12 de abril de 2016

Mis ganas de ti

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Mis ganas de ti

Un gran tornado que devasta, dura varios días. Luego una quietud honda y espesa. Es el paréntesis que me está costando cerrar. Son estos barrotes que impiden que caiga balcón abajo. Es ese tributo que rindo a la muerte. Son esas carcajadas que escucho cuando lo absurdo gobierna. Son mis ganas de ti.


La muerte que se parece a la vida

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

La muerte que se parece a la vida

A veces se abre una pequeña caja y aparecen grandes cantidades de piel, con un aroma que se adhiere a ella. Las paredes se resquebrajan, y ya no es posible componerlas. Buscas a tientas por la habitación, algo que te resguarde del torbellino. Pero lo que rozas son unas piernas, tibias, y deslizas suavemente tus dedos por ellas. De pronto la cintura, desnuda al momento. Quieres detenerte ahí, pero la pasión mortal se instala en tu pecho. La vida ya no te importa, lo único trascendente es continuar, como una condena inexorable. Sacudes tu cabeza para recordar cómo era la vida, pero lo único que existe son sangre y huesos. Un corazón que palpita a una velocidad arrolladora y violenta. De pronto te acunan unos gemidos, dándote un respiro. Pero la verdad es que el pasado y el futuro se han difuminado. Sientes una lengua húmeda que se desliza por tu cuello. Sientes que la vida es esto y no hay nada más. Entonces se instala la muerte en tu corazón y se adueña del espacio, como una bella catarsis. Despiertas y ya no hay nada ahí. La habitación está vacía y los autos circulan por la calle. Las recorres en busca de la vida. Porque una vez estuvo en ti. Porque antes era fácil dirigirse a algún lugar. Pero el tiempo ha quedado detenido, las caras de la gente ya no tienen sentido. Preguntas cómo llegar a casa pero sólo obtienes muecas de incomprensión. Todo ha quedado al revés, los caminos tienen la dirección opuesta. La muerte incubada en tu corazón distorsiona todo. Invade cada poro de tu piel. Te sientas en un banco a esperar un milagro. Recuerdas la pequeña caja que una vez abriste. Solo queda una solución, matar a la muerte. Devolver los edificios a su sitio. Transcurren un par de días, sigues sentado en el mismo lugar. Buscas a la muerte para acabar con ella. Sabes que está dentro de ti, pero sientes como que hubiese invadido todo el lugar. De pronto la encuentras, pero se parece mucho a la vida. Casi son lo mismo. Te entregas a ella, en un viaje que se parece a un paréntesis donde todo es posible. La montaña rusa sube y baja, tantas veces que te elevas en un éxtasis confuso, asfixiante y sobrenatural. Te cautiva lo desconocido y ya no puedes parar. La caja ha quedado abierta en tu velador. Te lanzas montaña abajo. No hay otra forma de vivir.


En este parque a veces es posible

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

En este parque a veces es posible

Quisiera hacerte mío, pero he llegado al parque y ya no estabas. Me sumí en un paréntesis delirante. Cuando miré hacia atrás lo único que quedaba era tu olor en mi almohada. Pero era tenue y luego se difuminó hasta desaparecer. Ahora voy por la calle y una suave música me aleja de ti. Continuo, y continuo, y sin esperarlo vuelvo al parque. Me siento entre dos grandes árboles, mientras sopla una brisa cálida, que luego se vuelve fría. Me recuesto en el pasto, mientras observo el vaivén de las hojas. A veces la perplejidad se hace carne. A veces el presente se suspende. A veces nuestro poderío se debilita. Entonces esas hojas se convierten en pequeños parques llenos de palabras, que dejan de tener significado. Todo empieza a confundirse, y las palabras quisieran significar otra cosa. Entonces se forman nuevas frases que se abalanzan como un tropel de desvaríos. Ese es el momento en que las tomo entre mis brazos y hago lo que quiero con ellas. Porque están a mi merced ante tal confusión. Y escribo “en este parque todo es posible”, y luego escribo “en este parque nada es posible”. Y luego, “en este parque a veces es posible”. Pero quisiera escribir, “en este parque las palabras significan algo”. Y escribo finalmente, “en este parque las palabras no significan nada”. Y cuando todo está sumido en un gran desorden ininteligible, apareces tú, de manera inesperada. Quisieras escribir una frase pero no alcanzas las palabras. Resuelves observarme mientras ordeno el caos. No es fácil porque llevo largo tiempo conviviendo con él. Te acercas y me miras a los ojos, “algún día las palabras significarán algo”. Continuas con la mirada fija en la mía, “en este parque todo es posible”. “Sólo a veces”, te respondo, y las palabras ya son mis amigas. Me invitas a caminar por el parque, pero debo partir. “La entrada a este parque fue inesperada”, te digo. “Las oportunidades llegan”, me dices. “Y también se van”, te digo, “como el amor”. Resuelvo marcharme, de mi breve estadía en el parque, efímera como la vida, como las palabras, como un abrazo. Me dirijo hacia el mar, para sentir la infinidad en las olas, y devolver las cosas a su lugar. Sabiendo que la reminiscencia es inevitable, y que algo de su mirada persiste en mí. Luego en mi habitación mi almohada ya no tiene su olor, pero algo ha quedado adherido a mi piel, y voy por las calles preguntando por su nombre. Quizá ese “a veces” lo traiga de vuelta a mi piel. Quizá ese abrazo sea menos efímero que la vida. Quizá las palabras insistan en desordenarse y yo seguiré tratando de componerlas. Quizá incluso lo inolvidable puede a veces olvidarse. Quizá lo que se olvida, puede a veces volverse inmortal.


Las cosas que te quitan el sueño

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Las cosas que te quitan el sueño

Vienes y te instalas en mi salón como si nada. Traes una botella de vino. Conversas de todas esas cosas que te quitan el sueño. Hablas de filosofía y de mecánica cuántica. Yo observo y observo. Porque me paralizas. Me inspiras y me frenas. Me vuelvo tímida. De pronto bailamos. Somos cinco personas en la sala. Me recuesto en el suelo. Me pongo de pie. Doy un giro. Te arrancaría un pedazo de la piel con la boca. Te abrazaría hasta ahogarte. Te zamarrearía para que despiertes. Con una mano agarraría tu cara y te daría un breve beso que deje contenido un caudal de sensaciones que te dejen al borde de un precipicio. Te miraría fijamente a los ojos hasta traspasarles toda esa avalancha que está retenida. Porque no haces nada que te acerque a mi sonrisa que significa mis ganas de ti. Porque estás detenido como el caminante exhausto que se sienta al borde del camino para respirar profundo. Porque no sabes cuál es tu nombre. Porque todo da vueltas cuando miras hacia los lados y el vendaval luego te consume. Y yo sólo te miro mientras caminamos por las calles. Con el pedazo de carne que te arrancaría entre los dientes. Con tu cuerpo entre mis brazos cálido en mi emoción. Con tu risa que me roza pero no me alcanza. Entonces siento que está agonía se está prologando excesivamente. Y que quisiera detenerla. Quizá debiera arrancarte ese pedazo de carne que quiero esparcir por mi piel. O morderte el cuello para abrir las compuertas y que reviente este ademán de fiera que me ataca cuando estás cerca.


Balada de lo inesperado

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Balada de lo inesperado

La locura es como este parque, te digo. Puedes entrar y salir de él. A veces la puerta está cerrada. Pero quizá haya un espacio entre los barrotes para escapar. Eso es, es escapar. Porque cuando llega no escucha razones. La locura es como esta cama, te digo. Puedes entrar y salir de ella. Pero se queda adherido a ti un aroma incierto, inevitable, que ya no puedes quitar de tu piel. Porque la locura es un paréntesis profundo, muy profundo. Su llegada es inesperada. Porque cuando llega, quizá en la calle, quizá en el parque, quizá en la cama, estás inerme para combatirla. Su ataque es sorpresivo. Y a veces es tan delicado, que su hipnosis es certera. Conversé esta semana con la locura, y no tenía razones para mí. Quiso desentenderse, pero le dije que su llegada era inesperada. Cuál es tu naturaleza, le inquirí. Qué es lo que buscas. Pero ya era demasiado tarde, estaba sentada en mi balcón, al sol, sonriendo de cuando en cuando. Por qué has venido, le demandé. Pero me hablaba de otras cosas, haciendo caso omiso a mis preguntas. Resolví escucharla, lo que tenía que decir, quizá hubiese explicaciones. Soy como el amor, me dijo, otorgo el impulso de levantarse por la mañana, el deseo de convertirse en música, el anhelo de rozar la piel de otra persona. Soy la entrada al paraíso, y la estadía en un oasis que se disuelve con el tiempo, para dar paso a otro distinto. Soy la respiración del mundo y las ganas de volar. Soy una montaña sin final que todo lo puede. Soy la manera de rozar lo divino. Soy el germen de virtud que empuja a la creación. Soy la belleza de decir las cosas de una manera genuina y única. Soy el deseo de querer abrazarse entre las sábanas, de respirar aceleradamente, de prometerse el infinito, de dejarse llevar, de lanzarse al vacío. Soy la raíz de los árboles más bellos, y el embrión de las criaturas más majestuosas. ¿Sabes por qué he venido? Porque sí. Porque la vida es inesperada. También lo es para mí. Tan pronto estoy en tu balcón, como luego estoy en alguna calle que me llama la atención, o en el mar sintiendo las olas. Pero sabes qué, a veces siento la inclinación de dirigirme hacia algún lugar en particular, como si alguien me llamara de alguna manera. Quizá tú querías que llegara. Sin saberlo. Pero no he venido a hacerte preguntas. He venido a decirte que a veces en la vida te quedarás con un sabor inolvidable. Que a veces debo acudir a la magia que se desborda de pronto. A la fiesta que se desencadena en un paréntesis, como un minuto de silencio profundo y mágico en la punta de una montaña. A lo que nace a veces cuando dos miradas se encuentran. A la magia inevitable. A la explosión del significado de la vida. Te pediré algo, déjame quedarme un poco en tu corazón, aunque duela a ratos, aunque no haya respuestas, aunque haya sido inesperado, de esa manera sabrás lo que es el amor. Te diré algo, siempre acompaño al verdadero amor, porque su sustancia está hecha de catarsis. De salir de uno mismo. De volar, y volar, y morir. Consérvame en tu corazón, te acariciaré por las noches con una suave devoción. Te contaré historias que te harán volar. Te escribiré un sinfín de versos que encenderán tu emoción. Te diré por qué estamos aquí. Te hablaré del significado de nuestra existencia. Entenderás por qué las personas quieren escapar, ordenarse. Tú serás libre, como los pájaros que planean en este momento por el cielo. Te pediré algo, que no olvides esto, yo soy el amor. Te pediré algo, que tampoco olvides esto, ya estaba desde antes en tu corazón.


11 de abril de 2016

Como un cazador

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Como un cazador

Te escuche cantando, a lo lejos. Como un cazador saqué mis flechas. Te lancé una con mi puntería implacable. Tus manos rozaron mi cintura mientras bailábamos. Me seguiste por las calles de Barcelona. La noche estaba llena de vida y de música. Las calles angostas presa de una belleza incierta pero llamativa. Los corazones abiertos al momento. Listos para desbordarse. La promesa de la infinidad. La hermana de la finitud. Esa que te mantiene en esas calles y nada más. En los balcones la fuerza de la vida vivida a fondo. El deseo de saltar. El deseo de volar. El deseo de trascender. El deseo de lo nuevo. De dar un paso más allá. La luz de los faroles alumbrando poesía. El agradecimiento de la estadía en estas calles. De la magia del amor. De sentir la sangre fluyendo por tus venas. De saber que tu corazón palpita. Que tus pulmones se llenan de aire a cada momento.  

Ademán de fiera

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Ademán de fiera

Breathe, breathe in the air
Don't be afraid to care
Leave but don't leave me
Look around and choose your own ground
PINK FLOYD, Breathe

Estamos en la jaula del mundo. Te propongo abrir los barrotes. Salir al descampado. He estado ahí antes. Pero esta vez es distinto. Quiero arrancarte un pedazo del brazo con los dientes. Arrastrar mi lengua por tu espalda con una devoción animal. Acurrucarme en tus brazos como dentro de la bolsa de un marsupial. Estás indeciso porque la sabana tiene riesgos. Está plagada de leones que podrían devorarte. Chitas corriendo a una velocidad bestial. Me propones esperar unos minutos. Que se convierten en horas. Y luego en días. Pero los barrotes ya están abiertos. Sopla el viento. Caminamos por las calles sin decir nada. En el páramo al menos hay palabras. Frases que resuenan invitándote a sentir algo que no has sentido antes. Me haces dudar de la posibilidad de escapar. Pero sé que he estado ahí antes. Alguna vez sentí el paraíso. Aunque el vértigo me destrozara. Era un oasis en las alturas que luego te arrojaba a la tierra con fuerza. Veo esa chispa en tu mirada. Esa humanidad queriendo respuestas. Siento que ya no puedo esperar más. Que algo cambió y la tierra está modificando su curso. La naturaleza comienza a invadirme. Enredaderas en mi cuerpo. Esto ya no se sostiene. No como ha sido hasta ahora. Escapa conmigo. Te prometo el paraíso. La montaña rusa de la realidad. La pasión sin límites que todo lo incendia. Lo más sublime que pueda armarse en tu corazón. Podremos estar dentro de la tierra pero fuera de ella. ¿Ves cómo se arma en tu mirada ese atisbo de bienaventuranza? Mira a tu alrededor. La música podrá sacarnos de este sopor. Los libros, la esperanza, el amor. Sé que la desilusión escarbó en tus entrañas. Mi pecho conoce la parálisis. Pero los barrotes ya están abiertos. Solo se precisa salir. Plantar algunos árboles y regarlos religiosamente. ¿Me dirás lo que esconde tu estampa? Eso que no puedo ver. Fuera del mundo se acaba lo absurdo. No sé por qué he tardado tanto en salir de él. Debía acariciar sus barrotes un tiempo mayor para entender. No sé por qué has tardado tanto en unirte a mi viaje. Te diré algo: es la única manera de vivir. Arrancándose la piel con los dientes. Dejando que la brisa te llegue hasta el hueso. Aunque te destroce la incertidumbre. Arrastrando tu lengua por la espalda aunque tenga final. Percibiendo que dentro tuyo hay algo. Sintiendo que te habita la vida.

He estado viviendo mucho

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

He estado viviendo mucho

Una verdadera ciudad es un espejo donde la historia se mira no sólo en lo que fue, sino más todavía, en lo que estuvo a punto de ser, en lo que hubiera sido, si los procesos históricos no fuesen interrumpidos en su punto mejor, en ese momento en que la historia se aclara y se deja ver un fondo sin légamo, sembrado de piedras blancas; y su corriente ha dejado la prisa de llegar por estar ya llegando, como hace el Eresma cuando por allí pasa. Cuando la historia se asemeja a un domado elemento, donde vivir va a ser, por fin, posible. Cuando pareciendo cosa natural, se hace más trascendente, efecto de una conjugada voluntad. Es un paréntesis, como lo es siempre un espejo.
María Zambrano, España, sueño y verdad

He estado viviendo mucho. De pronto me sorprendo en esta hermosa ciudad y caigo en cuenta del presente y sus posibilidades. De la oportunidad que tengo. Camino cada día a la universidad sonriendo, como si fuera la reina de la ciudad. Como asegurándole que obtendré de ella todo eso que quiere mostrarme. Quizá debiera comportarme como corresponsal encargada de mostrar lo que hay detrás de sus puertas y bajo sus alfombras. Una mirada aguda que descubra sus quejas y sus contentos. Lo que yo quiero es hacer el lugar mío, que se pegue a la piel como si fuera el mío propio. Camino a tu lado por las calles y algo en mí va sugiriendo que quererte es inevitable. Lenta e imperceptiblemente has ido rozando mi corazón hasta ganar en él un pequeño espacio. Sueño con abrazarte, y sentir tus labios hasta hipnotizarte. Quizá tengo miedo, ese maldito miedo a querer escapar que a veces me sobreviene. Pienso ahora que serás mi inspiración para escribir. Te usaré como figura sublime para explorar el sentimiento que causas y enamorarme de una idea de ti, aunque a ratos se aleje de la realidad. Ese aliciente dará vida a mis elevados versos. Este viaje va tomando forma de a poco. Vas entrando en mí y todo va cambiando de aspecto. Cada día algo nuevo. De pronto siento paz. Sueño con que algún día seas realmente mío.


Despedida II

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Despedida II

Querida familia,

Muy pronto partiré de aquí, en busca de las raíces, que quizá otorguen nuevas piezas a mi identidad fragmentada. Existen momentos en la vida en los cuales tener una familia es motivo de celebración, y de risas. Existen otros momentos, en los cuales tenerla te salva la vida. A veces las razones se hacen difusas, y en esa bruma, el amor incondicional es algo que nunca se difumina. En este viaje que emprendo, tengo la sensación de estar comenzando la segunda parte de mi vida. Viajo liviano, porque recomenzar el infinito requiere tener una visión despejada de nudos de antaño. Pero la confianza la llevo conmigo, y es porque el amor incondicional me acompaña, y me guía. Tengo una esperanza desbordante, aunque alguna vez creí perderla, y es por ese amor absoluto que está instalado en mi corazón. Mientras ustedes existan siempre habrá una razón. A veces es posible olvidarse de agradecer, pero yo no puedo olvidar, porque soy totalmente afortunada de la familia en la cual nací. Nunca, pero nunca, lo doy por sentado. Y estoy tranquila, porque nunca voy a estar sola, y estoy feliz, porque siempre me siento apoyada, querida, escuchada, porque nunca me he sentido juzgada, ni pasada a llevar, y porque siempre, siempre, disfruto enormemente de la compañía de todos ustedes, y me siento inmensamente feliz, y a gusto, y porque las risas de todos encienden mi corazón. Siempre he admirado el optimismo que rodea a nuestra familia, y lo perseverantes y combativos que son todos. Es una energía infinita. Es lo único que necesito llevar, el amor definitivo y esa valentía que me hará pasar por las calles con brío y sabiendo que incluso lo imposible, es a veces posible. Lo sé, porque he visto proyectos renacer en medio de las cenizas, porque he visto personas recibiendo diplomas en condiciones adversas, porque he visto viajes en barco para curar dolencias, porque he visto siempre sonrisas, a pesar de la lluvia. A veces no entiendo por qué tengo tanta suerte, y otras veces sólo la agradezco, y me detengo un minuto para pedirle a la vida que todos sean felices, y tengan paz, y que esta linda familia siga teniendo siempre tanta luz. Ahora que han llegado hermosísimos nuevos y nuevas integrantes a ella, me maravillo ante el milagro de la vida, y lo que pido, es que sean tan felices como yo he sido, y deposito en ellos un poco del amor definitivo, porque yo sé que con él podrán serlo. En este momento de partida, lo que pido es que nunca olviden que mi corazón, pleno del amor absoluto, está siempre alerta y pronto para armar el puzle que haya que armar, para escuchar cualquier sensatez o desvarío, para reír, celebrar, compartir lo que a veces es más difícil, o simplemente pasar la vida, que también hace falta.
Gracias.
Amor absoluto y hasta pronto.

Almendrita


Despedida

[Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon), 2014]

Despedida

Sometimes said it’s sun time
Let it sunshine on my mind
Healing I need healing
A good feeling I can shine
Feel it like you can see it
Like you can dream it in your mind
All the same it’s conscience waiting
Cross the line, Cross the line, Cross the line
EDWARD SHARPE, Come In Please

Queridos amigos y amigas,

En una semana y dos días estaré (espero) sentada en un pequeño asiento de avión. Cuando uno cree que ha aprendido a vivir, de alguna manera la sensación de estar una vez más dentro de la crisálida, te demuestra que eso que habías visto no era lo que creías. Como ir caminando por un puente colgante que de pronto se convierte en aire, y ante eso solo queda aferrarse a las nubes, que no tienen respuestas. Existen distintos tipos de abismos. Unos que son simplemente negros, y en los que no hay nada, y otros en los que el desconcierto está instalado como una bruma que lo cubre todo, y no es posible ver mucho más allá. A veces, como me sucedió a mí, un día, hay unos pequeños brotes en las ramas de los árboles, y cuando las flores se abren, la esperanza se sitúa firme en el corazón, volviendo al lugar donde una vez había estado. El pecho se entibia, y la serenidad y el amor fluyen como miel, como una música de Chopin, como un día asoleado que te desgarra de pasión. Entonces sé que había que seguir aprendiendo a vivir, y me reconcilio con los ritmos zigzagueantes de la vida. Ahora que los vientos me llevan a otro lugar, creo estar saliendo de una crisálida que marca el inicio de la segunda parte de mi vida. La anterior, que he tenido la suerte de protagonizar hasta ahora, estoy guardándola en un cofre, con dedicación, con agradecimiento, y hay una sola cosa que llevaré conmigo, y es el amor de todos ustedes, y cada uno de los gestos, que están recordándome siempre, que vivir es la experiencia más maravillosa, y que nunca, nunca hay que perder la esperanza. Quizá no he aprendido a vivir, pero lo que he vivido no ha sido en vano, porque los conocí a ustedes, y cada uno me ha mostrado algo del mundo y de la vida que no sabía, o que construyó una parte de lo que soy, dándole nuevas formas y colores. Lo que me inunda ahora es agradecimiento, y profunda gratitud por el hecho de que la vida, luego de desorientarte, se encargue de mostrarte toda la belleza que hay en ella, y todo lo que vale la pena caminar por sus escarpados, y al mismo tiempo amables, senderos. Todo depende de los ojos que la ven. Ustedes me han hecho siempre querer compartir un poco de toda esa belleza que veo, y salir de mi constante nave espacial en la cual habito, disfrutando, con mi felicidad expansiva, y mi existencialismo penetrante. Les agradezco también por seguirme el ritmo, por reírse conmigo, por todo el respeto, la profunda compresión, el cuidado, el apoyo y el amor. Hay algo realmente impagable, la confianza de la comunicación auténtica y genuina. Sentirse alineado estando con alguien. Lo bueno de ordenar antes de partir, es poder lanzar por la ventana todo lo que no vale la pena, y yo no necesito mucho, solo la lealtad que ustedes han tenido conmigo, esa también va en mi maleta, dándome un calor que entibia mi corazón. Lo que pido es que la belleza esté también en sus corazones, y que la salida de la crisálida, cuando les suceda una y otra vez, tenga magia, y tenga una razón. Mis ojos, mis oídos, mis manos, y mi corazón, estarán siempre atentos para lo que ustedes tengan que expresar, para lo que se precise, y espero poder estar siempre en el lugar que se requiera para detener una avalancha, encender una llama, soñar con lo imposible, o simplemente darle color a lo cotidiano.
Paz y serenidad para todos.
Mucho amor y hasta pronto.

Almendra


Y yo… ¡cómo me voy a ir!

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

Y yo… ¡cómo me voy a ir!

Duro dos segundos el atardecer
Me quemo por dentro
El alma y el cuerpo
La sangre está hirviendo
Sin alma en el cuerpo
Me quemo por dentro
Bomba Estéreo, El Alma y el Cuerpo

A veces dudo, la lejanía, como un eco a la distancia, me llama, me dice cuánto tiempo crees que podrás estar lejos, y si tu familia te llama, te necesita. Y si el amor se vuela, como un pájaro en cámara lenta que no detiene el batir de sus alas. Y si la nostalgia me carcome, y si me desoriento. Y si me quemo por dentro con una pasión por volar alto y quiero partir. …Y me llamas, y me dices miamor, je t’aime… y yo… ¡cómo me voy a ir! Quiero estar aquí. Dijimos creemos vida, y yo… ¡cómo me voy a ir! No sé lo que eso significa. A veces tengo miedo. Dijimos, compartamos nuestra vida, y yo… ¡cómo me voy a ir!… ¡Cómo me voy a quedar!, a tientas, hasta que pueda ponerme de pie, decir, sí, no conozco este lugar, pero quizá pueda conocerlo, quizá no necesite conocerlo, quizá lo desconocido sea un aliciente a mi pluma, quizá puedo sacrificar una cosa por otra, quizá puedo sacrificar mi vida a la pluma, entregar mi comodidad a las hojas en blanco para que puedan desenvolverse libremente, dar vueltas en redondo, partir y regresar, sentarse en el puente y conocer a la vida frente a frente, sin subterfugios, la vida sin muros, la existencia sin fronteras, y el corazón tranquilo, guardado entre dos manos, que lo cobijan, a quienes les das tu confianza, porque no te queda otra, porque tú ya estás en otro lado, en la desorientación creadora, en la resignación de la vida, en la entrega de tu alma a la fértil ventisca, yo no entiendo nada, y yo… ¡cómo me voy a ir! Si yo vine a no escapar, yo vine a ver más colores de tus ojos, a profundizar en tu alma, si yo vine a poner una letra al lado de la otra, un vuelo al lado del otro, un dolor al lado del otro, un sentido que tenga sentido, que pueda leerse y tenga sentido, que pueda sentirse y tenga sentido, un lápiz que se concentre en el pasar del río, unas letras que signifiquen algo, que se organicen y se rindan a la belleza que acecha. Y entonces, ¡cómo me voy a ir! Si no quiero volver, nunca he querido volver, pero luego, si ya no puedo partir, ¡cómo me voy a quedar!, pero, ¡no puedo partir!, pero, ¡no quiero quedarme partiendo!, quiero quedarme quedándome, pero que esa parte que está partiendo sea todo ese amor que me espera al otro lado del océano, y que fue lo que me dio la vida, para poder estar ahora quedándome, a pesar de a veces pensar en estar partiendo. Me quedo quedándome, porque nunca se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir, viviendo.


Cambiar el mundo amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

Cambiar el mundo amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia

Me parece que sólo debería leerse aquellos libros que nos muerden o nos pican. Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leer?, ¿para que nos haga felices, como tú me escribes? Vaya, nosotros seríamos igualmente felices si no tuviéramos libros y los libros que nos hacen felices podríamos, de ser necesario, escribirlos nosotros mismos. Tenemos, al contrario, necesidad de libros que obren sobre nosotros como una desgracia con la cual sufriéramos mucho, como la muerte de alguien a quien amáramos más que a nosotros mismos, como si estuviéramos proscritos, condenados a vivir en las selvas lejos de todos los hombres, como un suicidio –un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado en nosotros.
FRANZ KAFKA, carta a Oskar Pollak

Me encanta, si no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?, un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro. Que cambie nuestra vida de alguna manera, nuevos mundos que otorgan nuevas esperanzas. Otras miradas, nuevas inspiraciones. Una inyección de pasión directo a las entrañas, sin vuelta atrás.

En el cumpleaños de mi madre

And you can talk a great philosophy
But if you can't be kind to people every day
It doesn't mean that much to me
It’s the little things you do
It’s the little things you say
It’s the love that you give along the way
ANI DIFRANCO, Looking For The Holes

Estoy lejos, pero siempre tan cerca de mi madre, o ella de mí. Siempre atenta, siempre cariñosa, siempre cercana, siempre dispuesta a escuchar sobre los días soleados y los días de nieve. Lo que admiro y me gusta tanto de mi madre es ese amor que va dando, ese respeto por todos los seres vivientes, esa profunda compasión y consideración que tiene hacia todas las personas que cruzan su vida. Podemos hablar de grandes cosas, pero es eso lo que despierta mi más honda admiración, esa coherencia con la vida, esa autenticidad y reverencia que ha tenido siempre respecto al mundo que la rodea y frente a ella misma. Ese ir regando alegría a lo largo del camino, cada día, cotidianamente, ir sonriendo y siendo consciente de todo lo bueno que nos entrega la existencia, ese agradecimiento sin límites que alberga su alma, que llega a todos quienes tenemos la hermosa suerte de estar cerca de sus días. Creo ser cada día más consciente con el tiempo de la suerte que he tenido, y tengo, con una madre como la mía. No sería nada sin ese apoyo incondicional, sin ese amor sin final, sin esa compañía silenciosa que me ayuda a seguir, que me despierta a lo luminoso de la vida cada día. Este sol que veo afuera, llega tan hondo, porque no tengo palabras para describir todo eso que ha incubado en mí, todos esos frutos y flores que brotan de ese modo de vivir tan sabio que vislumbro a veces, cuando escucho su voz, cuando miro más de cerca su camino. Mamá, que este día esté tan lleno de alegría, tan profundamente lleno de gratitud, como esa que nos haces llegar cada día, con tu existencia luminosa, cariñosa y lúcida. Que este año refleje esa luz que nos entregas, y todo el cariño de quienes te queremos te llegue multiplicado, como merece una energía tan positiva como la tuya. Que seas feliz y sigas en ese camino de sanar a las personas que has elegido, y tan bien te resulta, y tantas semillas ha germinado y germina. Que la existencia siga siendo tan benevolente contigo como tú te has dado cuenta que lo ha sido. Como todo el trabajo duro que no has esquivado y siempre has afrontado. Como una perseverancia que todas las fronteras puede derribar. Te quiero mucho y gracias por todos los años de amor y alegría que hemos disfrutado hasta ahora, y que seguiremos disfrutando, porque espero que sean muchos, muchísimos, incontables, más.


Hoy es el cumpleaños de mi madre

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

Hoy es el cumpleaños de mi madre

¡Hoy es el cumpleaños de la más linda del mundo!, mi madre.
¡Feliz cumpleaños mamá!, te quiero hasta el cielo y me encantaría estar allá para celebrar contigo. Pronto nos vemos, que sean muchos, muchos, más, y que tu año sea mágico, como todo lo que tú has hecho por mí.


El pato

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

El pato

No podría decir cuánto anhelo aterrizar en mi vida como el pato que aterriza en el agua. Viene volando, frena sin contratiempos, y luego veloz, pero dulcemente, se posa en el agua, donde sigue deslizándose hasta donde le permite el impulso. Luego continúa, las plumas en su sitio, las alas plegadas y la mirada al horizonte, desplazándose de acuerdo a quién sabe qué criterio, quizá incognoscible para el ser humano. No podría decir cuánto anhelo fluir por la existencia como el cisne que se desplaza al compás de la corriente. No opone resistencia, y su relajada estructura se acomoda al vaivén como una danza de leves oscilaciones compuestas de nuevos matices y ritmos. Sin esfuerzo, deja entrar a eso que va llegando a su tiempo, como una embarcación a la deriva a la que arriban nuevos amigos. No podría decir cuánto anhelo ser como esos cisnes que duermen a plena luz de la mañana. No les importa que alguien los vea, ellos siguen su llamado, reposan la cabeza y el largo cuello sobre el lomo blanco y suave, se entregan a lo que creen, se acompañan, y aunque me acerque a ellos, continúan en su convencido descanso, y de cuando en cuando uno u otro levanta la cabeza para vigilar que el mundo siga igual, aunque sin mayores pretensiones de partir. No podría decir cuánto anhelo ser esas ramas sumergidas que se asoman de tanto en tanto, las veo mecerse mansamente, en cadencia con las pequeñas olas. Esas ramas que tienen su mundo propio, ahí dentro del agua espesa, llena de vida, cristalina y verde, esas ramas que tienen su mundo paralelo, acuático, diferenciado, bullente, saciado. Un mundo insaciable y cambiante. Un mundo mudable, un mundo interior, análogo, donde refugiarse, donde correr cuando fuera del agua no hay inspiración ni respuestas. No tengo tanto, pero al menos tengo conciencia de algo: de que no tengo tanto. Al menos tengo conciencia de algo: no tengo tanto, pero cuando tenga menos, sabré que lo tenía todo.


Los cisnes

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

Los cisnes

Corría hoy en la misma dirección del río, desbordada de ideas, como la mañana, atestada de esperanza, en quince minutos había pintado un gran cuadro, bailado flamenco, enseñado español, escrito cinco textos, estudiado en Alemania y fotografiado varios árboles. Al final del trayecto, cuatro gigantescos cisnes me dejaron sin habla. Detuve mi caminar. Se mantuvieron impasibles, pero supongo que alerta, estáticos y preparados para partir en caso de necesidad. Pensé: al final de un camino de sueños, algo queda, algo se cristaliza como ya ejecutándose, como que estuviera ya llegando. Luego partí, de vuelta por el parque, con esa sensación de tarde, de realidad, de día que acaba, y de sueños incumplidos o por cumplirse, pero con la flecha del esfuerzo, siempre presente como ir río arriba, la flecha de la resignación, siempre insípida y perdida, la flecha de las circunstancias, nunca del todo clara y cargada de azarosas concurrencias. Quizá estoy llegando a algún lado, pensé. Quizá estoy estando en algún lado. Quizá todo eso que estoy ahora, cuando llegue la noche será nada. Quizá todo puede desvanecerse en el aire como correr al parque y ser otra al volver.


El río

(Du und ich. Almendra, la passion et le désespoir, 2015)

El río

El río iba muy deprisa hoy, podía observarse su corriente agitada, pensé: listo, ahora se va a llevar todo. Los cisnes iban tranquilos, en sentido contrario del caudal febril. Pensé: listo, ahora ellos pueden sortear la fuerza de las circunstancias. Las blancas flores del cerezo caían de cuando en cuando lentamente como volando en el veloz torrente. Pensé: listo, ahora eres frágil, y el río te lleva a un paseo que quizá te hunda o quién sabe te despierte. Adónde van. Adónde quieren ir. A ningún lugar, puede ser. A ningún lugar.  


6 de abril de 2016

Algo habrá III

Grande chaleur d’été
regardant l’eau du lac
bercé par les vagues
Matsuo Bashō, Haïkus du temps qui passe

Los primeros libros que leí completos en francés fueron Soumission de Houllebecq y Les mots de Sartre. Imposible no guardarles un especial cariño, aunque quizá, o muy probablemente, haya sido un entendimiento a mi manera, reemplazando aquellas palabras desconocidas en francés con una interpretación libre en español. Pero bueno, siempre es posible releer, con el asombro de la primera vez y el ahora conocimiento de aquellos espacios que estaban en blanco, sin haberme dado (ni) cuenta.


Algo habrá

Réveille-toi, réveille-toi,
Je veux devenir ton ami
Papillon endormi !
Matsuo Bashō, Haïkus du temps qui passe

Antes sentía una premura horrible por lograrlo todo. Lamentaba no haber subrayado en los libros todas las frases interesantes. Decía –volveré a leerlos-, pero lo decía a toda prisa, con un objetivo de aprehenderlo todo, de avanzar rauda. Esa rapidez a dado paso a la profundidad dada por el detenimiento, por la conciencia (noción), de que no es necesario correr, porque ni siquiera sabemos bien adónde queremos llegar (adónde vamos).
Ya no hay prisa, haré lo que pueda con el tiempo de que dispongo. Quizá hasta llegue más lejos, o simplemente a un lugar distinto, ni más lejos ni más cerca, ni mejor ni peor, quizá inclasificable, desconocido, novedoso.
El asunto es este: no importa adonde llegue, pero a alguna parte llegaré. Algo habrá. ¿Y si pendiente el proceso voy llegando? Mientras observo llego. Llego una y otra vez. Mientras leo, mientras escribo y mientras existo. ¡No a los contratiempos formales! Existiendo en palabras, llegaré.


5 de abril de 2016

Como si tuviese todo el tiempo del mundo

Como si tuviese todo el tiempo del mundo, anotar, releer, anotar para mirar más tarde. Un trabajo llevado a cabo doucement, a fuego lento, como la leña que veo consumirse en la chimenea.