11 de enero de 2016

Cortázar y la verdadera vida

¿Dónde estaba ahora mi cabeza? Siempre perdida en las divagaciones, me hacía consciente de las líneas que estaba leyendo, del placer que me producía la buena literatura, de mi constatación de un futuro con ambiciones difíciles, en definitiva, de un universo tan amado, pero casi inalcanzable. Me veía en mi justa dimensión y humildad, una pequeña hormiga perdida en las páginas de Rayuela. ¿Cómo podía proponerme escribir habiendo reencontrado ese paraíso elevado de mil figuras en una, de gozo, de arte, cuasi perfección…? todo parecía en vano, y la realidad y la posibilidad de expresarse por unas palabras parecía de pronto un interés tan utópico como estúpido, o al menos ingenuo, por decir algún apelativo amoroso y condescendiente. Me embarqué en un delirio de esos sin final, dejaría a Cortázar poseerme, leería un millar de libros, le rogaría un ápice de piedad, de comprensión, la posibilidad de poder redactar un par de escritos que llevaran su nombre, le tiraría la oreja para despertarlo, decirle que aún vive, que quizá esos huesos son aún algo, me arrodillaría ante su mirada, suplicándole unas imágenes que me iluminen como dándome una gracia divina, un don que me lleve por las calles como volando, pero lentamente para apreciar todos los detalles del paseo, con una breve parada en el Rhône, de esas que dan energías fulminantes y al mismo tiempo pacíficas, lo miraría fijamente, con lágrimas en los ojos, para decirle que no hay nada más importante en esta existencia, le mentiría diciéndole que no me importa tanto, le vomitaría todas esas ganas de tirarme a ese río aunque eso signifique la locura desatada, le vendería mi alma, porque no veo que haya nada más útil e importante. Le susurraría al oído una melodía que quizá exista en mí, que quizá lo vuelva loco a él también, le diría que podríamos habernos conocido, que siempre soñé con ese encuentro, en las calles de una Francia que veía tan lejana, que ahora veo más de cerca aunque todavía no entienda nada. Más perdida que el teniente Bello, pero con una intuición de un destino cierto, las llaves de la dicha, y un destino incierto, pero cubierto de flores, aunque a veces cerradas. Le preguntaría si es posible otra oportunidad, le preguntaría cuántas tuvo él, le diría que puede decírmelo todo, que me sentaré a escucharlo aunque sea por décadas, pero me interesa todo, que su corazón tiene tanto valor como la que él creyó tenía su mente, le diría que cada una de sus palabras me hacen llorar de emoción, le diría que la vida es una montaña rusa que a veces llega tan, pero tan alto, le diría que se fue sin conocernos, que no me dio esa oportunidad, le diría que estoy segura que nos habríamos entendido bien, le diría que aquí en Lyon también recuerdo tantas de sus líneas, que justo ahora veo que sale el sol en este invierno menos frío que otros vividos en esta ciudad, que el sol siempre termina por salir aunque luego parezca como que nunca, realmente nunca ha salido, y todo parezca como un sueño que acaba al despertar, y le diría que debe reencarnarse, que tiene el deber de reencarnarse, y que nos daremos cita al lado del gran río, y que un par de cervezas cambiaran el curso de la historia, la pequeña historia de dos vidas, dos pequeños peces que pasan por el río, pero pasan al fin, pero pasan, pero se encuentran, pero no es necesario mucho más, sólo que sepa que nos encontraremos, que estamos siempre encontrándonos, que nos súper encontramos una y otra vez, que no nos detenemos de encontrarnos, que va conmigo, que yo casi ni existo, porque he dejado espacio para que me posea, para que baile conmigo en ese baile eterno que despliego por las calles, con esa sonrisa de saberme pez perdido nadando en el río, pero con un pez dentro que se llama Julio, pero me guía de esquina a esquina, aunque luego llegue al campo, al bosque y al silencio, y la calma parezca el despertar de un otrora sueño de grandeza, pero que permanece, pequeño, pero universal y lleno de verdad. Un puente a la otra vida, a la vida de verdad, la que vivo cuando estoy entre tus líneas, la que vivo cuando me tomas en tus brazos, la que vivo cuando puedo ser esas líneas y olvidar que hay un mañana, la que me inyecta aún más vida, y evita que ruede colina abajo. Dame más líneas, porque haré de ellas una existencia, porque me darán tantos atardeceres mágicos, porque una sola vida no es suficiente, porque nunca hay mundo suficiente, porque si tengo que vivir, quiero que sea contigo, aunque lo invadas todo, aunque los colores cambien, aunque tu nombre se llame existencia entera, aunque luego tenga que dejarte descansar, y partir por mí misma, liberándome como siempre con ese gozo de volar que da miedo a veces porque luego caes o puedes caer, o puedes volar, o caer y volar, y partir, y quedarse, como siempre, con tu libros, Cortázar, con tu magia, con tu belleza, que está tan lejos, pero me ayudará a seguir, siempre que haga falta, aunque luego me haga llorar, y sabré, una vez más, que escribir tiene una parte de tristeza, una parte de realidad, una porción de desaliento, por tanto sentimiento profundo y desesperado, por la apropiación del dolor del otro, por la constatación de la complejidad existencial del mundo subterráneo, oculto, ese que no se dice, ese mundo mudo, que todos cargamos, en silencio, pero que determina nuestra verdadera vida. Ven ahora, Cortázar, ven a estas calles soleadas, ven a estas grandes avenidas invernales, ven a estas pequeñas callejuelas llenas de nada, a dármelo todo, a conversar un momento conmigo, toda una vida, todo lo que pueda durar, hasta que me digas que es necesario pasar a otra cosa.


















8 de enero de 2016

Traduction littéraire/ Literary Translation/ Traducción literaria

Bonjour ! Je fais de la traduction littéraire (prose et vers), du français ou de l’anglais vers l'espagnol. Toutes les propositions sont les bienvenues. Merci ! andreabalart@gmail.com

Hi! I translate literature (prose and verse), from French or English to Spanish. All proposals are welcome. Thank you! andreabalart@gmail.com

¡Hola! Traduzco literatura (prosa y verso), del francés o inglés al español. Toda propuesta es bienvenida. ¡Gracias! andreabalart@gmail.com



6 de enero de 2016

Joyeuse année 2016

Suelo escribir algo a fin de cada año, como un pequeño cierre de un conjunto de momentos. En el hemisferio norte, sin embargo, el año nuevo arriba en la mitad del año laboral, por lo que no es lo mismo, esa sensación de nuevo comienzo completo que da el año nuevo estival, ha dado paso a un nuevo año a medias, cuando las cosas aún están sucediendo. Pero con todo, este cambio de año estuvo marcado por un suceso demasiado maravilloso como para no haber dado realce a ese cambio de número en el calendario. Me casé con el hombre más maravilloso del planeta tierra, a quien adoro como si lo conociera de toda una vida o muchas más que una, todas las que pueden haber existido hacia atrás. Bendita, yo, que él me haya elegido, y que su dulzura esté puesta al alcance de mis ojos. Todo lo que diga es poco. Los arcoíris parecen cotidianeidad cuando me hago consciente de este milagro, de esta buena suerte, de este ser dotado de alas que me espera en la estación cada noche, y me lleva a la estación cada mañana. No pensé que la felicidad fuera algo tan palpable. Parecía siempre tan etérea, lejana. A ratos cercana, pero siempre resbaladiza, escurridiza, inasible, no realmente aprehensible o natural. Pero en fin, ahí estaba, disponible. O pronta a estar disponible. Pocas cosas me importan, sólo las importantes, y con esta maravilla a mí lado sólo queda estar agradecida. Sumergirme en las palabras como lo único posible, sumergirme en tu abrazo como lo único que la vida me ha concedido que se llama la paz absoluta. Gracias año nuevo, gracias por venir tan cargado de pasión y de nuevas energías. Gracias por la oportunidad de estar al lado de quien amo haciendo realidad lo que siempre soñé para mis días: tu risa y todas las palabras. Feliz año a todos/as, que la luz brille fuerte, tan fuerte que no puedan olvidar vuestros nombres, y que la tranquilidad de no pasar de largo por la vida se incube en vuestros corazones. Gracias a todos/as por cada momento sagrado. Por cada instante vivido como flores al viento. Gracias por darle sentido a todo esto que hemos ido construyendo sin darnos cuenta. Gracias.

18 de diciembre de 2015

Volando sobre el océano. Azul, límpido. Hoy dejo de avalar.

Tengo dudas. No de esas dudas del miedo, de la incertidumbre. Son esas dudas -por el contrario- que nacen de esas certezas que se muestran a medias, a ratos, pero esa pequeña porción se instala. Ese instalarse significa una adherencia que no permite seguir adelante sin consecuencias. Es una instalación tan adhesiva que no permite la indiferencia. Luego de los atentados en Paris sentí una necesidad enorme de decir eso que ya venía incubándose en mí. Pero la atención del presente me impidió darme ese momento de reflexión que crea, que logra ordenar esas sensaciones, a veces dispersas pero que no perdonan. Ahora vuelo sobre el océano, rumbo a mi país natal, lo que me da la posibilidad de detenerme un momento. Y veo que tenía -o tengo-, tantas cosas que decir. Tantos sentimientos encontrados. Una desesperanza, pero es más una esperanza que una desesperanza cuando la miro más de cerca. Quisiera como este avión abstraerme de todo, volar alto, si eso significa fuera. Pero algo me dice que puedo actuar desde dentro, un dentro estando fuera. O sea un fuera, estando dentro. Un dentro libre. Tanto tiempo que lo busco. No me parecía necesario, siempre alineada con el entramado de sistemas que hemos creado. Pero ya pierde el sentido. El entramado se ha vuelto demasiado tecnificado, ambicioso, alienado. Un entramado que cuesta ya verle el lado humano. O suficientemente humano. Humano de esa calidad cercana al corazón. A ese amor y paz que todos aspiramos. Lo reconfortante es –sin embargo- que esa sensación de estar inerme ha dado paso estos días a la sensación contraria, a un poder posible, a un poder que tenemos que nadie nos va a arrebatar. Pero lo que sí, debemos reenfocar el camino. Identificar esa humanidad inconsciente que a veces nos gobierna, y darnos cuenta claramente que nos falta evolución. Crítica. Reflexión. Consciencia de cada paso que damos. Una consciencia a toda prueba que no permite el gato por liebre. La seguridad por la emancipación. Tenía tanta pena de lo que creía se había convertida la Francia que otrora tanto admiré. Pero la carta que escribieron los artistas a Marine Le Pen, diciéndole “todo es incompatible entre nosotros”, me da devuelto el alma al cuerpo, como una suerte de calor que se siente dentro en lo profundo del propio ser de cada uno. Como una luz en un camino que parecía ponerse tan negro. Bien, estamos mirando desde arriba, desde nuestra consciencia. Ya siento como tantas, tantas palabras que he leído las últimas semanas se van encontrando en el mismo camino que creía borrado. Como una sabiduría a prueba de todo, capaz de derrocar toda esa basura que intenta poblar nuestras mentes, quiero creer que sin éxito, si no en la mayoría de los casos, al menos en una mayoría significativa. La evolución está llegando. La consciencia está expandiéndose. Lo sé. He leído muchas de esas palabras. He borrado muchas otras que iban en sentido contrario, a las cuales puedo renunciar haciendo uso de mi libertad, tan preciada, que tanto he buscado, y que hace unos años he creído –o sentido- encontrar, en múltiples momentos. He vuelto a creer en la Francia que alguna vez imaginé, a fuerza de idealizarla por desconocerla, por conocer(la) tan poco. Y esa esperanza está aquí quizá para quedarse. Pero yo sigo con dudas. Son unas dudas más profundas, quizá más personales o quizá ni siquiera. Quizá esa sensación de aislación es justamente lo que está comenzando a acercarme verdaderamente a los otros. Quizá somos muchos. Pero el estado embrionario -aunque ya definitivo- no me permite ver aún tan lejos. Pero una cosa la empiezo a ver clara. No quiero seguir alimentando este sistema alienado. Quiero, por ejemplo, encontrar un real sentido a los estudios que he decidido hacer. Y sino dejarlos de cuajo, reenfocar, no perder el tiempo. Es difícil escribir en el escritorio cuando hay personas ahogándose. Ahogándose mientras buscas causas remotas, para ese hecho tan real, tan palpable, tan desesperado. Después de todo, no hay tanto tiempo, y las personas terminarán de ahogarse todas antes de que pueda realmente ordenar las causas, los fenómenos, la miseria y la virtud que permite, condensada en entramados inespecíficos, tornarse en consecuencias a ratos tan extrañas, a mis ojos, que harto han mirado, pero vuelven a llenarse de dudas. ¿Por qué hago lo que hago?, ¿por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo? Respuestas rotundas son la única salvación para continuar haciéndolo. Sino, al descampado, no habría coraje posible para llevar a cabo la tarea. El sentido demasiado remoto no sirve a la contienda. Porque termina venciendo la desigualdad, porque las contiendas suelen ser desiguales. Lamentablemente. No hay tanto, tanto tiempo que perder. Y mi escape a la literatura vuelve a encontrar un sentido a las cosas, tanto así que parece el único camino posible. Y veo más probable cambiar el sentido de nuestro devenir, con un buen calor para el alma, con una buena educación, con una buena información, con una expansión de la consciencia que quizá nos pueda dar la literatura, entre otras cosas, que con cualquier otro medio, o fin, que solo vaya a llenarnos de miedo y más dudas, de esas que dan más miedo, y traen más dudas –con consecuencias nefastas y desalmadas- que nos desarticulen, dejándonos realmente inermes, con esa fragilidad que sólo nos desarma, más que construirnos. Entonces que alguien responda, ¿de qué manera hacer un doctorado no alimenta al mismo sistema? ¿Cuáles son los caminos reales que podríamos hacer disponibles para no avalar tanto descriterio, tanta ambición vacía? Recuerda, las personas están ahogándose. Recuerda, el nivel de consciencia no subirá por arte de magia. Se requiere más. Se requiere actuar. Se requiere decir. Se requiere dejar de avalar. Se requiere claridad. Se requiere dejar de comprar. Se requiere apagar la televisión. Se requiere cultivar la huerta. Se requiere libertad. Se requiere coherencia. Se requiere valentía. Se requiere humildad, mucha humildad. Se requiere dar el ejemplo. Dar el ejemplo. Amar, amar. Se requiere gentileza, respeto. Mostrar la disección de un corazón, con sus vericuetos llenos de emociones quizá nos sea hasta más útil, a nuestros propósitos. Actuar, o cambiar el rumbo y la disposición mediante la palabra. Una de dos. O las dos. Pero nunca es posible hacer múltiples cosas bien. Quizá un día está bien optar. Quizá un día está bien reflexionar y elegir, y renunciar. Y dejar de avalar. Por todas y cada una de las personas víctimas de este entramado, hoy dejo de avalar. Hoy reflexiono antes de alimentar. Hoy digo bienvenida a la verdadera libertad. Hoy estoy muy arriba, como este avión, pero más dentro de la humanidad que nunca. Hoy soy más libre y más humana que nunca antes. Hoy digo no al entramado victimario, y saludo a la consciencia de saber que todos y todas merecen una oportunidad, que somos una misma cosa, pero tan libres que no queremos hacernos daño. Hoy quiero que todos los seres, en todos los mundos, sean felices y vivan en paz. Hoy es el primer día del resto de mi libre vida.  

3 de octubre de 2015

Tanto monumento absurdo, deténganse, ¡deténganse!

Cuando voy por la calle, y veo todos esos miles de monumentos que elogian la muerte de muchos/millones por el nombre de un pequeño/gran pedazo de tierra, me parece todo eso una mala broma, y considero tan idiota muchas de las cosas que hemos construido y alimentamos, y dejamos pasar, y no decimos nada, tan idiota, la guerra, los bombardeos, la ambición, el poder, los países, las fronteras, los muros, los ejércitos, las armas, los gobernantes tiranos, la política exterior de los estados, el racismo, el glorificación del homicidio, la apología de morir por una tontera, el sistema financiero, la venta de armamento, la legislación opresiva y/o excluyente, que no sé cómo continuar a leer cada día sobre todo eso y alimentar este sistema raro en el que estamos metidos y podríamos salir, con una gran sonrisa en la cara, con un ánimo estoico a no seguir fomentando tanta locura colectiva. Olvidemos todos los nombres, y mirémonos las caras. Quisiera sentirme parte de un gran sentimiento de desazón. ¿Qué cresta pasa? Quizá una huelga de brazos caídos. Dejemos de hacer. Quizá sentir.

Entonces paso por encima del gran río, y todo se pone en su lugar, y todo adquiere perspectiva, esa naturaleza que pasa, que no se deja aprisionar, esa es la que se nos está alejando, la que nos está dejando, llorando, sonriendo, donde estamos sin nombres, donde nuestra existencia sigue su cauce sin tanta idiotez que no podemos ver, que avalamos, que tendremos que quitarnos de encima. ¿Qué hacer? Quizá ir con el río. Quizá dejar afuera de la embarcación la torpeza, el atropello, la falta de humanidad, quizá ir todos en el mismo río, sin nombre, sin nombres, dejarnos de tonteras. Quizá despertar con el vaivén y dejar de nutrir esa grasa, ese asco, esa soledad y aislación. Quizá unidos río abajo todo sea más humano. Quizá los nombres nos están acribillando, quizá tocarnos unos a otros, en nuestra corporeidad, quizá el agua sobre nuestro cuerpo nos dé un sentido de realidad, quizá ni siquiera necesitemos embarcación. Dejémonos fluir como hojas en este otoño bendito. En este otoño que trae respuestas. En esta salida del sistema como lo conocemos, como nos es tan extraño, como no queremos que sea, como dejaremos de hacer, no matar, no atacar, simplemente no alimentar. Quizá negarnos. Quizá disfrutar de quienes tenemos al lado, quizá hablarle a todos, más que nunca a los que no conocemos, también, además, siempre, somos todos una no embarcación sobre el río, somos ese espíritu que está aprisionado, pero algo nos dice que esos monumentos son tan ridículos que da pena, que da estupefacción, desconcierto, indignación y lástima, que nadie más se vestirá de militar, que nadie más cerrará una puerta, que esta maldita organización que creamos ha ido demasiado lejos, que los que la gobiernan son los que ganan, que los que la desconocen son los que la padecen, que da lo mismo que otros ya lo hayan dicho antes, ahora es en serio, ahora se trata de no hacer, de dejar de dañar, se trata de escuchar, observar, escuchar, río abajo, sin embarcación, sin metas, sin objetivos, observar, escuchar, sentir el agua, y todo ese vaivén que nos proporciona la voz y la mirada de los otros/as, una observación atenta a cada acto, y una reflexión, a cada paso, una reflexión y una emoción, una reflexión y una emoción, que se inunde de sensatez, que se inunde de afecto, que el respeto profundo por el otro/a nos cambie la vida, y de pasada borre los nombres escritos en cada una de nuestras caras. Quizá así podamos mirarnos a los ojos, y compartir nuestra propia verdad, que nos pertenece y nos libera, que nos hará llorar de emoción río abajo, cuando la no embarcación se desintegre completamente, y sepamos que lo hemos estropeado todo, o casi todo, o que estábamos a punto de estropearlo, y el hecho de ser humanos puede más que nuestros miedos.

2 de octubre de 2015

No me preguntes por mi nación, pregúntame por mi localidad

Esta mañana me encontré con una maravillosa mujer, Taiye Selasi. Sus palabras llegaron profundo a mis propias reflexiones, supongo porque desde que no resido físicamente donde nací me veo confrontada a esta pregunta todo el tiempo, con distintos matices e intenciones en cuanto a quien la formula. A veces es curiosidad, a veces genuino interés, a veces discriminación, a veces indiferencia. El sábado en un evento familiar una persona me preguntó de dónde era, típico, y al responder me dijo: “pronuncia como se debe, por la cresta”. No pondré la frase literal, porque no quiero llevar a equívocos, pero el espíritu del comentario, para contextualizarlo, fue: no te he entendido bien porque ya veo (o escucho) que no estás hablando en tu idioma nativo; y quisiera agregar aquí algo de su intencionalidad: soy un antisocial que no sabe comportarse y creo que puedo juzgar a otros porque no pronuncian bien mi lengua, pero yo no puedo decir ni hola en otro idioma, esto es, creo que soy el centro del mundo, pero sólo soy un narcisista, machista, racista e ignorante. Suena exagerado, pero todo eso se podía entrever de sus comentarios. Bien, no veo que esta experiencia esté íntimamente relacionada con el punto que quiere marcar Selasi, pero de alguna manera lo está, incluso íntimamente aunque no se vea a primera vista. No logro cuajar perfectamente todavía la relación de una cosa y la otra, pero sé que estoy cansada de las generalizaciones que nacen de tener que responder de dónde vengo, sé que la unidad país queda demasiado grande para las experiencias, sé que la –localidad- de cada uno es lo que importa en definitiva y los nombres de las fronteras más amplias solo nos alejan. Sé que los papeles de cada uno pueden levantarte o hundirte, literalmente, sé que la discriminación que puede sentirse por comentarios como ese están ancladas en esa incomodidad con cómo está estructurado el mundo, que no tiene que ver tanto con la organización física, sino más bien simbólica que está atribuida a todo eso, a la ridiculez de no darse cuenta de que eres un idiota, pero porque naciste en un país rico te sientes súper loco, superstar, como diría Charly García. Hay, en esa experiencia de insulto, que a otra persona podría no parecerle tal, algo de esa falta de comprensión de la localidad, versus la nacionalidad, hay una simplificación del mundo, un atrapamiento entre blanco y negro (no en el sentido racial) que nos ciega a que las cosas anden mejor. Me importa un reverendo pepino que mi acento no te guste, y que quieras juzgarme y clasificarme también por lo que hago. No me interesa nada tu opinión, porque no te conozco. Lo que quiero es un acercamiento amoroso, auténtico, unas energías que no me sofoquen, sino que me permitan decirte qué es lo que realmente importa, respecto de mi humanidad, si es que te interesa, ya que me lo preguntas. Sino mejor no me lo preguntes, porque no me interesan tus juicios anticipados e infundados. No necesito demostrar nada, pero no quiero sentirme agredida si alguien a quien le concedo cinco minutos puede hacer como que sabe todo como si fueran cuarenta años. Sé que estoy mezclando todo, pero es que no termina de decantar, pero ya viene llegando, ya empiezo a entender de qué se trata toda esta anti localidad, toda esta pro nacionalidad, que nos viene corroyendo desde hace mucho. No me extraña que estemos tan confundidos, ni siquiera podemos significar o resignificar bien quienes somos, porque tanta clasificación y estructura no nos deja movernos. Estoy cansada, eso es seguro, de tanto encasillamiento, y me gustaría saber si se puede ser Andrea y nada más. Y rellenar el quién, observando las particularidades, no importa que no sean –coherentes- en el sentido de todas en el mismo camino (fijado por otros). Las palabras de Selasi, lo que me gusta es que transpiran libertad, transpiran diversidad, pero de esa de verdad, transpiran entendimiento, transpiran respeto. Y es justamente eso lo que una persona no tiene cuando comenta respecto al acento. Es no tener respeto por el otro, creer que es una extensión de ti mismo, de tu mente, de tus ideas, y de tu estrecha vida. Nadie es una extensión de nosotros, cada uno es una unidad, rellena de miles de millones de espacios que tienen una infinidad de cientos de miles de colores. Nos encontramos en los colores, pero finalmente si no nos encontramos no importa, porque cada uno puede rellenarse de los colores que quiera. No me importa los colores que te rellenan, pero si vas a hablarme, no me tires los tuyos, tan sólo guárdatelos, y date cinco minutos para que veas que el mundo es más que tu pequeña vida, que puede ser muy grande, pero cuando no respetas al otro en su dignidad, se hace tan, pero tan pequeña. Creo que está mezclado también con esa sensación nítida, de las restricciones reales, de las que habla Selasi. Esas que determinan tu localidad por razones que no tienen que ver con tus rituales o relaciones, sino con las razones por las que habitas en un lugar y no otro, sea por asuntos legales, o por asuntos –sociales-. Podría decir que habito en Europa, porque el país donde nací tiene demasiadas clasificaciones para mí, y la libertad se me hace indispensable, pero por otro lado, podría decir que habito en Europa con mis derechos limitados, justamente porque nací en ese país que está tan, pero tan lejos, y es tan, pero tan desconocido. No es que quiera describir el país donde nací con esa simplificación tan burda, pero es una manera de decir que los países que están según ellos en el centro del mundo, deciden que los otros vienen de demasiado lejos como para integrarlos, dejándolos vivir en paz, como personas dignas. En definitiva, tengo una restricción de derechos, porque no me banco la restricción de la libertad, la segunda en términos humanos, no legales. Lo importante, en definitiva, es que mi localidad está determinada por estas restricciones, en los términos de Selasi, y que para mí, también de acuerdo con ella, mi localidad se me hace mucho más coherente y significativa, que mi relación con una nación en cuanto a papeles, -localidad-, que podría nombrar como Santiago, Barcelona y Lyon, si tuviera que describirla como ella lo hace al final de su charla. Y no digo que haya que cambiar la estructura de todas las cosas, sino incorporar un componente humano en todo esto que pensamos. Un componente que quizá haga que las cosas marchen mejor, a pesar de nuestras estructuras. Un componente humano que quizá nos fuerce, de todas maneras, a cambiar las estructuras, porque quizá esas estructuras nos cierran a lo humano, y es lo que está haciendo que nuestro buque se hunda, en todos los sentidos posibles. 

25 de agosto de 2015

Bloomsbury, y Virginia a mi lado

No hay quietud posible. En Londres en un momento hay sol y luego al momento siguiente una gran lluvia con su boca innumerable. ¿Quién dijo que el río era apacible? Que se identifique. Dónde están todos esos embusteros. ¿Quién sobrevive a los embistes sin consecuencias? Tal como el clima, los cincuenta escenarios posibles que se presentan uno tras otro casi tocándose la espalda no cesan de llevarme sin clemencia por los aires hasta el suelo y viceversa. Ahora entiendo perfectamente el viaje cotidiano por los diversos parajes etéreos de Virginia Woolf. Ella que vivía tan cerca de aquí, a unas casas de distancia. Atrapada en estas nubes indecisas, con un sentimiento de pérdida constante, de algo que se va, que probablemente sea la existencia que va pasando, pero se queda porque no hay algo mejor en que emplearla porque es eso justamente, presente inquietante. Si hubiese un grupo de Bloomsbury que me acogiera para interpelarlos por tal blancura del cielo. ¿!Por qué?! ¿!Por qué?! Les diría. Al menos sabrían que ese gris aplastante también llega al coraje de otros, que esos otros son también ellos mismos, todos, juntos, o solos, sobretodo solos, como Virginia. He querido hablar con ella tantas veces. He querido alejarme de ella tantas veces. Pero el llamado es fuerte. No importa el gris. Porque hay pequeñas grietas de luminosidad, que se expande si las palabras logran expresar ese gozo de vivir tan acompañado de vacío. Esa completitud del planeta, y esa desazón incierta sin explicación pero tan descorazonada. Y vuelvo a llamarla, y la entiendo tanto, esas palabras cambian el color de las horas, destruyen el gris y soplan las nubes, como si fuera posible. La ventana a mi lado me anuncia los cinco minutos de cielo azul. Entonces aprovecho pronto de decirte que ya no hay vuelta atrás, que podré sobrellevarlo todo, pero ese azul es tan incierto como la certeza de Virginia respecto a las ganas de seguir. La llamo por su nombre, como queriéndola acercar a mi mesa. La invito a sentarse. Puedo verla, toma forma, quizá está ahí realmente, su mesa estaba tan cerca de la mía que no es mía pero me acoge en este instante, y Virginia sonríe, y no necesito nada más, sólo saber que los momentos de azul son suficientes, aunque ella no lo haya sabido, aunque ella haya dudado, yo lo sé, y a veces no lo he sabido-sabré, y a veces he dudado-dudaré. Las palabras son tan plásticas y malditas, y elásticas y sabias, y tan llenas de verdad y de vida, entonces Virginia reposa su mentón sobre la palma de su mano y posa su codo sobre la mesa, y ya sé por qué siempre la he querido tanto, porque está tan cerca, aunque no sé nada de ella, es tan yo, aunque nunca en la existencia fue tan ni siquiera un poco yo, pero no importa, porque sus nubes me acechan, y sus descubrimientos me deslumbran y no pueden dejarme indiferente, y en un espacio de unos instantes siento un destello de esperanza totalmente certero y la sospecha de un incierto destino desdichado que no dura más que unos segundos. Le preparo un té y la veo lejana, no puedo alcanzarla, porque nadie puede alcanzarla, porque la conexión está tan llena de fisuras, que ese intersticio donde te encuentras con un otro que incluso a veces es tú mismo se desvanece al llamado de Virginia donde solo hay silencio, donde las palabras existen, pero nunca, o casi nunca tienen las respuestas, sólo la manera de agruparse para describir eso que nunca llega o que está por llegar y quizá va a llegar pero cuando llega parece que nunca ha llegado o que siempre estuvo. Sí, es confuso y contradictorio, ella lo entiende, y ella vivía a unas casas de aquí bajo este cielo gris-blanco-azul-gris-blanco-azul hasta el infinito. Quizá la abrumaron las preguntas, o las emociones, o todas las anteriores, o su esperanza tocó una pared imposible de derribar, donde las pequeñas ranuras se llenaron de agua al primer llamado, o quizá al llamado número mil, o infinito, o no sé cuántos pueden haber, pero ella sonríe, porque finalmente, qué importa, a veces nada importa, y a veces todo. Yo quiero traerla a mi lado, y aunque su presencia no sea cobijo, quizá pueda mostrarme algo que ahora no veo, quizá me lleve a volar por otros cielos, a pesar del gris, blanco y azul, y a veces amarillo, y a veces plagado de colores. Virginia, no sé nada de ti, ¿crees que podré saber más? ¿Crees que todo acaba? ¿Crees que vale la pena? ¿Esto es todo? ¿Hay algo más? Sólo puedo pensar en escapar y volver y escapar y volver y nunca se acabará, y quizá no importa, pero no es verdad porque ella está acá diciéndome que sí importa, y que tarde o temprano queda la certeza que es esto y nada más, y que poner las palabras que lo digan puede ser todo y gracias a que es todo entonces lo otro a veces parece nada, y a veces lo nada es todo, palabras, un poco de sol, un gran río y todas las dudas del universo que se disuelven en cuatro mariposas y tres cafés llenos de verdad, una montaña de gozo, íntimo y agradable, lleno de significado y tan lleno de la verdadera vida. Hemos perdido nuestro tiempo. Yo sé dónde está la verdadera vida. En el fin de la agitación, en el fin de la búsqueda frenética, en unos tomates en un huerto, en un momento de sentarse a disfrutar el río pasar y una conversación sincera, unas flores en el camino y tanto silencio lleno de plenitud aunque silenciosa, y toda esa sabiduría que esconde quien lo ha encontrado, y ese detener del caminar que llega como gozo al alma, y una mirada directa, y una calma llena de verde, y un futuro lleno de palabras, y una chimenea que entibie el alma siempre que sea necesario. Amor mío, llena este momento con tus palabras, dime algo que me acerque de nuevo a esa calma, a pesar de que estás tan lejos de Virginia, a pesar de que el sol va y viene en todos los lugares que conozco, déjame seguir sin tu persecución constante, déjame encontrar algún maldito momento que esté al medio y no desde ti a Virginia miles de espacios de distancia, galaxias que rellenar que nunca se aproximan, una consciencia centrada, un punto intermedio que contenga todas las palabras y el blanco-gris-azul sean una sola cosa, y donde el alma pueda expandirse sin tener que aprisionarse al momento siguiente cuando el llamado del planeta alineado al final de la línea duele, y hace falta, e invade todo como si fuera lo único que hace falta. Virginia, toma mi vida y si la calma nunca llegara a mi puerto, aunque añoro los bosques, llévame donde la tierra fértil me lleve hacia el cielo en un árbol que crecerá tan alto que las palabras serán realmente mis amigas, como lo fueron para ti, y como no puedo imaginar que sea posible. Un sentido que pueda remplazarlo todo aunque luego se desvanezca, cuando ya no importe, porque lo imposible ha dejado de ser inimaginable por posible. Cada vez que un texto se cierra toda la existencia adquiere un sentido por al menos unos minutos, quizá ese llegar al cielo tiene que ver con eso, y con ese cielo imposible que se viene acercando y que nunca había imaginado, aunque incluso algunas veces creí que todo era posible. La catarsis es completa, termina el texto y han nacido cinco planetas, y estás tan lejos y tan cerca y Virginia me mira, contenta, porque sabe que estoy llegando a vislumbrar un pequeñísimo átomo de esperanza de ese cielo tan lleno de palabras como de vida.

24 de agosto de 2015

Word in the water

When I just want to see some vital signs
We were taught to fall asleep
And shut our eyes from everything
And see the way our little hearts
Could beat away the scary parts
Now we’re old and full of life
And full of fear with little time
And we are ill, but that’s today
Tomorrow “ill” could go away
And something somewhere
Called home
Paces back and forth
Body cold but there’s vital signs
Gang of Youths, Vital signs

Si pudiera tan solo saltar de una rama a otra. Si el peso de mi cuerpo no fuera tan pesado. Si no tuviera cada vez que empacar con unas maletas llenas de ilusiones vacías. Si el nombre del presente tuviera un contorno definido. Si no me bombardearan cincuenta mil ideas que no me dejan concentrarme en lo que intento hacer. Si el cielo no estuviera siempre blanco en esta ciudad. Si no lloviera cada cuarto de hora. Si mi alma en tránsito dejara de mirar al cielo en tono de súplica. Si el grito de los parques tuviera un significado preciso. Si ese impulso por decir lo que creo, que está en mis entrañas no fuera tan profundamente certero e intenso. Si los libros no tuvieran para mí un poder de hipnosis. Si no me quedara un entusiasmo idiota por los proyectos imposibles. Si mi impetuosa necesidad de creer en los milagros tuviera algún asidero en la realidad. Si la esperanza endeble pudiera llenarse de materialidad. Si entendiera algo. Si escribirte unas palabras me garantizara una respuesta. Si dejara de volar como un pájaro que planeando sobre la vida ve todo su potencial pero no se posa para descansar. Si la manera como los sucesos arriban tuviera una suerte de explicación metafísica y espiritual. Si todos los momentos que destino a imaginar que vienes a mis días pudieran traerte sin esfuerzo. Si la incomodidad constante que tengo en estas latitudes se acabara. Si mi atención plena y mi amor por la vida activa se esfumaran. Si me asiento mirando de reojo ese tránsito perpetuo. Si pudiera hacer algo que valga la pena. Si mi nomadismo incurable no se volviera de a poco furioso por comprender desde dónde y hacia dónde cresta vamos y adónde estamos. Si alguien quisiera estar una eternidad conmigo a pesar de todo. Si tuviera más respuestas a esa violenta intuición de todo lo que va llegando. Si mi inspiración se vaciara de un referente fuerte que siempre llega aunque vaya cambiando. Si la existencia es rendirse. Si yo tan solo pudiera saltar de una rama a otra sin contratiempos. Si toda mi energía no se fuera en suspiros por lo sublime y lo triste. Si mi rabia me llevara a un lugar determinado. Si esos libros viajeros no pudieran nunca llegar a mí. Si tu realidad fuese más clara. Si llegaras sin quinientas caídas e imprevistos. Entonces si todo eso sucediera yo estaría muerta, muerta, muerta, acabada, extinta, sin valor para abrir los ojos, sin ambición de salir por esa puerta y enviarte estas palabras. Quizá es eso. El cansancio existencial se vuelve grande a veces. Quizá es eso. La complejidad existencial merece que entre en esa maleta viajera llena de libros perdida en un pequeño barco, y que me lleve a unos parajes más llenos de respuestas. Más llenos de calma. Donde vivir no sea tan extremadamente complejo y las letras puedan dar un antídoto a mi envenenada herida que solo a veces se llena de sentido. Donde pasar los días no esté tan lleno de emociones desbordadas que se marchitan y se vuelven fructíferas. Donde alguna vez haya paz y los pájaros quieran acompañarme. Donde haya sosiego para las almas llenas de palabras en una maleta flotando en el agua aunque sea imposible. Una tregua que otrora creí posible. Una vida entre las páginas sin tanta exposición a la lluvia. Un amor que se abastezca echando mano a ciertas frases que puedan llenarte los días como si fuera suficiente. Una razón para seguir adelante que dure más de cinco minutos. Unas promesas que puedan mantenerse en el tiempo. Una quietud que aunque me mate quizá termine por darme la vida. Esa que se me va cada vez que te vas, y cada vez que me voy. Esa que me lleve hasta ti y quizá eso signifique finalmente algo. No veo que haya una paz real. No veo que ese alivio momentáneo vaya a prosperar sin tus ojos. No puedo estar sin ti. Sí, tú, y él, y tú, y él y tú, y quizá otro, y no tengo la menor idea de cómo se pronuncia tu nombre, y quiero saber cómo se hace, y quiero saber cómo cresta se mantiene una misma mirada a tu lado en el tiempo, y quiero maldecir a la vida por sus injusticias, por su dificultad, y quiero que alguien sepa qué cresta significa esas encrucijadas pero quizá nadie sabe, nadie sabe nada, miran para otro lado. Y yo no tengo más ejércitos que vayan a acompañarte para que puedas darme la vida. Y yo no tengo más alma para mostrarte todo eso bello que nos espera. Y yo estoy tan cansada que no quiero seguir subiendo este cerro. Y yo no sé si hay más vida después de la muerte. Y yo no quiero morir cuántas veces alcancen para que sepas que no hay seiscientas sino solo unas cuantas oportunidades en la vida. Que no puedo darte mi existencia en un pequeño envoltorio para que la tengas en tu mesa de noche y la mires a veces antes de dormir. Que tengo mucho miedo de perderte y no poder encontrarte. Que no hay dos veces que podrás romperme el corazón y salir airoso y seguir adelante y morir. Morir, morir, sin valor para abrir los ojos, sin el coraje de hacer de la existencia algo digno de ser vivido sin esa mediocridad aplastante, sin toda esa monotonía que te alcanzará si decides seguir adelante sin mi amor que mata de gozo. ¿Dónde estaba esa maleta llena de palabras? Creo que iré a buscarla. En un pequeño barco que quizá me aleje de tu orilla y me muestre lo que se siente cuando alguien te lee esos párrafos sin esfuerzo, río abajo, en una flor de loto desprendida. 

8 de agosto de 2015

Mudez suplicante

Let the dead be the dead
Let us live in the sun
Oh pretending
From here until the car ride home
Gang of Youths, Knuckles White Dry
  

A veces me quedo muda, muda, una ráfaga de viento se lleva mi voz. Y tiemblo por el presente, y tiemblo por el futuro. No escucho tu cobijo aunque quisiera. Ya no tienes cobijo quizá. Quizá también te quedaste mudo. A veces me quedo muda, y la música eriza mi piel y mi garganta está vacía. Y en mi pecho un desierto. Y una compasión que desea manifestarse. Ayer hacía tanto calor, y hoy las nubes han tomado mi voz. Y la página en blanco se llena de palabras, aunque la voz no pueda decirlas. Porque las palabras están aprisionadas, pero se escapan a pesar del silencio. Es la manera de hablar de los momentos mudos. ¿Es que hay un momento que se puede ser todos esos seres ahogados en el mediterráneo? ¿Es que hay un momento que se puede ser todos esos seres empujados contra el paredón por humanos indignos de ser llamados humanos? ¿Es que existe algo así como esa sintonía en el silencio? La mudez llena de súplica. La mudez llena de significado. No es verdad que estamos todos tan bien. No todos estamos tan bien. No todos estuvimos tan bien. No todos estaremos tan bien. El alma silenciosa se une a la ventisca. No tenemos miedo pero a veces tenemos miedo. En las fotos hay colores pero las almas a veces están tan negras. ¿Por qué no compartimos también nuestra miseria? ¿Por qué el vacío es dejado de lado al momento de expresarnos? La luz y la sombra son dos caras idénticas. Idénticas. Contrapuestas, pero turnándose, pero presentes. En el verano hay granizo. ¿Por qué no decimos que a veces nuestra seguridad se esconde? ¿Por qué no decimos que el mundo de mentira puede agrandar nuestro vacío si creemos que todo lo que ocurre en él es cierto? Que todas las sonrisas son solo sonrisas, son siquiera sonrisas, que en el alma un pequeño agujerito nos acompaña a veces. ¿Dónde están las fotos de nuestra alma agujereada? Estar agradecido no es incompatible con los desiertos. ¿Y si compartimos nuestros miedos? ¿Y si eso nos hace más humanos? ¿Y si eso nos hace comprender mejor a los seres del mediterráneo, a los seres del paredón? ¿Si nuestro vacío se une al de ellos y eso es una luz de hermandad que lleva un pequeño consuelo divino, humanamente divino, humanamente sagrado? En qué momento nos creímos tan todopoderosos. En qué momento creímos que sonreír era la esencia de la vida. El sonreír solo abandonado a su propia soledad. El llorar es sonreír de manera más verdadera. Quizá la unión de ambos es lo que puede llevarnos a entender la soledad de las almas postradas, cortadas antes de la época del florecimiento. Quizá mostrar nuestro vacío nos lleve a aumentar nuestra indignación contra todo lo indigno. Quizá llorar nos salve la vida. 

9 de julio de 2015

A propósito del aborto

A propósito del aborto:

Las ricas abortan, las pobres mueren

En Francia es legal y financiado por la seguridad social en cualquier caso (o sea sin necesidad de esgrimir razones). Con mucha frecuencia me indigna profundamente que Chile sea tan conservador e hipócrita. En Francia es legal desde 1975. O sea Chile está ya a 40 años de distancia.
Respeto la opinión de todas las personas, pero de tanto en tanto me abrumo de que en el país donde nací la libertad importe tan poco, y la equidad sea tan, tan pequeña. Entonces me veo en la necesidad de decir algo. El cuerpo no es el espacio público! respeten a las mujeres, y a su intimidad y privacidad. Me molesta mucho que los adultos sean tratados como niños a quienes hay que dirigirles la vida (con mucho respeto hacia los niños). El que quiera tener una religión que la tenga, pero no nos obliguen a todos/as! y como nota al margen, por favor no confundan religión con espiritualidad, porque esa última sí que me interesa, y mucho.

“Ay… Chile está a años luz de algo así. Más encima esgrimen argumentos bajo una <<pro-vida>> que no es tal, como si los que estuviéramos a favor del aborto fuéramos <<pro-muerte>>”.

Que desastre más grande...

¡¡¡Por qué se meten con nuestros úteros!!! La diferencia es que if you have money nunca hay problema, ¿¿y si no?? Chile siempre con la doble cara, votemos que no, pero igual lo hacemos, total, que se frieguen las que mueren, total, nuestras mentiras valen más que sus/nuestras vidas.

“Estoy completamente de acuerdo, aborto libre y gratuito. A más a más encuentro demencial que ni siquiera se consideren los supuestos de inviabilidad fetal, violación, problemas psicológicos de la madre, riegos de salud para la madre. Sí al aborto en todos sus supuestos. Por cierto Francia es uno de los países europeos con el mayor índice de nacimientos. Que derecho tenemos en meternos en una decisión tan personal.”


“Y a propósito de eso, la mujer pobre o de clase media que no puede pagar una clínica privada dónde tenga contactos con médicos que no digan el verdadero procedimiento (porque la gente de clase alta se hace un aborto pero en los papeles dice apendicitis, por ejemplo) si realiza el aborto (con pastillas u otro método de dudosa salubridad, es conocido en las clases más bajas el raspaje con un apio, ¡¡sí!!, ¡¡un apio!! O también la patada a la altura del útero con la mujer parada en la calle y el golpe de alguien en moto a alta velocidad, por ejemplo), arriesga su vida, y además, si algo sale mal o se muere o llega a un hospital público, los médicos la denuncian por haber cometido un delito y se va presa, o sea arriesga su salud, su vida y después su libertad.”

Vamos que se puede…

Y es que el tema no es ser forastero el tema es mi piel morena


Y ser extranjero no es el dilema
Acá hay viajeros de pelo rubio y tienen cero problemas
Y es que el tema no es ser forastero
El tema es mi piel morena
Los pobres no tienen patria
Los pobres no tienen patria
Portavoz, Poblador del mundo

He recibido una respuesta favorable de extranjería para mi prórroga de estancia para investigación o estudios, que rico…

¡Hasta cuándo esta mierda! Dejen a la gente tranquila, que cada persona pueda vivir donde se le venga en gana. La tierra existe de mucho antes que toda esa legislación del carajo que decidió parcelar el mundo en pequeños espacios exclusivos. El “extranjero” debe cada año dar razón de sus actividades al estado que lo “hospeda”, como dar cuentas a un padre de haber dado los exámenes y aprobado con buenas calificaciones. Los que en ese proceso dan cuenta de disponer de una cuenta corriente cargada de recursos, y un quehacer “útil” al estado, pueden continuar la solicitada estadía, pero quienes no, corren una suerte distinta, porque no vaya a ser cosa de que el país se nos llene de hueones raros, porque como todos los países son homogéneos, claro, nada que ver que vengan otros con caras  pintadas o costumbres inéditas que puedan dañar nuestros valores, o quitarles el trabajo a todos, porque como no hay nacionales en otros países haciendo lo mismo, hay que estar atento a esa debacle que nos han dicho que podría llegar. Total, como no le robamos todo al resto del mundo, y no creamos violencia que obliga a las personas a desplazarse, ¿por qué habríamos de acogerlos? Que se queden en su casa, porque para eso nosotros nacimos aquí y somos súper buena onda y mucho más inteligentes y decentes, que asco esa gente súper diferente a mí, sin humanidad a mí manera, sin los mismos deseos y miedos, unos alien en definitiva, extraterrestres de tomo y lomo…

Que alguien detenga esta rendición de cuentas basada en circunstancias aleatorias y esta negación de que no hay diferencias reales en las que basarnos para excluir. Hasta cuándo pedir permiso para existir. ¿Cuándo deciden los oprimidos? ¡Opinemos todos a ver qué pasa!

Como dice Seyla Benhabib, una de las personas más sensatas que conozco:
“el proyecto de solidaridad posnacional es un proyecto moral que trasciende las fronteras estatales existentes y en ninguna parte son más evidentes las tensiones entre las demandas de la solidaridad universalista posnacional y las prácticas de pertenencia exclusiva que en el sitio de las fronteras y límites territoriales. […] La nueva política de membresía tiene que ver con la negociación de esta relación compleja entre los derechos de la membresía plena, tener voz democrática y la residencia territorial. […] tales negociaciones e iteraciones democráticas se dan el contexto de una sociedad mundial de estados. En consecuencia, las políticas relativas al acceso a la ciudadanía no deberían verse como actos unilaterales de autodeterminación, sino más bien como decisiones con consecuencias multilaterales que influyen sobre otros entes en la comunidad mundial. La soberanía es un concepto relacional; no es meramente autorreferencial. Definir la identidad del pueblo democrático es un proceso continuo de autocreación constitucional. Si bien la paradoja de que quienes no son miembros del demos seguirán siendo afectados por sus decisiones de inclusión y exclusión no puede ser eliminada por completo, sus efectos pueden mitigarse a través de actos reflexivos de iteración democrática por el pueblo que examina críticamente y altera sus propias prácticas de exclusión. Podemos hacer que las distinciones entre <<ciudadanos>> y <<extranjeros>>, <<nosotros>> y <<ellos>>, sean fluidas y negociables a través de iteraciones democráticas. Solo entonces podremos avanzar hacia una concepción posmetafísca y posnacional de la solidaridad cosmopolita que en forma creciente vaya colocando a todos los seres humanos, en virtud tan solo de su humanidad, bajo la red de los derechos universales, mientras se van reduciendo golpe a golpe los privilegios excluyentes de la membresía.”

Ya, hagamos un movimiento mundial, ¿quién se une? empecemos ahora mismo. ¡Sin miedo!

Listo, todos los interesados me mandan sus correos y empezamos un think tank de intercambio de ideas. Un debate constructivo. Si me dan un poco de tiempo veré cómo articularlo.

Los morenos no tienen patria

Los morenos no tienen patria

6 de julio de 2015

Me deslicé por el momento en blanco

Me deslicé por el momento en blanco. Sólo había música, “A Sudden Light”. Pensé: ¿y si se acaba la música? Observé de reojo la blancura transparente del momento. Me aferré a su brillo para que no me abandonara. Me aferré a la emoción de cada nota para que se llevara mi alma. ¿Quiero cambiar algo?, pensé, y mi mente estaba vacía. ¿Hubo alguna vez sueños? La voz se llevó aquel intento de nostalgia que ya no tiene asidero.

Me deslicé por el momento en blanco. ¿Hay tal cosa como el presente? Yo tenía un sueño que hoy se presenta. Un atisbo de utopía que envalentona. Una entrega imposible. El presente constituye anteriores sueños. Si alguien hubiese recitado mi presente otrora lo habría llamado iluso.

Me deslicé por el momento en blanco. ¿Sabes lo que había? Ganas. Ganas de mis ganas de expresarme. Deseos de absorber toda la energía del verano. Si me hicieran apostar, apostaría por tu fuerza. Quizá mis ganas se nutren de ella.

Me deslicé por el momento en blanco. A veces hay que renunciar. Ver las bondades del blanco. Detenerse y saborear. Ver que el presente alguna vez fue anteriores sueños.

Me deslicé por el momento en blanco. No habría podido sin este calor que me derrite. Sin el deshielo del entusiasmo. Si tuviera que tocar una canción no tendría letra.

Me deslicé por el momento en blanco. Si el jazz se adhiere a mí es porque le he dado un espacio. Si me he quitado mil pesos de encima es porque me pesaban mucho. Si el espacio es espacio es porque los mil pesos de encima los dejé en la carretera. Si el jazz irrumpe y se adhiere es porque la espontaneidad está llena de espacio. La improvisación se ancla en el alma abierta.

Me deslicé por el momento en blanco. Una vez más esa página frente a mí. Un placer inexplicable y tan poblado de libertad. Un gozo y una llamada de auxilio. Una seguridad y un trampolín. Bendita página que me deja escribirla. Bendito el día que el milagro me dio una pluma.

Me deslicé por el momento en blanco. Lo invité a conversar conmigo. Le preparé un café y le dije que yo veía su profundidad. Le propuse amistad. Él estaba orgulloso de su pureza. Hoy llega cada vez que el momento está calmo. Vuelvo a prepararle un café y le digo que antes de él hubo anteriores sueños. Le digo que su llegada me inspira. Que de ella brotan nuevos sueños y palabras.

Me deslicé por el momento en blanco. Vacié mi presente y sólo dejé que la música penetrara. Unos pensamientos empezaron a llegar y a mezclarse. Luego la emoción no dejó que cesara la fiesta. Aclamado sea el blanco fecundo.

Me deslicé por el momento en blanco. Recordé a los músicos que inundaron mi sangre el último tiempo. Las letras están llenas de música. No veo que una pueda sobrevivir sin la otra. El alma está colmada de ganas. Ansias de salir de ella misma y contarte los paseos que la han llevado a desintegrarse de gozo. Un gozo convertido en acordes y en frases. Un encuentro con la muerte que te lleva a anhelar apasionadamente la vida. Un no retorno que sólo puede elevarte.

Me deslicé por el momento en blanco. No fue tan mala idea después de todo. Finalmente, el presente es lo único real. Y los sueños llegan, tarde o temprano.

5 de junio de 2015

Todo eso que compone un cuadro planetario y que todo lo quema hasta llegar al hielo y viceversa

Afuera un sol radiante, mucho calor, me convierto en fuego, no siento mis manos, mi espalda arde, mi ojos son llamas, mi pelo son chispas al vaivén del viento, no pensaba vivir pero vivo, no pensaba amar pero amo, no pensaba expandirme pero me expando, observo cuatro cosas y ya no quepo entre las paredes, y todo se quema, y salgo a la calle y ruedo, y voy encendiendo todas las puertas, y el sol se me une, y me estremezco de bienaventuranza, y dudo de mi potencial, y giro en espiral y mi fuerza se confirma, y el ritmo hace bailar a las ramas de los árboles, y todo gira hacia las nubes, y tiro la cabeza hacia atrás como despidiendo gotas de fuego, y el laberinto se vuelve interminable, y las patas de los elefantes se alargan, y los tigres vomitan abejas, y despierto y duermo, y estoy despierta, y los barcos están alineados, y se mecen al dulce movimiento de las pequeñas olas, y una calma agitada, y un temblor encendido, y un poco de viento que aviva pero acuna, y un suelo como un ajedrez, y pequeñas piezas que se acercan y se alejan, y pequeñas calles de blancas casas, y una existencia poblada de cactus, y una vivencia poblada de flores que gritan, al alma del asombro, a la esencia de esta bicicleta ensangrentada, a la sustancia de esa tierra que se pega a las plantas de los pies, a esas pequeñas piedras que llegan al último nervio escondido del cuerpo al sentir la piel, a toda esa tormenta que no logra llevarse a las embarcaciones verdaderas, a toda la furia del planeta, arrullada en los brazos de la melancolía, a todo el fuego que me eleva y me hace chocar con las nubes, a todo ese desfile de mentiras y marionetas, a toda la inocencia submarina esperando zarpar, a esa imaginación que me clava a la tierra, a todas y cada una de esas ramas y piedras ardientes que me hacen transpirar, a ese río que desciende con agua glacial, a cada rezo que vibra dentro de los pulmones hinchados, a cada pequeño gesto de respeto, a un indígena Lakota venerado por unos franceses, a su esposa alegre y sensible, a toda la perplejidad que causa la superabundancia, a la simplicidad que mueve las montañas que parecían tan firmes, a esas pequeñas gotas de rocío que se abren paso, a esa flauta que resuena y que amiga a los sioux y a los incas, a toda esa puta sangre que nos compone y nos desangra, a unas almas unidas en un pequeño paisaje de bosque tranquilo, a todo el odio que nos ha quitado a todos la lengua y la cabeza, a todo el amor desperdiciado, a todo lo que le he quitado a la vida, a todos esos momentos sagrados que construyen mi figura y semblante visto hacia adentro, a todos esos pasadizos agradecidos que circulan por mi cuerpo clamando cordura, a toda esa locura que le ha dado un sentido a mi propia vida, a toda esa locura que es más cuerda que todo este circo, a toda esa realidad demasiado real pero mostrada falsa, pero tergiversada y perdida, a todas las lágrimas de esos actores embrutecidos, a los saltimbanquis de la miseria que me dan asco, a toda esa carne esperando ser devorada, a un sinfín de bajezas sin nombre, a un artista que vuela y se estrella, a la música de la vida que como tono interior nos acompaña sin descanso, a todas esas lenguas y lenguajes que han querido expresarse, al talante potente de quienes han sabido defenderse, a la magia de lo irreal real, a esa pequeña esfera de la vida que es la más grande y se construye de miradas y gestos, a todas las fronteras que derribaremos, a toda la libertad que vamos a alcanzar juntos y dentro nuestro en un atardecer en el campo con los rayos de sol entre las copas de los árboles y la hierba, a toda la paz que vamos a lograr llena de silencio y de fuerza propia, a todo eso, lo poso sobre un cuadro que luego cuelgo en mi salón, y mientras lo observo, sé que el planeta es inabarcable, y que el fuego que hoy todo lo quema puede mañana ser hielo hasta derretirse y viceversa, y que lo sagrado no está en los libros, desgraciadamente, o por milagro.

13 de mayo de 2015

Sobre amar con perplejidad

A veces una flecha se clava, y luego no estás y duele tanto, y en mi existencia hay una idea fija, tu sonrisa en mis días, y la flecha duele, y mis días y tu sonrisa quieren encontrarse, y solo está lleno de sangre que hay que limpiar con cuidado, y el sol afuera da un poco de fuerza, y te lo digo, con la ilusión de mil flechas juntas, con el dolor y la duda, con esa alma que tengo, desnuda y frágil hacia ti, y te digo que pienso que eres el amor de mi vida, que ese balcón soleado donde te encuentro siempre me da como un ladrillo en la cabeza cada día donde ese despertar es estar alerta, a la nada que es la vida, a la inmensidad que es la vida, y planeo y planeo, y me destruyo y me destruyo, y te digo, quiero estar contigo, y espero, y te digo que la vida vivida con esa risa tuya es lo más bello que he vivido, que te conocí y empezó el milagro, y observas en silencio, y me dices deja de lado esas maletas y yo sé que es una buena idea porque estar sin ti es como morir muchas veces en fila una tras de otra con pequeños intervalos de esperanza, y yo sólo quiero sentir latir mi corazón, y vivir juntos el silencio, ese silencio del mundo detenido, ese silencio de la incertidumbre, de la tristeza, y ese silencio de la conexión, de la comunicación, de lo sagrado, y sólo confirmo que apareciste en mis horas y semanas para ver que el tiempo no pasa, que va lentamente si el calor de tu existencia acogedora y cariñosa alcanza mi alma inocente y a veces ya endurecida, y dejo de lado todo y me dejo llevar por tu comprensión y tu respeto constante, y me dices siento estar viendo todo a través de tus ojos, y donde miro estás tú, y yo sé que nada es fácil, pero que los oasis son dignos de quedarse en ellos un momento más, sentarse en la arena, con los pies en el agua, y me quito las flechas y te invito a fluir por el río, aunque sea con miedo, porque bajo el agua no vamos a llegar a ningún lado, y porque quiero abrirme el pecho para no ahogarme con tanto amor que me inspira tu figura, por esa sensación que puede llevarte a construir civilizaciones con casi nada, por ese amor que llega a doler, por todo lo que no conocía y ahora conozco, por esa oportunidad de ser humano, de amar con dudas, de amar con perplejidad, de amar la incertidumbre, y de dejarte llevar por los manantiales, con la promesa quizá de prados floridos al viento, y la certeza de que voy a amarte aunque sea lo último que haga.

11 de abril de 2015

Y yo… ¡cómo me voy a ir!

Duro dos segundos el atardecer
Me quemo por dentro
El alma y el cuerpo
La sangre está hirviendo
Sin alma en el cuerpo
Me quemo por dentro
Bomba Estéreo, El Alma y el Cuerpo

A veces dudo, la lejanía, como un eco a la distancia, me llama, me dice cuánto tiempo crees que podrás estar lejos, y si tu familia te llama, te necesita. Y si el amor se vuela, como un pájaro en cámara lenta que no detiene el batir de sus alas. Y si la nostalgia me carcome, y si me desoriento. Y si me quemo por dentro con una pasión por volar alto y quiero partir. …Y me llamas, y me dices miamor, je t’aime… y yo… ¡cómo me voy a ir! Quiero estar aquí. Dijimos creemos vida, y yo… ¡cómo me voy a ir! No sé lo que eso significa. A veces tengo miedo. Dijimos, compartamos nuestra vida, y yo… ¡cómo me voy a ir!… ¡Cómo me voy a quedar!, a tientas, hasta que pueda ponerme de pie, decir, sí, no conozco este lugar, pero quizá pueda conocerlo, quizá no necesite conocerlo, quizá lo desconocido sea un aliciente a mi pluma, quizá puedo sacrificar una cosa por otra, quizá puedo sacrificar mi vida a la pluma, entregar mi comodidad a las hojas en blanco para que puedan desenvolverse libremente, dar vueltas en redondo, partir y regresar, sentarse en el puente y conocer a la vida frente a frente, sin subterfugios, la vida sin muros, la existencia sin fronteras, y el corazón tranquilo, guardado entre dos manos, que lo cobijan, a quienes les das tu confianza, porque no te queda otra, porque tú ya estás en otro lado, en la desorientación creadora, en la resignación de la vida, en la entrega de tu alma a la fértil ventisca, yo no entiendo nada, y yo… ¡cómo me voy a ir! Si yo vine a no escapar, yo vine a ver más colores de tus ojos, a profundizar en tu alma, si yo vine a poner una letra al lado de la otra, un vuelo al lado del otro, un dolor al lado del otro, un sentido que tenga sentido, que pueda leerse y tenga sentido, que pueda sentirse y tenga sentido, un lápiz que se concentre en el pasar del río, unas letras que signifiquen algo, que se organicen y se rindan a la belleza que acecha. Y entonces, ¡cómo me voy a ir! Si no quiero volver, nunca he querido volver, pero luego, si ya no puedo partir, ¡cómo me voy a quedar!, pero, ¡no puedo partir!, pero, ¡no quiero quedarme partiendo!, quiero quedarme quedándome, pero que esa parte que está partiendo sea todo ese amor que me espera al otro lado del océano, y que fue lo que me dio la vida, para poder estar ahora quedándome, a pesar de a veces pensar en estar partiendo. Me quedo quedándome, porque nunca se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir, viviendo.

2 de abril de 2015

El pato

No podría decir cuánto anhelo aterrizar en mi vida como el pato que aterriza en el agua. Viene volando, frena sin contratiempos, y luego veloz, pero dulcemente, se posa en el agua, donde sigue deslizándose hasta donde le permite el impulso. Luego continúa, las plumas en su sitio, las alas plegadas y la mirada al horizonte, desplazándose de acuerdo a quién sabe qué criterio, quizá incognoscible para el ser humano. No podría decir cuánto anhelo fluir por la existencia como el cisne que se desplaza al compás de la corriente. No opone resistencia, y su relajada estructura se acomoda al vaivén como una danza de leves oscilaciones compuestas de nuevos matices y ritmos. Sin esfuerzo, deja entrar a eso que va llegando a su tiempo, como una embarcación a la deriva a la que arriban nuevos amigos. No podría decir cuánto anhelo ser como esos cisnes que duermen a plena luz de la mañana. No les importa que alguien los vea, ellos siguen su llamado, reposan la cabeza y el largo cuello sobre el lomo blanco y suave, se entregan a lo que creen, se acompañan, y aunque me acerque a ellos, continúan en su convencido descanso, y de cuando en cuando uno u otro levanta la cabeza para vigilar que el mundo siga igual, aunque sin mayores pretensiones de partir. No podría decir cuánto anhelo ser esas ramas sumergidas que se asoman de tanto en tanto, las veo mecerse mansamente, en cadencia con las pequeñas olas. Esas ramas que tienen su mundo propio, ahí dentro del agua espesa, llena de vida, cristalina y verde, esas ramas que tienen su mundo paralelo, acuático, diferenciado, bullente, saciado. Un mundo insaciable y cambiante. Un mundo mudable, un mundo interior, análogo, donde refugiarse, donde correr cuando fuera del agua no haya inspiración ni respuestas. No tengo tanto, pero al menos tengo conciencia de algo: de que no tengo tanto. Al menos tengo conciencia de algo: no tengo tanto, pero cuando tenga menos, sabré que lo tenía todo. 


1 de abril de 2015

Los cisnes

Corría hoy en la misma dirección del río, desbordada de ideas, como la mañana, atestada de esperanza, en quince minutos había pintado un gran cuadro, bailado flamenco, enseñado español, escrito cinco textos, estudiado en Alemania y fotografiado varios árboles. Al final del trayecto, cuatro gigantescos cisnes me dejaron sin habla. Detuve mi caminar. Se mantuvieron impasibles, pero supongo que alerta, estáticos y preparados para partir en caso de necesidad. Pensé: al final de un camino de sueños, algo queda, algo se cristaliza como ya ejecutándose, como que estuviera ya llegando. Luego partí, de vuelta por el parque, con esa sensación de tarde, de realidad, de día que acaba, y de sueños incumplidos o por cumplirse, pero con la flecha del esfuerzo, siempre presente como ir río arriba, la flecha de la resignación, siempre insípida y perdida, la flecha de las circunstancias, nunca del todo clara y cargada de azarosas concurrencias. Quizá estoy llegando a algún lado, pensé. Quizá estoy estando en algún lado. Quizá todo eso que estoy ahora, cuando llegue la noche será nada. Quizá todo puede desvanecerse en el aire como correr al parque y ser otra al volver.


31 de marzo de 2015

El río

El río iba muy deprisa hoy, podía observarse su corriente agitada, pensé: listo, ahora se va a llevar todo. Los cisnes iban tranquilos, en sentido contrario del caudal febril. Pensé: listo, ahora ellos pueden sortear la fuerza de las circunstancias. Las blancas flores del cerezo caían de cuando en cuando lentamente como volando en el veloz torrente. Pensé: listo, ahora eres frágil, y el río te lleva a un paseo que quizá te hunda o quién sabe te despierte. Adónde van. Adónde quieren ir. A ningún lugar, puede ser. A ningún lugar.  



14 de febrero de 2015

Feliz día a este amor

Feliz día a este amor sin nombre, a este amor libre, a este amor profundo. A este amor aterrizado en la realidad, a este amor difícil, a este amor fácil. A este amor desconcertado, a este amor esperanzado, a este amor tranquilo. Feliz día a este amor loco, como la locura que llevamos dentro, este amor apasionado, este amor reivindicador, con quinientas lanzas para sindicar lo vergonzoso. Este amor que recomienza nuestra vida, que no pide grandes montañas, donde pequeños senderos para caminar juntos es todo lo que puede pedírsele a la existencia. Un amor sin grandes estructuras, con descendencia espiritual pero no física, con un calor de hogar donde cada cosa tiene una energía que anima. Un amor con mucho diálogo, con momentos compartidos llenos de algo profundo como la conexión de dos mundos inocentes y abiertos. Un amor donde todo es posible, donde recorrer el mundo convive con el día a día como abrirse el alma es posible en cada flor. Donde cada rama está indicando que la vida es solo esto, es sobretodo esto, y donde no seguimos esperando, y el momento de hacer lo que tu corazón te pide a gritos es ahora mismo, juntos, uno al lado del otro, cerca, pero lejos, un poco lejos porque cada uno tiene su espacio, pero cerca porque eso que tu corazón pide es lo que yo quiero ver que tú hagas. Desde un gran árbol cuéntame cómo es ahí la vida, y yo podré escribir sobre ello. Yo escribiré sobre todo y tú estarás en cada árbol. No quiero que cambies nada, y tú también seguirás amándome como soy, porque la vida ya terminó para nosotros, porque recomenzamos otra juntos, porque no hay necesidad de moldear el barro a nuestro arbitrio, porque el color de cada flor es sagrado y le pertenece a cada una, porque pedimos tanto a veces y no es necesario, porque una vida compartida con amor y un alma plenas es lo único que puede importarnos. Porque intento amarte con toda esa energía que hasta ni yo sé que hay en mí, porque la vida tiene poco sentido, pero si tu corazón encuentra algo profundo entonces es posible seguir, porque es posible darle un sentido que rellene todos esos espacios de dudas, y devuelva la pasión a tus días y a todas esas palpitaciones que los habitan, yo no veo que haya mucho más. En este día, pensar en ese amor de verdad, que no necesita soportes, que se mantiene porque es regado, porque está hecho de comunicación, porque está hecho de respeto, de desear lo mejor para el otro, pero lo mejor para él, no tu propio mejor. Me detengo un momento, miro por la ventana, sopla el viento, veo un poco de sol por entre las nubes. No creo que exista un alma gemela a la que alguna vez encuentras o no. Creo que alguna vez tus sentidos están despiertos, y por alguna razón alguien cuyas vibraciones tienen un compás en lo profundo parecido al tuyo, llega a tu momento, entrando en  la trama de tu vida y en tus poros. No sé por qué pasa, pero es lo que a mí me pasó contigo. La segunda parte de mi vida me reservaba algo bueno, algo diferente, algo nuevo. Sólo dime que no vamos a estancarnos, que el mundo nunca se volverá pequeño ni sus vicisitudes y milagros nos serán indiferentes. Dime que un día sabremos por qué tus pies te llevaron hasta mí, y los míos hasta ti. O acaso fue esa fuerza de la curiosidad, tu necesidad de mundo y la mía. Feliz día a eso que hay entre nosotros, donde confluye tu fuerza y la mía, feliz día a lo que eres, feliz día a que estás a mi lado, feliz día al café que tomamos juntos en la mañana, feliz día a toda la música que nos acompaña, feliz día a la posibilidad de estar juntos, feliz día a todo el amor que me das, a todo el amor que te doy. Feliz día a que lo que tenemos son días, y que juntos formen años. Que tu risa esté siempre en mi esperanza.