3 de diciembre de 2021

41 (parte cuarta)

El 29 de noviembre además de encontrar el 41 y el sol, encontré abrazos, llamadas, mensajes. El encuentro tuvo un sabor dulce, suave e intenso. Un encuentro muy vital. Igual como me siento por estos días. Nunca me parece algo obvio todo el cariño que aterriza. Lo observo y lo siento. Me encanta el cumpleaños. Esa certeza de que el tiempo pasa y de que vamos habitándolo y siendo parte de algo. De que llegamos a algún lado, y de que una cierta cantidad desconocida de días nos esperan en el puerto para rellenarlos con la libertad y su impulso. La libertad en definitiva está compuesta de amor. Esa sensación de que caminas con otros a tu lado. Manteniendo tu autonomía. De que esos otros conectan contigo en el tiempo y en el espacio. A veces unos tiempos y unos espacios. Y también hay el amor incondicional. Ese tengo y ese encontré con el 41 al soplar las velas, ese núcleo que siempre está ahí, esta familia que adoro y recorre conmigo donde quiera que estén. Quiero agradecer hoy ese amor incondicional y ese amor condicional, porque de ambos está compuesta la existencia. Cada abrazo y cada mensaje urdió una trama en mi alma que creó puentes para atravesar este año creando. Esos añitos que van quedando inyectarles sentido y carnaval. Cada gesto de amor el día de cumpleaños podría parecer anodino, pero para eso circulo por las aceras vociferando el mensaje: sin ustedes no me interesa. Lejos lo que más he tenido en mi vida, aparte de palabras, ha sido amor. Amor y silencio para apreciarlo con la intensidad que se merece. Cercanías y distancias de las cosas es lo que determina mi presencia. La música de mi vida es la conversación y el arte. Hoy rodeada de mi amada biblioteca de Santiago de Chile repaso cada gesto de amor que he recibido estos días –sí, ser mujer no es sólo entregar-. Aunque presiento que algo he entregado porque cada palabrita que recibí era profunda. La reciprocidad es mágica. En definitiva el amor es fiesta. El año se ha finalmente apersonado y estoy lista para penetrarlo. Entrar en sus entrañas con literatura y feminismo. Bailando con la libertad –no la del postulante sombrío-. Que el amor guíe nuestros pasos. Recibí tiempo y fuga. Vuestro tiempo me dio espacios sin tiempo. No detendré los números pero abriré espacios de tiempos elásticos. Todo, todo lo que hago es debido a esos gestos de amor fuera del tiempo. Instalados en la temporalidad musical llena de rubatos. Amar, escribir y viajar es acelerar y desacelerar el tiempo. Qué importa que sean 41 si la vida es suave como una caricia el día de tu cumpleaños. Si te elevas cuando corresponde para crear movimiento. Santiago de Chile tiene un sabor distinto y muy dulce este año. Que continúe el tránsito perpetuo si las distancias y el rubato entregan conciencia. Sólo espero retribuir todo lo que recibo. 

22 de noviembre de 2021

41 (tercera parte)

La búsqueda de los 41 continúa –no va quedando mucho-, pero hoy sobre todo salí muy temprano a caminar entre la neblina con objeto de averiguar si el virus que se encuentra por todas partes está también en este momento alojado en mi cuerpo. Asistí a dos hospitales distintos, muy lejos uno de otro, y luego me dediqué a caminar por la ciudad –aún bajo la niebla otoñal que esconde el azul- a esperar el veredicto. Las horas no estaban exentas de nerviosismo porque de él dependía la posibilidad de dirigirme hacia el medio de transporte que podrá llevarme sobre el océano, y especialmente, la posibilidad efectiva de entrar en él y posicionarme en el pequeño asiento que me trasladará durante 14 horas hasta el lugar donde abrí los ojos por primera vez, hace ya casi 41 años. En aquel lugar, se esperan hoy por la noche los resultados de la elección política en la que no pude participar por la necesidad de realizar la serie de procedimientos necesarios para llegar hasta allí. Uno de los candidatos es un psicópata de grueso calibre, así es que la espera está también impregnada de nerviosismo. La incertidumbre a veces puede ser dura. Y sobre todo la posibilidad de que un lugar cometa un error irrecuperable. No hay buenas noticias en este sentido. Sólo queda esperar. Por otra parte, para mi gran alegría, el virus no está esta vez en mi cuerpo, o al menos así lo indicó la comunicación que recibí, lo que significa que los 41 podrán llegar cuando esté con mi gente de allá, lo que hará la celebración asoleada y fluida. Hace años que no he podido transitar personalmente por esos lugares y la cercanía de todas esas personas mágicas. Todavía no puedo creer que -si no me detienen en el aeropuerto por alguna razón- podré llegar hasta ellas. El camino ha sido largo. Muchas veces difícil. Tantas veces música. Como dijo Simone de Beauvoir, si las dificultades son más evidentes en la mujer independiente, es porque no ha optado por la resignación, sino por la lucha. 41 y viaje –en todos los sentidos- rima con libertad. Para eso nací. Para ir hacia la autonomía y vivirla plenamente. Así como hace años atrás comencé la segunda parte de mi existencia subiéndome a un avión, hoy, con mis bellos 41, comienzo la tercera parte, con Simone y todas sus amigas, con todos quienes se han mantenido cerca, disfrutando por un momento de ese lugar soleado y su humor maravilloso, para luego volver y continuar como siempre. Así es como lo veo: esto recién comienza. Si alguna vez fuimos el segundo sexo, hoy somos literatura pura. Hoy somos discurso público. Con la palabra y la acción nos insertamos en el mundo, como dijo Arendt. En estos días hay literatura que va más allá de nuestra experiencia y se encuentra con tantas otras. 41 es desintegrarse y volverse el poema. Poder ser intelecto y cuerpo, con libertad. Esos pequeños terremotos van a seguir llegando, como los llamó Tori Amos, pero la noción de la libertad instalada es muy fuerte. Como dijo Fina Birulés, la libertad tiene que ver con nuestras acciones y pasiones, con el control sobre nuestro cuerpo, con nuestros movimientos, reales o simbólicos, y con no dejarnos encontrar donde nos esperan: la libertad se traduce en la posibilidad de distinguirnos, singularizarnos, y de que existan diversas formas de feminidad en un espacio común. Mis 41 son un poema singular y colectivo. La raíz de toda autonomía verdadera. Y así el amor toma nuevas y decisivas significaciones: se expande. Y todos podemos gozar del movimiento de la diferencia. Tomaré ese avión, y sobre el océano encontraré al 41, y podrá, sin problemas, gritar su nombre. Y que escuche el que tenga ganas. En el puerto esperaré las respuestas, el amor, las conversaciones, y las nuevas preguntas, pero siempre en movimiento. Happy birthday. A Santiago de Chile los boletos, hasta que las velas no ardan. Libertad también se llama dos lugares en tu piel, y toda una orquesta que los une, con su poesía cotidiana. 

6 de noviembre de 2021

41 (segunda parte)

Hoy salí temprano a buscar nuevamente el 41 entre el rojo el amarillo y el café. No lo encontré, pero di con algo probablemente más interesante: un mazo de cartas incompleto desparramado entre las hojas. Un ocho de trébol por aquí, un siete de corazones por allá. Mitad escondidos, mitad asomados. Un poco más allá el rey de diamantes y así. Unas cartas a la deriva intentando componer escaleras imposibles. Observé con detenimiento el fenómeno. El azar es nuestro amigo más íntimo pero esto ya es demasiado. Encontrarlo directamente. Por qué alguien abandonaría una parte de su baraja de naipes de a grupos en la acera para dejarlos enredarse con las hojas caídas. No había cincos ni dos ni cuatros (unos sí, indicados con el número, y no con la letra A). En definitiva el asunto iba desde el siete hasta el as, pero sin orden ni concierto, tan pronto aparecía una reina –indicada con una d en este caso de dame- y luego un diez o un nueve o una jota –indicada con la v de valet en esta oportunidad dado el lugar geográfico-. Cuando era niña, en los veranos, además del paco-ladrón y el club del árbol, jugábamos extensas jornadas de Canasta, noches en vela componiendo la seguidilla de siete cartas iguales que nos daba la victoria o se la daba al equipo contrario. Era más que un juego, eran torneos muy serios. Igual de serio que encontrar una sucesión de cartas perdidas y abandonadas a su suerte en los cúmulos de hojas otoñales esperando desintegrarse o ser eventualmente recogidos –lamentablemente sobre todo la segunda opción-. Pero, ya sabemos que existir tiene eso de poder encontrarse con eventos inesperados y singulares. Para qué apresurar conclusiones. Además a veces es sólo eso, el azar actuando firme. Por ejemplo cuando vivía en Barcelona iba un día por la acera distraída, y se me acerca una persona y me pregunta si conozco por casualidad la calle Pomaret, Carrer de Pomaret, una pequeña calle que efectivamente conozco porque acabo de verificar donde está antes de la aparición del desconocido porque voy hacia allá. En aquella verificación me percato que Carrer de Pomaret queda a un sinfín de cuadras de donde estoy, por ejemplo quince o veinte, muy lejos. Le contesto, por lo tanto, que sí, que creo saber dónde se encuentra porque es adonde me dirijo. A continuación me pregunta entonces si puede caminar conmigo, le digo que sin problema, y extrae de su bolsillo una hoja de papel con una dirección anotada, la cual observo al mismo tiempo que él me indica el número al cual se dirige, que es el mismo al que yo voy: el 30. Se lo hago saber. Vaya, qué coincidencia, me dice. Comienza a llover, le presto un pedazo de mi paraguas. De la conversación, creo recordar que era fotógrafo, y que venía llegando de vivir varios años en Berlín. Cuando llegamos finalmente al lugar me indica que va a esperar afuera porque su cita es las 17h. La mía también. ¿En serio? Tomemos un café, me propone. Luego del café continuamos la conversación en la sala de espera y me pregunta si podemos intercambiar correos. A continuación nos despedimos y cada uno acude a su cita. La conversación acaba ahí porque no hay un intercambio epistolar posterior. ¿Para qué? Un simple y bello momento de azar, como encontrar una baraja de naipes confundida entre las hojas amontonadas a la guisa del viento esperando la lluvia. Buscar a los 41 me ha traído nuevos descubrimientos. Esperar en movimiento tiene la gracia de ir al encuentro del azar. Y la eventualidad de lo desconocido es lo que posibilita la literatura. 


4 de noviembre de 2021

41

Hace un año tuve la osadía de cumplir 40 años. La verdad no tuve mucha opción, el asunto llegó de un momento a otro no hubo tiempo de nada distinto. El 29 de este mes será uno más, pero ya estoy consciente de que no podré esquivarlo. En vez de intentar la evasión, he decidido ir directamente hacia el número. ¿Dónde estás? Le dije. ¿Por qué te escondes? Lo bueno es que tuve la oportunidad de buscarlo entre un montón de hojas, por aquí por allá, pero muchas, muchas hojas: es el otoño. Las hojas de los árboles adquieren los colores rojo, amarillo, café, y toda la paleta entremedio, y consideran que lanzarse en picada para volar con el viento es lo adecuado. No recordaba que el otoño fuera tan bello. La luminosidad es eléctrica, como si unos relámpagos estuviesen siempre a punto de aparecer entre el gris y el celeste claro que se turnan para ocupar las distintas parcelas del cielo. La ciudad me ha vislumbrado tanto en este momento que siento que lo mismo puede ser diferente, conservando su esencia. Por lo que cuando encuentre el 41 habrá esa posibilidad de lo distinto en lo mismo, ya se ve que es una opción. En caso contrario, como bien dijo Charly García, y si mañana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso será horrible después. Cuando encuentre a ese número escurridizo -todavía queda otoño para recorrer- le haré algunas preguntas aunque temo que no podrá responderlas. Podría al menos llegar con alguna información a cuestas. Si no responde nada le diré yo unas cuentas cosas. La primera será decirle que seguiré contándome historias a mí misma que me hacen reír a carcajadas, ayer sin ir más lejos me sorprendí con lágrimas en los ojos de tanto que se extendían, ya que la imagen que tenía en la mente se hacía más y más grande y exagerada y no había manera de calmar el asunto. Se llama humor negro, dicen, eliges algo que te cause perplejidad en medio de la bruma y te imaginas imágenes paralelas que la saquen de contexto y la hagan verse como algo cotidiano, algo sencillo, nada de qué preocuparse, porque al lado de eso otro, nada, ese es un recurso, otro, situarla en la línea temporal, y verla como algo pequeño dentro de esa larga línea llena de eventos y estaciones, segundo recurso. Cuando era niña –hace un tiempo de eso ya se ve- teníamos dos tipos de juegos que eran nuestros preferidos. Uno era el paco-ladrón, donde una parte del grupo hacía de policías y la otra de bandidos que debían escaparse. Lo particular era que jugábamos a eso en Concón, Chile –pasé ahí varios meses al año durante toda mi infancia- y el juego se extendía por toda la ciudad –pueblo más bien en esa época-. El resultado era que rara vez se encontraban unos con los otros porque el territorio designado para el juego era bastante extenso: la ciudad entera, playas, bosques, caminos y otros. En resumen el juego era partir con tus amigos de grupo y conversar caminando, estando relativamente atentos a si aparecía alguien del otro grupo. Eso podía ocurrir al atardecer, en definitiva, al final del día, o nunca. El segundo juego era el club del árbol. Una vez construido, el resto del tiempo consistía en la preparación para la batalla con el otro club del árbol, que eran con quienes no jugábamos, pero no podría decir qué los hacía rivales, de dónde surgía esa separación. El asunto es que había que prepararse para resistir al ataque de ellos. La preparación consistía en juntar las semillas de los eucaliptus, que llamábamos “coquitos” y podían lanzarse, y en hacer trampas en el suelo que se trataban de agujeros en el suelo que tapábamos con cortezas y hojas de igualmente los eucaliptos y con la paja y corteza de los pinos, para que cuando caminaran encima cayeran al pequeño abismo que había debajo. Ahora bien, al igual que en el juego del paco-ladrón, esta preparación era eterna, era el juego mismo, y buscábamos a los enemigos fantasmas por todos los caminos –eran de tierra en esa época- y conversábamos en el club sobre las estrategias, pero de años de ese juego sólo recuerdo habernos encontrado una sola vez con ellos, y el encuentro consistió en intentar tirarles los “coquitos” pero de lejos, sin saber realmente cuál era la amenaza real de no resistir correctamente o qué debíamos realmente hacer. En definitiva, existir se parece a esos juegos, escapamos de algo que no termina de llegar y nos preparamos para algo que no terminamos de saber bien qué es, y mientras estamos ahí, es bastante entretenido, si vamos observando bien y compartiendo, y si vamos planeando estrategias para poder ir improvisando en el camino e intentando mejorar las técnicas aunque la batalla final sea sólo una. Lo segundo que le voy a decir al 41 es que debido a los años que me ha arrebatado, el contenido de él y los que lo seguirán, espero, estará concentrado en cosas sencillas, como mirar el camino mientras escapo de los pacos, y en insistir con las letras y su poder de belleza y activismo. Les mots. Lire. Écrire. Y rogarle a la oscuridad, la de Mariana Enríquez en su novela Nuestra parte de noche y la otra más difusa que nos habita a veces, que no me nuble mucho la vista para poder animar a las palabras a encontrarse correctamente en vistas de la verdad, como gustaba a Simone de Beauvoir. Lo bueno es que este 8 de marzo podré sacarme la capucha ya que pronto me entregan mi pasaporte francés –físicamente- y podré manifestarme sin miedo a ser deportada, lo que es bastante, en un mundo donde las amenazas son más reales que en el juego del club. Qué le diré al 41: quiero una existencia sencilla pero eficaz. Decir, decir. No dar pie atrás. Los 41 traen algo fantástico, la sensación de que servimos para algo y de que podemos elegir, mucho más de lo que creíamos antes. Los 41 me pillan tranquila, creo, u operada de los nervios porque, después de todo, igual que la ciudad vestida de distintas estaciones, la vida es una puta montaña rusa que no para y Halloween da risa al lado de enfrentarse a ella cara a cara, let it rain decía la canción hoy en la mañana en el café, una versión de jazz. Estoy muy agradecida de todas las personas geniales que he conocido recorriendo los 40, creativas y activistas -y por supuesto, de la compañía mágica de los y las de siempre- disfrutando como en esas conversaciones por los caminos de tierra escapando de los pacos, la alegría es la misma, la belleza también se le parece. Las circunstancias nos quitan cosas y nos dan otras. Espero poder verlo. La vida nos ha dado tanto, como dijo Violeta Parra. Quizá sea la oportunidad, ya que el nuevo pasaporte me indica que ya son varios años lejos, de hacer las paces con el lugar donde crecí. No me voy a mover de aquí, pero, finalmente, lo pasaba espléndido jugando al paco-ladrón y al club, esos maravillosos simulacros de catástrofes que tanta aventura me aportaban. Al igual que las estaciones, ese lugar también ha cambiado, pero en este caso, afortunadamente, su esencia también está en proceso de cambiar. Quizá los 41 -ya que en definitiva es tiempo que pasa y da perspectiva- sea lo más cercano a ser libre. Conservar lo que vale la pena. Intentarlo. Y nunca dejar de reordenar la casa para que nazcan nuevas formas. Reordenar los cuerpos, vivos y hermosos. La aventura continúa, pero ahora soy, o me siento, mucho más libre. Aspiro a seguir recibiendo amor, y espero, siempre, poder entregarlo. A diferencia del juego, creo en este momento ir para algún lado. La libertad también está compuesta de esa certeza. La alegría de no haber rellenado los días en vano, a pesar de que no había ninguna certeza de algún lugar fijo al cual llegar. De tanto crear estrategias hay pequeños lugares fijos que se asoman y puede uno tomarse un café en ellos y gozar. Son lugares con un café dentro y escritores con boina como siempre soñé. El lugar hace lo suyo y el resto me lo imagino yo, riendo a veces a carcajadas. Dije un día, me voy a ir a Europa a ser escritora, y ahora veo que es un presente perpetuo, como dijo Georges Braque, no tenemos descanso, y en esa maravillosa performance eterna disfruto cada día, cada frase escrita, cada libro, cada conversación, cada canción, película, obra de arte, cada caminata y cada paisaje. Cada pequeño triunfo. Supongo que soñaba con una vida de belleza y sentido. La libertad, también es eso. Pronto feliz cumpleaños. 41, llegarás aunque no te encuentre, lo que tenía por decirte: me siento libre. 

31 de octubre de 2021

El año de Halloween

Celebrar o no Halloween hoy es indiferente
Porque este es el año de Halloween
Cualquier día puede uno instalar una calabaza en su ventana
Con velitas
Para llamar al espíritu imposible
Somos todas brujas y brujos haciendo pociones
Para que el asunto avance
Alquimia para matar a la soledad y la muerte
Reencarnarnos en calabaza, en bruja, en sapo
Pero juntos, como cuerpos cercanos
Cada bruja cree estar volando sola en su escoba por estos días
Una escoba aserruchada que amenaza con estrellarse
Pero por qué cada una en su pequeñísima parcela celeste
Por qué la vergüenza de comunicar el desequilibrio de la escoba
Si volar requiere condiciones
Viento favorable, brebajes adecuados, espacio de movimiento
Así como las brujas despertaron y acordaron denunciar al aserruchador
Que hace caer la escoba
También unámonos para saber que no estamos solos
Que Halloween nos lleva de la mano, codo a codo, a todos y cada uno
No tiene que ver con nosotros mismos
No somos criaturas erróneas, pero convivimos en un cielo pintado de azul
Un cielo que a la primera se despinta, porque su color es superficial
Como dijo Réjane Sénac, discutamos los marcos del debate, 
la riqueza y la complejidad de los análisis y las movilizaciones contra las injusticias
merecen algo mejor que las distracciones.
Así es que escoba en mano, calabaza, no nos desviamos ni aceptamos desvíos
Y volamos todas juntas, reivindicando nuestro despertar, que es belleza
Que es política y gatos negros cruzándose en el camino
Y los ungüentos para la salud mental deben ser considerados
Y el adhesivo repara-escobas, repara-neuronas, repara-corazones
Halloween es cada uno buscando los pedazos de su espíritu volador por separado
Una gran colisión de escobas y de brujas que no terminan de encontrarse
Y un cielo por repensar, con sapos, calabazas y gatos negros
Un cielo hermoso lleno de brujas voladoras
El año de Halloween es la posibilidad de comunicar nuestros demonios y encontrarnos
Perder ese miedo que tan bien se aloja en la vulnerabilidad, en la soledad
Las brujas nunca estuvieron locas.

11 de octubre de 2021

Épouser tes formes

Quiero simplemente reventar de éxtasis, desvanecerme en el aire 
Dejar de ser. Mantenerme suspendida en colores que flotan
No puedo ya existir si no es con tu cuerpo
No sé dónde estoy ni en qué momento me apersoné en este planeta
Sé que había razones, pero ahora hay sólo una: tus ojos
Eres la medida de todas las cosas, lo trascendente y el espacio único
Si no puedo sentir tu piel y tus palabras no me interesa
Tómenlo todo, yo estoy comprometida con el universo y su único ser vivo
Todo ha desaparecido: sólo queda tu boca.


Poetry is rising

Paso decidido, pero flotando
Está la música y está la otra música
La nueva música
La nota no es una nota
Es una perforación de placer en el pecho
El beat no es un beat
Es la vida misma manifestándose
La iluminación de la ciudad no es la iluminación de la ciudad
Es un gozo que duele
Una belleza que encandila
Vivir de pronto es algo liviano
Una sensación tan fuerte como abrirse el pecho y dejar entrar a la magia
Es la poesía disponible cuando nos instalamos en la vulnerabilidad inmortal
En ese cuerpo presente inmóvil y profundo
En el caos de lanzarse a la incertidumbre todopoderosa
Al rayo de sol que penetra la ventana hasta tus ojos fijos
Al viento que descorre las cortinas y permite ver el paisaje infinito
Al universo de nuevos posibles, y exaltados descubrimientos 
Secretas e inexplicables revelaciones aéreas y acuáticas
El tiempo se vuelve presente perpetuo y ensoñación fantástica
Enamorarse es volver a revisar el mismo escenario sabiendo que nada es lo mismo en él
Presentarse en la puerta con la ingenuidad intacta
Sabiendo que el nuevo orden de las palabras da paso a una existencia inesperada
Donde las notas no son las notas sino la posibilidad de acceder al núcleo del misterio
De dar la sustancia de ese centro a otro. 

29 de septiembre de 2021

Ce que nous appelons l’amour

Texto publicado en © Simone // Revista / Revue / Journal


Ce que nous appelons l’amour

Por Andrea Balart-Perrier
Lyon, 28 de septiembre de 2021

Esperemos que cada vez sean más y más mujeres que hablen más y más fuerte, y que sus voces ocupen todo el lugar que les corresponde en la definición de eso que llamamos amor. Así termina su libro Reinventar el amor, Mona Chollet: cómo el patriarcado sabotea las relaciones heterosexuales. 

Considerado en frío, la heterosexualidad es una aberración, afirma Mona Chollet, después de todo, como lo indican Patricia Mercader, Annik Houel y Helga Sobota, las relaciones amorosas entre hombres y mujeres tienen la particularidad de ser las únicas relaciones de dominación social donde se espera que el dominante y el dominado se amen.

El amor heterosexual tiene mala prensa en el mundo de los temas feministas, efectivamente amamos a quienes nos tienen, consciente o inconscientemente en un sistema de dominación jerárquica que se puede ver de manera muy nítida en un sinfín de aspectos de nuestra existencia. Personalmente, soy heterosexual (muy), me encantan afectiva y sexualmente los hombres, y creo que es un asunto que debiese abordarse como primera prioridad, después de todo, trata sobre nuestra cotidianidad más íntima y una de las fuentes más potentes de sentido. Para mí el arte nace desde ahí, la pulsión, el deseo, el amor, la posibilidad de sentirse inmortal a pesar de la evidencia contraria (el tiempo que tenemos es bastante limitado).

Por lo que más vale no perderlo miserablemente dándose cabezazos contra la pared intentando entender por qué diablos no funcionan nuestras relaciones (hay un sentimiento general de que la dificultad es alta y el éxito dudoso), y afrontar el asunto cara a cara. En mi experiencia (no desdeñable desde el punto de vista del número de años rebanándome los sesos para hacerlo lo mejor que me ha sido posible), hay efectivamente ciertos patrones que ya sería bueno acabar. Actuar a dos niveles, igualdad de derechos y en el ámbito íntimo (también político, por supuesto), hacerlo distinto (parece urgente). La pandemia nos ha llevado por un carrusel de emociones de terror y ha llevado nuestras relaciones a una película gore: no queda nadie vivo (no estoy fuera de este extenso grupo). Entonces, ¿qué hacemos? Si el asunto con los años deriva, al compás de nuestra perplejidad, en algo más o menos así: por qué esperas cosas que no puedo dar, o por qué no esperas estas cosas y no esas que dices. Después es peor: todo el resto es silencio. Una que nunca ha estado callada, opta por dejar anotadito en un cuaderno, todo eso que la verdad no funciona para nada, pero para qué decirlo así tan claramente, mejor se lo digo a mi amiga, a mi mamá o a nadie. En realidad para qué lo voy a decir, mejor espero un poco a ver si se pasa, a ver si se acaba la pandemia, a ver si se da cuenta solo, a ver si cambia un poco, o bastante tendría que cambiar, a ver si la altura del balcón a la acera me acogerá con el suficiente cariño como para llevarme a la muerte y acabar con esta peregrinación de rodillas (si no se acaba de manos de la persona antes de alcanzar a saltar, 80 mujeres asesinadas en Francia en lo que va del año de manos de sus parejas). 

¿Qué es el amor? Eso no. Ni el placer, ni nada agradable. Qué no daría por encontrar a alguien más que capte esta deriva, qué no daría por conocer a un semejante, cantaba en 1995 Alanis Morissette, todo lo que realmente quiero es liberarme. La canción no ha perdido actualidad. Movimiento #metoo mediante, el ambiente está mucho, pero mucho, menos hostil, pero el patriarcado continúa saboteando nuestras relaciones heterosexuales, como bien afirma Chollet, y nos faltan herramientas, a pesar de su feliz esfuerzo de desentrañar cómo cuernos hacerlo mejor o al menos de manera diferente cada vez. También queremos liberarnos (no es patrimonio exclusivo de los hombres, eso está claro, aunque a veces quieran que lo parezca). Al igual que ella, lamentablemente, no tengo las respuestas, ni las soluciones, pero sé que el feminismo no va a disminuir mi amor por los hombres, por lo que el tema me interesa muchísimo: cómo tener una relación de pareja que no reproduzca exactamente lo que observamos en la organización del mundo. Es flagrante si una se pone a mirarlo más en detalle. No innovar en lo más mínimo, dios mío, ser feminista no te da ningún avance en este sentido, el patriarcado te da en plena cara apenas bajas la guardia (muy pronto). Las ganas de una relación con mucha imaginación quedan, siempre están ahí. Al final es siempre lo mismo, en todos los ámbitos de la vida, mientras más está presente, mayor el aburrimiento y la violencia, real y simbólica. Quiero estar en pareja y sentirme libre, ¿son incompatibles? No lo creo. Quiero sentir que surgen nuevas ideas, no que me marchito. Educamos a las mujeres para que se conviertan en máquinas de dar y a los hombres en máquinas de recibir, dice Mona Chollet, siguiendo la reflexión de Jane Ward. También nos gusta recibir, aunque a veces no se note. Creo que soy la modalidad de mujer más autónoma (espacio propio, para empezar, y mucho tiempo para la literatura), sin esconder que aspiro al amor y tengo deseos, y doy fe que también la tengo difícil, lo que me indica que es un fenómeno del cual no es fácil zafar: el terreno es adverso, pero nunca hay que rendirse. Muy rara vez me he sentido realmente atraída por una mujer, y no he profundizado en ese plano ni me interesa, así es que el intento sigue, con ánimo y humor, y sobre todo, con mucho amor. Acepto mi sensibilidad y me encanta. Agradezco a Mona Chollet por acompañarme en este momento, también a Doris Lessing, que me mostró que cada vez me acerco más a ser una unidad, como el cuaderno dorado de Anna Wulf, y a Maya Angelou, que ve las cosas tan claramente y con tanto humor. También a las mujeres que tengo más cerca, que siempre me permiten hacerme consciente que camino acompañada, y a los hombres que tengo cerca, que también caminan conmigo, en igual medida. Creo que una vida, una sociedad, una revista, la mayoría de los espacios, debieran estar abiertos a todas las personas, en caso contrario me siento muy limitada en los puntos de vista posibles y me incomoda. No quiero que nadie hable por nadie, pero necesito de todas las visiones y opiniones, aunque sea para darme cuenta de dónde provienen y de las contradicciones posibles. Si ser feminista y ser heterosexual parece a simple vista una contradicción, pienso que el problema justamente sería adaptarse a algo, lo que sea, a pesar de tus sensaciones y sentimientos, y esto es lo que creo que podrá liberarnos: somos quienes somos o que se acabe. El amor tiene que ser necesariamente la libertad y la plenitud: la expansión y el deseo (también de las mujeres). 


* Andrea Balart-Perrier es escritora y abogada de derechos humanos. Activista feminista, cofundadora, codirectora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia.
 

27 de septiembre de 2021

Pepo

Querido Pepo, hoy cumples 41 años. 24 de septiembre, no me olvido. 
La primera vez que empecé a escribir en un cuaderno con regularidad fue cuando nuestra relación se terminó, teníamos quince años. Necesitaba rellenar las horas de tu ausencia. Creí que iba a morir. 
Probablemente una parte de mí murió. Quizá las palabras nacieron en ese momento.
La posibilidad de materializar lo que había sentido, lo que sentía, plasmarlo, describirlo, para ordenar el caos, el caos que había sido tu amor, la gran revolución, y el caos de ver que ese amor flotaba sin saber adónde ir y la necesidad que yo tenía de hacer algo con él. 
Lo convertí en palabras. Y descubrí algo. Que el amor seguía ahí, y dolía, pero podía hacer nacer la belleza, a pesar de la perplejidad. Las palabras me ayudaron a comprender y me mostraron que a través de ellas podía dejarte ir. Me acompañaron mientras entendía por primera vez, lentamente, que el final de una relación, a pesar de las promesas, es algo posible. Tú ya no estabas, pero las palabras ya no partían a ningún lado. 
¿Te das cuenta, Pepo? La literatura nació en tu nombre. 
¿Te das cuenta? Tu amor desató la magia. Tu amor cristalizó el milagro.
Este año estamos cumpliendo 41 años, yo aquí con las palabras, y tú festejando quizá en qué montaña imposible con tu tabla. Observando todo con una sabia distancia, con esa mirada que tenías, siempre perdida en el horizonte. La nieve preguntándose dónde te has ido que has tardado tanto en volver. Lo que no sabe es que en los recuerdos, y en las palabras, y en todos los intersticios donde el amor se cuela, la muerte no tiene cabida. 
Feliz cumpleaños. 

8 años

Un 16 de septiembre del año 2013 llegué a vivir a Europa, a Barcelona. Un año después me instalé en Francia. Hoy recibo una carta, fechada 16 de septiembre, exactamente 8 años después, que indica: la invitamos a presentarse para recoger su libreta de nacionalidad. Me siento en el suelo y lloro. De emoción. 8 años después soy una ciudadana de este lugar, mi casa. El lugar de mi enamorado, donde elegimos vivir. El lugar que siempre me persiguió, en sueños. Hoy, quizá, ya no soy una inmigrante. 

La paradoja es que mis padres tienen la nacionalidad española y yo no, las normativas migratorias son muy razonables. No hay cabida para las identidades fragmentadas. Sólo queda agradecer a mi enamorado por su apoyo y paciencia en el océano de los trámites migratorios. Kafka es real, no son metáforas. 

Aquí algunas de las aventuras. Hace exactamente dos años tenía yo que presentarme a mi examen de francés para demostrar mi manejo de la lengua en vistas a solicitar mi naturalización en este territorio. Venía de Italia en un tren para asistir al día siguiente temprano. El funcionario anuncia por alto parlante (me enteré después), que las personas que se dirigían a Lyon tenían que bajarse en Chambéry porque dado el retraso que llevaba el tren, luego tomaría rumbo directamente a Paris. Escribía yo en mi ordenador un texto sobre el amor como un circo, escuchando la canción On rit encore (todavía reímos) de Arthur H y Lhasa de Sela, que dice algo así como: Somos de aquí, somos amables, por supuesto, somos más fuertes que la naturaleza, avanzamos irradiando optimismo y amor, porque todo lo hemos visto, y todavía reímos. Para escribir, la canción tiene que sonar fuerte, así es que el alto parlante, nada. Cuando me percato, en un momento, que la distancia del tren y Paris es menor que la distancia del tren y Lyon, tuve a bien preguntarme si el tren iba en la dirección correcta. En ese mismo instante dos jóvenes mujeres sentadas en el asiento justo a continuación al otro lado del pasillo, me preguntan, ¿este tren no va a Lyon? Hablaban entre ellas en árabe. Yo respondo que sí, pero doy la mala noticia respecto de la distancia señalada en mi teléfono. Me ofrezco como líder de la comitiva para ir a preguntar al funcionario y aclarar este malentendido. El funcionario, que se encontraba en su cubículo descansando (era muy tarde) se agarra la cabeza y dice, pero si lo anuncié, vamos a Paris. No es posible, señor, nosotras vamos a Lyon. No se va a poder, señorita. Luego de una conversación de varios minutos, le poinçonneur des Lilas (des petits trous, des petits trous), como en la canción de Gainsbourg, hace unas llamadas y dice, listo, podemos llevarlas a un hotel en Paris. Estación de trenes en Paris, once de la noche, un taxi nos lleva hacia un hotel, lejos. En el camino, pregunto, esa estación de metro es Eurodisney, efectivamente, nuestro hotel está en Disney, con personas vestidas de Osos cortapalos, bajamos con mis nuevas amigas, ellas se dirigen al bar a tomar el welcome drink, pero yo no puedo integrar tan distendido momento en el bosque dibujado porque tengo que dar un examen de francés a las 08h30 de la mañana en Lyon y no sé cómo voy a llegar. Voy a mi habitación con bambis por todos lados, y miro los horarios de los trenes, ya son más de las 12 de la noche. Me levanto a las 5 de la mañana, y camino por Disney en penumbra, arrastrando mi maleta, sin encontrar a personas disfrazadas de nada porque literalmente, no hay nadie, y tengo que ir a la estación y no sé dónde está, estoy perdida en Disney, un Disney en la oscuridad, algo que pensé que no iba a ocurrirme, pero sí. De la oscuridad surge alguien (trabajan muy temprano en Disney), y me señala todos unos laberintos que podrán llevarme a mi tren, o a mi nuevo tren, o al que sea que haya, que no podrá, ni soñando, llevarme a mi examen de francés a la hora correcta. Logro salir de la pesadilla de Disney dormido y llego a la estación. Tomo el tren, y por supuesto, llega más tarde que el examen, me dirijo rauda al lugar, directamente, y llego con maleta, y le explico a la funcionaria que vengo de Disney, donde no pretendía ir, pero a veces las circunstancias nos llevan a lugares inesperados. Imposible entrar al examen tarde. Vuelva en dos meses, y vuelva a pagar, afirma, inflexible. Luego, por alguna razón que no logro dilucidar, se ablanda, de un momento a otro, y me dice, ok, pague la mitad, pero igual tiene que esperar dos meses, y tiene suerte porque queda un solo cupo. Extraigo mi lápiz de bambi y firmo. Dos meses después relleno casillas escuchando grabaciones súper capciosas que dicen qué quiso decir la señora Lafitte y el señor Lafitte en esta escena, y converso con una persona que me hace presentarle un plan estratégico para organizar un evento, todo con una fuerte dosis de estrés, y luego de eso, se da por finalizado con éxito mi examen de francés para la naturalización. 

Otras aventuras son menos divertidas que ir a Disney. Dos gendarmes se apersonan en nuestra casa, con una lista, para chequear que no soy un holograma, que tengo existencia física, que tengo cepillo de dientes, me lavo el pelo, tengo calcetines, ropa interior, cosa que tengo, efectivamente, pero no estoy en la casa en ese momento, porque sólo estoy ahí los fines de semana, es sábado, pero no he llegado, y no pueden verme (¿soy un holograma?) pero sí confirmar que me lavo los dientes y que me visto con ropa, los libros no los miran (según me dijo después mi enamorado, quien tuvo que llevar a los invitados por cada habitación señalando lo que se indicaba en la lista). Y un par de semanas después, nos interrogan, en Grenoble, por separado, un funcionario de trato muy agradable, respecto a todos los detalles posibles de nuestra vida, pasatiempos, actividades, gustos, anécdotas, deseos, esperanzas, anhelos. En lo de posturas sexuales preferidas no entró, pero no habría sido raro dado el tipo de preguntas. Quizá hasta habríamos terminado comentando e intercambiando datos. 

Ni hablar las veces que estaba en Francia y tuve que ir a Barcelona a renovar la visa, o que estaba en Barcelona y tuve que venir a Francia a renovar la visa, o ir a Chile para tramitarla, o para obtener doscientos papeles y timbres. 

¿De dónde eres? La verdad es que no tengo idea, pero estoy aquí, y ya son 8 años. 

20 de septiembre de 2021

Lo único que me interesa es la complicidad con el lector

Lo único que me interesa es la complicidad con el lector
Guiñarle el ojo cuando es necesario
Desordenar la frase cuando es el momento
Saber que alguien sigue el juego
Que una pequeña frasecita llega a puerto
Que una idea se abre paso en la sabana de ideas salvajes
En el océano de ideas a la deriva
En el pantano de belleza atrapada en una crisálida
De sugerencias observando desde la ventana
La conversación con el lector se intuye, inspira
Los tiempos nos levantan y hacen reventar la ola 
Lo único que me interesa es la complicidad con el lector
En la exuberancia y en la duda
La seducción de las palabras posibles
Sabernos entre iguales
Saber que ahí, en algún lugar, despierta el movimiento
Saber que anhelamos el amor y podemos decirlo
Que en el encuentro se prolonga el éxtasis
Que podemos reinventar un lenguaje
Producir sonido, y extender el deseo.

16 de septiembre de 2021

Lo que me interesa es tu cuerpo

Lo que me interesa es tu cuerpo
Porque es en él donde el sentido se hace carne

En tu piel descansa la chispa que enciende
Todas esas verdades que rara vez se encuentran

En tu mirada fija, en tu mirada perdida
En la mirada brumosa, en el presente, presente

Es ahí donde el tiempo pierde su cualidad inexorable
Y se agolpa la vida, empujándose para salir y devastar lo aprendido

Donde el orden da paso a la noción de milagro, de realidad insoslayable 
Porque es el complemento perfecto de la música, de la poesía cotidiana y excepcional

Lo que me interesa es tu cuerpo
Ahí puedo guardar toda la inteligencia y el universo

Libre es donde la inteligencia y el cuerpo se encuentran
Porque el amor, el amor, es el cuerpo

El armario sagrado y prosaico 
El deseo.

10 de septiembre de 2021

And out of the chaos, a new kind of strength

Doris Lessing: 
Los dos están enloqueciendo debido al intento deliberado 
de trascender sus propios límites
Y del caos nace un nuevo tipo de fuerza.
El nuevo año y su amigo el caos
En él vive la creatividad, dicen
En él vive el romper con la propia forma
En él descansa la pasión de la imaginación
La posibilidad real de desordenar lo paralizado
La angustia que surge como fuego que quema
El caos es la llamada de auxilio al pantano que hunde
La implementación de lo que se balbucea en sueños
El caos es el compromiso con lo imprevisible que produce música
El nacimiento no programado y su libertad vertiginosa.

12 de agosto de 2021

Simone Nº1, Nº1 bis (la continuación) & Nº2

Hoy 31 de julio de 2021 es un gran día para Simone // Revista / Revue / Journal.

Les presentamos el Nº1, Nº1 bis y Nº2.
183 textos feministas y activistas (61 textos originales en español, francés e inglés, más 122 traducciones), junto a 68 ilustraciones o composiciones de obras, para reflexionar acerca de este presente feminista en movimiento.
Leer Simone es ya cambiar un poco lo que hay.
El equipo de Simone agradece (y admira) a todas las autoras, artistas visuales y traductoras que participan en este proyecto colectivo. Sólo queda seguir. 

Nº1
Nº 1 bis (la continuación)
Nº2

Simone // Revista / Revue / Journal es un proyecto colectivo de activismo feminista, literario y trilingüe. 

Simone // Revista / Revue / Journal est un projet collectif d’activisme féministe, littéraire et trilingue. 

Simone // Revista / Revue / Journal is a collective project of feminist activism, literary and trilingual.

Simone

Fundadoras / fondatrices / founders : 
Andrea Balart-Perrier & Piedad Esguep Nogués 

& Equipo / Équipe / Team : 
Ariane Arbogast ; Constanza Carlesi ; Anaïs Rey-cadilhac ; Maria Vega Raty (fr)
Amanda Ahumada ; Carolina Larrain Pulido ; Bethany Naylor ; Juliana Rivas Gómez (eng).

Autoras / Autrices / Authors :
Waleska Abah-Sahada Lues ; 
Amanda Ahumada ; 
Grace Akira ; 
Camila Alegría ; 
Nereida Asuaje ; 
Francisca Azpiri Stambuk ; 
Andrea Balart-Perrier ; 
Zoé Besmond de Senneville ; 
Catalina Bosch Carcuro ; 
Sofía Esther Brito ; 
Lou Cadilhac ; 
Rosario Carcuro Leone ; 
Constanza Carlesi ; 
Paula Castiglioni ; 
María Paz Contreras Buzeta ; 
Valentina Correa Uribe ; 
María José Escobar Opazo ; 
Piedad Esguep Nogués ; 
Marion Feugère ; 
Pierina Ferretti ; 
Géraldine Franck ; 
Lorena Gacitúa Cortez ; 
Cecilia Gašić Boj ;
Magdalena Guerrero ; 
María Victoria Guzmán ; 
Catalina Illanes ; 
Lucile Joullié Lucenet ; 
Carolina Larrain Pulido ; 
Karin Lindqvist Kax ; 
Daniela López Leiva ; 
Alba Luz ; 
Gabriela Medrano Viteri ;
Constanza Michelson ; 
Francisca Millán Zapata ; 
Gala Montero ; 
Gabriela Paz Morales Urrutia ; 
Bethany Naylor ; 
Melissa Nefeli ; 
Angela Neira-Muñoz ; 
Camila Opazo Romero ; 
Ekaterina Panyukina ; 
Dafne Pidemunt ; 
Alejandra Prieto ;
Anaïs Rey-cadilhac ; 
Raphaëlle Riol ; 
Camila Rioseco Hernández ; 
Juliana María Rivas Gómez ; 
A. Michelle Rosas Martínez ; 
Andrea Rossi ; 
Esther Sánchez González ; 
Francisca Santa María ;
Réjane Sénac ;
Camille Sova ; 
Zoé Stark ; 
Claire Tencin ; 
Paloma Valdivia ; 
Paula Valenzuela Antúnez ; 
Paloma Valenzuela Berríos ; 
Maria de los angeles Vega Raty ; 
Judith Wiart ; 
Alejandra Zúñiga Fajuri.

Ilustraciones / Illustrations :
Waleska Abah-Sahada Lues ; Daniela Aguirre Lyon ; Grace Akira ; Francisca Álvarez Sánchez ; Andrea Albornoz Nelson (portada / coverture / cover Nº 1 & 1 bis) ; Nereida Asuaje ; Andrea Balart-Perrier ; Zoé Besmond de Senneville ; Julie Besson ; Constanza Carlesi ; Rubí Antonia Cohen Maldonado ; Collages Féministes Lyon ; María Paz Contreras Buzeta (PAZ); Louise Daviron ; Bárbara Escobar (Ber); Marion Feugère ; Lorena Gacitúa Cortez ; María Victoria Guzmán y Paula Valenzuela Antúnez ; Tere Guzmán Martínez ; Catalina Illanes ; Lucile Joullié Lucenet ; Too-Khan ; Sarah Kutz Saito ; Carolina Larrain Pulido ; Gabriela Medrano Viteri ; Francisca Millán Zapata y Daniela López Leiva ; Camila Montero Neira ; Arty Mori ; Marcela Muñoz Orrego ; Bethany Naylor (Bethany Jane Silver) ; Camila Opazo Romero ; Amanda Paz ; Alba Petrichor ; Dafne Pidemunt ; Alejandra Prieto ; Anaïs Rey-cadilhac ; A. Michelle Rosas Martínez ; Camila Rioseco Hernández ; Luisa Rivera ; Alba y Laura Rubio ; Daniela Santa Cruz (portada / coverture / cover Nº 2) ; My Schmidt ; Camille Sova ; Zoé Stark ; Claire Tencin ; Laura Uribe ; Carla Vaccaro ; Paloma Valdivia ; Judith Wiart.

Traducciones / Traductions / Translations :
Amanda Ahumada ; Ariane Arbogast ; Andrea Balart-Perrier ; Cristóbal Bouey ; Alexandra Cadena ; Constanza Carlesi ; Georgina Fooks ; Carolina Larrain Pulido ; Tracy Mackay Phillips ; Bethany Naylor ; Andrea Purcell ; Anaïs Rey-cadilhac ; Juliana Rivas Gómez ; Juan Carlos Sahli ; Camila Sepúlveda-Taulis ; Carolina Trivelli ; Maria Vega Raty.

Dirección publicaciones y edición / Direction publications et édition / Publishings direction and editing : Andrea Balart-Perrier.

Diseño y afiches / Design et affiches / Design and posters: Andrea Balart-Perrier
Fotografías / Photographies / Photographes : Andrea Balart-Perrier (Lyon) ; Piedad Esguep Nogués (Bcn) ; Carolina Larrain Pulido (Brighton).

* Un agradecimiento especial al equipo de Simone por todo el trabajo, entusiasmo y constante resistencia.

* Un grand merci à l'équipe de Simone pour tout le travail, l’enthousiasme et la résistance constante.

* Special thanks to Simone's team for all their work, enthusiasm and constant resistance.

Próximo número / Prochain numéro / Next issue : 

Te invitamos a enviar tu texto, feminista y activista, de un máximo de 1500 palabras (tema y formato libre) a simonerevistarevuejournal@gmail.com, incluyendo una breve biografía de un máximo de 50 palabras.

On t’invite à nous envoyer ton texte, féministe et activiste, d’un maximum de 1500 mots (sujet et format libres) à simonerevistarevuejournal@gmail.com, en indiquant une brève biographie d’un maximum de 50 mots.

We invite you to send us your writing, feminist and activist, of maximum 1500 words (the theme and format is up to each author) to simonerevistarevuejournal@gmail.com, including a brief biography of maximum 50 words.

14 de julio de 2021

Verano

En el verano las palabras son amigas entre ellas
Se encuentran fácil
Como si de pronto todas quisieron salir a recorrer
Esas calles ubicadas una al lado de la otra
Encrucijadas mágicas
Seducción de la novedad
En el verano, una tregua de la oscuridad
Que cae en la mitad de la tarde
El verano es una estación para soñar lo imposible
Una estación para dejar de lado las avalanchas
Que siempre están esperando para rodar
Y llevárselo todo
El verano son los cinco minutos de agua
De ese placer tan primario de ser un pez eventual
Una sirena en búsqueda de su barco
La promesa de una infinidad de caricias y de baile
Para sanar el espíritu atrapado por las circunstancias.

Unrooted: what is this security and balance that’s supposed to be so good

Texto publicado en © Simone // Revista / Revue / Journal



Unrooted: what is this security and balance that’s supposed to be so good

Por Andrea Balart-Perrier
Lyon, julio de 2021

Doris Lessing escribió: Que las dos carecían de “seguridad” y de “raíces”, palabras de la época de Mother Sugar, era algo que ambas reconocían con franqueza. Pero Anna, recientemente, había aprendido a usar estas palabras de un modo distinto, no como algo de lo que una debiera disculparse, sino como banderas o pancartas de una actitud que implicaba un sistema filosófico diferente. Había disfrutado imaginándose que le decía a Molly: —Nuestra actitud ante las cosas ha sido equivocada, y es por culpa de Mother Sugar. ¿Qué son esta seguridad y este equilibrio qué se suponen tan deseables? ¿Qué hay de malo en vivir emocionalmente día a día en un mundo que está cambiando con tanta rapidez?

Tuve veinte años una vez. El contexto es todo, como dijo Margaret Atwood. Tuve más también. El contexto seguía siendo importante. Siempre lo fue. Tanto que me perseguía como una policía. Es extraño, tus propios amigos toman los roles de detectives y policías. Quien está en tu cama tiene una importancia capital. ¡Incluso quién está en tus pensamientos y tu afecto! También está todo organizado. Éste sí, éste no. No te vayas a equivocar. Las consecuencias podrían ser fatales. El paredón y el cadalso. Tienes que rendir cuentas. 

Se organizan entre ellos, van averiguando y avisando al de al lado. Había que administrar las reglas, supervisar. ¿Pero de dónde salían esas reglas? Vaya, no eran las mismas para todos. En una opción bastante flexibles, en otras, rígidas como fierro. ¿Cuántas veces se tienen veinte años? Lástima, te tocó en un contexto con amigos policías. Con amantes de las reglas. Con una moral muy particular, a la orden del día. ¿Pero de dónde salía esa moral? Lo peor probablemente sea darle hacia delante y supervisar una moral que te lanzaron encima sin cuestionártela. La policía a veces da miedo, se entiende. ¿Pero cuántas veces se tienen veinte años? Las preguntas con posterioridad cambian. Había que hacerlas en ese momento. Tenías las preguntas, pero el eco que provocaban te daban cuenta de tu soledad. La policía en el fondo, supervisa sin interesarse en lo esencial. En la posibilidad de modificar el contexto. En quién eres. Y toda esa vida disponible. 

El problema probablemente no sea tanto la policía, sino las consignas que están detrás y que ésta debe supervisar. Los mandatos de estabilidad, de una persona al mismo tiempo, de cuáles personas pueden ser y cuáles no, etc. Cómo, cuándo, quién y hasta dónde. Las ideas de obligatoriamente instalarse de a dos, comprar una casa, firmar cosas, y solidificar todo bien estático, para que cuando llegue el agua, se quiebre, por supuesto, como una rama que no puede bailar con el viento porque olvidó lo que era el movimiento. Y vamos dándole infierno a las otras opciones, a los otros deseos, a las dudas, a las ganas de existir. 

Puedes cambiar el contexto, que en definitiva puede que termine pareciéndose en algunos aspectos, pero la diferencia: en el nuevo contexto nadie te conoce. Puedes elegir. Los policías los dejas de lado. El contexto es todo, ¿o era la madurez? Uno u otro, como dijo Margaret Atwood. De pronto cumpliste cuarenta. La policía en sus cuarteles. ¿Y si cambiamos los cuarteles? ¿Y si damos movimiento a las reglas? ¿Y si nos desarraigamos de todo eso que nos aplastó y lo repensamos? Generalmente hay otros que tienen veinte años. Que quizá no podrán escapar del contexto. De los amigos policías. De las investigaciones libradas. De las reglas destinadas a reunir a las personas de a dos en circunstancias particulares. ¿Y si dejamos de interesarnos por la cama de los otros? ¿Y si respetamos los pensamientos y los afectos de los demás? La idea de clandestinidad me causa gracia ahora. Todo está basado en supuestos que pierden hoy rigidez. Se siente bien. Lástima que cuarenta sea quizá ya la mitad de tu vida. Pero la existencia sin la policía encima, aunque sea una semana, siempre es una razón para sonreír. El desarraigo de las reglas es una condición deseable. Como un ventilador un día de calor. El riesgo consiguiente de desaparecer es muy alto. Y quizá se pueda, como hizo Simone de Beauvoir, animarse a la exigencia de ir hasta el fondo de los deseos, de los rechazos, de los actos, de los pensamientos. Y desarraigarse del contexto para existir. Hasta que ya no sea necesario.


* Andrea Balart-Perrier es escritora y abogada de derechos humanos. Activista feminista, cofundadora, codirectora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia.

9 de julio de 2021

Mejor amar

Amar es cosa de valientes, como dijo Jorge Drexler, odiar es mucho más sencillo, amémonos porque sí
¿Por qué amar? Es más barato, como dijo Charly García. No, dijo: gozar es tan parecido al amor, y más barato. 
¿Por qué gozar? ¿Por qué vivir?
Amar es asunto del caminante y su sorpresa
Odiar es asunto de lo estático y su rutina inútil
Si queda poco tiempo: mejor amar
Si queda mucho: mejor amar
Amémonos porque sí
Encontrémonos porque sí
Amar es asunto del funambulista y su entrega gratuita
Del acróbata y su fortuna incierta. 


3 de julio de 2021

En la finitud de pronto la noción de infinito

Parece que queda poco tiempo, y de pronto, no tan poco. De pronto queda. Un tiempo. 
Y uno tratando de olvidarlo todo y quizá haya tiempo. 
Un tiempo. Uno para caminar. Para sonreír. Uno para olvidar lo irrelevante. 
Una vez te encontré en la encrucijada. Por casualidad.
Una gran oportunidad: retomar. Todo eso que quedó. Que brillaba. Que daba sentido.
En la finitud de pronto la noción de infinito. La sensación. La despedida de la noche.
Toda esa música justo fuera de la ventana. Bajo la almohada. En un estante con los libros por leer. Las partituras por tocar. Los cuadros por pintar. Y el séquito de contradicciones que da la dimensión de lo inexplorado. De pronto una estrella luminosa o una luna llena.
De pronto retomar lo que éramos. Agradecer. La calma de la noche en el departamento vacío. Esa música de antaño sonando, pero invocada en el presente todo presente. 
Esa voz sugerente. Que habías dejado de lado. El ritmo que envuelve. La existencia es tanto más que todo eso que está. Que rozamos todos los días. La existencia se crea cada día desde la nada. Y en esa silueta oscura creada por la luz que llega justo de frente a tus ojos, encontrar la puerta para lo que viene. El placer inmenso de existir. Todavía. 

26 de junio de 2021

El creador, el ágora y el destino

La vida me ha dado algo: amigas
Me ha dado volteretas en el aire y excursiones
Me ha dado revistas
Me ha dado exceso, sacrilegio, desahogos, juegos y purificaciones
Placeres, según Simone de Beauvoir
Lo que busco es llegar a cada rincón del orbe
Y extraer esa voz agazapada
Extraer lo que no fue
Lo que quiere llegar a ser
Lo que es
Lo que definitivamente es y no se ve
La vida me ha dado conversación
Me ha dado una inmensa conversación de una gigantesca ágora de creadoras
Veo pasar a los transeúntes
En un verano tranquilo
El devenir se transforma en contemplación y estrategia
En palabras de tanto significado
En frases de profundidad y gozo
Al final de cuentas: somos felices porque estamos en grupo
Somos felices porque contamos con un equipo poderoso
Somos migrantes y todos los lugares nos pertenecen
Somos de todos lados y tocamos todas las puertas
Conocemos la compañía y la soledad
Renacemos en cada encuentro
Dejamos algo de nosotras al entregarlo a la página
La lectura de cada texto nos transforma
Le entregamos nuestros prejuicios y salimos fortalecidas
La experiencia de la creación es una experiencia colectiva
Que nace desde la fuente interior de emociones donde todo se mezcla
Amamos a todas nuestras inspiraciones 
Y les pedimos que nos esperen cada vez a la salida del teatro
Y en el andén de la estación donde cada vez se acaba el viaje
Para emprender el siguiente. Una y otra vez sin descanso
Una y otra vez con deleite, desintegración y terrazas asoleadas
No hay descanso posible para el creador, el inmigrante, y su innumerable resistencia
Una creación llena de parches
Una creación donde, quizá, todo es posible
Una creación humilde y poderosa
Una creación que pueda habitar los días 
De quien quiera tomarla para combatir, renacer y volver
Una y otra vez
Con la determinación del creador y su destino.

3 de junio de 2021

We live in the gaps between the stories

Texto que escribí para la revista Simone


We live in the gaps between the stories

Mi fallecido abuelo materno gustaba de tocar a las niñas. Lo que hoy llamaríamos en buen castellano, un pedocriminal. Lamentablemente no era ni es el único: (1 de cada 5 niños y niñas es víctima de violencia sexual en Europa). Sus zarpazos no llegaron hasta mí, afortunadamente. Supe de su criminal inclinación a mis 34 años, mi abuela apenas supo, me llamó a Francia para decirme: quiero contarte algo, para que no digas después que nadie te dijo. Un gesto a todas luces difícil, lo que da cuenta de la nobleza transparente de su alma. (Por supuesto todos quienes necesitaron apoyo lo obtuvieron, de parte de todos los sorprendidos con la noticia). Yo adoraba a mi abuela, lástima que un día haya que irse. Ella partió un día 3 de agosto al amanecer, hace 5 años. Yo sostenía su mano tibia en un hospital en Viladecans, Barcelona. Luego de 4 días y noches sentada a su lado, mientras ella se despedía de esta tierra y de sus alegres días. Un poco antes de dejar de respirar me dijo que escuchaba un minueto, y luego me preguntó si yo era un ángel que venía a buscarla, atisbos mágicos hasta el final (imagino que la morfina agregó lo suyo). Qué impresionante mujer que era. Estar con ella era un placer exquisito, ese humor negro que todo lo rozaba, irónica, llegamos una vez a caernos al suelo de la risa, en un restaurant de tango en Buenos Aires, en que el anfitrión se puso a cantar y entremedio dar peroratas y saludar a la concurrencia, un espectáculo rarísimo, que nadie parecía encontrar divertido, sólo nosotras. Mi mamá nos rogaba que disimuláramos, pero el asunto era grotesco, demasiado hilarante como para pasarlo por alto. Nos escondimos debajo de la mesa, fue el último recurso. 

Mi abuela quería estudiar derecho, lo que no pudo hacer porque en su tiempo esas cosas no se hacían. Lástima. Digámoslo bien, se hacían, pero no para las mujeres, o no todas, o no siempre, o nunca. El asunto es que no pudo cumplir su sueño. Habría sido una abogada fantástica, no hay dudas, como todo lo que hacía, siempre con inteligencia y bondad. Yo quise estudiar derecho y esas cosas a esas alturas ya se hacían, o al menos yo sí pude hacerlo. Tampoco era algo que todas las mujeres que querían hacerlo podían, como tampoco pueden ahora. Entré a esa facultad de derecho porque quería luchar por la justicia (hubo años en que consideré algo ingenuo el impulso inicial, pero ya no). Quería específicamente defender los derechos humanos. Ya estando en la universidad se inscribió de manera fija en mi cabeza la idea de defender los derechos de los niños y niñas, entrar a UNICEF, hacer lo más posible por esta causa. Es fantástico como la motivación por las decisiones y caminos que tomamos tienen a veces su destino escrito y su fuerza secreta en situaciones que no conocemos a veces conscientemente. Pero ahí están. Se me ocurre ahora que las vibraciones de los lugares, las familias, las historias, están en nosotros, nos van moldeando aunque no podamos reconocerlo directamente. Somos los silencios de nuestros antepasados. Las acciones de nuestros entornos, aun escondidas. La percepción que como esponja curiosa absorbe, para bien y para mal, lo que se respira, lo que se intuye, percibe, lo incomprensible, la fuerza críptica y lo desaparecido, lo difuso, lo muerto, y la esencia de la vida y el amor definitivo. Todo eso nos llega en forma de intuición y destino.

En el espacio sagrado de la escritura, al igual que en la vida, se encuentran las historias, se iluminan entre ellas y adquieren sentido. Me doy cuenta ahora que el germen del feminismo estaba ya en mí, por mi madre y mi abuela, ambas siempre autónomas, trabajadoras, auténticas y libres, siempre luchando por sus compromisos con la verdad. Somos también las voces de nuestros antepasados. Lo que sí dijeron. Lo que dicen. En los espacios de intimidad está la fuerza, como las cinco integrantes de la familia March junto a la chimenea encendida en la casa de Mujercitas de Louisa May Alcott, como el calor humano del que habla Christine & The Queens, o como la frase del armario de El cuento de la criada de Margaret Atwood, la protagonista expresa: Me gusta reflexionar sobre este mensaje. Me gusta pensar que me comunico con ella, con esta mujer desconocida. Porque es desconocida; y, si es conocida, nunca me la mencionaron. Me gusta saber que su mensaje tabú ha logrado perdurar al menos para que lo viera otra persona y que, aunque escondido en la pared de mi armario, yo abrí la puerta y lo leí. A veces repito las palabras para mis adentros. Me proporcionan un pequeño gozo. Cuando imagino a la mujer que las escribió, pienso que tiene aproximadamente mi edad, quizá un poco más joven. La identifico con mi amiga, tal como era ella cuando iba a la universidad y ocupaba la habitación contigua a la mía: ocurrente, vivaz, atlética, montada en una bicicleta y con una mochila a la espalda, lista para salir de excusión. Pecosa, creo; irreverente e ingeniosa.

Estamos siempre entre historias, entre palabras, desde que comencé a conocer a mujeres feministas, más explícitamente feministas quiero decir, muchas de las cuales puedo hoy llamar amigas, vivo entre nuevas historias que me ilustran, me acompañan, me iluminan. Lo mejor del feminismo es que es un lugar para quedarse, para estar, para entender, un lugar para compartir. Vivimos en los espacios en blanco de los bordes. Nos da más libertad. Vivimos en los espacios entre las historias, como dijo Margaret Atwood. Quise un día luchar por la justicia, pero obtuve mucho más. Eso es la literatura que hace su parte. El activismo es, en definitiva, un espacio de amor, igual que la literatura. Y el feminismo se nutre de todo esto, y crea sus historias, entrelazadas. Una revista feminista es un conjunto de historias entrelazadas. De voces y de silencios. Quizá por romperse, o no. Un conjunto de márgenes, de espacios en los bordes, de historias entre los espacios. Probablemente buscaba algo, como todo el mundo, algo que se mostraba muy tímidamente en las organizaciones, y sí encontré de manera muy nítida en el activismo. Así como también lo encontré en la literatura. Ahí están las historias. Ahí me despedí de mi abuelo, ahí volví a encontrarme con mi abuela, ahí me encuentro con mi madre, con mis amigas, con las mujeres que me rodean, con los hombres que me rodean, que al final es lo mismo. Las historias las tenemos todos. Estamos compuestos por ellas. Evidentemente, he aprendido de mis padres, de mis hermanos, de todos quienes me rodean. Quien piense que el feminismo excluye a los hombres, puede saber lo siguiente: no es cierto. Mejor ver lo que hay: historias unidas entre los espacios para todos y todas. El feminismo no quiere excluir a nadie, faltaría más, quiere incluir. Quiere asimismo poner más atención simplemente en los distintos componentes que crean una cierta historia. Quiere acercarse más a los protagonistas. Quiere que todos y todas pueden ser protagonistas. Porque a veces, por combinaciones de circunstancias aleatorias, nos condenan a ser personajes secundarios de nuestras propias películas. A veces te relegan a ese rol. ¡Qué aburrido e injusto! Trabajaste tanto en tu papel. Apenas quedaste contratado para estar en un rincón en una mesa de extra. Entonces el feminismo toma todas esas voces y esos silencios que determinaron tu genealogía y los convierte en creatividad al identificarlos. La noción de privilegio es muy importante a tener en cuenta, y también la noción de responsabilidad. Reconocerlas, actuar, decir, reparar, solidarizar. Tuve suerte, no me tocaron cuando era niña –en un sentido sin afecto-, pero 1 de cada 5 niños y niñas, son muchos de los niños que cruzamos por la calle cada día. También somos eso, también nos tocaron, porque estamos compuestos de nuestras propias historias, pero que están construidas codo a codo con las de los demás. En los espacios sagrados de intimidad, también tenemos que dar cuenta. Dejar de lado a veces las historias, y ver la no-ficción, que viene a buscarnos, como el ángel que tal vez nos espera para llevarnos en el momento de la muerte. El feminismo es la ficción, y la no-ficción, esperándote en el escritorio, cuando cierras la puerta, esquivando la conciencia de tu propia extinción que se avecina. Como dijo Simone de Beauvoir, el escándalo de su futuro aniquilamiento. A la memoria de mis abuelos, hablo, los cuatro ya instalados en el oriente eterno, no los voy a perdonar a todos, agradeceré a algunos –a tres-, pero sobre todo, no olvido de dónde vengo, ni a dónde voy, y quizá se pueda cambiar (los espacios en) la historia.   



* Andrea Balart-Perrier es escritora y abogada de derechos humanos. Activista feminista, cofundadora, codirectora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia.