22 de noviembre de 2021

41 (tercera parte)

La búsqueda de los 41 continúa –no va quedando mucho-, pero hoy sobre todo salí muy temprano a caminar entre la neblina con objeto de averiguar si el virus que se encuentra por todas partes está también en este momento alojado en mi cuerpo. Asistí a dos hospitales distintos, muy lejos uno de otro, y luego me dediqué a caminar por la ciudad –aún bajo la niebla otoñal que esconde el azul- a esperar el veredicto. Las horas no estaban exentas de nerviosismo porque de él dependía la posibilidad de dirigirme hacia el medio de transporte que podrá llevarme sobre el océano, y especialmente, la posibilidad efectiva de entrar en él y posicionarme en el pequeño asiento que me trasladará durante 14 horas hasta el lugar donde abrí los ojos por primera vez, hace ya casi 41 años. En aquel lugar, se esperan hoy por la noche los resultados de la elección política en la que no pude participar por la necesidad de realizar la serie de procedimientos necesarios para llegar hasta allí. Uno de los candidatos es un psicópata de grueso calibre, así es que la espera está también impregnada de nerviosismo. La incertidumbre a veces puede ser dura. Y sobre todo la posibilidad de que un lugar cometa un error irrecuperable. No hay buenas noticias en este sentido. Sólo queda esperar. Por otra parte, para mi gran alegría, el virus no está esta vez en mi cuerpo, o al menos así lo indicó la comunicación que recibí, lo que significa que los 41 podrán llegar cuando esté con mi gente de allá, lo que hará la celebración asoleada y fluida. Hace años que no he podido transitar personalmente por esos lugares y la cercanía de todas esas personas mágicas. Todavía no puedo creer que -si no me detienen en el aeropuerto por alguna razón- podré llegar hasta ellas. El camino ha sido largo. Muchas veces difícil. Tantas veces música. Como dijo Simone de Beauvoir, si las dificultades son más evidentes en la mujer independiente, es porque no ha optado por la resignación, sino por la lucha. 41 y viaje –en todos los sentidos- rima con libertad. Para eso nací. Para ir hacia la autonomía y vivirla plenamente. Así como hace años atrás comencé la segunda parte de mi existencia subiéndome a un avión, hoy, con mis bellos 41, comienzo la tercera parte, con Simone y todas sus amigas, con todos quienes se han mantenido cerca, disfrutando por un momento de ese lugar soleado y su humor maravilloso, para luego volver y continuar como siempre. Así es como lo veo: esto recién comienza. Si alguna vez fuimos el segundo sexo, hoy somos literatura pura. Hoy somos discurso público. Con la palabra y la acción nos insertamos en el mundo, como dijo Arendt. En estos días hay literatura que va más allá de nuestra experiencia y se encuentra con tantas otras. 41 es desintegrarse y volverse el poema. Poder ser intelecto y cuerpo, con libertad. Esos pequeños terremotos van a seguir llegando, como los llamó Tori Amos, pero la noción de la libertad instalada es muy fuerte. Como dijo Fina Birulés, la libertad tiene que ver con nuestras acciones y pasiones, con el control sobre nuestro cuerpo, con nuestros movimientos, reales o simbólicos, y con no dejarnos encontrar donde nos esperan: la libertad se traduce en la posibilidad de distinguirnos, singularizarnos, y de que existan diversas formas de feminidad en un espacio común. Mis 41 son un poema singular y colectivo. La raíz de toda autonomía verdadera. Y así el amor toma nuevas y decisivas significaciones: se expande. Y todos podemos gozar del movimiento de la diferencia. Tomaré ese avión, y sobre el océano encontraré al 41, y podrá, sin problemas, gritar su nombre. Y que escuche el que tenga ganas. En el puerto esperaré las respuestas, el amor, las conversaciones, y las nuevas preguntas, pero siempre en movimiento. Happy birthday. A Santiago de Chile los boletos, hasta que las velas no ardan. Libertad también se llama dos lugares en tu piel, y toda una orquesta que los une, con su poesía cotidiana. 

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