. Qué importa, vienen más libros, vienen más momentos, instantes de fuego para sentir el universo. La sensación de que los fenómenos palpitan fuerte dentro, para llevarnos a hacer nacer la creación. Está todo dentro ya. Sólo lo voy mencionando, le voy dando forma, dándole libertad para desarmarse y adquirir el compás estelar. El del firmamento celeste, los verdes bosques y el agua que corre. Todo está en mí. Cada flor que observo y con la que comparto. Cada criatura que me entrega humanidad y humildad. Somos tan pequeños y grandes. La literatura solamente se postra tras el milagro. Se inclina para entrar. Los fenómenos se habitan para describirlos. No hay pócimas mágicas que salten este camino. Sólo los fenómenos dentro entregan las palabras para introducirse en lo que modifica. Tengo grandes maestras y maestros. Me arrodillo de admiración y pido me alcance el prodigio. Voy orando, acompañada de todos esos vínculos que atesoro. Tengo tesoros y la fortuna del amor, la amistad y la gloria. Los árboles y la vida. Tengo paz. Tengo una soledad deseada, tan poblada de éxtasis y sustancial compañía. Tuve la intuición del año de la literatura, pero otra cosa es el año real y la literatura. Todo es tan real. Lo siento completo y me transforma. Cada año jamás soy la misma, y exacta. A veces no sé qué es el tiempo, porque no lo reconozco, y luego todos los cambios y metamorfosis, que me dejan fielmente en el mismo lugar. Cuando se ha soñado algo, no hay vuelta atrás. 


IX

Sólo lo mismo, y diferente, porque cuándo somos los mismos. En el año de la literatura soy otra. Los vínculos los mismos porque lo que inspira es lo que otorga la vida que no es vida. La mía es una vida de pasión. Una existencia de deseo, entusiasmo y explosión. Si no detona no hay literatura, en el clímax se escribe. En el sol arriba. En el residir la euforia reflexiva. Subir escaleras y llegar. Tu cuerpo me hizo pronunciar las palabras. Luego fue entenderlas y darles un espacio. No dejan de nacer porque mi amor tampoco. Es infinito como cada amanecer. Cada día una vida. Más flores. La belleza se aprende tarde o temprano. Se siente. Se reconoce. El año de la literatura es el año de la inmortalidad ficticia. En la ficción yo encontré una casa. Estoy afincada en ella porque es el clímax constante. El júbilo de tener un propósito que se renueva. La exaltación de llevar a cabo mi vida que no es vida, que es otra cosa. En la ficción yo encontré el sentido.   

24 de diciembre de 2025

El año de la literatura II - IV

Este es el año de la literatura. Qué es. Un destino escrito en hojas de papel. Tinta para delinear algún sentido. Sacar cosas en claro dentro del gran vértigo. Por qué escojo estos vínculos del vértigo. Qué es lo que me revelan. Cuántas veces me pierdo y me encuentro. Me pierdo por disciplina. Es necesario buscar. Me pierdo voluntariamente. Me pongo a prueba. Redacto historias en el aire. Busco situaciones que me lleven al límite para entender más. Para traspasar la barrera de la luz. Identificar todo eso del claroscuro. Tal vez simplemente elegí otra cosa. Una existencia intensa que me inspire. Una libertad que me lleve a comprender otros modos de vida. No me comparo ni compito. Sólo observo. Sólo pregunto. Amanece en esta ciudad que descansaba como un gran animal en silencio. El sol es una constante en este verano austral. Ahora sé que había el sol. Intento volver a encontrarlo una y otra vez. Nos alejamos y nos acercamos. Pero en el fondo somos lo mismo. Perderse y encontrarse. Una disciplina. El año de la literatura es el método de perderse voluntariamente. El rigor de buscar claves en libros y aventuras. Armar el rompecabezas del Gran Vértigo. Abordar sus aristas en el Año de la Literatura. Ahora entiendo por qué son 25 años. Jacques son los fragmentos del Gran Vértigo. Me ayudan a comprender. Me ayudan a amar. Todo se reúne en el Año de la Literatura. 


III

Sensualidad, todo es la sensualidad. Acariciar tu piel y recordar los límites. Acariciar tu piel y olvidar los límites. Me pierdo en ti. Me pierdo voluntariamente en tus propuestas. Me desarman. Intento nuevas maneras de rearmar el rompecabezas. 25 fragmentos que vamos organizando. Todo comenzó sintiendo tu piel. 25 años después siento tu piel. Tal vez siempre estuve perdida en esas caricias. Desde el primer día. Un hechizo implacable. Como la barrera de la luz. Como la velocidad de la luminosidad. Qué es más suave que tu piel tibia. Qué es más definitivo que tu sonrisa. 


IV

Pensé que lo había perdido todo, pero vuelvo a encontrarme. Tengo la regla de volver a encontrarme. Nunca me pierdo definitivamente. No tomemos decisiones apresuradas, le digo. No podemos perdernos definitivamente. Todo recomienza. Nunca acaba. Nunca comienza y siempre termina. Sin jamás terminar. Tal vez mi vínculo con Jacques es como la literatura, montañas rusas en movimiento. Qué es la literatura. Ir perdido para encontrarse. Saber crear el vértigo de existir. Normas de comportamiento que indiquen: extraviarse es una orden. Porque la literatura es encontrarse para saborear la creación. Sin dañar a nadie, perderlo todo. Lo que se mantiene es el amor literario, que no es lo mismo que el amor. Es un tipo particular de amor que está formado de emoción. La agitación de saber que todo se pierde. Que todo debe perderse para encontrarse. Yo te encontré y tú me encontraste. No nos separamos más porque instantáneamente comprendimos la fiebre. Era tan íntimo que nos costó tiempo ponerle palabras. Pero las hallamos. Creamos pasión para sentirnos como en casa. Nuestro hogar es el arrebato, el aturdimiento. Contigo aprendí cómo se sentiría el destino literario. Comenzó contigo. Eras la sustancia de la literatura. Por eso nos entendimos tan rápidamente. Por eso estás en el año de la literatura. En mi año de la literatura. Supiste desafiar a la existencia. Mantenerte en el borde vertiginoso. En cuanto nos dimos cuenta que habitábamos juntos se selló algo. Tomó forma el acantilado infinito. Desafiar juntos a la existencia y a la literatura. Existir como sus movimientos: perpetuos. Nos conecta un hilo, como la canción de The National. Nunca sabemos cuál será el próximo paso. 25 años de éxtasis e incertidumbre. Hay que estar bien entrenado. La euforia es una disciplina sin reglas preestablecidas. Consiste en querer llegar más allá. Donde llego cada vez que te abrazo. En tu cuerpo nacen las flores. En el mío. En nuestra desorientación y nuestra cima. Mis fragmentos viajan en tu euforia. En el baile que mueve la sustancia para que se reacomode. Cómo puede renovarse una y otra vez el asombro. No pensé que sería posible. Te descubro por primera vez, aunque te llevo dentro hace 25 años. En cada uno de mis órganos palpita tu vida. Por mis músculos se estira tu impulso de volver a hallarnos. Una y otra vez. Nos perdimos un día y volvimos a encontrarnos 25 años después en la luz absoluta. Comprendí de qué se trataba el año de la literatura. Perderme cuantas veces sea necesario para volver a encontrarme, para volver a encontrarte. 

23 de diciembre de 2025

Acostumbrada a los contratiempos XI

Se acaba el año, grandes contratiempos y muchos libros. Este año cumplí 45 años y escribí 45 libros. 12 meses de intensa literatura. Un libro a la semana más o menos, cada ocho días, en promedio. 2025: El libro de prosa “Serpaize”, La serie de prosa “Literatura”, compuesta por los libros: “Jean”, “Doris May”, “Literatura”, “Activismo”, “Escritora”, “The Book Machine”; La novela “Lisa y la intemperie feminista”, compuesta por los libros: “Lisa y la intemperie feminista”, “Virginie”, “Doris”, “Ani”, “Héloïse”, “Juliette”, “Hanna”, “Bell Gloria”, “Nora”, “Violette”, “May”, “Jane”; Los libros de prosa: “Andrea Armendariz”, “Bruno”; La novela “Lisa Barthes y la ficción”, compuesta por los libros: “Lisa Barthes y la ficción”, “Cosmos”, “Parnaso”, “Teatro”, “Mito”, “Ópera”, “Fantasía”, “Misterio”, “Viaje”; La novela “Lisa Lyon Barthes y el arte”, compuesta por los libros: “Lisa Lyon Barthes y el arte”, “Grandiosa mitología”, “Maquinaria insólita”, “Aparato complejo”, “Forma fulminante”, “Drama fascinante”, “Furioso deseo”; La novela “Lisa en el Planeta fantástico”, compuesta por los libros: “Lisa en el Planeta fantástico”, “Vitalidad animal”, “Extravagante emoción”; La novela: “Planeta fantástico”; La serie de prosa “Nunca la extrema derecha”, compuesta por los libros: “Nunca la extrema derecha”, “Jamás la cobardía fascista”, “Contra la ultra derecha”; La novela: “Lisa y el vértigo”. Escribí este año, eso está claro. El año de la literatura. 


17 de diciembre de 2025

Acostumbrada a los contratiempos V

Un día como hoy, diecisiete de diciembre, hace diez años, me casé con Jean. Un día intensamente asoleado y frente al ancho océano en Isla Negra, en Chile, con personas tan queridas. Se organizó de un día para el otro y quienes pudieron y quisieron acompañarnos, llegaron a la cita con el destino. Jean y yo estábamos radiantes e infinitamente enamorados. Fue un día inolvidable y muy feliz. Lo recuerdo con emoción. Hoy estamos separados, nos llevamos bien, y nos apoyamos si se requiere. El amor tiene eso interesante, permite otras cosas, que no son estrictamente ser pareja. Podemos reírnos, y saber que estaremos el uno para el otro si hace falta. Ser una familia se transforma y trasciende. Amo a sus hijos como si fuesen propios, y sigo con alegría sus caminos. No nos hemos divorciado porque estamos acostumbrados a los contratiempos y va uno surfeando con lo que aparezca. Sin duda siempre van apareciendo cosas. Qué aprendí en diez años. Vaya, demasiado tal vez. Respecto de mí misma, de él, de las relaciones, de los duelos, de los comienzos, de la existencia en general. Hay contratiempos: eso clarísimo. Pero el amor está por sobre eso. Creo que también aprendí eso. Surfear es un arte: anotado sobre la piel. De ahí la empatía con la condición humana. Con los seres vivos. La que Jean tiene a raudales, y creo que yo también, quizá por eso nos entendemos bien. 10 hermosísimos y a ratos difíciles años. Tal vez no cambiaría nada, y eso es ya inmenso. Estoy agradecida de esa familia de paraíso que me acogió como una más desde el primer día. Voy siempre con ellos. Los contratiempos son interrupciones en el camino para comprender un poco más. Para aprender a amar un poco más. Sacarse de encima tanta idea preconcebida con que andamos en permanencia, lo que nos ciega a veces a nuevas aristas que nos esperan de los fenómenos. La felicidad de hace diez años, modificada en aspectos, pero intacta. La belleza no cesa de resonar y reaparecer de distintos modos en el tiempo, como un eco que nos recuerda que lo que viene es bueno. Siempre mejor y más luminoso, si hemos caminado a conciencia y sin pasar por sobre los demás cuando vimos atajos posibles, en apariencia, pero embusteros en realidad. Lo que tuve fue hermoso, y lo que viene también lo será, porque hemos construido con tierra florecida. Seguimos adelante con confianza, respeto y apoyo mutuo. Queda el amor y la vida.  
 

La inauguración

Los sueños son con contratiempos. En febrero del año pasado se incendió por segunda vez la empresa que comenzara con absoluta ilusión mi padre desde cero dos años antes de que yo naciera, y que dirigen hoy, con inteligencia y amor mi padre y mis dos hermanos, Francisco y Felipe. Baños, cocinas, pisos, muros, pinturas. Ayer inauguramos el centro de distribución, vuelto a construir desde las cenizas, con inmenso e incansable trabajo de quienes la lideran y todo el equipo que trabaja en ella. Hermosas palabras de mi padre y mis hermanos, y otras personas que trabajan en CHC. Gran emoción, cortar la cinta y brindar por un sueño que sigue intacto. Un sueño que crece. Sin el trabajo, amor y compromiso de todo el equipo, y de todas las personas y empresas que apoyaron en este levantarse de diversas formas, no habría sido posible. Porque todo se trata de trabajar unidos por un país más grande. Los contratiempos son dolor y agobio, pero también aprendizajes y la noción nítida de que en grupo se puede. Celebramos con el conjunto de personas que trabajan en las oficinas e instalaciones del centro de distribución, personas venidas de distintos rincones de Latinoamérica, con entusiasmo y esperanza, y dijimos una pequeña oración impulsada por un cura venido del norte del Perú, para que la gente de CHC y esas instalaciones reconstruidas con convicción, el país y el planeta, sigan brillando con amor y unidad. Ni un paso atrás, los contratiempos son las oportunidades para el amor, el compañerismo y nuevas estrategias para llegar más lejos. Con gran emoción, toda la familia Balart Armendariz agradece infinitamente cada gesto que acompañó este proceso. ¡Gracias! ¡Seguimos!

16 de diciembre de 2025

Acostumbrada a los contratiempos II

Tengo un problema, sin embargo: no le puedo ver la cara. Ni puedo escucharlo hablar. Mi cuerpo no me lo permite, siento grandes náuseas. Un admirador del tirano: da un dolor de estómago punzante. De la misma manera que no veo videos ni películas violentas. Es el mismo reflejo de supervivencia y cuidado de la sensibilidad. Puedo leer sobre cualquier cosa, pero las imágenes y sonidos, impongo muchas limitaciones para no sucumbir. Me duele el país. Leo como a muchas personas les pasa lo mismo con este acólito del dictador. Sobreviviré sin verle la cara ni escucharlo. En cuanto a leerlo, lo que se llama ideas, no tiene, así es que no hay riesgo por ahí: no hay nada que leer. Salvo sobre descalabros que lleve a cabo, tal vez. Esos sí los voy a leer. Y siempre la voz y la acción. 

Acostumbrada a los contratiempos

Ser feminista es estar acostumbrada a los contratiempos. Los hay todo el tiempo. Grandes contratiempos, que no cesan de aparecer. Por ejemplo, la elección del domingo, y tantas otras. Mensajes y apoyos de presidentes contrarios a los derechos, ola de mierda que llega a cualquier cosa que no sea gris. Está ya una muy entrenada para los obstáculos constantes. Lo que tiene su gracia, porque entonces ya no todo te hace mella. Como volverse robot en un sentido, Frankenstein, o cualquier criatura que no se detiene en problemas. Ya se sabe de antes que no va a ser fácil. Yo leí a otras autoras y activistas, e inmediatamente me sentí cobijada y tranquila. Hay algo que no se dan cuenta tal vez quienes reman para el otro lado, donde antes había silencio, ahora hay voz. Donde antes había gaslighting impune ahora hay acción. ¡Cuán distintos son estos tiempos, aunque se parezcan! Me siento acompañada, llevando preguntas, pero invencible, aunque no sea cierto. Las ideas y la justicia ya están instaladas. Luego es la voz y la acción ad eternum, y la costumbre a los contratiempos. Pero somos muchas y con buenas ideas. Tenemos la perseverancia y la valentía. Una hermosa e inmensa red de solidaridad. La desesperanza no me alcanza, porque voy con todas ellas. TODXS.

15 de diciembre de 2025

Un país incompatible con la vida

Me fui de Chile hace trece años porque se me hacía un país incompatible con la vida. Con la mía al menos. En varias oportunidades he vuelto, para pasar tiempo con las personas que quiero que viven aquí. Con los años me pareció que iba modificándose. Es verano, aquí estoy de nuevo, y ayer presencié un fenómeno escalofriante, la elección de un partido de la extrema derecha, para gobernar el país. Observo con tristeza, y a pesar de mi optimismo tenaz, vuelvo a sentir que este es un país incompatible con la vida, para tanta gente. Pero temprano en la mañana estuve mirando publicaciones de muchas mujeres feministas, chilenas, que leo y admiro mucho, y noté que mi optimismo está intacto. Una mujer de izquierda con valores democráticos sacó muchísimos votos, lo que no es anodino en un país neoliberal como este, y con la prensa en contra, noticias falsas, mensajes de publicidad para votar en sentido contrario el mismo día en los teléfonos celulares, y cuatro veces menos de presupuesto para su candidatura que el otro candidato. Sólo queda, como siempre, reflexionar sobre lo sucedido, crear nuevas estrategias, resistir, y vivir. Igual que Jennifer Lopez, no importa adónde vaya, sé de dónde vengo. En mi caso de muchos lugares. No olvido ninguno, y sin duda las fuerzas hay que unirlas. Desde mi espacio en la distancia, pero con amor por esta patria difícil de entender, pero que me vio nacer y quiero, cuenten conmigo para trazar lo que viene, porque unidxs es como se hacen las cosas. Seguir transformando este lugar en un país compatible con la vida. 

13 de diciembre de 2025

Nunca la extrema derecha / Jamás la cobardía fascista / Contra la ultra derecha (Libros)

Nunca la extrema derecha

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_nunca_extrema_derecha_23-11-25.pdf

o

https://www.academia.edu/145123958/Nunca_la_extrema_derecha


Jamás la cobardía fascista

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_jamas_cobardia_08-12-25.pdf

o

https://www.academia.edu/145335747/Jam%C3%A1s_la_cobard%C3%ADa_fascista


Contra la ultra derecha

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_contra_ultra_13-12-25.pdf

o

https://www.academia.edu/145399628/Contra_la_ultra_derecha





Contra la ultra derecha (Libro)

Contra la ultra derecha

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_contra_ultra_13-12-25.pdf

o

https://www.academia.edu/145399628/Contra_la_ultra_derecha


Contra la ultra derecha X

Voy siempre ahogada en preguntas. Pero la democracia todas las veces. El amor a la democracia siempre. Una democracia que elige el amor. 
Escribe Guillermo Pickering: “Cuando una democracia elige el miedo:
La ultraderecha deja un campo político devastado: partidos tradicionales de derecha, centro e izquierda debilitados, deslegitimados o directamente irrelevantes; sistemas de partidos fragmentados; electorados radicalizados; una democracia exhausta.
Las democracias no mueren de golpe. No caen con estrépito ni con el ruido de los tanques que marcaron el siglo XX. Mueren de otra forma, más discreta y más peligrosa: se vacían por dentro. Eso es lo que ocurre cuando una sociedad democrática, agotada y desorientada, decide entregar el poder a la ultraderecha. No lo hace porque haya abandonado formalmente la democracia, sino porque ha dejado de creer que ella pueda protegerla.
El primer cambio no ocurre en las leyes ni en las instituciones, sino en el sentido común. Lo que antes era inaceptable comienza a parecer discutible; lo que era excepcional se vuelve cotidiano; lo que se rechazaba por razones morales se justifica ahora en nombre del orden. El lenguaje se endurece, la empatía se vuelve sospechosa y la compasión es presentada como una forma de debilidad. La política deja de ser un espacio de deliberación entre iguales y se transforma en una pedagogía del miedo.
La ultraderecha no gobierna inicialmente con decretos, sino con palabras. Redefine lo normal. Convierte el conflicto democrático –ese desacuerdo legítimo que es la esencia de la vida republicana– en una amenaza. El disenso pasa a ser deslealtad, la crítica se vuelve obstrucción, la diversidad es presentada como caos. Así, el miedo reemplaza al debate y la promesa de orden sustituye al proyecto de futuro.
Las instituciones, por su parte, no desaparecen. Siguen ahí, funcionando, pero de otra manera. Tribunales, prensa, universidades, organismos autónomos no son clausurados; son erosionados. Se los desacredita, se los coloniza, se los intimida. No hace falta censurar cuando se logra que la prudencia se vuelva autocensura. El Estado de derecho sigue existiendo, pero se vuelve selectivo: mano dura para los débiles, tolerancia para los aliados, indulgencia para los poderosos. La igualdad ante la ley se mantiene como principio formal, pero se vacía de contenido real.
La sociedad también cambia, lentamente, casi sin darse cuenta. El lazo social se debilita. La comunidad es reemplazada por identidades cerradas, por tribus morales que se miran con desconfianza. El ‘nosotros’ se estrecha. Los grupos más vulnerables –mujeres, disidencias, migrantes– no siempre son perseguidos de manera abierta, pero comienzan a vivir en alerta permanente. Dejan de sentirse ciudadanos plenos y pasan a sentirse tolerados. La ciudadanía se vuelve jerárquica.
La cultura pública se empobrece. Se ridiculiza el conocimiento experto, se desprecia la complejidad, se glorifica la solución simple y autoritaria. La política se transforma en espectáculo moral, en un relato de buenos y malos, donde la fuerza sustituye al argumento y la certeza dogmática reemplaza a la razón.
Pero el daño más profundo no está en el presente, sino en lo que viene después. Los gobiernos de ultraderecha no están concebidos para ser episodios transitorios del sistema democrático. No se preparan para alternar en el poder ni para aceptar la derrota como una regla legítima del juego. Su lógica es otra: capturar el Estado, reescribir las reglas, colonizar las instituciones y transformar su paso por el gobierno en una permanencia de hecho o en un punto de no retorno.
Cuando no logran consolidarse indefinidamente, el escenario no es la restauración del orden anterior. Lo que sigue suele ser peor. La ultraderecha deja un campo político devastado: partidos tradicionales de derecha, centro e izquierda debilitados, deslegitimados o directamente irrelevantes; sistemas de partidos fragmentados; electorados radicalizados; una democracia exhausta. En ese vacío no reaparece la moderación, sino que irrumpe una alternativa populista aún más extrema, más brutal, menos contenida, que ya no reconoce límites ni siquiera formales.
Ese es el verdadero riesgo histórico. No se trata sólo de resistir un gobierno de ultraderecha, sino de comprender que, una vez que una democracia cruza ese umbral, ya no vuelve a la misma cancha. Cambian las reglas, cambian los actores y cambia el tipo de conflicto. Lo que estaba en juego era el gobierno; lo que pasa a estar en juego es el régimen mismo”.
Por la razón y jamás la fuerza, mañana 14 de diciembre: CONTRA LA ULTRA DERECHA. 

Contra la ultra derecha IX

Voy siempre ahogada en preguntas. Otra vez retomo el mundo, como escribe Gabriela Mistral. Pude no volver y he vuelto, escribe. De nuevo hay muro a mi espalda, escribe. Pero mañana es el canto del gran océano. Que es idéntico a la poesía que modifica. La que desordena y reorganiza. Desde el fondo nace para flotar dulcemente con las olas. El mar es razón y ternura. Inmensidad y la esperanza implacable. La que aprendimos viviendo en este país. Un país con voz y rebeldía. Una patria que retoma el mundo, porque en la homogeneidad está el sino amargo. En cada paso que no es tal. En cada olvido y negación. En cada afirmación embustera y la ignorancia o indiferencia de no comprender lo que está en juego. Soñamos en grande como el azul intenso. Aprendimos en este país. Aprendimos escuchando a nuestros hermanos del sur. Sabemos que vivir es inmenso como esta agua cristalina. Esta espuma y algas contra las rocas. Hemos observado este paisaje desde tiempos inmemoriales. Sabemos que nos pertenece la creatividad impulsada por la belleza y la necesidad. 
Hoy necesitamos decir, con ternura, razón y esperanza implacable: contra la ultra derecha.

Contra la ultra derecha VII

Voy siempre ahogada en preguntas. Este es un ruego. Tenemos que hablar fuerte y claro. Mañana tenemos que decirlo. Con el espíritu del país no se juega. Frente a mí veo las aves migratorias en largas hileras sobre el océano a ras del agua volando a destino, para luego volver a la temporada siguiente. No nos detenemos nunca. Porque en el movimiento aprendimos. En la libertad y las alas batiendo. Se mantiene el picaflor gigante frente a mis ojos por sus alas que se agitan. Alcanza la alta rama el tiuque. Consigue alimento para sus crías el pequeño chercán. Se interna mar adentro el petrel. Va explorando el chincol y el peuco. Porque con las alas es posible. Con el movimiento incesante de nuestro cuerpo amoroso. Veo los delfines saltando en las olas, avanzando en grupo, jugando con la corriente. Los delfines son mamíferos sociales que interactúan entre sí, nadan juntos, se protegen mutuamente y consiguen alimento en equipo. En el horizonte un barco, y la tranquilidad de un país que cuida. 
14 de diciembre: contra la ultra derecha. 

12 de diciembre de 2025

Contra la ultra derecha VI

Voy siempre ahogada en preguntas. El rumor del océano me acuna. Los pelícanos, las gaviotas. Las olas en las rocas. Sueño sin detenerme con un Chile libre. Con un país liberado de yugos y verdugos. No vale decir cualquier cosa. Sueño con una racionalidad posible. Una que le devuelva al país lo robado. Una que no nos someta a la decadencia de la mentira y la ambición. A la tiranía del sinsentido y la crueldad. Porque todo ha tenido sentido menos la sangre. Menos la coacción de nuestro movimiento. De nuestras palabras. De nuestro arte. No tenemos nada más que nuestro espíritu inquieto. Que nuestras tradiciones y nuestras ganas de vivir en paz. De no ser objeto constante de violencia. Nuestra flora y fauna, y acordes que nos elevan. Todos los invisibles, canta Ana Tijoux. Tenemos tanta vida, canta Ana Tijoux. Somos este sur y juntamos nuestras manos, canta. Cantar nos ha salvado. Escribir versos y compartirlos para existir. Las ideas sólo pueden levantarnos, canta Ana Tijoux. Alegre rebeldía, canta. Esta es una patria que ruega, no queremos volver a morir ni desaparecer. No queremos extinguirnos ni olvidar que somos hermanos. 
Cantando, cantando: Contra la ultra derecha.

Contra la ultra derecha V

Voy siempre ahogada en preguntas. Observo el océano inmenso y su movimiento. Agradezco este litoral de poetas que me acoge. Dos picaflores gigantes frente a la ventana. En dos días vamos a decirle no a la ultra derecha. Porque a esa siempre se le dice: no. Ni África ni América latina se subastan, canta Ana Tijoux. Todos los callados, canta Ana Tijoux. Me siento llena de voz. Pero el candidato de la ultra derecha quiere callarnos. Él, calladito, voten por mí y después les voy contando. Mejor no. No nos cuentes nada. En este mismo lugar hace exactamente diez años yo dije: sí. Porque a veces decimos sí, y a veces decimos no. En ocasiones hay preguntas, y en ocasiones certezas. Al amor es: sí. A la ultra derecha es: no. No. Bajo el sol que abrasa, con el ancho océano al frente para ayudarnos a soñar: es claramente no.
14 de diciembre, protegemos lo nuestro: CONTRA LA ULTRA DERECHA.