El 29 de noviembre además de encontrar el 41 y el sol, encontré abrazos, llamadas, mensajes. El encuentro tuvo un sabor dulce, suave e intenso. Un encuentro muy vital. Igual como me siento por estos días. Nunca me parece algo obvio todo el cariño que aterriza. Lo observo y lo siento. Me encanta el cumpleaños. Esa certeza de que el tiempo pasa y de que vamos habitándolo y siendo parte de algo. De que llegamos a algún lado, y de que una cierta cantidad desconocida de días nos esperan en el puerto para rellenarlos con la libertad y su impulso. La libertad en definitiva está compuesta de amor. Esa sensación de que caminas con otros a tu lado. Manteniendo tu autonomía. De que esos otros conectan contigo en el tiempo y en el espacio. A veces unos tiempos y unos espacios. Y también hay el amor incondicional. Ese tengo y ese encontré con el 41 al soplar las velas, ese núcleo que siempre está ahí, esta familia que adoro y recorre conmigo donde quiera que estén. Quiero agradecer hoy ese amor incondicional y ese amor condicional, porque de ambos está compuesta la existencia. Cada abrazo y cada mensaje urdió una trama en mi alma que creó puentes para atravesar este año creando. Esos añitos que van quedando inyectarles sentido y carnaval. Cada gesto de amor el día de cumpleaños podría parecer anodino, pero para eso circulo por las aceras vociferando el mensaje: sin ustedes no me interesa. Lejos lo que más he tenido en mi vida, aparte de palabras, ha sido amor. Amor y silencio para apreciarlo con la intensidad que se merece. Cercanías y distancias de las cosas es lo que determina mi presencia. La música de mi vida es la conversación y el arte. Hoy rodeada de mi amada biblioteca de Santiago de Chile repaso cada gesto de amor que he recibido estos días –sí, ser mujer no es sólo entregar-. Aunque presiento que algo he entregado porque cada palabrita que recibí era profunda. La reciprocidad es mágica. En definitiva el amor es fiesta. El año se ha finalmente apersonado y estoy lista para penetrarlo. Entrar en sus entrañas con literatura y feminismo. Bailando con la libertad –no la del postulante sombrío-. Que el amor guíe nuestros pasos. Recibí tiempo y fuga. Vuestro tiempo me dio espacios sin tiempo. No detendré los números pero abriré espacios de tiempos elásticos. Todo, todo lo que hago es debido a esos gestos de amor fuera del tiempo. Instalados en la temporalidad musical llena de rubatos. Amar, escribir y viajar es acelerar y desacelerar el tiempo. Qué importa que sean 41 si la vida es suave como una caricia el día de tu cumpleaños. Si te elevas cuando corresponde para crear movimiento. Santiago de Chile tiene un sabor distinto y muy dulce este año. Que continúe el tránsito perpetuo si las distancias y el rubato entregan conciencia. Sólo espero retribuir todo lo que recibo.
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