Voy siempre ahogada en preguntas. Otra vez retomo el mundo, como escribe Gabriela Mistral. Pude no volver y he vuelto, escribe. De nuevo hay muro a mi espalda, escribe. Pero mañana es el canto del gran océano. Que es idéntico a la poesía que modifica. La que desordena y reorganiza. Desde el fondo nace para flotar dulcemente con las olas. El mar es razón y ternura. Inmensidad y la esperanza implacable. La que aprendimos viviendo en este país. Un país con voz y rebeldía. Una patria que retoma el mundo, porque en la homogeneidad está el sino amargo. En cada paso que no es tal. En cada olvido y negación. En cada afirmación embustera y la ignorancia o indiferencia de no comprender lo que está en juego. Soñamos en grande como el azul intenso. Aprendimos en este país. Aprendimos escuchando a nuestros hermanos del sur. Sabemos que vivir es inmenso como esta agua cristalina. Esta espuma y algas contra las rocas. Hemos observado este paisaje desde tiempos inmemoriales. Sabemos que nos pertenece la creatividad impulsada por la belleza y la necesidad.
Hoy necesitamos decir, con ternura, razón y esperanza implacable: contra la ultra derecha.
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