2 de enero de 2026

2026

El año terminó de una manera extrañísima. De una manera apocalíptica. Parecía el final real de todo. En estado de zombie en la cama dos días con un virus estomacal que pensé que me llevaba al final, un incendio de más de mil hectáreas en los cerros a unas cuadras de mi casa, un humo denso entrando por las ventanas, con un sinnúmero de helicópteros y aviones sobre la cabeza sonando fuerte intentando apagarlo los últimos dos días completos, acompañándome en mi agonía. Sobreviví. El incendio todavía lo están apagando, mientras ha consumido la mitad de las colinas aledañas. Es importante recordar en el fin de año que una está acostumbrada a los contratiempos, para partir de buen pie el año nuevo. Tiene que ser en el apocalipsis, sino cómo. De qué manera apreciar con esta intensidad esta mañana asoleada, en que el fuego casi se ha sido extinguido, y la enfermedad no me arrebató la energía, que está de vuelta, aquí estoy admirando el jardín florido, escuchando música, escribiendo, como siempre. Mis reflexiones de fin de año sucedieron en la cama estos días, y con mi familia un pequeño momento en que pude salir de ella para desearles un feliz año nuevo. Sin incendio y sin enfermedad, con gran sol y bella compañía comienza este año que promete. Es lo que espero. Lo miro de reojo para que se pliegue a la paz y el amor, que deben ser nuestras guías. No importa que el agotamiento sea total: seguimos. También estamos acostumbrados. Bomberos, agua, apagar el incendio. Sobrevivir. Nos vamos adaptando. Tenemos una capacidad extraordinaria. Somos unas máquinas excepcionales, como dice Fiona Apple. En la música yo voy avanzando. Con Jacques poniéndole quinientos puntos sobre las ies con cariño para que no todo sea apocalipsis. Existir es una máquina excepcional. Hoy a las 9h en punto despertaba a los quince canarios de su sueño extrayendo la manta que los cubría para dormir. Es el día, les dije, bienvenidos al nuevo año. Seguimos juntos, les dije. Es el 2026, y seguimos juntos, todxs. Sorteando el apocalipsis, seguimos. Qué trae en su seno este año no tengo idea, espero que paz, serenidad y muchos libros. Amistad y bosques. Amor y agua en cualquiera de sus formas. Otro año más: mejor. Significa que queda la vida. Queda la energía y el compromiso con lo que se ha una planteado. Mi promesa es con la verdad y los derechos de todos los seres vivos. Mi pacto es con llegar al final de la literatura. Comprenderla. Sus mecanismos propios y cómo puede modificar lo que la rodea. En medio del apocalipsis dijimos un recuerdo, una reflexión y una resolución. Con mis padres en el puerto de Marseille, emplear la energía en la creación y no dejarla ir en aspectos secundarios, llegar más lejos en la literatura, dar lo mejor de mí misma. Lo bueno de cerrar un año y comenzar otro es poder partir de nuevo. Dejar atrás, partir con energía, perdonar, perdonarse, olvidar, elegir, renunciar, retomar. Las grandes cosas comienzan siempre con circunstancias adecuadas y determinación. El apocalipsis queda atrás, y ahora es la tierra anhelada, un planeta donde todxs tienen un lugar, con menos pobreza y más educación, más derechos humanos y menos fascismo, menos dictaduras. Más flores y cielos azules. Menos inteligencia artificial y más inteligencia emocional. Que el 2026 sea el año del amor. Por la razón o la razón. Menos fanatismos y más humor. Propuestas radicales y nuevas, como dice Paul B. Preciado, una experimentación social exuberante y colectiva, utopías que son totalmente posibles. Una utopía de los cuerpos vivos podrá sacarnos de donde estamos, dice Preciado. Bailemos, bailemos, sino estamos perdidos, dice Pina Bausch. Cantar, cantar. Arte. Naturaleza. Silencio, espacio. Respeto. Libertad. Lo hemos visto todo, pero todavía reímos, canta Arthur H con Lhasa de Sela. Lejos del apocalipsis. El 2026 es nuestro año del amor. 

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